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martes, 2 de septiembre de 2008

Portada con Errata

En tanto me desperezo y vuelvo a "DIRAC" con renovado furor sintáctico, os dejo una imagen de " Portada de Libro con Errata".

- Oiga, don Gaitero... ¿como es que no hay correctores para tamaña pifia?


- Lo ignoro, doña Sinda. Y usted perdone por la carencia. Puede que sea cosa de la vista.


- Pues descuide usted, que servidora se sabe un sortilegio para junar como lince. Lea, lea, que aquí lo traigo apuntado.

PARA VER MEJOR

En la baja Bretaña, los granos de trigo se utilizan para las afecciones de la vista. El operador pone, dentro de una escudilla llena de agua, nueve granos de trigo que ha recogido, o mejor todavía, mendigado en nueve casas diferentes. Con cada uno de ellos, traza una cruz sobre los párpados enfermos, recitando cada vez una conjuración cristiana, que no hace referencia a los granos, evitando seguirlos con la mirada, ya que el enfermo no debe saber dónde caen. Este tratamiento se irá repitiendo cada mañana hasta conseguir la completa curación.

Para conseguir la curación de la «gota serena», se guardan los nueve granos bien secos y, con cada uno de ellos, se dan nueve vueltas en torno al ojo, partiendo del extremo izquierdo del párpado superior y apoyándolo ligeramente durante el recorrido. Mientras el grano va cumpliendo sus nueve evoluciones, se recita piadosamente:

Banne impie, me da ampech da vivi; de vertuz va greunen ed. En dour te vo beuzet. Amen.

O sea:

Gota impía, te impido que hiervas; por la virtud de mi grano de trigo, te ahogarás en el agua. Amén.

- ¿Qué le parece?

- Pues va a ser que lo probare con el ojo del culo.

- ¡Marrano!

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sábado, 24 de mayo de 2008

Pensando a Dirac desde el "Barrio de los Oficios" (II)

Llegué leguas caminadas
por dar descanso a mis plantas
al lugar de menos santas
y de más canonizadas.

Versos del conde de Villamediana a propósito del ardor venéreo con el que las mujeres de Sigüenza acometían a los canónigos del lugar. Hijo de uno de estos, sochantre de la catedral, fue el jerónimo P. Sigüenza, a mi entender el más depurado estilista de la lengua española.


Pimentón. He de comprar pimentón para sacramentar a un congrio con patatas como Dios manda. Somos en casa en esto de los fogones manieristas y pródigos, poco o nada liberales, dados sin excepción a la veracidad de las recetas probadas. He de mercar, ya digo, medio kilo -a granel- de ese noble carburante rojo al que aquí decimos de "Aldeanueva". Es el congrio o Conger conger de Linneo una especie de anguila de mar inútil como animal de compañía. A Herr Monty le gusta un pedazo de congrio desespinado tanto como a mi... O más, vayan ustedes a saber que método gastan los señores gatos para evaluar los sabores. Es el teleósteo cabrón del suborden de los fisóstomos, con el cuerpo gris obscuro, casi cilíndrico y alargado, las aletas dorsal y anal las lleva festoneadas de negro; no tiene escamas y carece de aletas pélvicas. En los libros de cuentas incluidos en los registros de Tesorería del Real Patrimonio del Archivo de la Corona de Aragón, probado está que el congrio era habitual en la mesa de Alfonso V y doña María de Luna, representando su consumo -acaso- un signo del estatus y refinamiento de su cocina. En «La alimentación de la monarquía catalano-aragonesa...», dice al respecto Icíar Alonso Díaz de Alda: «Podemos establecer un peso “estandard”, situado entre 6 y 8 dineros la libra de pescado. Otros alcanzan hasta 14 dineros por libra, como el atún o incluso los 2 sólidos que paga Alfonso V por el congrio».



Pero el príncipe entre los congrios, "conger pot-pourri bretonante", según aquellas cartas de hermosa letra gótica que imprimiera Stephan Planck en Roma, era aquel que los días prescritos en el calendario litúrgico como de pescado, servíase en "La Ventana de Espuma", mesón armóricano a mano de nubes alzado en un peñascal sobre el que rompía bravía la mar océana. Carne blanquisima, gloriosa y firme como teta de novicia la de aquel singular pez. Natural, puesto que documentado está que los señores miembros del sindico de mesoneros de la bahia, encargaban hundir barcos, entre los roquedales, para que sirvieran al pez de criadero. Recomendome figón y plato, que allí se ilustra con finas-hierbas, guisantes de olor, patatas lucenses y huevos de avecillas canoras, doña Iseo, viniendo con don Tristán a baños a esta ciudad.

- ¡Tate! ¿Es esta señora Iseo aquella monjita exclaustrada que cogía puntos de medias en la plaza de la Árnica, frente al cepo del corregimiento...?

- No señora... Espante a esos moscones que lleva el crío en los mocos y ponga oídos al cuento.

- No tenga cuidado..., los bichos con alas le entretienen. Más si son d'estos, de colores.

Y aquí relate a doña Teódula, sin demasiadas señales, parte de lo que con ocasión de la egregia visita, párvulo en letras, escribí como recordatorio en su día. Dije así:

- Y fue que con San Martín a puertas vino a baños monsieur Tristán..., con doña Iseo. Él, hijo de rey; legitima esposa de su tío ella. Harto de andar a baños el señor príncipe llegó, pues corría la voz de que los tenia probados todos, hasta los hediondos aquellos tan salutiferos de Bourbón-l'Archambault, en los que curó el tío Calandria de aquel paquete que le dejara de balde la signora Bubba Rasini, cuando se estrenó acá, en el Orfeón Viejo y por carnestolendas, "La picara y Sir Gallahad". Pretendía su señoría remedio para las secuelas de una cadrilada que llevó durante aquel singular combate en el que acochinó al señor Urgán Velludo . Viajaba en litera, sumergido hasta la cintura en un barreño con agua tibia -salada- y esencia de romero. Su caballo, Passebrevil, iba detrás, de la mano de uno de librea imponente de aspecto, conciso de gestos, mongol de nación. Marchaba el noble bruto, digo, enjaezado como para tamborrada, con la rica gualdrapa de respeto preceptiva en Cornualles para embajadas.

- ¿Llevaba la Señora corte de juglares y damas?

- No señora. Venia en un palanquín descubierto, grande la encintada pamela criolla... por preservar su cutis de lirio del sol del membrillo. Y a un gesto de su mano en hilo encajada, una enana que a su vera cabalgaba un poni, asperjabala con agua perfumada.

- ¿Hubo zambra? ¿Se celebró la llegada?

- Así se lo ordenó su serenisima, pariente por la rama de don Olinos "Timonel" del infante viajero, a los asustadizos desgarramantas del Concejo y Cabildo. Llamose entonces a fray Homero Beckford, maestro de arcos triunfales de la casa reinante, quien llegó desde Aquisgrán con cumplida cuadrilla de alegres legos haldeadores y dos lebreles zamoranos, pues no se privaba su parernidad de correr a la esquiva liebre si la ocasión pintaba : Inter aves turdus, si quid, me judice, certet; inter quadrupedes, gloria prima lepus, que decía mi pariente Marcial. Y en un visto y no visto levantaron a esta mano del río, sobre el puente de los Siete Ojos Puntiagudos, un arco como no ha sido visto otro... por lo hermoso y galano. Llevaba enramadas, emblemas, cartelones salutatorios y hasta, pásmese usted, cuatro autómatas a resorte -vestidos a la moda parisién - que tarareaban, bien conjuntados y afinada su voz de caña, melodías de moda: O Sole Mío, Jeu de Robin et de Marion, Suspiros de España, Madelon, Der Templer und die Jüdin, La Cucaracha, Lili Marleen, Cambalache...

- Alguna se la tengo oída al ciego Olmos, el que tañe en la Plaza de la Lana.

- No interrumpa que se me va el oremus, y con él la cordura de la lengua... ¿Qué iba a decir? Si, claro... Lo que distinguía a este arco de todos los con anterioridad construidos era un huevo de barro horneado, forrado con una de esas telas a las que dicen de Jouy, sobre la que se representaban, con fina labor de aguja, minutisimas e imponentes escenas guerreras. Mulligan, Alférez de Bandera de los Cabalgadores de la Frontera, dijo que por ciertos motivos repetidos que se daban, entendía se trataba de una alegoría de la muerte, con las armas en la mano, de L. Catilina: «Nobili genere natus, fuit magna vi et animi et corporis, sed ingenio malo pravoque. Huic ab adolescentia bella intestina, caedes, rapinae, discordia civilis, grata fuere. Ibique juventutem suam exercuit»... Colgaba la figulina maravilla aovada de la ojiva aflamencada que hacia las veces de pináculo del arco; hueca y del tamaño de una canasta forrajera, abría y cerrabase a voluntad mediante un juego de bisagras colocadas poco mas arriba de la mitad de su altura. Dentro iría Serenin el Despernao, con sombrero de Poitou, anteojos ahumados y levita burdeos con orlas doradas y bocamangas galoneadas; llevaría una bocina en una mano y una carraca de Gascuña en la otra; esta la agitaría contundente y marcial inmediatamente despues de simular romper el cascaron y salir del huevo, cuando a toque de pífano y timbal se le advirtiera de que las señorías estaban ya al oído; aquella la utilizaría para clamar, alto y claro: ¡Viva Tristán el Insigne! ¡Viva Iseo la Bella! ¡Viva él, viva ella! ¡Salud, Flor de Leonis! ¡Salud, Garza Rubiales!.

