lunes, 29 de octubre de 2007

Del vudú ibérico, filtros de amor, descomulgadores y otras mandangas mágicas.

He despertado en una soledad inusual, absorbente y grata: la casa entera solo para Herr Monty y para mi. En tanto preparo café mi felino compañero, miagador y con el rabo en sagitario, trenza dúctiles ochos entre mis piernas desnudas. Es su modo de dar a entender que por protocolo él debe de llenar la andorga primero. Me se de voluntad mas floja y lo acepto. Por dar al desayuno un tono euforizante pongo en el viejo tocata “Gigantes y Cabezudos”, una zarzuela en tres actos con música de Manuel Fernández Caballero y libreto de Miguel Echegaray, hermano del olvidado Premio Nobel José Echegaray.

En esto se va la ‘luz’ y como es natural cesa la música. Tras la vacilación impuesta por la sorpresa doy en preguntarme si será un castigo, una goyeria de la secreta del gobierno; pienso, fíjense ustedes, que acaso escuchar zarzuela ronde el delito en estos tiempos de pazguatería y fingido candor que han echado cabezuelas borriqueras con el zapaterozerolismo. Proviene la ocurrencia de la naturaleza del texto y de los personajes (de hierro y no de organdí) de la pieza que con regocijo escuchaba, que no hay entre ellos tiranobanderolistas liberticidas, algoreleanos con fervorin de sacristía, sarracenos farrucos, florislindos, travestones, crédulos de los de comer moscones a cucharadas, lloramingas con afrentas supuestas en busca de beneficios, censalistas ni engendros de cuota y calla.

Luego se armo un diabólico "tole tole" en el patio. Un confuso guirigay orquestado por ventanas que se abren, toldos que se alzan mediante manubrios quejumbrosos y exasperantes, persianas que se acomodan con inaudita prisa y, por encima de todo ello, los bocinazos que con cierta dosis de patanería las vecinas se daban unas a otras. No llevaban las pirujas ni dos minutos sin luz y ya alborotaban como si los caballos del Apocalipsis corrieran desbocados por el barrio. Mas templado, puesto que la falta de corriente eléctrica me importa una higa, continué sin demora con el programa del día. Figuraba en este la tarea inexcusable de lazar a esos libros que, jugando al despiste, casi adquieren la categoría de perennes en los rincones mas insospechados de la casa, colocarles en una cesta y cargar con ellos hasta el desván. Y en esas estaba, reuniendo piezas para estabulizarlas durante la invernada, cuando di con “BRUJERÍAS”, la impagable obra de Don Fernando Gutiérrez que de tan buena y cabal utilidad me ha sido en vuestro servicio.

En fin, que seducido por las sugerencias históricas y literarias en las que se vuelca don Fernando, no he podido evitar ponerme al teclado para regalarme y regalaros con otra de sus "crónicas". Sea la ultima. Con mi agradecimiento.

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MALFETRIAS, ENSALMOS Y CONJUROS

He recurrido adrede a un vocablo antiguo, malfetría, para castellanizar lo que los catalanes, de una forma concreta y popularisima llaman mal donat, o mal dado, traducido libremente. La malfetría no es más que el hechizo, encanto o embrujamiento que se hace a un individuo, con obscuros propósitos. Allí donde no puede llegar el aojamiento llega, infaliblemente, la malfetría, que también pudiera llamarse magia contagiosa.

Para lograr este embrujamiento las hechiceras han de conseguir algo que pertenezca al cuerpo de quien van a embrujar y cuanto más sucio mejor: uñas, pelo, excrementos incluso ropa. Utilizando este material, la bruja manipula con él y clava, pincha, corta o rompe, según quiera que algo semejante le ocurra al elegido. El sistema de embrujamiento resulta un poco complicado porque la bruja no es persona que no esté enamorada de su oficio y le gusta complicarlo con virguerías. Es lo que pidiéramos llamar una sibarita de su profesión.

Una malfetría muy corriente es la de confeccionar una muñeca de trapo o de cera o aun de barro, pero en ambos casos con material o parte de él que haya pertenecido al embrujado, y coserla a alfileres. Según donde se claven los alfileres será la enfermedad que padecerá el embrujado, o bien se producirá lo que se ha dado en llamar modo de la agujeta, experimento éste que solía hacer Catalina de Médicis cuando la edad había retirado de ella sus naturales encantos. La aristoloquia y la artemisa son buenos remedios contra este mal. También, a veces, suelen no clavar alfileres en la figurilla y arrojarla al mar, con lo que el embrujado se despierta con un incansable deseo de viajar de un lado a otro, sin reposo ni sosiego. Claro que todas estas operaciones se llevan a cabo con una serie de conjuros y misteriosas oraciones e imprecaciones.

Un maleficio muy famoso fué, hace ya mucho tiempo, el del llamado hombre pez, de Liérganes. El embrujado se llamó Francisco de la Vega Casar, y vivía en Liérganes con sus padres. A los quince años fué a Bilbao a aprender el oficio de carpintero, donde vivió dos años. En la víspera del día de San Juan del último año, se fué a bañar con unos amigos a la ría. Nadando ría abajo se perdió de vista y desapareció. No se supo nada más de él hasta que cinco años después, unos pescadores de Cádiz que pescaban en alta mar vieron «una figura como de hombre o mujer que se mostraba fuera del agua y se sumergía en queriendo acercarse para reconocerla». Decidieron pescarlo y para ello le lanzaban desde lejos grandes pedazos de pan. Con gran asombro suyo vieron que los cogía con la mano y se los comía. Un día juntaron muchas redes, haciendo con ellas una especie de enorme círculo, logrando pescarle. El «pez» fue llevado al convento de San Francisco, donde fue interrogado en diversos idiomas, pero a ninguno contestó. Solamente le oyeron pronunciar la palabra «Liérganes». Un montañés que por allí había hizo que escribieran a don Domingo de Santolla que además, de ser de Liérganes, era ministro de la Suprema Inquisición. El franciscano fray Juan Rosende acompañó al pez hasta los alrededores de Liérganes, donde hizo que el pescado lo guiase, como así fué. Y ocurrió que, sin vacilación alguna, el hombre pez se dirigió a la casa de sus padres, quienes, junto con sus hermanos, lo reconocieron en seguida. Hay que advertir, para dar más misterio a la cosa, que uno de los hermanos, José de la Vega, al tener antes noticias de lo ocurrido, marchó a Cádiz, pero no se supo nunca nada más de él. Un testigo ocular afirma que solamente pronunciaba tres palabras: tabaco, pan y vino, pero no hablaba ni respondía. «Cuando le vi la primera vez -dice el testigo- ya no tenía escamas, aunque si la cutis muy áspera y las uñas muy gastadas, aunque un anciano de aquel lugar, hombre de muy buena razón, asegura que cuando vino se le veían algunas escamas en el pecho y espalda, pero que luego se le fueron cayendo». El hombre pez estuvo nueve o diez años en Liérganes y desapareció luego sin dejar rastro.

Corrió la voz de que su madre lo había embrujado, pero ella lo negaba «y me inclino a la verdad de esta mujer, porque la conocí y me parecio mansa y virtuosa».

En Cataluña, para maleficiar, es todavía costumbre decir los «responsos de la muerte». Para llevar a cabo esta ceremonia la bruja ha de hacer quemar un cirio cabeza abajo, salmodiando la fórmula mágica, y del mismo modo que se consume la cera se consume el individuo a quien se le dedica tan cariñoso recuerdo. La cura se hace quemando el cirio al revés. Es una fórmula muy útil porque sirve también para que las lavanderas encuentren las piezas de ropa que han perdido. Es el cerato simple de la brujería.

El ensalmo nació como réplica supersticiosa a estas artes diabólicas del maleficio. En realidad, no es más que un cierto modo de curar con oraciones, y otras aplicando al mismo tiempo algunos remedios. Llamáronse ensalmos porque, por lo general, se utilizaban los versos del Salterio, «y dellos, con las letras iniciativas de letra por versos o por parte hacen unas sortijas para ciertas enfermedades».

«Ensalmar a uno -dice Covarrubias- a veces significa descalabrarle, porque tiene necesidad de que le aten alguna venda a la cabeza, de las cuales suelen usar los ensalmadores, bendiciéndolas primero y haciendo con ellas ciertas cruces sobre la parta llagada o herida».

Otras veces las oraciones son simplemente mágicas y se confía más en la manipulación de de determinadas cosas. Así por ejemplo, las verrugas se curaban echando en un pote tantos guisantes como verrugas tenía el enfermo y pronunciando luego las palabras mágicas. Cervantes nos habla también de cierto ensalmo para pegar barbas.

Pero los tipos más importantes de este curanderismo eran los saludadores, que curaban con saliva. El P. Castañega no los considera hechiceros. «Tienen algunos hombres tal saliva, en ayunas -dice- , que basta matar las serpientes, y cada día vemos que la saliva en ayunas cura las sarnillas y algunas llagas sin aplicar otra medicina. De esta manera podría ser que algunos hombres fuesen así complexionados que tuviesen virtud natural oculta en el aliento o resollo y en la saliva y aun en el tacto». Al ganado lo curaban dándole pedacitos de pan «cortados por su boca y mojados en su saliva», y se curaba también la gota coral escupiendo a la cara del enfermo.

En Barcelona son muy corrientes las xucladors, que curan chupando las heridas, llagas, quemaduras, mordeduras de serpientes y de perros rabiosos. Una famosa saludadora barcelonesa curaba del siguiente modo: lavaba la herida o lo que fuera, luego hacía sobre ella tres veces una cruz con la lengua y después chupaba con toda su fuerza mientras el enfermo rezaba una salve. Como todas las saludadoras, decía haber nacido en Viernes Santo y, en consecuencia, tener una cruz en el paladar.

Los conjuros fueron otro tipo de réplica a estas artes diabólicas, pero su campo de acción se extendió en contra de su primitivo propósito y alcanzaron un gran desarrollo, sobre todo en el aspecto amoroso. En la causa contra Francisco González, que saca a relucir don Agustín G. de Amezúa, había una fórmula para ligar o atraer el amor del hombre. Era la siguiente:

Con cinco te miro,
con cinco te ato,
la sangre te bebo,
el corazón te arrebato,
tan humilde vengas a mí
como las suelas de mis zapatos.
Arre, borrico,
que muy bien te ato;
te juro a Dios y a esta cruz
que has de andar tras de mí
como el alba tras la luz.