- Muy de entretener es esto que vuestra merced predica; figurese que me trae a las mientes... a esos "pasos" que por fiestas traen en cartel los cómicos. Servidora por el que mas gusto tiene es por el del "Caballo de Troya y doña Helena"... Pero gustaría me diera mayor razón sobre los figurantes que salen, y de como fue que la dama Iseo le soplara al oído el fundamento de sus golosinas de puchero.

- Otro día, acaso, siga el cuento. Ahora están al caer las diez y he de ir a tomar mi lección de danza.

- ¿Baila usted el paspiés, don Gaiferos?

- Ni el passe pied ni nada, señora mía. Me preparo para saber componer la figura con garbo y salir airoso en un cuadro que el señor Toulouse-Latrec está pintando. Venga, tome estos sueldos jaqueses, lléguese al mercero de la Escalerilla y pida le sirva, para el mocoso, unos pañolones como los que los predicadores gerundianos llevan en la manga. ¡Con Dios, señora!.

Ya lo ven ustedes, una pizca de pimentón en la punta de la lengua y heme aquí dando traspiés con el bolo colgando, enfangado en ejercicios dialécticos de carácter arcaizante que únicamente prueban mi relativa habilidad para huir de la pereza intelectual sin apenas esfuerzo. Que le vamos a hacer, de momento y dadas las circunstancias es lo que hay. Sumo y sigo...

Hagan ustedes cuenta, si gustan, de que me encuentro dando traspiés por lo constituye el cogollo de la bimilenaria ciudad, en algún lugar temporal y espacialmente dislocado de lo que he dado en llamar, no sin razones de peso, "Barrio de los Oficios". Acabo de echar una meada, lenitiva e inabarcable, en el lugar que para tal menester esconde el tabuco de un hospitalario zapatero; cargo con una bolsa de libros que por lo pesada cansa y lastima, y, como camino herido por fuego en la planta del pie, más que andar anadeo. En vez de aplicarme una pomada de inenarrables propiedades, quizá hubiera de haber hecho uso del consejo que en el "cuaderno de tapas de abedul de mi bisabuela" viene para el caso: «Linimento óleo calcáreo, o sea una mezcla en partes iguales de aceite de almendras dulces y agua de cal». Una nota datada en febrero de1955 añade: «Para las quemaduras superficiales, aplicar compresas mojadas en vinagre o en una solución de bicarbonato sódico o sal común. Cualquier grasa protectora, como vaselina o pomada de (ilegible), es útil; pero es mejor no utilizar pomadas si se piensa poner la quemadura bajo observación médica».

Brotó de un día para otro -como hongo maligno- en medio de la calle; es del color de la hierba mojada y remata en una cúpula en forma de cebolla, dorado; el cerramiento es negro, plegable y con remates plateados... No es la primera vez que cargo contra la falta de gusto que abunda a la hora de plantar eso que los modernos vienen a llamar mobiliario urbano, ni según marchan los gustos será la ultima. Y sin acritud sostengo que esta nueva pieza que se nos ha dado es tan procedente como un canguro cornudo en un belén, aunque al fin y a la postre no este en mi animo volcar en ella una critica severa, puesto que la fisonomía entera del "habitáculo" complace, a lo grande, a una de mis innumerables juventudes doradas, picaras, de media letra, blogocosicas, sin otros cuidados que un techo sobre la cabeza y la panza llena. Me conduce, digo, a aquellos despreocupados años que pase, chifla que te chifla y vuelve a chiflar, en el Imperio Romano de Oriente, catando vías, veredas y caminos con mi rueda de afilar. Me recuerda la blasfemia urbanística municipal, digo, a la jaula desde la que don Jericho Zerolo de Montova, castrato y maricón, cantaba en los jardines del castillo de Hereia para la corte bizantina: "El purpurado con lirios tocado", su vulpina esposa, nobilissimi, fiorentissimi, clarissimi, eminentissmi, obispos y ermitaños, príncipes de la retórica, cónsules de la filosofía, abogados, notarios, médicos, jefes de hospitales, directores de orfanatos, lenones y yo, servidor que vaciaba sus navajas de acero toledano y mango florentino y que por "imponderables" de los tiempos ha de dejar, hasta mejor ocasión, esta narración.

LO SIENTO

CONTINUARA.


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martes, 15 de abril de 2008

Pensando a Dirac desde el "Barrio de los Oficios" (I)

 
 
De Ávila llega un pelaire,
de Burgos un cerrajero,
de Palencia un alguacil
ha traído su consenso.
A Salamanca se escucha
por la voz de un pellejero,
por Medina un tundidor
y por León un herrero.
 
 

Una ligera presión y cesa el rugir orgánico de la radio, donde un hablantín de alborada, oriniento como llave en el fondo del mar, ¡matarile!, venia opinando que no le faltaba a don Camilo su cuota de razón cuando dejó escrito: “Don Ibrahin de Ostolaza y Bofarull II le dijo a don Silverio el Ecónomo IV: La Compañía de Jesús, el Partido Nacionalista Vasco y la ETA, son una y la misma cosa en diferente grado de maduración”. Salgo a la calle con una mano ocupada en una bolsa de libros que pesa como rueda de carro; con la otra me sirvo nicotina: C10 H14 N2 o (S)-3-(1-metilpirrolidin-2-il) piridina, como jamás pronunciamos los del oficio pero coloco aquí por puro culto al feísmo. Puesto que pertenezco a la obstinada y casi extinta grey de los “cal-cantanos”, a trechos silbo o canto, y , en tanto el sol se hace explícito sobre los viejos depósitos del ferrocarril, mi anima rural añora el canto del gallo: gallo que no canta... Sigo adelante, elucubrando, haciendo cuenta de las diferencias que hay entre pensar, imaginar y fantasear. El camino de lodo al que en la ciudad llaman río parece resuelto a mostrar su verdadera naturaleza acuosa. Acuosa y asquerosa.  

 

- Las monjas tienen poderes, tía... - dice la más mona de las tres adolescentes con las que me cruzo; el resto de la sentencia se me escapa y en la memoria del viento queda.

 

Sufro una quemadura en la planta de un pie (nadie en su sano juicio acertaría a adivinar como me la hice) y camino con la parsimonia lucida de un boyero que acarrease nitroglicerina. Ingreso en el Barrio Viejo, llamado ahora con eufonía municipal Casco Antiguo, donde la naturaleza del firme de la calzada me obliga a caminar como si llevase una estela funeraria pendiente de los colgones. Las calles se estrechan, y por entre el tajo de sus tejados observo como las nubes mudan de nariz y de orejas y de boca... de peinado.

- Y primi fili Adami et Evae fuerunt Cainus et Abel; quorum hic pastor, ille fuit agricola. Uterque obtulit dona Domino, sed dumtaxat dona Abelis, quae á recto espiritu procederent, placuerunt Deo: quidod quidem Cainus moleste tulit, atque ita invidia correptus, fratrem interemit. Tum Deus maledixit Caino, qui veniam desperants, fugit...

- ¿Como dice usted?

- Digo que el viento es el cirujano plástico de las nubes. 

- Pues va a ser que si, oiga.

 

Mediada la Cuesta del Convento me adelanta un tipo de aspecto ruin que cojea con muy mala traza. Debe de estar mochales el cabrón, puesto que durante el acto de dejarme atrás saca la lengua como can y da en pasar por ella, compulsivo, el pulpejo de uno de los pulgares, acaso soñando despierto en pasar las páginas de una Biblia a la viceversa. Al tiempo que esto ocurre alzo la voz y canto: “Los cojos para bailar llevan la fama / pero para trabajar tienen la patita mala” . Y no es que tenga yo cosa alguna contra los cojos, oigan: ahí esta, por ejemplo, micer Hefesto, zoppo y feo hasta rabiar con quien por lo común hago buenas migas. Claro que, cuando donna Afrodita, la de los muslos flojos y querencia por el pampanaje de cualquier mastuerzo por natura bien dotado, pone al maestro herrero  en suerte de varas, seca este como primera provisión la bodega de don Zeus (por eso y no por otra cosa opositó a olímpico copero), y perdidos bonete, tenazas y martillo trasmutase en un perrezno insoportable... ¡Cuesta superada!. Giro a la izquierda, enfilo la plaza y a la altura de la Cal de Putas doy con ocho o diez miembros de la compañía de escobas del Corregimiento; son hembras la mayoría, y todos y cada uno porta un bocadillo capaz de dejar con bascas de hartazgo a mi señor Pantagruel y compaña.

 

Calles angostas las que pateo. Ruas de lacónico tiro en las que el aliento tóxico de de los furgones de reparto agrede a los sentidos. En la túnica compleja de ese aire enrarecido, estampado queda el concierto de las horas que pronuncian unísonos los campaniles. Qué se yo porque desacuerdo me vienen unos palabras de Stendhal a la punta de la lengua: “Voici des détails exacts”. Callejeo dolido, congestionado y tieso como "Cipote de Archidona"; pesa la letra de la bolsa que acarreo y a cada sorpresa la mudo de mano. ¿Quedaran extraviadas palabras por el camino?. Un chino tira de un carro del que rebosan comestibles cuya fetidez disimula el plástico con el que van amortajados; tiene la jeta de batracio y los andares de un mulo de artillería; hace un alto, ceba el cañón con un mugido de res carnicera y dispara un lapo que, en cuanto a color y tamaño, recuerda mucho a una tortilla de espinacas podrida. Retoca luego la obra con la punta de pie y continua su venenosa y sínica marcha. Todo con una espontaneidad que no necesita de estimulo alguno. Y ahora, el animo regenerado tras la avalancha, dudas: ¿Hacer presa en su cuello hasta que cruja como rama seca? ¿Reprenderle ásperamente? ¿Vitorearle por el prodigio a mis ojos ofrecido?. No acierto a decidir conque eslabón quedarme, así que, con cierta simpatía y cerrando los ojos ante la prueba de cargo, opto por silbar un fragmento de “El Huésped del Sevillano”.