Esta era una fórmula corriente, pero había otras como clavar clavos en la pared recitando una fórmula mágica, dar de beber sangre de tórtola, o fabricar un perfume con frutos de cilantro reducidos a polvo y mezclados con almizcle, azafrán e incienso, colgar en el cuello raíces de lirio, o dar infusión de corregüela en vino; también se podia hacer un magnifico filtro para mantener la fidelidad conyugal dejando en infusión durante diez minutos cinco gramos de hojas de vincapervinca, magnetizando el agua y pronunciando determinadas oraciones.

El mismo Amezúa cita una fórmula del licenciado Amador Velasco y Mañueco «para hacerse amar locamente», como se dice por ahí. Toma una rana viva y métela en un tintero y tápala con su tapador, y luego lleva el tintero a un hormiguero donde haya hormigas y cava y métele dentro, y luego cúbrele, dende a quince días vuelve a tu tintero, o donde aquella espina del espinazo, y vete con tu tintero al mismo arroyo donde lo tomaste y estando dentro la espina ve metiendo agua y vaciando hasta que se quede libre de agua el tintero y limpia la espina; y esto hecho, mételo entre los dedos de la mano derecha y tomando la suya dirás: «Mi señora, beso las manos de vuestra merced», y así te querrá mucho, «pero no lo vea la persona».

Un conjuro más poético, citado por el mismo autor, es el siguiente: «Luna, qué alta estás, qué altas son tus torres, más altos son tus amores, conjúrote con la madre de Nuestro Señor Jesucristo que salga un rayo de tu amor y a mí me dé por las espaldas y a fulano por el corazón, y que por mi amor no pueda dormir ni reposar hasta que me venga a buscar».

Para cada cosa había su conjuro correspondiente. Había también los conjuros que se hacían cuando un consultante acudía a la hechicera para saber si su amante o marido le era fiel o no. Las brujas los hacían también para librarse de los corchetes que iban a apresarlas por orden del Santo Oficio («León bravo, amansa tu ira, primero fué Cristo que Santa María; cuando nació la Virgen, Cristo nacido era, alguacil, hinca la barba en tierra»), pero no producían efecto.

«Hay otros conjuradores para conjurar a los endomoniados -dice el P. Castañega-, y algunas veces son los mesmos sobredichos, y tienen para esto otras maneras diabólicas. Hacen unos cercos en tierra con ciertas señales y letras dentro repetidas en cierta manera, y hacen al demonio hincar las rodillas dentro de aquel cerco; y luego que le dice el conjurador ciertas palabras, pierden el sentido, y vienen a hacer gestos espantosos y gritar muy reciamente, e decir palabras desvariadas e muchas veces en infamia de los presentes. Conjurale que diga quién está dentro (testigo soy de vista desto que digo); respóndele que está en aquel cuerpo por príncipe y capitán del demonio llamado Satanás o Belcebú, etc., con tantos; y algunas veces que están allí con él tales a tantas ánimas de tales hombres que morieron, y señala cuáles, y habla en su nombre de ellos, representando sus personas, y si morieron en cama o en batalla, piden que les den a beber como fatigados de sed, y si murieron de enfermedad habla como enfermo, e otros semejantes engaños pasan. Hácenles sahumerios crueles, pónenle manojos de ruda en las narices y danle bofetadas e otros tormentos».

Del poeta granadino Gregorio Morillo, capellán del arzobispo, trae a cuenta Rodríguez Marín, en sus notas a la biografía de Pedro Espinosa, el siguiente hecho. «Dice Gregorio Morillo, contándolo por milagro, que en su presencia, el año de 1603, llevaron al Sacro Monte, por espacio de nueve días, a una endemoniada, y estaban los demonios rebeldes y no salían, aunque le habían dicho mil Evangelios, y que el arzobispo fué allá y con el libro de la nómina de Santiago le hizo la señal de la cruz desde la frente hasta el pecho, diciendo en lengua árabe: Non est Deus, nisi Deus Iesus Spiritus Dei, y desampararon los enemigos, dando terribles aullidos, aquel cuerpo».

«Una tarde, por la puerta de Atocha -cuenta Francisco Santos-, entre mucha gente iba un hombre que decía quería arrojarse en una noria. Metiéronle en un registro y al ruido pasó un sacerdote del Hospital General, y viendo que se enfurecía, envió por una estola, agua bendita y cruz, y empezó a conjurarle con tan buenas razones que mostraban su buena alma. Dijo el demonio: «No me atormentes, que yo saldré ahora en tu presencia, que ya estoy cansado de habitar en tan ruín vaso e ingrato, que habiendo recibido grandes beneficios de Dios, le ha pagado muy mal, que al echar un por vida, me entré en su cuerpo y más quiero las penas del infierno que tan ruín morada. No me pidas señal que prevenida la tengo y del campo la traigo, toma» A este tiempo arrojó por la boca una agujeta de cuero con sus herretes. «Dime -dijo el sacerdote-, ¿dónde hallaste esta señal?» Y respondió: «Se la quité a un pícaro que se puso a hacer su menester delante de mi y anda loco buscándola con las bragas en la mano. Id y lo veréis en esa primer huerta». No faltaron curiosos que se fueron y vieron al hombre dando vueltas y buscando su agujeta, y preguntándole qué era lo que buscaba, dijo: «La agujeta de estos calzones, que no la puedo hallar, y creo que algún demonio del infierno se la ha llevado». Volvieron al registro con la certificación y ya estaba el hombre libre del fiero enemigo, pero mortal y sin sentido, hasta que poco a poco fué volviendo: diéronle unos bizcochos y ya en su acuerdo se le llevó el sacerdote a su cuarto y se confesó y arrepintió de sus pecados.

Hubo pícaros, sin embargo, que no tardaron en darse cuenta del negocio que un endemoniamiento así representaba. El mismo autor nos cuenta uno de estos casos de una moza de dieciocho años y de buena cara, que al conjurarla hablaba latín con buenas voces y arte, sin solecismos, tanto que confundía. Conjurándola una tarde un religioso, y estando absorto de oírla, la preguntó si sabía otra lengua, a lo que respondió que todas, y el religioso la dijo: «En el nombre de Dios todopoderoso y de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero, que digas lo que has dicho en lengua china». Y respondió: «Pitarul agiman de abou, oquiay amplau» «¿Qué has querido decir», la preguntó, y dijo: «En tus grandes palabras, o Dios en tí está o por tu boca habla Dios». Con todas estas gracias bachilleras se supo que la había educado un tío suyo sacerdote, desde tierna edad, y después de los primeros rudimentos de leer y escribir, viéndola de sutil entendimiento, la había enseñado la gramática, y que tenía un galán que la pedía cuenta de lo que llegaba de limosna cada día, porque no había quien, al verla, no se la diese, y de este modo juntaba muy razonable congrúa.

Pero eso no debe hacerse porque a las brujas les molesta.

También los descomulgadores de plagas actuaban por medio de conjuros. Eran gente a la que se pagaba para que cada año acudiera a los pueblos a librarlos de la «langosta, el pulgón y las otras sabandijas que se enjendran en la tierra» «La común manera de estos engañadores -dice el maestro Ciruelo- es que el conjurador se hace juez y delante de su audiencia comparecen dos procuradores el uno por parte del pueblo que demanda justicia contra la langosta; el otro pone el vicario del obispo, o la justicia del rey por parte de la langosta o la oruga. Después de muchas acusaciones que pone el procurador del pueblo y respuestas que hace el procurador de la langosta y dados sus términos de probanzas de la una parte y de la otra, hácese luego proceso y a la fin el maldito juez da su sentencia contra la langosta, en que dentro de tantos días se vaya de todo término de aquel lugar, so pena que de excomunión la sentencie. E acontesce muchas veces que el diablo, por cegar y engañar a los pueblos que tales cosas consienten, haga venir en efecto lo que promete el conjurador, y por ser secretas operaciones con cosas naturales hace huir de allí las langostas y las otras sabandijas».

No fueron menos famosos los conjuradores de nubes y tempestades. Incluso todavía existen algunos, pero los procedimientos de conjuración y aun los conjuros se hallan en franca decadencia y han perdido una buena parte de su importancia El P. Castañega nos ha dejado dicho de ellos lo siguiente: «Los conjuradores y conjuros de las nubes y tempestades son tan públicos en el reino que, por maravilla, no hay pueblo de labradores donde no tengan salario señalado y una garita puesta en el campanario o en algún lugar muy público y alto, para el conjurador, porque esté más cerca de las nubes y los demonios. Anda este error tan desvergonzado que se ofrecen a guardar el término de la piedra de aquel año (y estos tales, muchas veces, son los curas de los lugares) y al tiempo de los conjuros dicen y lóanse que juegan con la nube como con una pelota, sobre quién a quién se la echará en su término; y algunos, que presumen de más sabios, hacen cercos y entran en ellos, y se dicen que se ven en tanta priesa con los demonios que les echan el zapato del pie para que con él se despidan; y salen del cerco muy fatigados y lóanse de muy esforzados, y señalan términos dentro de los cuales quieren que se extiendan y valgan sus conjuros, procurando echar la nube fuera de su termino y que caiga en el del vecino, o en tal lugar o parte señalada»

En Arenys de Mar, el procedimiento inverso consiste en encender una hoguera al lado de una fuente, de manera que se produzca una gruesa y potente columna de humo para que los demonios que atraen el granizo puedan encaramarse por ella hasta las nubes. Cada granizo provocado por las brujas, trae consigo un pelo de cabra de grandes poderes mágicos. Incluso, con anterioridad, las brujas llegan a esquilar las cabras de un rebaño para hacer provisión de pelos.


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jueves, 18 de octubre de 2007

El Activista por la Paz que tomaba "Vitamina C" (II)

«Creo que el descubrimiento de la fisión controlada de núcleos atómicos y la liberación controlada de energía nuclear es el mayor hallazgo desde que el hombre primitivo descubrió el uso controlado del fuego. Un solo kilo de materia fisionable, como fuente energética, equivale a mas de dos millones de kilogramos de carbón. Si se cuenta con la abundancia de material fisionable en la naturaleza, se comprende la promesa de energía nuclear que representa para el mundo del futuro, y la posibilidad de que contribuya al bienestar humano, si la civilización no es antes aniquilada por la guerra...»

Veamos como caen los naipes, como armo la presente martingala.