- Es usted bobo, don Gaiferos. ¡Mira que dejar sin su correspondiente zurrapelo a un chino que empuerca la ciudad...!

- No se moleste usted, don Pepemeremenegildo, pero servidor tira más por lo simbólico.

- ¿Como?

- Que el símbolo es -sub ratione psychologica- vehículo transparente de la imagen.

- ¡Hostia, tu...! 

 

Rugen cerrojos y puertas y trapas; rugen las tripas "añudadas" de quienes sin catar bocado van al tajo. Se afanan los tenderos madrugadores. Va la cigüeña parroquial del nido a la charca. Pasa con la rigidez somnolienta de boa ahíta la "manga-riega-que-aquí-no-llega". Se saludan con sintaxis coloquial los avenidos a la hora.

- ¿Como dices...?

- Digo que los que van y vienen a la misma hora se saludan, por costumbre, y aun si conocerse de otra cosa, mediante actos ilocucionarios declarativos... ¡Buenos días!. ¡Vaya bien!. ¡Que te jodan!. ¡Hasta mañana!...

- ¡Ah!. ¿Y eso sabiaslo tu ya, o enseñarontelo en la fabrica?

- Verá, don Teófilo, esto lo llevo en la mollera desde que don "Nicaso", el profe del Instituto que se suicido comiéndose una mala gramática comentara que, como el habla tiende al pragmatismo, debería  de explicarse por su causa y efecto, por sus resultados interpretativos inmediatos. Le diré más:  para el difunto y para un extranjero al que seguía, en el habla existen actos asertivos, comisivos, directivos, expresivos y declarativos...

- ¡Cojonantuan! ¿Pero... tu no andas, como da pregón tu madre, en eso de preñar a las mujeres que con picha no cargan?

- No señor, eso son infundios; servidor anda itinerante con una máquina de la verdad, paranoica y estresada. Saco empleados desleales, cónyuges cornupetas, funcionarios corruptos, falsas preñadas, jueces prevaricadores, obispos disolutos, violadores de arrepentimiento falsio, sanadores de pega, exiliados de pasar por caja, tullidos fingidos..., cosas de esas. Engaños.

- ¿Has enchufao a algún concejal de los d'aquí?

- No señor, los hideputas antes que dejarse tiran de cabritera.

- Naturranga...

 

Y sigo la trama vetusta de las calles, de acá para allá, a saltos beodos de caballo de ajedrez. Cargo con la vejiga llena y no puedo menos que envidiar a un chucho sin amo que mea indolente sobre un pilar de los soportales de lo que fueron casas del Cabildo. Ya no se ven perros vagamundos. Una pena la ausencia de su cervantina figura. ¿Progreso?. No lo creo. Me gustan los perros solitarios y emancipados, cata hombres, vivales; los perros de andar al albur que, en cuanto a orgullo, achican hasta la nada a sus congéneres falderos. De joven, uf... cuanto hace, les protegía a pedradas de los laceros. Cerbero me lo pague.

Me complace que las calles estén rotuladas con nombres de oficios viejos, de gremios, de artes. Nombres de afán y labor, identitarios; nombres que acaso den significado a un pueblo interesado en saber como fue un día. Su sonoridad, a la vez melancólica y honrosa, siempre es ocasión, para mi, de nuevas indagaciones conducentes a garbear por la historia a mi manera. Como es de ley.

Y, al humo de esta sobrevenida hoguera, decir que hay un texto, en catalán, capaz de embrujarme toda vez que a viva voz le leo. Expurgado por imperativos de tiempo que no vienen al caso, viene a decir así:

«... En quant a oficis de arts mecanicas, son los més de sabaters, sastres y fusters; hi ha agunas botigas de rellotgers, que cada dia se van extenent, perqué casi los més portan rellortge en la faltriquera; quinquillayres, cofieras, modistas; sense las de molts perruquers y chocolaters, que se van aumentant de dia en dia. Altres butigas de llibreters, los mes en lo carrer de la Llibretería; de argenters, fora alguns en diferents carrers, tots en lo carrer de la Argentaria o de la Plateria. Altras butigas de robas en est carrer de la Argenteria, Barris de Santa María del Born y carrer de Montcada; en lo carrer Ample las més de las butigas son de brodadors, pasamaners, quinquillayres, y altres de est genero en molts carrers y plasas de la Ciutat. Los calderers estan en lo carrer de son nom, vehí de la Boria; los blanquers y assahonadors prop del rech de la Esplanada; los courers, llautoners y estañers en la Boria; los guerrers, en lo carrer del Tallés los més; los escudellers, en los dos carrers de son nom; los daguers, en lo carrer de la Daguería, propr de Sant Just; los manyans, en lo carrer dit del Regumí y en los altres puestos de la Ciutat, los primers prop de la Capella de Sant Christofol y plasa de Correu. Los ferrers de tall, a la entrada del carrer del Hospital, cantonada a la Rambla y frente de la Bocaría. Los manascals y carreters en la Rambla y prop de Sant Agustí vell, ab tot aquell carrer del Portal Nou, etcétera. De arts lliberals, a saber: pintors, estudis de llegir y escriurer, apotecaris, metges, cirurgians y barbers; advocats, notaris y procurador; escribents notaris ab los del ram de Contaduria: marchsns, corredors de orella, fadrins de negoci, etc., ni ha de tots prou grosa porció en la Ciutat, com també butigas de adroguers.»

[...] 

Excursions d'En Rafel d'Amat Cortada i Senjust per Catalunya i Roselló en l'últim quart del segle XVIII.

 

CONTINUARA.


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jueves, 18 de octubre de 2007

El Activista por la Paz que tomaba "Vitamina C" (II)

«Creo que el descubrimiento de la fisión controlada de núcleos atómicos y la liberación controlada de energía nuclear es el mayor hallazgo desde que el hombre primitivo descubrió el uso controlado del fuego. Un solo kilo de materia fisionable, como fuente energética, equivale a mas de dos millones de kilogramos de carbón. Si se cuenta con la abundancia de material fisionable en la naturaleza, se comprende la promesa de energía nuclear que representa para el mundo del futuro, y la posibilidad de que contribuya al bienestar humano, si la civilización no es antes aniquilada por la guerra...»

Veamos como caen los naipes, como armo la presente martingala.

Digo: Largar por las buenas sobre un tipo tan proteico y denso como Pauling no deja de ser una temeridad propia, eso si, de turulatos de "nasciencia" o de ilusos sin picardía intelectual alguna. Colóquenme en la casilla que gusten, puesto que ni la una ni la otra me son ajenas. Científico, símbolo y paradigma de un sentimiento generalizado en su época, disidente, intelectual y ciudadano (en el sentido lato del termino) que igual enarbolaba una pancarta ante las fuerzas del orden que dictaba una clase magistral, requiere la glosa de su figura tanto de una extensa erudición como de paciencia franciscana para espigar en su dilatada vida al rescate de esencialidades. Y uno, extraño en ambas patrias, solo puede lamentar quedarse en lo anecdótico y, si acaso, dosificar la desmesura como recurso retórico que acerca a la verdad.



Reconocimiento. Como didacta de la ciencia Pauling también se mostró como una figura sobresaliente. A más de investigador fue un buen enseñante. Sus libros de texto de química han sido leídos y reproducidos masivamente. En 1935, al alimón con E. Bright Wilson, dio a la luz “Introduction to Quantum Mechanics”, que durante buen numero de años fue la "Biblia" con la que multitud de estudiantes, tanto de química como de física, se familiarizaron con las aplicaciones de la mecánica cuántica.

Tampoco debemos echar en saco roto el trabajo que se tomó por hacer comprensible la estructura de las proteínas, puesto que tuvo la osadía de aplicar sus teorías sobre el enlace en la investigación de las mismas (incluyendo la hemoglobina), llegando a descubrir que la deformidad de las células en la anemia falciforme, es causa de un defecto genético que influye en la producción de hemoglobina. Luego Pauling, el Pauling que glosamos, fue un vanguardista a la hora de considerar las causas moleculares como vectores determinantes en la aparición de algunas enfermedades.

Junto al biólogo alemán Max Delbruck desarrolló, allá por 1940, el concepto de complementariedad molecular en las reacciones específicas antígeno-anticuerpo. Item más: advirtiendo de la importancia de la participación del hidrógeno en la estructura de las proteínas (En román paladino. Participación: formación de puentes de hidrógeno que estabilizan la estructura tridimensional de la proteína) y las interacciones habidas entre macromoléculas, puso a Watson y Francis Crick [1] en camino para teorizar sobre el conocido modelo tridimensional de la macromolécula del ácido desoxirribonucleico (DNA).

Entre 1936 y 1958 Linus P. fue director de los laboratorios Crellin de química. Y a fe que la elección fue acertada. Como tal, es voz corrida que parecía poseer el don de la ubicuidad; en todos los sitios a un tiempo lo mismo atendía a un problema científico con su proverbial visión global de las cosas que resolvía enfadosas causas administrativas con ingenuo y premura. Como presidente del departamento de química jamas le faltó tiempo para sus estudiantes graduados: les hacia pasar a su abarrotado despacho, presidido por un pizarrón cubierto de crípticas anotaciones, se sentaba, echaba los pies sobre el escritorio y les escuchaba o amonestaba suasorio como filósofo.