Digo: Largar por las buenas sobre un tipo tan proteico y denso como Pauling no deja de ser una temeridad propia, eso si, de turulatos de "nasciencia" o de ilusos sin picardía intelectual alguna. Colóquenme en la casilla que gusten, puesto que ni la una ni la otra me son ajenas. Científico, símbolo y paradigma de un sentimiento generalizado en su época, disidente, intelectual y ciudadano (en el sentido lato del termino) que igual enarbolaba una pancarta ante las fuerzas del orden que dictaba una clase magistral, requiere la glosa de su figura tanto de una extensa erudición como de paciencia franciscana para espigar en su dilatada vida al rescate de esencialidades. Y uno, extraño en ambas patrias, solo puede lamentar quedarse en lo anecdótico y, si acaso, dosificar la desmesura como recurso retórico que acerca a la verdad.



Reconocimiento. Como didacta de la ciencia Pauling también se mostró como una figura sobresaliente. A más de investigador fue un buen enseñante. Sus libros de texto de química han sido leídos y reproducidos masivamente. En 1935, al alimón con E. Bright Wilson, dio a la luz “Introduction to Quantum Mechanics”, que durante buen numero de años fue la "Biblia" con la que multitud de estudiantes, tanto de química como de física, se familiarizaron con las aplicaciones de la mecánica cuántica.

Tampoco debemos echar en saco roto el trabajo que se tomó por hacer comprensible la estructura de las proteínas, puesto que tuvo la osadía de aplicar sus teorías sobre el enlace en la investigación de las mismas (incluyendo la hemoglobina), llegando a descubrir que la deformidad de las células en la anemia falciforme, es causa de un defecto genético que influye en la producción de hemoglobina. Luego Pauling, el Pauling que glosamos, fue un vanguardista a la hora de considerar las causas moleculares como vectores determinantes en la aparición de algunas enfermedades.

Junto al biólogo alemán Max Delbruck desarrolló, allá por 1940, el concepto de complementariedad molecular en las reacciones específicas antígeno-anticuerpo. Item más: advirtiendo de la importancia de la participación del hidrógeno en la estructura de las proteínas (En román paladino. Participación: formación de puentes de hidrógeno que estabilizan la estructura tridimensional de la proteína) y las interacciones habidas entre macromoléculas, puso a Watson y Francis Crick [1] en camino para teorizar sobre el conocido modelo tridimensional de la macromolécula del ácido desoxirribonucleico (DNA).

Entre 1936 y 1958 Linus P. fue director de los laboratorios Crellin de química. Y a fe que la elección fue acertada. Como tal, es voz corrida que parecía poseer el don de la ubicuidad; en todos los sitios a un tiempo lo mismo atendía a un problema científico con su proverbial visión global de las cosas que resolvía enfadosas causas administrativas con ingenuo y premura. Como presidente del departamento de química jamas le faltó tiempo para sus estudiantes graduados: les hacia pasar a su abarrotado despacho, presidido por un pizarrón cubierto de crípticas anotaciones, se sentaba, echaba los pies sobre el escritorio y les escuchaba o amonestaba suasorio como filósofo.

Pauling estaba dotado de un alto sentido del humor que en pocas ocasiones le abandonaba. Vivía en una gran casa, a la que dotó de una piscina que por su uso más parecía de utilidad publica que privada; casa abierta a individuos y opiniones, con igual cortesía y entusiasmo recibía a alumnos y colegas. Como viajaba mucho, por lo común acompañado por su esposa Ava Helen, no pocas veces alguno de sus alumnos hubo de hacerse cargo de la casa y de sus hijos: Linda, Peter y Crellin... Y era en este punto donde este cernícalo[2] huevon pretendía colocaros, así como al desgaire aunque con la pertinencia debida, una cita de un libro de Schopenhauer[3] que, por mortificarse en la purga de algunos veniales, a ratos lee. "Quien siembra recoge", venia a decir con muchos latinajos.

Entre pitos y flautas estalla la Segunda Guerra Mundial y con ella la utilización de la energía nuclear con fines bélicos. Lo cual que tras explosiones nucleares de Hiroshima y Nagashaki en agosto de 1945, encontramos a un Pauling firmemente comprometido con la Paz y radicalmente opuesto al ensayo exponencialmente creciente con armas nucleares. Intuitivo como siempre, había advertido que la radiación -aun en pequeñas cantidades- era perjudicial para los genes[4]. Hombre de acción al fin y "temerariamente" seguro del peligro biológico que entendía representaban las precipitaciones radiactivas que seguían a todo ensayo nuclear atmosférico, presento un escrito sobre el tema a las Naciones Unidas en 1958. Firmado por 9235 científicos de 49 paises llevaba el titulo No more War!.

{Nosotros, los científicos abajo firmantes, solicitamos que se realice ahora un acuerdo internacional para detener las pruebas con armas nucleares. Cada ensayo de bomba nuclear difunde una carga adicional de elementos radioactivos sobre todo territorio del mundo. Cada suma adicional de radiación origina un daño a la salud de los seres humanos en el mundo entero y un daño al plasmo humano que importa la reproducción, lo cual lleva al aumento en la cantidad de niños defectuosos que podrán nacer en futuras generaciones. Mientras estas armas sólo se encuentren en poder de tres potencias será factible un acuerdo para llegar a su control. Si las pruebas continúan, y si la posesión de estas armas se extiende a otros gobiernos, aumentará considerablemente el peligro de que estalle una catastrófica guerra nuclear, por la acción irreflexiva de algún líder nacional irresponsable...}

Recordemos que nos encontramos en EE.UU., ese país en apariencia alocado donde lenguas interesadas dicen que gobiernan las corporaciones industriales más sucias en base a los fondos que libran a favor de uno u otro candidato durante las campañas electorales. ¡Ya me gustaría que esta malhadada España siguiera adelante con la calidad democrática con la que la U.S.A. lo hace! A saber por qué, y eso hasta a este filoamericano le parece, los nortacas parecen necesitar de una paranoia colectiva para sobrevivir y mantener su identidad como pueblo. Hoy es una, anteayer fue otra; la que toco durante la esplendorosa madurez de Pauling fue el miedo casi cerval al diablo[5] comunista. Estamos en plena Guerra Fría y un borrachuzo de cabeza fingida, natural de Grand Chute (adviertan lo premonitorio de su lugar de nacimiento), Wisconsin, aupado al senado y de nombre McCarty, que hoy luce con todo merecimiento en la galería de gilipollas del siglo XX, ha emprendido una cruzada anticomunista, una caza de brujas de grandes dimensiones e irreparables consecuencias.

Pero claro, no sabiendo ni por asomo distinguir a un comunista de un librepensador, las consecuencias no podían ser buenas. Por ello, Linus Pauling, premio Nobel de Química y sincero pacifista, fue amenazado de cárcel y citado a declarar (si no fuera penoso movería a risa) ante la caterva de tontos interinos que se prestaron a formar parte del comité de actividades antiamericanas. De puta pena, señores. Preso en su propio país y privado de pasaporte, Pauling no recobró este hasta que tuvo que viajar a Estocolmo para recibir el Nobel de la Paz 1962. ¡Que papelón para los imbéciles de sus captores!

Y la plaga se extendió, y en el Instituto de Tecnología de California (casa a la que tanto lustre dio), amen de en otros centros del saber a los que deberíamos de suponer liberales, Pauling fue ninguneado, tratado como apestado... Durante toda su carrera científica, nuestro héroe actuó y se pronuncio al socaire de su intuición, a su bola dicho a la llana, sin hacer puñetero caso de las controversias que pudiera provocar. A principios de los años setenta, por ejemplo, defendió el uso de grandes dosis de vitamina C para tratar el resfriado, así como para paliar el proceso de envejecimiento y prevenir el cáncer, teoría que ninguna autoridad medica ha aprobado. En 1970 recibió el premio Lenin de la Paz. La medalla Linus Pauling, creada en su honor, premia a aquellos trabajos de investigación química que sobresalen por su calidad y novedad...

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NOTAS:

*1.- En las librerías:

JAMES D. WATSON: “Genes, chicas y laboratorios”. Editorial Tusquets, 408 páginas.

Francis Crick: “La búsqueda científica del alma”. Editorial Debate, 384 páginas.

* 2.- Fíjense ustedes en que contexto tan curioso tope, días ha, con un cernícalo.

«Representando alegóricamente a cada uno de los pueblos peninsulares por diferentes especies de pluma, el conde de Lemos, D. Pedro Fernández de Castro, traza una apasionada defensa de Galicia contra los ataques, a menudo injuriosos de puro despectivos, con que afeaban a sus paisanos el resto de los españoles, usando de una leyenda en que popularmente aparecían los gallegos por las gentes más rudas y groseras de la Península (Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos: Historia del buho o historia del diputado gallego con las demás provincias de España. En M. Murguia, Antología.)

Bajo el amparo del águila austriaca reúnense a orillas del Manzanares el buho gallego, el tordo vizcaíno, el cernícalo navarro, el cuco aragonés, el milano catalán, el mirlo valenciano, la golondrina de Murcia, el pavo andaluz, el jilguero portugués, el ganso castellano y el sisón manchego, para disputar sobre la grandeza de sus respectivas patrias. Asevera el buho que por ser Galicia la región más denigrada entre las españolas y serlo España entre todas las naciones, “queda probado que el buho gallego de todas las aves de esta junta es la verdadera ave española, y la que más derecho tiene a este nombre”, por cuya tesis le hubieran matado las otras de no aparecer el águila austriaca, poniendo orden y llamando a juicio; siguese una acusación por parte del tordo vizcaíno, replicado por el buho gallego, a quien da finalmente la razón el águila, y una segunda parte en la que el buho arremete especialmente contra el cuco aragonés, “caco” y “aragán”; el jilguero portugués, “ave mosaica”. etc»

FRANCISCO ELIAS DE TEJADA SPINOLA: LA TRADICION GALLEGA. Madrid, 1944.

*3.- «EL ARTE DE SER FELIZ o EUDEMONOLOGÍA». Tratado que teniendo por falsilla el Oráculo manual de Baltasar Gracián, muestra en Cincuenta Reglas Para La Vida a un Schopenhauer distanciado de su radical pesimismo. «Lo que uno tiene por sí mismo, lo que le acompaña en la soledad sin que nadie se lo pueda dar o quitar, esto es mucho más importante que todo lo que posee o lo que es a los ojos de otros», reza la contraportada.