Pauling estaba dotado de un alto sentido del humor que en pocas ocasiones le abandonaba. Vivía en una gran casa, a la que dotó de una piscina que por su uso más parecía de utilidad publica que privada; casa abierta a individuos y opiniones, con igual cortesía y entusiasmo recibía a alumnos y colegas. Como viajaba mucho, por lo común acompañado por su esposa Ava Helen, no pocas veces alguno de sus alumnos hubo de hacerse cargo de la casa y de sus hijos: Linda, Peter y Crellin... Y era en este punto donde este cernícalo[2] huevon pretendía colocaros, así como al desgaire aunque con la pertinencia debida, una cita de un libro de Schopenhauer[3] que, por mortificarse en la purga de algunos veniales, a ratos lee. "Quien siembra recoge", venia a decir con muchos latinajos.

Entre pitos y flautas estalla la Segunda Guerra Mundial y con ella la utilización de la energía nuclear con fines bélicos. Lo cual que tras explosiones nucleares de Hiroshima y Nagashaki en agosto de 1945, encontramos a un Pauling firmemente comprometido con la Paz y radicalmente opuesto al ensayo exponencialmente creciente con armas nucleares. Intuitivo como siempre, había advertido que la radiación -aun en pequeñas cantidades- era perjudicial para los genes[4]. Hombre de acción al fin y "temerariamente" seguro del peligro biológico que entendía representaban las precipitaciones radiactivas que seguían a todo ensayo nuclear atmosférico, presento un escrito sobre el tema a las Naciones Unidas en 1958. Firmado por 9235 científicos de 49 paises llevaba el titulo No more War!.

{Nosotros, los científicos abajo firmantes, solicitamos que se realice ahora un acuerdo internacional para detener las pruebas con armas nucleares. Cada ensayo de bomba nuclear difunde una carga adicional de elementos radioactivos sobre todo territorio del mundo. Cada suma adicional de radiación origina un daño a la salud de los seres humanos en el mundo entero y un daño al plasmo humano que importa la reproducción, lo cual lleva al aumento en la cantidad de niños defectuosos que podrán nacer en futuras generaciones. Mientras estas armas sólo se encuentren en poder de tres potencias será factible un acuerdo para llegar a su control. Si las pruebas continúan, y si la posesión de estas armas se extiende a otros gobiernos, aumentará considerablemente el peligro de que estalle una catastrófica guerra nuclear, por la acción irreflexiva de algún líder nacional irresponsable...}

Recordemos que nos encontramos en EE.UU., ese país en apariencia alocado donde lenguas interesadas dicen que gobiernan las corporaciones industriales más sucias en base a los fondos que libran a favor de uno u otro candidato durante las campañas electorales. ¡Ya me gustaría que esta malhadada España siguiera adelante con la calidad democrática con la que la U.S.A. lo hace! A saber por qué, y eso hasta a este filoamericano le parece, los nortacas parecen necesitar de una paranoia colectiva para sobrevivir y mantener su identidad como pueblo. Hoy es una, anteayer fue otra; la que toco durante la esplendorosa madurez de Pauling fue el miedo casi cerval al diablo[5] comunista. Estamos en plena Guerra Fría y un borrachuzo de cabeza fingida, natural de Grand Chute (adviertan lo premonitorio de su lugar de nacimiento), Wisconsin, aupado al senado y de nombre McCarty, que hoy luce con todo merecimiento en la galería de gilipollas del siglo XX, ha emprendido una cruzada anticomunista, una caza de brujas de grandes dimensiones e irreparables consecuencias.

Pero claro, no sabiendo ni por asomo distinguir a un comunista de un librepensador, las consecuencias no podían ser buenas. Por ello, Linus Pauling, premio Nobel de Química y sincero pacifista, fue amenazado de cárcel y citado a declarar (si no fuera penoso movería a risa) ante la caterva de tontos interinos que se prestaron a formar parte del comité de actividades antiamericanas. De puta pena, señores. Preso en su propio país y privado de pasaporte, Pauling no recobró este hasta que tuvo que viajar a Estocolmo para recibir el Nobel de la Paz 1962. ¡Que papelón para los imbéciles de sus captores!

Y la plaga se extendió, y en el Instituto de Tecnología de California (casa a la que tanto lustre dio), amen de en otros centros del saber a los que deberíamos de suponer liberales, Pauling fue ninguneado, tratado como apestado... Durante toda su carrera científica, nuestro héroe actuó y se pronuncio al socaire de su intuición, a su bola dicho a la llana, sin hacer puñetero caso de las controversias que pudiera provocar. A principios de los años setenta, por ejemplo, defendió el uso de grandes dosis de vitamina C para tratar el resfriado, así como para paliar el proceso de envejecimiento y prevenir el cáncer, teoría que ninguna autoridad medica ha aprobado. En 1970 recibió el premio Lenin de la Paz. La medalla Linus Pauling, creada en su honor, premia a aquellos trabajos de investigación química que sobresalen por su calidad y novedad...

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NOTAS:

*1.- En las librerías:

JAMES D. WATSON: “Genes, chicas y laboratorios”. Editorial Tusquets, 408 páginas.

Francis Crick: “La búsqueda científica del alma”. Editorial Debate, 384 páginas.

* 2.- Fíjense ustedes en que contexto tan curioso tope, días ha, con un cernícalo.

«Representando alegóricamente a cada uno de los pueblos peninsulares por diferentes especies de pluma, el conde de Lemos, D. Pedro Fernández de Castro, traza una apasionada defensa de Galicia contra los ataques, a menudo injuriosos de puro despectivos, con que afeaban a sus paisanos el resto de los españoles, usando de una leyenda en que popularmente aparecían los gallegos por las gentes más rudas y groseras de la Península (Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos: Historia del buho o historia del diputado gallego con las demás provincias de España. En M. Murguia, Antología.)

Bajo el amparo del águila austriaca reúnense a orillas del Manzanares el buho gallego, el tordo vizcaíno, el cernícalo navarro, el cuco aragonés, el milano catalán, el mirlo valenciano, la golondrina de Murcia, el pavo andaluz, el jilguero portugués, el ganso castellano y el sisón manchego, para disputar sobre la grandeza de sus respectivas patrias. Asevera el buho que por ser Galicia la región más denigrada entre las españolas y serlo España entre todas las naciones, “queda probado que el buho gallego de todas las aves de esta junta es la verdadera ave española, y la que más derecho tiene a este nombre”, por cuya tesis le hubieran matado las otras de no aparecer el águila austriaca, poniendo orden y llamando a juicio; siguese una acusación por parte del tordo vizcaíno, replicado por el buho gallego, a quien da finalmente la razón el águila, y una segunda parte en la que el buho arremete especialmente contra el cuco aragonés, “caco” y “aragán”; el jilguero portugués, “ave mosaica”. etc»

FRANCISCO ELIAS DE TEJADA SPINOLA: LA TRADICION GALLEGA. Madrid, 1944.

*3.- «EL ARTE DE SER FELIZ o EUDEMONOLOGÍA». Tratado que teniendo por falsilla el Oráculo manual de Baltasar Gracián, muestra en Cincuenta Reglas Para La Vida a un Schopenhauer distanciado de su radical pesimismo. «Lo que uno tiene por sí mismo, lo que le acompaña en la soledad sin que nadie se lo pueda dar o quitar, esto es mucho más importante que todo lo que posee o lo que es a los ojos de otros», reza la contraportada.

*4.- Me confieso perezoso a la hora de emperejilar u ordenar este tablón de apuntamientos, no llevo registro de él, y me pierdo en el trance de asegurar cuando y bajo que epígrafe escribí sobre esto o aquello. Pero como este oriental desapego nada tiene que ver con la memoria, bien puedo afirmar que hubo un día en el que escribí sobre las radiaciones ionizantes de origen artificial que causan lesión. Relaté, después de una introducción puramente física sobre los agentes radiantes, las alteraciones a nivel de RNA y del DNA, así como las factibles de producirse en la información genética.

De los mecanismo de acción dije (resumo al máximo) que se producían en tres etapas encadenadas entre si: Una primera en la que la penetración de las partículas ionizantes en el protoplasma da lugar a la ionización de diversas moléculas. Otra en la que los resultantes de la ionización reaccionan con el agua formando como consecuencia radicales OH- y H- libres, los cuales interaccionando entre ellos o con otras moléculas dan como resultado H2O2 y HO-2. Por ultimo, estos productos con gran capacidad de reacción y al tiempo muy inestables, reaccionan con los ácidos nucleicos y las enzimas, alterando por ello desde la producción de energía en la mitocondria, hasta la propia síntesis de proteínas y la reproducción celular. Creo que incluía algo sobre la mitosis celular y la ley de Bergonie-Triboudeau.­ Seguro, oigan.

*5.- Tiempo hubo en el que más desnortado que de costumbre di por recopilar primeros párrafos de novelas. De entre todos uno me chocó en especial, esto porque dado el tema de la novela poco imaginaba un inicio "diabólico" semejante. Se trata de la obra de Louis Aragon titulada “Las aventuras de Don Juan Lapolla Tiesa”, que dice así:

«Quien no cree en los brujos no cree en el diablo; quien no cree en el diablo no cree en Dios, quien no cree en Dios será condenado» éste es el resumen de la doctrina que predicaba en Leipzig a finales del siglo dieciocho el estudiante de teología Rau, que pese a un lenguaje magnífico y que decía del trueno: Ahí viene el príncipe salvaje...

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CORRESPONDENCIAS:

 OSU (Libraries) -> Linus Pauling.The Nature of the Chemical Bond. A Documentary History.

 Medicina Humanista -> Linus Pauling.

 LewRockwell -> No More War Against Vitamin C.

 I+DT info (Revista de la investigación europea) -> El ADN, memoria de la vida.

 Oregon State University -> Linus Pauling Institute.

 laverdad.es -> ROSALIND, LA HEROÍNA RELEGADA.

 The Pauling Miracle

 GeoCities -> ESTRUCTURA MOLECULAR DE LOS ÁCIDOS NUCLEICOS.

 cnice -> ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL ENLACE QUÍMICO.

 Clínica Las Condes -> Breve historia del descubrimiento de la estructura del DNA.

 ESCUELA DE MEDICINA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE -> La genética molecular.


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jueves, 4 de octubre de 2007

El Activista por la Paz que tomaba "Vitamina C" (I)

 

«Creo que el descubrimiento de la fisión controlada de núcleos atómicos y la liberación controlada de energía nuclear es el mayor hallazgo desde que el hombre primitivo descubrió el uso controlado del fuego. Un solo kilo de materia fisionable, como fuente energética, equivale a mas de dos millones de kilogramos de carbón. Si se cuenta con la abundancia de material fisionable en la naturaleza, se comprende la promesa de energía nuclear que representa para el mundo del futuro, y la posibilidad de que contribuya al bienestar humano, si la civilización no es antes aniquilada por la guerra...»

Pauling gastaba boina. Muchos científicos de su época la gastaban. Se conoce que colocada con determinado ritual es capaz de recrear, en quien la lleva, un mundo de prestigios. En ocasiones señaladas, yo también la uso, de la casa Elosegui tolosana, pero mas que como tapadera de genialidades sírveme, bien por burlas, bien por veras, para experimentar como con los años me mengua la cabeza.



Si yo hubiera conocido a Paulig, le hubiera descrito como un vejete sonrosado y locuaz de ojos pícaros y reidores. Pese a la edad, erudito y brillante conversador, para la ocasión vestiría una chaqueta de mezclilla con predominio de los tonos verdes, camisa oscura de cuadros y corbata negra. Hubiera sido al principio de un otoño californiano y, dado su carácter desenfadado, cubriría su escasa cabellera con una gorra de visera, algo aparentemente atípico en una de las cabezas más brillantes de la ciencia del siglo XX. Recordemos que sus investigaciones sobre la estructura de las moléculas y el enlace químico fueron revolucionarias y, porque no decirlo, consideradas en un principio como fantasiosas y demasiado radicales.

Linus Carl Pauling vio la luz el 28 de febrero de 1901 en Portland (Oregón), y falleció el 19 de agosto de 1994 en Sur Grande (California). Hijo de farmacéutico, desde crío se acostumbró a visionar laminas de anatomía y a joder la marrana en la rebotica con matraces, tubos de ensayo, morteros y demás parafernalia "alquímica" con la que fabricaba jarabes de cuatro sabores, zarzaparrilla, agua de regaliz, bombas fétidas, ungüentos milagrosos, polvos de la madre Celestina y otras ocurrencias con las que por lo general se ganaba una paterna bofetada. Después de las primeras letras y de la educación básica, ingresó como estudiante de ingeniería química en la Universidad Agrícola del Estado de Oregón, en Corvallis, donde obtuvo una licenciatura en ciencias en 1922. Allí, en la Uni de Corvallis, le ofrecen un puesto de profesor; acepta, pero no dura ni un año en su magistratura, puesto que al poco migra hacia el sur para ingresar en la escuela de graduados del Caltech (California Institute of Technology), donde comienza a interesarse y a trabajar en la Difracción de los rayos X y la estructura de la materia.

En 1925 se doctora en química física (físio-química); pelotea una pizca, llora un poco aquí y allá, consigue una beca postdoctoral, lía el portante y se traslada a la rancia Europa. Como no hay cosa mejor que ser un becario norteamericano (&+&), durante dos años de ronda por el inestable continente, Pauling husmea y trabaja en los laboratorios de los príncipes científicos de la época: con Niels Bohr en Copenhague; Erwin Schrödinger en Zurich; Sir Willian Henry Bragg en Londres, y Arnold Sommerfeld en Munich. Resulta providencial que esto ocurriera cuando el uso teórico de la mecánica cuántica empezaba a ser considerada como una formidable herramienta en el estudio profundo de la química.

En 1927 regresa al “Caltech”, recoge sus galones de profesor ayudante, se los hilvana a la chalina y comienza a alternar la docencia con la investigación sobre física cuántica. Por entonces, Pauling ya llevaba en la mollera la idea de aplicar la mecánica cuántica al estudio de los enlaces químicos para -con su mediación- explicar definitivamente la estructura de las moléculas. Esto porque Pauling era, sobre otras consideraciones, un científico intuitivo que poseía la capacidad de ver los problemas de forma global, no compartimentada; unamos a ello el cuerpo de conocimientos adquiridos en Europa, los mas novísimos en la materia, y un excepcional talento, lo cual dejó patente en 1928, a poco de llegar al “Caltech”, cuando tras analizar la estructura molecular de los minerales iónicos, formuló un paquete de reglas simples de coordinación y especificó un postulado sobre la neutralización local de cargas. Este conjunto de reglas, cuya aplicación primera tuvo lugar en los silicatos, vinieron a configurar con el tiempo lo que hoy conocemos como química estructural.

En 1931 Pauling todavía es considerado como "trigo limpio" por la dirección del “Caltech”, y, es por entonces, cuando tras ser promovido a catedrático publica un artículo en el que aplica la mecánica cuántica para explicar, fundamentalmente, la coordinación tetraédrica del carbono (En esencia: refirió la equivalencia de los cuatro enlaces alrededor del átomo de carbono, introduciendo el concepto de los orbitales híbridos, en los cuales los electrones orbitales son desplazados de sus posiciones originales por la mutua repulsión electrostática), además de las combinaciones de ángulo recto y octaédrica de los metales de transición...

Tómense los puntos suspensivos como clave de boveda de mi ineptitud. Escribo y escribo como desde balcón de Marizápalos[1]: cómodo y relajado, sin distorsiones panorámicas, dando por sentado que mis "ingenuos" lectores llevan en la cabeza el significado de todos estos odiosos palabrones que sin rubor coloco. Llenar esta capillada de enlaces que diluciden este o aquel termino oscuro me parece improcedente, contraproducente por farragoso y necesariamente dilatado. Tampoco me acogeré al “no ver, no sentir”: esa horrorosa e incierta sentencia con la que se condena al avestruz[2]. Por lo tanto apuntare, eso si, hacia aquello que considere imprescindible para dar un mínimo de claridad al texto; luego partiré este en dos y en la segunda de las partes os colocare un epilogo (nada nuevo, otras veces lo he hecho) que os lleve hacia una suerte de enlaces que, aun sin tener mayormente a Pauling como protagonista, apunten hacia su tiempo y los aledaños de sus investigaciones. Todo por no resultar aburrido. ¡Joder, como os cuido!

Sigo, si es que este paréntesis y el bocata que he me he metido no me han enturbiado definitivamente el juicio.

Tal, o sea lo dicho, le permitió teorizar sobre los movimientos magnéticos de las moléculas de iones complejos, definir la naturaleza de par electrónico y clasificar los tipos de enlace químico (Sobre el enlace químico decía Pauling que este se establece -entre dos átomos o grupos de átomos- cuando las fuerzas que actúan sobre ellos son de índole tal que conducen a la formación de un agregado con la suficiente estabilidad para que un químico vea conveniente considerarlo como una especie molecular independiente) Y con esto podemos decir que comienza la racionalización de la Química Orgánica. Es decir, basándose en la mecánica cuántica, Pauling considero la estructura molecular de los elementos, y teorizó que los electrones, tratados como ondas [3] actuaban en pares para dar lugar a un sistema menos energético y más estable que si lo hicieran independientemente, advirtiendo, a su vez, que tal contubernio "atómico-masónico" dependía de la distancia entre los átomos de los cuales formaban parte los citados electrones. Así el enlace químico entre átomos empezó a tener fundamento, y cantidad de cuestiones que habían permanecido en la oscuridad en la Química Orgánica y que habían pasado por hechos empíricos, pudieron demostrarse racionalmente.

Sin desfallecer, posteriormente introdujo el concepto de híbridos de resonancia, según el cual la estructura real de una molécula ha de concebirse como un estado transitorio entre dos o mas estructuras. Me explico, si es que alcanzo a ello, que hay veces en las que en el trance me siento [metáfora desafortunada] como aquel Ota Benga, industrioso pigmeo  superviviente a una masacre perpetuada por una colla de hideputas que trabajaban para el gobierno belga, capturado luego con alevosía y posteriornte exhibido como bestia en un zoo. A lo que iba: La resonancia no debe de explicarse como la alternancia rápida entre estructuras, al modo clásico, sino como una mezcla de ellas. (Según la mecánica cuántica -siempre de por medio, como el jueves- la distribución electrónica de cada estructura se representa por una función de onda, siendo la función de onda real Y de la molécula la superposición de las funciones de onda individuales de cada estructura) Lo dicho, como insinué poco más arriba, hizo que la química pasara de ser una disciplina fenomenológica a otra basada en principios estructurales mecanocuánticos.

Dedicada a Lewis y  fruto de la recopilación de una serie de conferencias que pronunció entre 1936 y 1938, Pauling publica, en 1939, «La naturaleza del enlace químico y la estructura de las moléculas y cristales», obra fundamental en el pensamiento científico del siglo XX. 

CONTINUARA.

 

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NOTAS:

•1.- Felipe III empezó por trasladarse a Valladolid en 1601, y cuando, á los cinco años, volvió a fijar la corte en Madrid, creyo que bastaba para inmortalizarle la edificación de la antigua Plaza Mayor.