*4.- Me confieso perezoso a la hora de emperejilar u ordenar este tablón de apuntamientos, no llevo registro de él, y me pierdo en el trance de asegurar cuando y bajo que epígrafe escribí sobre esto o aquello. Pero como este oriental desapego nada tiene que ver con la memoria, bien puedo afirmar que hubo un día en el que escribí sobre las radiaciones ionizantes de origen artificial que causan lesión. Relaté, después de una introducción puramente física sobre los agentes radiantes, las alteraciones a nivel de RNA y del DNA, así como las factibles de producirse en la información genética.

De los mecanismo de acción dije (resumo al máximo) que se producían en tres etapas encadenadas entre si: Una primera en la que la penetración de las partículas ionizantes en el protoplasma da lugar a la ionización de diversas moléculas. Otra en la que los resultantes de la ionización reaccionan con el agua formando como consecuencia radicales OH- y H- libres, los cuales interaccionando entre ellos o con otras moléculas dan como resultado H2O2 y HO-2. Por ultimo, estos productos con gran capacidad de reacción y al tiempo muy inestables, reaccionan con los ácidos nucleicos y las enzimas, alterando por ello desde la producción de energía en la mitocondria, hasta la propia síntesis de proteínas y la reproducción celular. Creo que incluía algo sobre la mitosis celular y la ley de Bergonie-Triboudeau.­ Seguro, oigan.

*5.- Tiempo hubo en el que más desnortado que de costumbre di por recopilar primeros párrafos de novelas. De entre todos uno me chocó en especial, esto porque dado el tema de la novela poco imaginaba un inicio "diabólico" semejante. Se trata de la obra de Louis Aragon titulada “Las aventuras de Don Juan Lapolla Tiesa”, que dice así:

«Quien no cree en los brujos no cree en el diablo; quien no cree en el diablo no cree en Dios, quien no cree en Dios será condenado» éste es el resumen de la doctrina que predicaba en Leipzig a finales del siglo dieciocho el estudiante de teología Rau, que pese a un lenguaje magnífico y que decía del trueno: Ahí viene el príncipe salvaje...

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CORRESPONDENCIAS:

 OSU (Libraries) -> Linus Pauling.The Nature of the Chemical Bond. A Documentary History.

 Medicina Humanista -> Linus Pauling.

 LewRockwell -> No More War Against Vitamin C.

 I+DT info (Revista de la investigación europea) -> El ADN, memoria de la vida.

 Oregon State University -> Linus Pauling Institute.

 laverdad.es -> ROSALIND, LA HEROÍNA RELEGADA.

 The Pauling Miracle

 GeoCities -> ESTRUCTURA MOLECULAR DE LOS ÁCIDOS NUCLEICOS.

 cnice -> ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL ENLACE QUÍMICO.

 Clínica Las Condes -> Breve historia del descubrimiento de la estructura del DNA.

 ESCUELA DE MEDICINA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE -> La genética molecular.


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jueves, 4 de octubre de 2007

El Activista por la Paz que tomaba "Vitamina C" (I)

 

«Creo que el descubrimiento de la fisión controlada de núcleos atómicos y la liberación controlada de energía nuclear es el mayor hallazgo desde que el hombre primitivo descubrió el uso controlado del fuego. Un solo kilo de materia fisionable, como fuente energética, equivale a mas de dos millones de kilogramos de carbón. Si se cuenta con la abundancia de material fisionable en la naturaleza, se comprende la promesa de energía nuclear que representa para el mundo del futuro, y la posibilidad de que contribuya al bienestar humano, si la civilización no es antes aniquilada por la guerra...»

Pauling gastaba boina. Muchos científicos de su época la gastaban. Se conoce que colocada con determinado ritual es capaz de recrear, en quien la lleva, un mundo de prestigios. En ocasiones señaladas, yo también la uso, de la casa Elosegui tolosana, pero mas que como tapadera de genialidades sírveme, bien por burlas, bien por veras, para experimentar como con los años me mengua la cabeza.



Si yo hubiera conocido a Paulig, le hubiera descrito como un vejete sonrosado y locuaz de ojos pícaros y reidores. Pese a la edad, erudito y brillante conversador, para la ocasión vestiría una chaqueta de mezclilla con predominio de los tonos verdes, camisa oscura de cuadros y corbata negra. Hubiera sido al principio de un otoño californiano y, dado su carácter desenfadado, cubriría su escasa cabellera con una gorra de visera, algo aparentemente atípico en una de las cabezas más brillantes de la ciencia del siglo XX. Recordemos que sus investigaciones sobre la estructura de las moléculas y el enlace químico fueron revolucionarias y, porque no decirlo, consideradas en un principio como fantasiosas y demasiado radicales.

Linus Carl Pauling vio la luz el 28 de febrero de 1901 en Portland (Oregón), y falleció el 19 de agosto de 1994 en Sur Grande (California). Hijo de farmacéutico, desde crío se acostumbró a visionar laminas de anatomía y a joder la marrana en la rebotica con matraces, tubos de ensayo, morteros y demás parafernalia "alquímica" con la que fabricaba jarabes de cuatro sabores, zarzaparrilla, agua de regaliz, bombas fétidas, ungüentos milagrosos, polvos de la madre Celestina y otras ocurrencias con las que por lo general se ganaba una paterna bofetada. Después de las primeras letras y de la educación básica, ingresó como estudiante de ingeniería química en la Universidad Agrícola del Estado de Oregón, en Corvallis, donde obtuvo una licenciatura en ciencias en 1922. Allí, en la Uni de Corvallis, le ofrecen un puesto de profesor; acepta, pero no dura ni un año en su magistratura, puesto que al poco migra hacia el sur para ingresar en la escuela de graduados del Caltech (California Institute of Technology), donde comienza a interesarse y a trabajar en la Difracción de los rayos X y la estructura de la materia.

En 1925 se doctora en química física (físio-química); pelotea una pizca, llora un poco aquí y allá, consigue una beca postdoctoral, lía el portante y se traslada a la rancia Europa. Como no hay cosa mejor que ser un becario norteamericano (&+&), durante dos años de ronda por el inestable continente, Pauling husmea y trabaja en los laboratorios de los príncipes científicos de la época: con Niels Bohr en Copenhague; Erwin Schrödinger en Zurich; Sir Willian Henry Bragg en Londres, y Arnold Sommerfeld en Munich. Resulta providencial que esto ocurriera cuando el uso teórico de la mecánica cuántica empezaba a ser considerada como una formidable herramienta en el estudio profundo de la química.

En 1927 regresa al “Caltech”, recoge sus galones de profesor ayudante, se los hilvana a la chalina y comienza a alternar la docencia con la investigación sobre física cuántica. Por entonces, Pauling ya llevaba en la mollera la idea de aplicar la mecánica cuántica al estudio de los enlaces químicos para -con su mediación- explicar definitivamente la estructura de las moléculas. Esto porque Pauling era, sobre otras consideraciones, un científico intuitivo que poseía la capacidad de ver los problemas de forma global, no compartimentada; unamos a ello el cuerpo de conocimientos adquiridos en Europa, los mas novísimos en la materia, y un excepcional talento, lo cual dejó patente en 1928, a poco de llegar al “Caltech”, cuando tras analizar la estructura molecular de los minerales iónicos, formuló un paquete de reglas simples de coordinación y especificó un postulado sobre la neutralización local de cargas. Este conjunto de reglas, cuya aplicación primera tuvo lugar en los silicatos, vinieron a configurar con el tiempo lo que hoy conocemos como química estructural.

En 1931 Pauling todavía es considerado como "trigo limpio" por la dirección del “Caltech”, y, es por entonces, cuando tras ser promovido a catedrático publica un artículo en el que aplica la mecánica cuántica para explicar, fundamentalmente, la coordinación tetraédrica del carbono (En esencia: refirió la equivalencia de los cuatro enlaces alrededor del átomo de carbono, introduciendo el concepto de los orbitales híbridos, en los cuales los electrones orbitales son desplazados de sus posiciones originales por la mutua repulsión electrostática), además de las combinaciones de ángulo recto y octaédrica de los metales de transición...

Tómense los puntos suspensivos como clave de boveda de mi ineptitud. Escribo y escribo como desde balcón de Marizápalos[1]: cómodo y relajado, sin distorsiones panorámicas, dando por sentado que mis "ingenuos" lectores llevan en la cabeza el significado de todos estos odiosos palabrones que sin rubor coloco. Llenar esta capillada de enlaces que diluciden este o aquel termino oscuro me parece improcedente, contraproducente por farragoso y necesariamente dilatado. Tampoco me acogeré al “no ver, no sentir”: esa horrorosa e incierta sentencia con la que se condena al avestruz[2]. Por lo tanto apuntare, eso si, hacia aquello que considere imprescindible para dar un mínimo de claridad al texto; luego partiré este en dos y en la segunda de las partes os colocare un epilogo (nada nuevo, otras veces lo he hecho) que os lleve hacia una suerte de enlaces que, aun sin tener mayormente a Pauling como protagonista, apunten hacia su tiempo y los aledaños de sus investigaciones. Todo por no resultar aburrido. ¡Joder, como os cuido!

Sigo, si es que este paréntesis y el bocata que he me he metido no me han enturbiado definitivamente el juicio.

Tal, o sea lo dicho, le permitió teorizar sobre los movimientos magnéticos de las moléculas de iones complejos, definir la naturaleza de par electrónico y clasificar los tipos de enlace químico (Sobre el enlace químico decía Pauling que este se establece -entre dos átomos o grupos de átomos- cuando las fuerzas que actúan sobre ellos son de índole tal que conducen a la formación de un agregado con la suficiente estabilidad para que un químico vea conveniente considerarlo como una especie molecular independiente) Y con esto podemos decir que comienza la racionalización de la Química Orgánica. Es decir, basándose en la mecánica cuántica, Pauling considero la estructura molecular de los elementos, y teorizó que los electrones, tratados como ondas [3] actuaban en pares para dar lugar a un sistema menos energético y más estable que si lo hicieran independientemente, advirtiendo, a su vez, que tal contubernio "atómico-masónico" dependía de la distancia entre los átomos de los cuales formaban parte los citados electrones. Así el enlace químico entre átomos empezó a tener fundamento, y cantidad de cuestiones que habían permanecido en la oscuridad en la Química Orgánica y que habían pasado por hechos empíricos, pudieron demostrarse racionalmente.