Esta plaza vió la beatificacion de San Isidro con acompañamiento de los pendones, cruces y cofradías, clerecías, Alcaldes, Regidores y alguaciles de 47 villas y lugares, formando una procesion con 156 estandartes, 78 cruces, 19 danzas y muchos ministriles, trompetas y chirímias: el rey y su familia vinieron de Aranjuez, y á proposito de la beatificacion del Santo, hubo bailes de máscaras, juegos y encamisados por espacio de seis dias, sin contar con un castillo de fuego que se quemó por descuido, ni con los toros que sustituyeron á la beatificacion, ni con el balcon que el rey mandó improvisar en una noche en la esquina de la calle de Boteros para que los presenciara una de sus queridas (balconcillo fuera de alineación, llamado por el pueblo el balcón de la Marizápalos). En el mismo sitio de tan diversas escenas cayó cortada la cabeza de don Rodrigo Calderon. A la beatificacion de San Isidro, celebrada en 1620, sucedió la canonízacion, en 1622, del mismo Santo y San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, Santa Teresa de Jesús y San Felipe Neri, y volvió la plaza á ser teatro de altares y comedias, de procesiones y máscaras. Al año de esto vino á Madrid el príncipe de Gales á ofrecer su mano á una hermana de Felipe IV, y la plaza sirvió entonces para solemnes fiestas de toros, y tras los toros de cañas...

Angel Fernández de los Ríos.- “EL FUTURO MADRID”.- Introducción de Antonio Bonet Correa.- Los Libros De La Frontera.- Barcelona, 1975. Facsímil de la edición de Madrid, 1868.

•2.- Sobre las avestruces han corrido y corren supinas necedades: que si son capaces de digerir el hierro; que si cuando se sienten amenazadas entierran la cabeza bajo la arena; que si patatin, que si patatán...

«Te haré comer hierro lo mismo que un avestruz», escribe Shakespeare en Enrique VI, Segunda Parte IV.

Mucho antes de Shakespeare, y aun en su tiempo, existían algunos grabados en los que se representaba al pajarraco con una herradura en el pico (La ciudad de Bistrita (Rumania) obtuvo en 1353 derecho a organizar una feria anual de 15 días, así como el de afirmar su autoridad mediante un sello urbano en el que lucia una avestruz con una herradura en el pico). Con tal imaginería fácil es comprender que el vulgo tomara al bicho por una criatura capaz de engullir cualquier cosa. El avestruz es conforme a su tamaño potente y voraz, y lo suficientemente gilipollas para echarse al buche todo lo que tenga aspecto comestible. También engullen pequeñas piedras para ayudarse en la digestión. Pero en cautividad no son pocos los que han palmado por culpa de tipos irresponsables que les echaron de comer todo cuanto les venia a mano. Se cuenta que a uno que murió en el zoo de Londres después de un fin de semana agitado, se le encontró en el estomago pañuelos, guantes, trozos de cuerda, un lápiz, una llave de buen tamaño y un puñado de amonedado.

La otra melonada sumamente extendida es la que sostiene que ante el peligro entierra la cabeza en el suelo. Ni en cautividad ni en su hábitat natural jamas alguien le ha visto hacer tontería semejante. Digo yo que cuando captan algún sonido amenazador, acaso bajen el cuello paralelamente al suelo y escuchen con atención de campanero. Luego, si las cosas pintan mal, no les faltan zancas para salir pitando.

•3.- Aquí debería de hablar por lo largo de Paul Adrien Maurice Dirac, probablemente (Stephen Hawking) el mayor físico teórico británico desde Newton. Lastima que no disponga de tiempo para ello. Otro día será. Apuntar, eso si, que asentados sus reales en Cambridge, entra en contacto con la teoría cuántica y los modelos atómicos de Rutherford, Bohr y Sommerfeld. Allí, en Cambridge, conoce a Bohr y a Heisenberg; consigue una copia de los borradores de este ultimo acerca de la mecánica matricial, se da a su estudio y llega a desarrollar una versión propia de la teoría cuántica. En realidad, su desarrollo fue tan completo que las versiones de Heisenberg y Schrödinger, quedaron en lo sucesivo como casos particulares incorporados a su trabajo.


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domingo, 26 de agosto de 2007

De cuando las Elipses se reafirmaron en los cielos (III)



Si bien no estoy seguro de que mis gustos concuerden con el ritmo general de este tiempo (efímero en cuanto a la organización del pensamiento, camastrón y proclive al fiar de quienes "gobiernan" - en política todos somos cornudos pacientes- , banal y ñoño hasta saciar, consentidor y desculturalizado, resorte de pulsiones inmediatas, tabularrasente y sin noción de que, como los frutos y los arboles, el ser y madurar requiere tiempo...), si lo estoy, empero, de mi arrebatada incapacidad para enmerdarme en lo que debo. ¿A santo de qué, sino, iba a dejar un montón de papelones que me serán necesarios para hablar de Keplero?.

Digamos que para un carácter como el mío es inevitable. Qué igual me da. Qué al que no le guste le eche le eche azúcar; se asocie al Piercing Fans International Quartely; se inmole en fanáticas llamas; relate en no menos de diez mil palabras como el Japón ha migrado, desde un feudalismo tardío, hasta las mas avanzadas formas de organización industrial; tome jabón por el culo; cante y cantorizze sobre los grados de infinitud de los conjuntos infinitos; escriba redondillas o, por poner, traduzca y anote estas líneas que recuerdo: «Sed ubi, omnibus rebus exploratis. Petrejus tuba signum dat, cohortes paullatum incedere jubet; idem facit hostium exercitus. Postquam eo ventun est, unde a ferentaris praelium committi posset, maximo clamore, infestis signus concurrunt (de este venir a las manos con voces y encarnizamiento no estoy seguro, acaso marre): pila omittunt, gladiis res geritur. Veterani, pristinae virtutis memores, comius acriter instare, illi haud timidi resistunt; maxima vi certatur. Interea Catilina cum expeditis in prima acie versari; laborantibus succurrere; integros pro saucis sauciis accersere, omnia providere; multum ipse pugnare; saepe hostem ferire; strenui milites et boni imperatoris officia simul exequabatur (¿exsequebatur?)»

Mierda, otra vez el ego me ha perdido...

¡Keplero. Qué chaparrón me viene encima!

Trago saliva, tomo aire y corro como braco tras las calzas de la liebre malparida. Malparida en cuanto a aspecto, oigan, porque mira tu que no era feo este Keplero. Un aborto en la madurez redivivo. O no tanto, que, a veces, se me van los dedos en pijoterias literarias. Trato sin embargo con un retrato suyo que tengo a tres cuartas de la nariz y en base al cual le pretendo describir:

Tiene Keplero una cara enjuta que tras la barba se adivina alargada, flor de carrillos hundidos enmarcada por una alta gorguera tan característica como poco agraciada, que cae impoluta sobre unos hombros caídos y estrechos. La nariz la tiene un pelin larga y nada puntiaguda; la boca, apenas esbozada, proyecta unos bigotes largos y reciamente afianzados. La larga barba, bien recortada, apunta a blanco bajo los labios; las orejas llegan a intuirse algo grandes y separadas de la cabeza. Los ojos los tiene redondos y muy remarcadas las cejas. El semblante es a la vez sereno y advertido, de persona metódica y reflexiva. Porta en las manos regla y compás, instrumentos indisolubles de la figura del astrónomo....

Puta pario, saltémonos el paréntesis de esta comedia y hablemos en serio:

Hasta entonces, como he apuntado en capilladas anteriores, para los filósofos y astrónomos era evidente que los planetas se movían en órbitas circulares; idea que no varió tampoco cuando Copérnico desplazó a la Tierra de su posición central y, como a los demás planetas, la hizo girar alrededor del Sol. Fue pues, gracias a la precisión y habilidad observadora de Tycho y a la sagacidad matemática de Keplero que pudo establecerse el verdadero principio al que se subordinan todos los objetos que orbitan en el cielo.

El paso hacia adelante que la «Astronomía Nova» representó para la Astronomía moderna es, por lo menos, tan trascendental como el dado por Copérnico. Pensemos que lo teorizado por este era de momento pura Geometría. Sin embargo, con Keplero surgen preguntas nunca pronunciadas y empiezan a vislumbrarse cosas nuevas: ¿A santo de qué un planeta ha de moverse más veloz en las proximidades del Sol? ¿Existe alguna fuerza originada en el Sol que actúe sobre los planetas que le orbitan?... Asuntos que representaron, digámoslo claramente y con sencillez, un viaje sin retorno entre lo especulativo y cerrado y lo empírico, dinámico y abierto.

Decir además que de aquella andaba también en danza otro apasionado admirador de la teoría de Copérnico: se trataba nada menos que de Galileo Galilei (1564-1642), el primero de los físicos según el concepto que en la actualidad se tiene del oficio. Este, que había oído de la invención de un aparatejo que conseguía hacer como próximos a objetos lejanos, se construyó el mismo uno (telescopio, le llamo) y descubrió con el tubillo de marras -poco después- las cuatro lunas más brillantes de Júpiter [1], las manchas solares, los cráteres de la Luna, las fases de Venus y la conformación de la Vía Láctea por innumerables estrellas. Estas novedades, de las que por supuesto Keplero tuvo nuevas, movieronle a publicar en 1610 «Dissertatio cum Nuncio Sidero», y un año después, cuando hubo construido su propio telescopio [2], la afamada «Narratio de Observatis Quatuor Jovis Satellitibus», donde consignó sus propias observaciones sobre los satélites galileanos.

Todo esto entreverado de pesadumbre y amargura, pues al fallecimiento de su hijo Friedrich en 1611 siguió, casi sin solución de continuidad, el de su esposa, con la que había tenido tres hijos: Susana, el citado Friedrich y Ludwing. En 1612, tras el fallecimiento también de Rodolfo II, Keplero deja Gratz para ocupar un cargo de matemático en la ciudad de Linz, puesto en el que se sostuvo hasta 1626. En esta ciudad austríaca sita en la banda derecha del Danubio, nuestro paciente Keplero contrae segundas nupcias con una tal Reuttinger, enseña, estudia y calcula y calcula...

A raíz de su bendito empecinamiento en explicar de un modo general los movimientos planetarios en su conjunto, Kepler pudo en su «Harmonices mundi» presentar su tercera ley del movimiento de los planetas. Esto fue en 1619. Para ello, tras un poco de filosofía sobre la belleza armónica del sonido, mucho cálculo, baños de geometría y los conceptos enumerados en sus leyes anteriores como punto de partida, Kepler estableció la proporción respectiva de la velocidad angular de un planeta en la proximidad y lejanía del Sol -no digo afelio y perihelio, como debería, por no joder-, observada desde este, y comprobó que estos coeficientes concordaban armónicamente. Luego, mediante un cuasi secreto procedimiento de cálculo (K. desarrolló un sistema de calculo infinitesimal para su propio uso), logró reducirlos a los intervalos de las escalas musicales mayor y menor. Pitagórico y hermoso a la vez. Un hacha este Don Keplero. Veamos ahora esta tercera ley:

3ª.- El cuadrado del periodo[3] de cualquier planeta es proporcional al cubo de la distancia media del planeta al Sol.

Esta tercera ley establece que si T1, T2, ..., son los períodos y r1, r2, ..., los respectivos semiejes mayores, se cumple:

T1^2 / (2r1)^3 = T2^2 / (2r2)^3 = k

o lo que es lo mismo:

T1^2 / r1^3 = T2^2 / r2^3 = ... = constan.

Como veis hemos relacionado el período de un planeta con su distancia media al Sol, que es igual al semieje mayor de su órbita elíptica. En forma algebraica (T = período de revolución; r = distancia media planeta - sol) la cosa quedaría de la siguiente manera:

T^2 = Cr^3 donde la constante C tiene el mismo valor para todos los planetas.

Pasa el tiempo y de nuevo recaen sobre Keplero penas propias de la jodida época que le tocó vivir. En el año 1620 la inquisición incoa contra su madre un proceso por brujería; dejando por los caminos tiempo, salud y dineros, corre el hijo al terruño para salvarla; logra su liberación pero eso no es sino un breve respiro. Tras unos años intermitentemente benignos la Guerra de los Treinta Años había comenzado a causar víctimas y estragos. Kepler y familia se mueven con cautela de uno a otro lugar. Lejos de permanecer ocioso durante este tiempo de mudanza compone, basándose en las observaciones de Tycho, las «Tabulae Rudolphinae», que extremadamente precisas reducen los errores medios de la posición real de un planeta de 5º a 10'. Corto de bolsa y por recomendación del emperador Federico II, allá por 1628 se presentó Kepler a Wallenstein (un militarote bastante tacañete que había sido capitán en las campañas de Hungría a las órdenes de Rodolfo II y a la sazón general), para cobrar unos duretes que se le adeudaban desde sus tiempos de Praga. Viaje en balde y pretensión vana. Mala jugada del destino, mejor dicho, porque mientras papeleaba y papeleaba intentando hacer valer sus derechos ante el Parlamento, en Regensburg (Ratisbona), falleció de rabia rabiña + pena penosa + desaliento + exceso de fatiga. Esto fue el 15 de noviembre de 1630.

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NOTAS:

•1.- Recordar que Júpiter es el mayor de los planetas, y que está rodeado por la más numerosa family de de satélites: trece para ser exactos, divididos en dos grupos; el denominado galileano, compuesto por las cuatro lunas mayores, y el de los otros nueve de dimensiones más mermadas. De estos últimos solo uno, "Amaltea", es interior a los cuatro observados por Galileo, que en orden de distancia al planeta son Io, Europa, Ganimedes y Calixto.

• 2.- Debo hacer notar que Kepler también puso su granito de arena en el campo de la óptica. En 1611 afirmó que para pequeños ángulos de incidencia el ángulo correspondiente era proporcional al de refracción, principio con cuya aplicación se pudo dar una idea general de la teoría del telescopio.

• 3.- Periodo de revolución: tiempo T que tarda un planeta en describir una órbita.

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CORRESPONDENCIAS:

<> "GALILEO GALILEI" -> Moti dei corpi celesti.

<> Instituto de Física Rosario -> La música de los planetas.

<> Jet Propulsión Laboratory -> Solar System Simulator.

<> UNIVERSIDAD DE PIURA (Facultad De Ingeniería) -> LA IGLESIA Y LA ASTRONOMÍA, AÑOS 1200 A 1800.


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domingo, 19 de agosto de 2007

De cuando las Elipses se reafirmaron en los cielos (II).

«Quien adscriba el movimiento de los mares al movimiento de la Tierra asume un movimiento forzado; pero quien deja que las mareas sigan a la Luna, hace del movimiento, en cierto modo, un movimiento natural» (Johannes Kepler, indicando la posibilidad de que la atracción de Luna fuese la causa de las mareas)

Estamos en el último cuarto del siglo XVI; en Astronomía la autoridad de Ptolomeo era casi inatacable, aunque gracias a la constante observación de los astros estaba a un paso de recibir una patada en el culo. Para el que todo lo meaba la tierra era el mismísimo centro del universo, y alrededor de ella giraban sucesivamente la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter, Saturno y las estrellas fijas. Esta descabalada disposición hacía necesario que estos cuerpos se movieran en complicados círculos cuyos centros se movían, a su vez, en otros círculos igual de complejos (epiciclos). Entonces llegó el huidizo Copérnico, quien expuso que los fenómenos observados podían explicarse en un plis-plas en el caso de admitirse que el Sol fuera el centro del Universo y que la tierra y sus planetas colegas se movieran a su alrededor; no obstante, no pudo presentar prueba concluyente alguna de estas afirmaciones, y sus explicaciones caían, además, en el error de suponer a los cuerpos celestes moviéndose uniformemente en círculos. Hasta que Keplero y Galileo tiraron de la manta, la inmensa mayoría de los astrónomos no abandonaron la teoría de Don Claudio Ptolomeo.

Juanito Keplero cabeza de huevo, que tiene estatua en Weil, su suabo pueblo, nació el 27 de diciembre de 1571, en el seno de una familia que, como el perro del afilador, comía chispas por comer algo caliente. Desde los tres a los cinco o seis años, nuestro Juanito se sabe fue a vivir con sus abuelos; a sus padres, campesinos de estomago gruñón y que comeremos mañana, se les debía de hacer difícil atender a un chicuelo frágil como monda de cacahuete. Porque nuestro buen Keplero nació enfermizo y flojo de remos, incapaz, por decir verdad, de batir un huevo con alegría, dar vuelta a una esquina, apedrear a las gallinas o mear, a mediodía, mas allá de su sombra.

Con tales antecedentes a nadie extrañe que tras el cónclave familiar mas rápido de la historia, se decidiera largar a Juanito a la escuela del Convento de Adelsberg, en aquella época -digo yo- especie de lazareto al que catapultaban sin miramientos a los flojuchos, pobres, transiglesuelos y demás fauna bípeda de dudosa supervivencia. Una suerte en definitiva, porque de tanto en tanto de aquellos apartaderos salieron al mundo algunas de las mentes mas inquisitivas y preclaras. Esto, que ocurrió en 1584, cuando el chicuelo contaba con trece años, se mantuvo hasta 1589, fecha en la que nuestro buen Keplero, acaso atormentado por un puñado de cuestiones teológicas a las que sus maestros no sabían dar respuesta, ingresó en el archiconocidisimo seminario protestante de Tübingen (Tubinga en los mapas castellanizados, a una patada de Estrasburgo, ese sitio de la Francia inundado de gorrones oficializados; industriosa capital de Baden-Württemberg, Alemania).

Keplero, a quien los libros parecía restablecían la salud, da en aquel seminario con un maestro a la altura de sus expectativas e ingenio. Michael Mästlin se llamaba el tío: especialista, diríamos hoy, en las "nuevas matemáticas" (en otra ocasión, si me da la ventolera y lo recuerdo, os hablaré de las innovaciones de la materia durante aquellos siglos) y en astronomía. Por sus disertaciones supo Keplero de las rompedoras teorías de Copérnico, aun cuando el taimado Mästlin, loco por no adentrarse en ningún carajal que le apartara de su regalado puesto (o como yo sospecho, con más miedo a las mazmorras de la autoridad y al gato de siete colas que gusto por la verdad) hiciera todo lo posible para dejar en la penumbra de un si es no a la heliocéntrica propuesta.

Keplero, sin embargo, sintiose inmediatamente seducido por la nueva coyuntura en la que se situaba al "universo", y en sus ratos libres hizo un preciso balance sobre los pros y contras de la conjetura coperniciana. De aquella, estoy seguro, el jodido seminarista ignoraba cuan trascendental iba a ser la astronomía para su inmediato futuro. Entre pitos y flautas corren los meses y se le llena la cara y se deja barba, hasta que en 1594 se le llama para ocupar un puesto de profesor de Matemáticas y Moral en el Seminario de Graz (Austria), de aquella mucho menos cerril y dogmático que el de Tübingen. Alli, en Gratz, dio a imprimir su primer tratado astronómico: «Misterium Cosmographicum» [1], que apareció en Tübingen en 1596.