Sin desfallecer, posteriormente introdujo el concepto de híbridos de resonancia, según el cual la estructura real de una molécula ha de concebirse como un estado transitorio entre dos o mas estructuras. Me explico, si es que alcanzo a ello, que hay veces en las que en el trance me siento [metáfora desafortunada] como aquel Ota Benga, industrioso pigmeo  superviviente a una masacre perpetuada por una colla de hideputas que trabajaban para el gobierno belga, capturado luego con alevosía y posteriornte exhibido como bestia en un zoo. A lo que iba: La resonancia no debe de explicarse como la alternancia rápida entre estructuras, al modo clásico, sino como una mezcla de ellas. (Según la mecánica cuántica -siempre de por medio, como el jueves- la distribución electrónica de cada estructura se representa por una función de onda, siendo la función de onda real Y de la molécula la superposición de las funciones de onda individuales de cada estructura) Lo dicho, como insinué poco más arriba, hizo que la química pasara de ser una disciplina fenomenológica a otra basada en principios estructurales mecanocuánticos.

Dedicada a Lewis y  fruto de la recopilación de una serie de conferencias que pronunció entre 1936 y 1938, Pauling publica, en 1939, «La naturaleza del enlace químico y la estructura de las moléculas y cristales», obra fundamental en el pensamiento científico del siglo XX. 

CONTINUARA.

 

*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*-*

NOTAS:

•1.- Felipe III empezó por trasladarse a Valladolid en 1601, y cuando, á los cinco años, volvió a fijar la corte en Madrid, creyo que bastaba para inmortalizarle la edificación de la antigua Plaza Mayor.

Esta plaza vió la beatificacion de San Isidro con acompañamiento de los pendones, cruces y cofradías, clerecías, Alcaldes, Regidores y alguaciles de 47 villas y lugares, formando una procesion con 156 estandartes, 78 cruces, 19 danzas y muchos ministriles, trompetas y chirímias: el rey y su familia vinieron de Aranjuez, y á proposito de la beatificacion del Santo, hubo bailes de máscaras, juegos y encamisados por espacio de seis dias, sin contar con un castillo de fuego que se quemó por descuido, ni con los toros que sustituyeron á la beatificacion, ni con el balcon que el rey mandó improvisar en una noche en la esquina de la calle de Boteros para que los presenciara una de sus queridas (balconcillo fuera de alineación, llamado por el pueblo el balcón de la Marizápalos). En el mismo sitio de tan diversas escenas cayó cortada la cabeza de don Rodrigo Calderon. A la beatificacion de San Isidro, celebrada en 1620, sucedió la canonízacion, en 1622, del mismo Santo y San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús y San Felipe Neri, y volvió la plaza á ser teatro de altares y comedias, de procesiones y máscaras. Al año de esto vino á Madrid el príncipe de Gales á ofrecer su mano á una hermana de Felipe IV, y la plaza sirvió entonces para solemnes fiestas de toros, y tras los toros de cañas...

Angel Fernández de los Ríos.- “EL FUTURO MADRID”.- Introducción de Antonio Bonet Correa.- Los Libros De La Frontera.- Barcelona, 1975. Facsímil de la edición de Madrid, 1868.

•2.- Sobre las avestruces han corrido y corren supinas necedades: que si son capaces de digerir el hierro; que si cuando se sienten amenazadas entierran la cabeza bajo la arena; que si patatin, que si patatán...

«Te haré comer hierro lo mismo que un avestruz», escribe Shakespeare en Enrique VI, Segunda Parte IV.

Mucho antes de Shakespeare, y aun en su tiempo, existían algunos grabados en los que se representaba al pajarraco con una herradura en el pico (La ciudad de Bistrita (Rumania) obtuvo en 1353 derecho a organizar una feria anual de 15 días, así como el de afirmar su autoridad mediante un sello urbano en el que lucia una avestruz con una herradura en el pico). Con tal imaginería fácil es comprender que el vulgo tomara al bicho por una criatura capaz de engullir cualquier cosa. El avestruz es conforme a su tamaño potente y voraz, y lo suficientemente gilipollas para echarse al buche todo lo que tenga aspecto comestible. También engullen pequeñas piedras para ayudarse en la digestión. Pero en cautividad no son pocos los que han palmado por culpa de tipos irresponsables que les echaron de comer todo cuanto les venia a mano. Se cuenta que a uno que murió en el zoo de Londres después de un fin de semana agitado, se le encontró en el estomago pañuelos, guantes, trozos de cuerda, un lápiz, una llave de buen tamaño y un puñado de amonedado.

La otra melonada sumamente extendida es la que sostiene que ante el peligro entierra la cabeza en el suelo. Ni en cautividad ni en su hábitat natural jamas alguien le ha visto hacer tontería semejante. Digo yo que cuando captan algún sonido amenazador, acaso bajen el cuello paralelamente al suelo y escuchen con atención de campanero. Luego, si las cosas pintan mal, no les faltan zancas para salir pitando.

•3.- Aquí debería de hablar por lo largo de Paul Adrien Maurice Dirac, probablemente (Stephen Hawking) el mayor físico teórico británico desde Newton. Lastima que no disponga de tiempo para ello. Otro día será. Apuntar, eso si, que asentados sus reales en Cambridge, entra en contacto con la teoría cuántica y los modelos atómicos de Rutherford, Bohr y Sommerfeld. Allí, en Cambridge, conoce a Bohr y a Heisenberg; consigue una copia de los borradores de este ultimo acerca de la mecánica matricial, se da a su estudio y llega a desarrollar una versión propia de la teoría cuántica. En realidad, su desarrollo fue tan completo que las versiones de Heisenberg y Schrödinger, quedaron en lo sucesivo como casos particulares incorporados a su trabajo.


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martes, 25 de septiembre de 2007

Membrillo y Gato en el Tejado.

Imag: Herr Monty, espléndido felino que reina despótico en esta casa.

De un tiempo a esta parte he tomado gusto por la didáctica de lo extraño; por lo residual y acaso marginal; por lo con toda probabilidad rayano con el mas supremo de los desintereses. Pelillos a la mar. No indago en este proceder porque lo se inútil. Cultura al fin, igual me da que sean unos u otros los motivos ante cuya línea de salida me coloque...


¿Rondo la certeza si digo que, probablemente, escribo y poso cosas que solo a mi interesan? Yo qué se. Causa y efecto si acaso. Nada que objetar por mi parte. Claro, que tampoco es higiénico manosear con tan serena complacencia el cilicio -inverosímil- de la jeremiada.

Échense unas risas si gustan, pero tengan por cierto que estas entregas tienen su publico:

# Su Ilma. el señor Arzobispo de Tarantasia, por ejemplo.
# Los doce Pares de Francia.
# Un tal Aymery Picaud, correveidile papal que desde el lío aquel que tuvimos en Saint-Julien d'Arpeou me debe dinero.
# Micer Saulos, dicho también Pablo de Tarso; a este le apeó de un caballo capón un tío mío que apareció en Damasco montando en una fulgura; puso denuncia el derribado y hasta que no se resuelva el pleito esta la fulgura presa en el cuartel de bomberos de Alepo.
# Donna Ninnolo de Benaugurato, dueña entrada en kilos que cose tabaqueras con los testículos de percherones como materia prima; es la neumática señora de la campechana y eglógica Armórica.
# Lotaria de Borchen, una mezzosoprano que fue violada por uno al que las autoridades dicen el del "Pompón Rojo"; preso que fue, ahora anda a pájaros por ahí, afilándose la picha para volver a las andadas.
# Israfil Cierrapico, cabo, bombo de la orquesta municipal de mi pueblo, cornudo, muy cornudo.
# Don Jebald, un teutón al que conocí peregrinando al Señor Santiago.
# Perruco Lirio, menudeo su taberna porque fía y no bautiza el vino.
# Tadeo Singallo, uno que corre pólizas de seguros para los Buensignori.
# Dama Aude, una que explica el futuro con los dedos..., por tapices, quiero decir.
# Fray Gómez García, abade de Veladolido que trova en la dulce lengua gallega; con Pero García, Pero Barroso y Pero González de Mendoza estoy reñido.
# Lucrecia Borgia, una zorrita a la que conocí cuando por ir preparado a las bodas de Canaán me apunté en una academia de bailes de salón, fue pareja mía en eso del cha-cha-cha, tiraba a marrana y tenía los dientes cariados.
# Don Perejiles, notario con el que juego al ajedrez, tiene querencia por la "apertura Reti", y colecciona ejemplares de la revista "MANIFOLD".
# Pedro Saputo, no puedo recordar con precisión de que le conozco, seguro que de algún acontecimiento feliz y disparatado.
# Inesina, una del barrio que trabaja como lencera en "Villa Merluzos", conocida tal casa de cuento y dislate antes como Moncloa.
# Pepe Colleone, el "Capao", que capole (otro día lo contare por lo menudo) con falso mimo y traición una moza de tronco de la secreta del partido que gobierna; a día de hoy, por violar a un ingenuo pastor, anda la capadora en prisión: pidió la de la secreta ser servida de "churras", y sirviéndosele ovejas y no CHURROS -para la merienda, supongo- parece que enloqueció.
# Adam Ries, el hermano de mi amigo Zwickau; asistí con poco aprovechamiento a la Escuela de Aritmética que tenia en Erfurt.
# Ali Bey, un turco al que le vendí, no recuerdo donde, un emplasto para las almorranas.
# Don Josué Israelí,
un loco que perdió salud y fortuna en el proyecto de una maquina que no dejara salir a la luna; me gorronea tabaco y pregunta monomaniatico por unos parientes que emigraron a la región de los Deux-Sèvres.
# Señora Laverga, vive por ahí, por el norte; tiene criados orientales y les viste con librea. Don Júpiter de Perigueux, un cojo críptico con el que intercambio recetas de cocina; he oído que cocina para los canónigos de Amiens.
# Quitín el Parvo, un tonto más listo que el hambre.
# Restif de la Bretonne, maestro putañero, rousseniano, pornógrafo de categoría; mantenemos intenso trafico postal; salí, joven e inexperto, con una de sus hijas: educadas con rigor para alcanzar la excelencia intelectual.
# Aristóteles Mollera, anda con un teatrillo de títeres y en los entreactos da lección de como lanzar el boomerang.
# Monsieur Delambre, un saltarriscos que tiene por oficio el de aquilatar arcos y meridianos por trigonometría.
# Profesor Frank, inventor boreal, de Copenhague para ser exacto; tiene la patente del "Vinaigre des quatre voleurs".
# Don Thédise, jubilado; lemosin que emigrado a Londres puso carnicería en Holborn. No esta probado que Jack Destripador aprendiera el corte que dicen de escudo allí, en su casa.
# Giuseppe Verdi, mi vecino de abajo; tres veces le he pinchado las ruedas de la moto porque con sus músicas no me deja dormir; tengole avisado de que si no muda de horario daré parte a la municipalidad.
# Dom Férotin, en la ultima Feria del Libro me dedicó aquel libro suyo titulado “Apringius de Beja. Son Commentaire sur l' Apocalypse par Beatus de Liebana”.
# Baltasar de Carolopontis, antes de examinar de perfumes para el Basileo fue lanistae de futboleros.


No se imaginan ustedes lo facilongo que me resultaría continuar; pero no, corto y cierro esta nomina genial y embravecida. Corto por no apabullar con el numero de mis relaciones y dejar a un montón de colegas con sensación de desvalimiento. No, hombre, no, no se lo tomen a pecho; lo antedicho tómenlo como homenaje. Pues la ficción, el pensamiento simbólico es el nexo más fuerte con nuestros antepasados. Antes que ciencia y filosofía, antes que la escritura mismo, corrían cuentos y leyendas con cuya narración "comentada" se trataba de explicar el mundo. O eso me parece a mi.

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Paso ahora a lo que de verdad interesa, a lo que sin pretenderlo educa:

Tengo gusto por las mañanas soleadas y moderadamente ventosas y frías. En ellas, si se da la ocasión y con el gato que vive en casa cual mi sombra, subo al tejado. Él, dicho Monty, cata vientos, enreda con cuanto objeto volandero llama su atención o acecha, con la envidiable paciencia de los de su raza, a los pájaros. Yo fumo, sorbo café de un termo, me desperezo y leo ( invariablemente en las paginas leprosas del mismo libro). Para llegar al tejado es inevitable cruzar a lo largo el desván abuhardillado, y allí, en el extremo mas luminoso, sobre una escalera de mano de la que me sirvo para auparme al exterior, un único libro, el libro, Mi Libro de Aires, Gato y Tejado. Es la pieza pura esqueletura, mojama; con las tapas de pasta española derruidas, mucho he especulado sobre su primer origen, sobre el autor que le "recopilo" y la imprenta que le parió; le sé, eso si, anterior a 1882 y con un valor de 14 reales. Llama la atención que su genero sea el epistolar, tan ruin por estos lares, cuna de gente tan movediza como las nubes (meditare sobre ello). En fin, pongo ahora lo ultimo que he leído en mi sesión de tejas.

Fernan Gomez de Cibdad Real á D. Pedro de Stúñiga.

El can de buena raza siempre ha mientes del pan é la casa. Este proverbio me atañe á mi, que la casa de vuestra merced é el pan que mi Señor é yo é mi hermano comimos de vuestra merced, siempre está faciendo sangre que bulle é punza á la fidelidad é amor que le tenemos, é á los suyos, que bien es sabido en la casa del rey. Deste exordio vuestra merced podrá conocer lo que le querré ajuntar, que esto bastaba; mas diré más, porque no me queda nada en el trascuero de lo que yo me imagino, que de pro al honor é facienda de vuestra merced puede ser. Vos, Señor, que del rey habeis recibido honra más que vuestro padre la ovo de otro rey, é aunque vuestra merced es tan grande por su abolengo en sangre noble, os ha fecho el rey más grande con estados é alcaldías é juros; no debiades andar en compaña de los que á su Señoria son tan agrios é disgustosos. E mirad, Señor, que facer mal á uno, é decir que se face por le facer bien, solo á mi é los de mi arte atañe, que punzamos el cuerpo á un febrático, é le lavamos la sangre é el pan é el agua, con dolor que padece, é se lamenta é todo es por meterle la salud en el cuerpo, aunque sea con dolor suyo. Mas vuestra merced no será abastanza poderoso para facer creer, que andar contra el rey es por servicio á su Señoria. Fágale vuestra merced servicio como el rey lo querrá, é su honra no habrá menester andar á facer argumentaciones é silogismos. E demás de la honra, vea vuestra merced otros tan altos como vos, que muertos son en castillos aprisionados, é sus bienes derramados á otros, é sus fijos son mendigos; é que siel rey face una buena vegada, vos é los que consuno andais, podrédes caer en una carcaba, como la que se face á los osos, que tarde os recobraríades...

Vos, Señor, que en años el mayor de los Grandes sois, menos el Conde de Benavente, é que podiades ganar una loa sin acabamiento, metiendo á estos caballeros en lo justo é en la obediencia del rey, é facer por humildad é por cristiandad lo que con guerras civiles buscais en daño de los viejos, é pobres criaturas, é dueñas é doncellas de los pueblos: que el afan sobre ellos cae. E librando á vuestros naturales, parientes é amigos, é criados é de vuestro bando, é de los otros que ofendido nos han, de derramamientos de sangre, é de muertes, é de dolores, gran loa se os seguiria de esto; é en el pecho del rey, que piadoso é amoroso es, meteríades un buen porqué de amor é de obligcion para mas ensalzamiento vuestro, é de vuestros fijos, é de vuestros nietos. Catad no os fagades aborrir de todos. Parad mientes que han de ver paradero estas guerras ceviles, é que, por bien que en paz queden todos, é asegurados de la vida é de la facienda, la loa de los que andarán con el rey será asaz ventajosa en lo venidero, de aquellos que del rey serán divisos é apartados. Si sobrado ando en lo contenido en esta epistola, no lo llamades con otro vocablo, que con sobramiento de amor é voluntad é buena fidelidad con vos é los vuestros...

Ya lo ven, una hermosa epístola, respetuosa y amonestadora a la vez. Por ligarla con la ciencia, que literatura y ciencia no son excluyentes, como me esfuerzo en demostrar, epístola cromosomatica, citogenica... Lo siento, surge la bobada de la contemplación de la fotografía de una célula trisomica (en los humanos contiene 47 cromosomas y se designa como 2n+1) que tengo sobre la mesa. Vale, colegas, prometo aprovechar mejor lo que beba.


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sábado, 15 de septiembre de 2007

De Patrimonio Nacional y “Manguis” (II).

  

He de encontrar -sin demora- a alguien con autoridad que certifique mi incapacidad total para bregar con todo programa de "ordenata" que tenga que ver con el nobilisimo arte del ajedrez. Mi amiga Clara, sabiéndome aficionado al juego y malferido, ha tenido la bondad de enviarme un soft. que, menos fregar la escalera y preparar sopas de ajo, hace casi de todo. Pero no lo entiendo, oigan. No me hago con él. Me desconcierta y pasa a ser un ingrediente más en esa ¿rebosante? olla podrida donde a fuego lento cuecen mis vergüenzas e inutilidades.

Posibilidades el programa ofrece, fijo; pero igual me da, porque para el provecho que le saco es como si no ofreciera ninguna. Se ha de teclear mucho y atender al tiempo a demasiadas indicaciones luminosas: ininteligibles, apremiantes, tocapelotas, parpadeantes... Un engorro vejatorio para alguien acostumbrado a manejar las piezas con las manos.

Pero por probar que no quede. Ahora mismito estaba haciendo un ensayo con una de las mis mil partidas anotadas que corren por casa: J. Fedorowicz (blancas) -- S. Kudrin (negras), Berkeley, 1984... Ni defensa "Ben Oni" (la tengo ampliamente documentada como contrapunto a la apertura Indo-catalana) ni gaitas. Nada de nada. Cero pelotero.

Aparte de la tontuna que cultivo con esmero, esto mío debe de tener que ver con esa innegable carga de sensualidad que se da al manipular con las manos una pieza finamente labrada. ¡Vaya usted a saber, oiga!.

Y ni insinuar que no aprecio el regalo. Al contrario, puesto que no es esto una esquela de queja sino el sentido lamento de un pobre ignorante. Puto y pánfilo decoro. Venga, toca ahora empuñar el flagelo que mi ineptitud vocea: Lo cual que para la semana que viene, de paso por Madrid, invitare a cenar a Clarita, cónyuge y prole a esa bodega de la calle Moratín que tanto gusta a su emeritense marido. "Conspiradores", me parece que se llama. Recia pitanza extremeña y esas cosas...

Cansado de dar tumbos por los espejeantes desgalgaderos de lo personal, voy ahora con la patria estirpe de los "manguis" de museo. Nadie exija amenidad en ello, se trata de didáctica histórica y no de otra cosa.

Vale.

 

 EL ROBO EN EL MUSEO DEL PRADO (Conti.)

Estos señores que disponían del Museo a su antojo eran -apresurémosnos a decirlo- los ilustres miembros del Patronato, y los Sres. D. José Villegas y D. José Garnelo, director y subdirector respectivamente. La obligación primordial de estos señores era la vigilancia, conservación y engrandecimiento del Museo Nacional.

Veamos cómo se cumplía esta obligación y qué abusivo empleo se hacía de los derechos otorgados por el Ministerio de Innstrucción pública y Bellas Artes.

Sin duda para vigilar mejor el Museo, los Sres. Villegas y Garnelo se habían apropiado de sendos locales de la parte alta para instalar allí magníficos estudios donde trabajaban, recibían visitas, dictaminaban acerca de la autenticidad de obras sometidas a su experta tasación y concebían los frecuentes traslados de cuadros que sorprendían e indignaban un poco a los habituales visitantes de la Pinacoteca Nacional.

Todos los días se descolgaban obras y se colgaban en diferente sitio, sin otra razón que el simple capricho de quien puede disponerlo. Todos los días eran oportunos para acordar restauraciones innecesarias o demorar las imprescindibles.

Mientras a unos pintores se les ha concedido el honor de una sala especial con todas sus obras reunidas, a otros, más importantes acaso, se les esparce por salas y aun pisos diferentes. Mientras a Murillo*, por ejemplo, se le otorga un buen sitio, Goya está colgado fragmentariamente en la antesala y en el salón de retratos -¡que arbitraria clasificación esta de retratos de diversas épocas y autores!-, y en las salas de abajo, donde se pudren rápidamente las maravillosas pinturas de los tapices.

Gracias al absurdo derecho de entrada, los domingos invade el Museo una muchedumbre excesiva, y, en cambio, el resto de la semana están las salas vacias, hasta tal punto que los vigilantes, aburridos, forman tertulia en una de ellas y abandonan la otra a la buena voluntad del solitario visitante o del ingenuo copista.

Era frecuente la entrada y salida de cuadros para los estudios de los señores Villegas y Garnelo. Unas veces cuadros para atribuciones y tasaciones particulares; otras veces lienzos originales de dichos señores. He aquí una costumbre peligrosa.

Tal ajetreo y constante ir y venir de lienzos antiguos, unido al meter y sacar del edificio gran cantidad de copias, algunas de ellas tan perfectas que podrían confundirse (a primera vista o a una luz deficiente y distinta de la habitual) con los cuadros originales, continúa el peligro de esa costumbre.

Tampoco existe un catálogo moderno y actual.

Uno de los deberes más inmediatos a cumplir del Patronato era la redacción de un nuevo catálogo, toda vez que el de D. Pedro Madrazo, fechado en 1872, es, a pesar de sus excelencias, deficiente y contiene muchos errores, subsanados después por la crítica y los eruditos.

El Patronato se creó en 7 de junio de 1912. Van transcurridos seis años y aun no se ha hecho más que una reedición del catálogo de Madrazo en 1913, con una notabilísima Noticia Histórica del inteligente secretario del Museo D. Pedro Beroqui.

Entre los enormes perjuicios de esa lentitud para confeccionar el catálogo, no ha sido el menor el de no poder asegurar, de un modo absoluto y definitivo, cuáles fueron las piezas robadas del Tesoro del Delfin. Entre las positivas ventajas que reportará ese catálogo hay que tener en cuenta la de poder comprobar si el número de obras de nuestro Museo no ha sufrido ninguna disminución o transformación.

En cuanto a los restantes deberes del Patronato eran estipulados en la siguiente forma en el preámbulo del Real decreto referente a su creación:

«Constante comunicación con los grandes Museos del mundo y con los otros de España, donde yace ignorada, y a veces con riesgo de perderse, una riqueza considerable artistica e histórica; preparación de exposiciones especiales y organización de conferencias, de crítica elevada las unas y de vulgarización las otras; revisión y confrontación de los antiguos inventarios de obras de arte confiadas en depósito a colectividades y corporaciones de varias clases; estimulación y guía para las donaciones particulares, contenidas hasta ahora en límites muy reducidos a causa  de la evidentísima falta de compenetración que existe entre los ciudadanos y los Centros oficiales; plan de servicios subalternos del Museo a fin de evitar toda clase de riesgos al edificio y a las obras, y hacer fácil, agradable la visita de turistas y aficionados a las Bellas Artes; atención cotidiana, diligente, efusiva hacia el Museo y todos sus elementos constitutivos, con ese calor y esa ansiedad que no nacen, ni pueden nacer solamente de un contrato de servicios entre los funcionarios y el Estado que les retribuye, sino del culto íntimo y ferviente del arte y de sus glorias»

De cómo fueron cumplidos todos estos laudables propósitos del ministro que creó el Patronato del Museo, dieron cabal medida las conferencias del Sr. Lázaro Galdeano en el Ateneo.

Por una extraña casualidad era ministro de Instrucción pública y Bellas Artes el mismo que firmaba el Real decreto de 1912: D. Santiago Alba. Debió ser para él doloroso recibir la dimisión de aquellos a quienes “el culto del arte y sus glorias”, llevó unicamente a la vanidosa tarea de patronos, y la de aquellos a quienes liga “un contrato de servicios remumerados por el Estado”.

La importancia del robo, el alto precio de las joyas y la riqueza artística de ellas, hicieron suponer cierta elevada categoría en los autores del latrocinio y, sobre todo, la posibilidad de recobrallas en un plazo más o menos breve.

Sin embargo, desgraciadamente, la novela policiaca tuvo un triste desenlace. Se descubrió, se detuvo al ladrón, y éste confesó las circustancias de su delito.

Es un antiguo celador del Museo, un tal Rafael Coba, de tipo y vida chulescos, que alterna en el mundo heteroclíto de los bajos fondos sus vicios, su vagancia y su estupidez. Estas joyas, que iba sustrayendo poco a poco y desde hacia muchos meses, las destrozaba luego en su casa para vender los pedazos de oro cincelados, las piedras preciosas, los esmaltes, los camafeos, a precios infimos. El resto de las joyas que, a juicio suyo, eran invendibles o demasiado peligrosas, lo machacaba y lo arrojaba a una alcantarilla frontera de su casa en la penumbra ortal de las madrugadas. Dimitido el Patronato e incapacitado fisicamente el subdirector, destituido por la opinión pública el director, nos permitimos hacer en aquellos días al ministro de Instrucción pública y al director general de Bellas Artes las siguientes observaciones:

Si bien la Subdirección habrá de desempeñarla un profesional, en su doble carácter de conservador y restaurador, la Dirección del Museo del Prado -como las Direcciones de todos los Museos del mundo- no debe ser conferida a un pintor, sino a un crítico. Pero si, débil el ministro a las influencias de sus compañeros de Academias, cede con notorio error en este punto, no debe ser sin tres condiciones imprescindibles, a las que habían de añadirse otras, naturalmente:

• 1.ª Derogar esa cláusula absurda de que el director de Museos -como el director general de Bellas Artes, porque ya hablaremos también de esto otro- sea necesariamente un artista pensionado con medalla de honor.

• 2.ª La desaparición radical de los estudios del director y del subdirector en el lo0cal del Museo.

• 3.ª Prohibición absoluta de tasaciones y atribuciones por parte del director y subdirector de obras y autores de propiedad particular o con destino a otros Museos...

«Si creemos que no debe ser un artista el director del Museo, opinamos que debe existir un grupo de artistas en calidad de Comisión consultiva. Esta Comisión debe estar formada por académicos de San Fernando. Desde hace algún tiempo se está vejando y anulando a la Academia de San Fernando de un modo que ya no puede tolerarse»

«Ni en el Patronato, ni en la Dirección del Museo, debe entrar ningún coleccionista o anticuario más o menos ilustre»

«Por último, en un asunto de tal importancia bien merece la pena de que el ministro de Instrucción pública escuche toda clase de opiniones. Animado de mi deseo de facilitar su gestión dificilísima, me permito iniciar la idea de una reunión en el Ateneo o en la Academia a la cual concurrieran, presididos por el director de Bellas Artes, los académicos de San Fernando, los artistas premiados con primera medalla y los críticos de todos los periodicos»

«En esta reunión podría cambiarse impresiones, apuntarse iniciativas, indicar reformas y, sobre todo, constituir un Comité encargado de redactar el reglamento definitivo por el cual deberá regirse en lo futuro el Museo del Prado, y de redactar una candidatura de personalidades aptas para la dirección y subdirección del Museo»

«Después, y en Junta general, se elegirían por votación, firmada y rubricada, los dos señores que habían de desempeñar dichos cargos»

Si no todos estos consejos, la parte fundamental de ellos ha sido aceptada por el Gobierno.

Para el cargo de director se ha nombrado un crítico de tan reconocida competencia como Aureliano de Beruete y Moret. Para la subdirección, a un profesional de la pintura: Fernando Alvarez de Sotomayor.


 


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* Tropezar con Murillo y venirme a las mientes un gallo es automático. La asociación viene de lejos y "culpo" de ello a la lectura de Ceán Bermúdez (no confundir con su contemporáneo Cea Bermúdez -también escrito en ocasiones Zea-, político, negociador, secretario de Estado, realista moderado y a la vez absolutista, ministro de aquel Gobierno visto y no visto que fue el de Cleonard), pintor e historiador de arte español, académico de San Fernando y de la Historia, nacido en Gijón. Más famoso por sus críticas de arte que por su producción pictórica. En su Diccionario histórico de los más ilustres profesores de Bellas Artes en España (6 vols., 1800), aplica por primera vez el método crítico al arte español. Y es entre su follaje donde en el Curioso diálogo -sin nombre de autor pero notoriamente suyo- entre Megs y Murillo, sale a colación el dichoso gallo:

... Con tan lisonjeros presagios me atreví a pintar un gallo; y lo hice con más felicidad que el profesor del epigrama de Francisco Pacheco, suegro y maestro del gran Velázquez; pues no tuve necesidad de matar al vivo que me había servido de modelo; de aquel epigrama tan gracioso que ha quedado en proverbio entre nosotros los pintores sevillanos, pues algunos fueron también agudos poetas. No se me ha olvidado todavía y por si no le has oído, te lo quiero recitar:

Pintó un gallo un mal pintor,
Y entró un vivo de repente,
En todo tan diferente
Cuanto ignorante su autor.
Su falta de habilidad
Satisfizo con matallo;
De suerte que murió el gallo
Por sustentar la verdad.


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miércoles, 5 de septiembre de 2007

De Patrimonio Nacional y “Manguis”`(I).

Lo que sigue, un sugestivo trabajo de Don José Francés publicado en “EL AÑO ARTISTICO”, septiembre de 1918, iba complementado -obvias las razones- con una entradilla en la que me dio por comentar el cese de Rosa Regás como directora de la Biblioteca Nacional. Como se vera, tal exordio no ha llegado a ver la luz. En un acto de lucidez, aunque mas próximo a la autocensura que a otra cosa, lo he suprimido por innecesario. Aun así de justicia es que lo sepáis. Que sepáis que mostrabame en él duro e inapelable, agresivo en extremo, cínico y epigramático, desajustado; hablatin desbordado; odre de todos aquellos "vicios" que Fray Felix de Alamin determina como "pecados" propios del hablador desmesurado: revelar secretos, porfiar, hacer burla, irrisión o escarnio, chismorrear, decir chanzas, chistes y burlas, hablar a tontas y a locas, etc..  No penséis, sin embargo, que este guillotinar de lo propio es porque guarde alguna emoción positiva hacia la progresista con nómina en danza: de mocita voceada en publico como buenorra por aquellos grandes bribones que juergueaban a sus anchas por la Ciudad Estado de Barcelona... De índole ético son las razones.

Y basta ya de flagelarme como un penitente mochales. Mejor me voy a preparar una empanada de patatas con hierbas aromáticas.

 

EL ROBO EN EL MUSEO DEL PRADO

Vivió Madrid durante unos días la accidentada inquietud de una novela policiaca. Cada policía se imaginaba un detective de Conan Doyle, cada periodista un Rouletabille de Gaston Leroux, cada ciudadano leía su periódico favorito con idéntica fruición que podría leer libros de misterio y bandidaje de guante blanco, o sentía esa malsana curiosidad que despiertan las películas interminables de La mano que aprieta, La máscara de los dientes blancos, o Los vampiros.

No le faltaba al suceso apasionador ni un título sugestivo: El robo del tesoro del Delfín.

Luego fué aumentando la expectación pública. Pasaban dias sin descubrirse nada. El director, Sr. Villegas, acudía a declarar, acompañado de un lazarillo, porque le habían hecho una grave operación a la vista y estaba momentáneamente ciego. El subdirector, Sr. Garnelo, perdió la razón, y continúa recluído en su domicilio, sin recobrar las facultades mentales. Un miembro del Patronato, la ex entidad que debía vigilar y atender a la conservación y prosperidad del Museo, el Sr. Lázaro Galdeano, pronunció dos conferencias en el Ateneo, descubriendo negligencias terribles, abandonos vergonzosos e incapacidades punibles.

Y mientras tanto, por la Jefatura de Policía y por el despacho del juez encargado de la causa, desfilaban gentiles figuras de modelos o iba y venía un alemán misterioso, ese alemán que es siempre oportuno buscar en los delitos coetáneos de la guerra y en los asuntos artísticos.

Poco a poco, también, joyeros y plateros de baja estofa, conocidos algunos como encubridores de raterías, entregaban voluntaria o involuntariamente objetos de los robados o trozos de ellos.

Y la gente que no se cuidó jamás de las ricas joyas de metal, de piedras duras, de cristal finísimo, incrustadas de gemas y camafeos bellamente trabajados, se agolpaba frente a esas vitrinas que contenían el resto de las copas, ánforas; bandejas y arquetas más famosas por el robo que por los siglos.

¡Bello nombre tenían estos objetos de metalistería y de cristal, que eran fiesta para los ojos, deleite para el espíritu, contenidos en las dos vitrinas de la sala central de nuestro Museo!

Tesoro realmente de un príncipe del siglo áureo de la Francia galante. Evocaban con sus formas esbeltas o complicadas, con su centelleo de gemas, con sus claras transparencias y sus sensuales tonos, los pretéritos esplendores de una Corte pomposa. Por las salas contiguas veíanse retratos de personajes que acaso tuvieran en sus manos las copas, las ánforas, las arquetas, las salvillas; tal vez en sus dedos y sobre su pecho lucieran camafeos y entalles fraternos de aquellos que mostraban engastados los ricos metales; quizá los mismos artífices que trabajaron las joyas que ostentan las damas inmortalizadas por la pintura fueron los que permanecieron largo tiempo cincelando la bandeja o el cáliz donde una sierpe diabólica se enroscaba...

Tesoro de un delfín de Francia, con sus simbólicos delfines en los remates de las copas, nos detenía siempre como un hechizo ante la portentosa serie de jaspes, ágatas, pastas vítreas, esmaltes, camafeos, malaquitas, y ónices de calcedonia y toda clase de piedras gnósticas, que hacían pensar en el divino Dioscórides, cuyas obras son el más preciado ornato de las dactiliotecas; maravillas de la glíptica francesa que sugerían el recuerdo del lapidario Jacobo Guay; repujados y cincelados que parecían haber sido concebidos y realizados por Benvenuto Cellini.

Contraste de nuestra época vulgar, industrializada, las alhajas áureas, genmadas, cristalinas del Museo, ligaban con su inmóvil y rútila convivencia de las vitrinas diferentes países y remotos reinados.

Allí las genmatas potatorias, que inspiraron a Plinio estas bellas palabras: «Bebemos en una cantidad de piedras preciosas; cubrimos de esmeraldas nuestras copas, y para embriagarnos nos consideramos dichosos teniendo toda la India en la mano».

Allí la pokal, que se alzaba en los banquetes germánicos. Allí las semejantes a las que poseían las Corporaciones de los Paises Bajos; copas que tentaron los pinceles de Rembrandt y de Franz Hals.

Allí las venidas desde la Italia medioeval y cuyo secreto revelaba el monje Teófilo en su Diversarum artium schedula, en cuyo prefacio advertía:«Si profundizas atentamente en este ensayo hallarás todo cuanto Grecia conoce sobre las especies y mezcla de diversos colores; toda la ciencia de la Toscana relativa a las incrustaciones y variedad de cincelados; todo lo que distingue la Arabia respecto de la fundición y cincelado de los metales; el arte con que Italia decora las diferentes especies de vasos, sea por medio del oro y de la plata, sea con marfil y gemas...»

Allí, sobre todo, la extravagante riqueza que predominaba en la vajilla del rey Luis XIV, y que comentaba el predicador René en su famosa obra Epay des merveilles de nature: «On boit un navire de vin, une gondole, un boulevart tout entier. On avale une pyramide d'hypocra, un clocher, un tonneau. On boit un oyseau une baleine, un lion, toutes sortes de bestes, potables et non potables...».

Y una tarde del último junio, al detenernos frente a estas vitrinas, que tanta riqueza y tan extraordinrio poder evocador contenían, las vimos casi vacías. Faltaban muchos de estos objetos, cuya desaparición se ha hecho ahora pública.

Preguntamos al celador de aquella sala. El celador se encogió de hombros.

- No sé. Los han trasladado a otro sitio...
- ¿A cuál?
- No sé...

Y como en el Museo del Prado los cambios, trastrueques y otras arbitrariedades eran demasiado frecuentes y constituían una temeridad endémica, creímos que, efectivamente, las joyas habían sido trasladadas de sitio.

Tres meses después, el 21 de septiembre, descubre un empleado del Museo y comunica al subdirector Sr. Garnelo lo mismo que nosotros descubrimos a primeros de junio. Claro es que al Sr. Garnelo no se le puede contestar que habían sido trasladadas las joyas.

En su prólogo al Cátalogo de Madrazo, dice D. Pedro Beroqui:

«En 14 de agosto de 1839 se entregaron al director del Museo, D. José Madrazo, las alhajas que Felipe V heredó de su padre, el Delfín de Francia».

 «Estas alhajas las conservó mucho tiempo el pintor D. Domingo Sauni, conserje y aposentador del Palacio y Sitio Real de San Ildefonso, y en el reinado de Carlos III, sin duda, como estaban "pasadas de moda", y de ellas no se hacía uso ni se estimaba su mérito, se destinaron por Real orden de 1.º de septiembre de 1775 al Gabinete de Historia Natural, y allí estuvieron hasta 1813, que se las llevaron los franceses a París, sin tener el cuidado de embalarlas, siendo restituídas en 1815 y depositadas nuevamente en el mencionado Gabinete hasta que se llevaron al Museo»

«En 1866 se limpiaron las alhajas y se compusieron, sin poner ni quitar piedra alguna. La reproducción la hizo D. Pedro Zaldos»

«Al año siguiente colocáronse las joyas en en los escaparates ochavados, en forma de linterna -proyecto de D. Juan de Madrazo-, que se encuentran en la galería central del Museo»

«En el primero de éstos, según se entra, están las piezas de orfebrería de mesa y tocador, primorosamente labradas en el siglo XVI. Son 78 objetos de los 86 inventariados en tiempo de Carlos III; 36 en el andén inferior, 29 en el medio y 13 en el superior»

«En el segundo se colocaron los vasos de cristal de roca, de tan bellas formas, que, en opinión de D. Pedro de Madrazo, sólo pueden ser de Valerio Viccutino, los Misseronis o Sarrachis. En el andén inferior hay 25 piezas, 15 en el segundo y siete en el superior»

De todas estas alhajas han sido robadas las siguientes:

Vaso afilado con pie y base de género de bolla, todo de piedra sanguínea, labrado. La base, guarnecida con cuatro delfines y otros detalles. Todo de oro tallado y con un peso total de siete onzas en oro.

• Otro con hechura de copón, de ágata, con tapa hendida de oro tallado y esmaltado de blanco, azul, rojo verde translúcido, de ocho onzas de peso en oro.

• Otro de forma ovalada y armillerado de piedra blanca, pie y base de oro tallado. El rebajo es blanco, azul y verde translúcido, 10 onzas.

• Otro de ágata, hechura copón, terminado en dos cabezas de águila, ocho piedras ovaladas y ocho medios cuerpos representando figuras de Emperadores; otras siete piedras y tres figuras esmaltadas en blanco representando la Prudencia, Justicia y Templanza, de colores y transparente, 16 onzas.

• Otro con las figuras de la Fortaleza, Esperanza y Templanza. Remata en dos figuras.

• Otro de ágata, esmaltado. En la base 20 camafeos de varios tamaños. Tres onzas.

• Otro de dos piezas de plata dorada y ágata. En el remate, cuerpo y pie, 16 camafeos. Seis onzas.

• Otro forma copón, de ágata, con ocho piedras pequeñas, guarnecido de oro a modo de llama. El pie, de hojas, cintas y género de gallones.En la base una figura de cuerpo entero mantiene el vaso en una mano. Todo esmaltado. Nueve onzas.

• Otro abarquillado, de jaspe oriental y plata dorada, figuras de delfines tallados. Seis ochavas de oro.

• Otro forma barco, un filete de ágata, filigranas de plata dorada. Una onza de plata.

• Otro hechura de taza, de lapizlázuli. Cinco ochavas de oro.

• Jarro con tapa y asa de ágata. La tapa simula una negrita de medio cuerpo y de la misma piedra. En la cabeza de la figura un magnifico rubí. Dos onzas de oro.

• Vaso pequeño, forma de barco, de ágata. Onza y media de oro.

• Pieza forma pirámide, de piedra de diaspero de Egipto, en dos pedazos, tornillos y tuercas de oro embutidos, 51 rubíes (falta uno) y seis esmeraldas de gran tamaño. Onza y media de oro.

• Copa de piedra sanguínea, tallada de oro; orlas de plata con 12 diamantes de varios tamaños y 12 rubíes. Una onza.

• Un vaso, forma copón, de piedra blanca. La tapa representa un sátiro, y debajo tres ninfas esclavas. Tres mascarones esmaltados. En el pecho del sátiro un mascarón hueco. Doce onzas.

• Vaso de jaspe, de Sicilia, guarnecido de oro, con 56 esmeraldas grandes. Seis onzas de plata. En la boquilla tiene 40 camafeos.

• Otro de ágata con seis pájaros. Seis diamantes, 11 rubíes y 11 esmeraldas de varios tamaños. Dos y media onzas de oro.

El Museo del Prado era -y ojalá no lo siga siendo- feudo de unos cuantos señores que le miraban como cosa propia y no en el sentido de prestarle aquella atención y aquel amor con que rodeamos a nuestras cosas, logradas por el esfuerzo personal y el trabajo fecundo. Le miraban como propio, en el sentido de la indiferencia que sugiere el trato cotidiano y de la libre disposición que autoriza la consecuencia posesoria.

CONTINUARA.


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