A raíz de esta su primer obra, Kepler pasó a ocupar el punto de mira de Tycho y Galileo, y en 1600, al ser perseguidos los protestantes de Gratz (La idea fue de Fernando de Estiria -acérrimo católico educado por los jesuitas- quien ordenó que se cerraran los templos y escuelas protestantes de la ciudad, que se expulsara a los pastores encargados del culto y que se desterrara y confiscaran los bienes de los piernas que no se convirtieran con una amplia sonrisa en el rostro) llamole Tycho como ayudante suyo a Praga. Esta colaboración, aunque trascendental, resultó menos provechosa de lo debido, pues quiso el destino que Tycho-Brahe estirara la pata en 1601. Además, maese Tycho era un cascarrabias del copón que, al parecer, ninguneaba al sosegado Keplero.

Luego de esto don Keplero, que para la ocasión ocupaba el puesto de "matemático imperial", se dio a la labor de revisar el material que Tycho había recopilado; comenzó, como no podía ser de otro modo, con las observaciones que el viejo gruñón había realizado sobre Marte desde su observatorio de Dinamarca, dándose a continuación al cálculo de la trayectoria de este planeta, cuyos resultados pudo hacer públicos tras no pocos esfuerzos en su «Astronomía Nova» [2], 1609.

Y es aquí, en «Astronomía Nova», obra dedicada al emperador Rodolfo II, donde tenemos el privilegio de dar con las dos primeras de sus tres leyes universales:

1ª.- Los planetas describen elipses en uno de cuyos focos está el Sol.
2ª.- Los planetas recorren áreas iguales en tiempos iguales
[3]


Continuará.


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NOTAS:


1.- Libro que siguiendo las ideas platónicas, asocia a las trayectorias de los planetas en torno al Sol a los cuerpos regulares de la geometría. Es decir, en el espacio tridimensional (léase órbitas entre planetas) únicamente se pueden inscribir cinco cuerpos regulares cuyas caras sean polígonos regulares entre si: entre la órbita de Saturno y Júpiter, el hexaedro; entre las de Júpiter y Marte, la pirámide y, en el interior del sistema planetario, el dodecaedro, el icosaedro y la doble pirámide. Al mismo tiempo y en el primer capítulo de la obra se decide definitivamente por la teoría de Copérnico.

2.- Antes había publicado “Astronomía pars Optica” en 1604, “De Stella Nova” en 1606.

3.- Dicho de modo menos cicatero: Las áreas barridas por los radios vectores (Segmentos rectilíneos que unen el cetro del Sol y el del planeta que sea) son proporcionales a los tiempos tardados en barrerlas. Enunciado que nos permite colegir que la velocidad de los planetas aumenta a medida que se acercan al sol, no siendo su movimiento, pues, uniforme, sino periódico. Por mejor decir, tal solo puede cumplirse si la velocidad propia del planeta al ocupar una posición aleatoria en su órbita, se repite al pasar por ella en las sucesivas revoluciones. Mas claro, coño: El movimiento de un planeta es el de un móvil que recorre repetidamente una trayectoria, pasando a intervalos de tiempo iguales T por la misma posición, con idéntica velocidad en valor y sentido..


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sábado, 18 de agosto de 2007

De cuando las Elipses se reafirmaron en los cielos (I).

En principio la línea argumental de esta capillada pretendía ser antípoda de la que, mas abajo y si tenéis la amabilidad de seguir leyendo, veréis que refiero. Achacar la mudanza a la trinidad de costillas que con chulesco desapego pero considerable mala uva llevo fracturadas. ¡Malditos sean tales puntos geodésicos de dolor que no permiten ni una risa, ni un estornudo, ni un venturoso eructo!

Y nadie tome lo dicho como debilidad lisonjera; no lo es. Es sencillamente la reseña de un hecho incontestable. En verdad, este posante jamas se ha quejado de ningún alifafe; los lamentos difuminan la realidad y crean en el entorno desasosiego y cierta obscena pestilencia que mueve a la melancolía. Y la melancolía, mal que pese a los poetas desatinados y meones, no postula vida, sino que con su poso de indiferencia perpetua, genera una distracción mostrenca e insana que falsea la naturaleza real de las cosas. En ocasiones, señores, es preciso apostatar de los bellos enunciados. En fin, paciencia y a seguir bogando.

Hoy venia a contar una historia que fue cierta, aunque lamentablemente no empezara con el vigor narrativo de aquel romance que dice:


-Cuéntame una historia, abuela.
- Siglos ha que con gran saña,
por esa negra montaña
asomó un emperador.
Era francés y el vestido
formaba un hermoso juego:
capa de color de fuego
y plumas de azul color.

Hoy venia a largar sobre esos "especímenes de silicio gelificado" conocidos como geeks, de su cacharreia mayormente inútil, prescindible; hoy venia a hablar de su enigmática fijación por el Japón, a lo que parece significativo centro esotérico de peregrinación al que acudir, mansuetos y acriticos ellos, para que tenga lugar y sin equívocos esa gloriosa epifania que les identifique, de por vida, con su propia y neurótica fijación por los gaddgets de toda condición y pelaje. Pero los dichos tales, quelonidos para los que la innovación es partogenesis que no requiere de esfuerzo, sino de una sólida tarjeta de crédito y de una tienda en la que exhibirla con el correspondiente orgasmo, parece van a quedarse -proclamo dolorido ahora- con la cabal indiferencia con la que os les envuelvo y vendo: Sin critica alguna, sin tizona que les asiente los lomos y reduzca a cenizas los símbolos de su bobería. Tiempo habrá... Con lo dicho bien podréis comprender que considero al gremio o especie socialmente prescindible. La verdad: me exprimen las vísceras quienes hacen exhibición de naderías por el simple y radical hecho de poseer dinero.


Por cierto, rondando obligado y sin gusto entre ellos, se me mostró una monstruosa maquineta capaz de ¿predecir? - permítaseme el disparate- lo que duraría el olor del pedo de un enano en la Luna. Pero cada maquina vale lo que el operador que la maneja, no mas, y aun estoy esperando de cualquiera de aquellas animas siliciodigitalizadas hasta el disparate la respuesta de aquel problema de bachilleres que dice:


«Un can listo como el hambre aprendió a contar según un sistema de numeración en base 3. Traducía el animal cero por U, uno por G y dos por A. ¿A qué numero se refería cuando hacia GUAUGUAU?.»


Digo lo de siempre. Cierto que toda generalización acarrea injusticias, pero al mismo tiempo deja un poso de verdad que no debe rechazarse.... Vaaale, acabo; no gastare ni un gramo de pólvora mas en prolegómenos para la mayoría -y con razón- infumables. Decir sin embargo, por manifiesta necesidad, que la ruptura inapelable con la intención primera de esta capillada, tuvo origen en cierto prurito chulesco que me mantuvo, bailando sobre la punta de los pies, desde el punto y hora en el que tuve conocimiento de la opinión que estas avecillas (en el fondo no son mas que aburridos smurfs que fían la vida al ingenio de los demás) sobre las que vengo soltando leve y condescendiente plomo guardan sobre Japón. O sea que la almendra de lo que no fue consistía en un puro rebatir. En un decir nones a la visión de Japón que explicitan: superficial, pueril, de tramoya, coincidente con lo que los enanos amarillos quieren que veamos.


Argumentos para lo que nunca fue: Estuve mas tiempo y pase por allí casi antes de que ellos nacieran.- No puedo subir al desván y emperrarme en buscar los cientos de folios de mis impresiones.- Mil mas...


Me cansa escribir de pie. Dejo Palacio y me voy a "Libertonia"


Como continuación os hablare del señor Keplero... Acaso mañana... Seguro, oigan.



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lunes, 6 de agosto de 2007

¡Cojones... con titulo tan rimbombante!

Uno es muy de andar; un andarín nato. Con independencia del humor climático con el que levante el día, todo asunto que me coja a menos de dos horas de marcha moderada lo resuelvo a golpe de calcetín, las nalgas prietas, la cabeza alerta como en berrea y las rodillas a pistón. Esto lo cuento ¿como introducción? pero sin pensarlo demasiado. De otro modo confesaría que me desconcierta y jode imaginar que a nivel encefálico las vías motrices de mi cabeza de chorlito están cruzadas, que cada costado de mi lindeza recibe influjos nerviosos que proceden del hemisferio cerebral opuesto. Un puto lío motriz, señores, en el que no me permitiré entrar.



Para deambular a mi manera es preciso contar con voluntad, tiempo y tobillos ligeros. Patear cualquier ciudad no deja de ser un ejercicio tan satisfactorio para el cuerpo como divertido. “Ciudad andada, ciudad ganada”, dice una conseja que parece repugnar y pocos llevan a la practica. Allá cada cual; los absentistas de la suela se lo pierden, quiero decir. Además de sano y poético (si, poético, pasa algo...), el caminar es un acto que mueve a la reflexión introspectiva, y, que yo sepa, conocerse a uno mismo es menos malo que una patada de muleto en los cojones. Lo siento, hoy no me he lavado la boca y el termino no acaba de írseme de la punta de la lengua.

Perdón, se me ha ido el oremus. Retomo el tema.

Si, andar. Andar es educativo. Gastando calcetines he dado con asuntos de lo mas surrealista imaginable. Y eso al menda le divierte lo suficiente como para dar a toda caminata por bien pagada. Trasantesdeayer, sin animo de empelotarme en días y zurribandas mas lejanas, di con un local así como vergonzante, de tapado, discreto pero sin armonía; la puerta era como ojo de aguja; la cristalera con la que hacia juego reducida, oscura como crica de mandinga, manta de secretos. Un cartelillo sin mérito caligráfico ni ortográfico invitaba a penetrar en la espelunca y cagarse patas abajo merced a la suprema sabiduría de un charlista llegado de donde las agujas de marear cantan misa y signan colas de sirena. Respiren, jodido párrafo...

Luego de entrar y ver la especie estabulizada, un mantra que enlabiaba mi abuela (mayormente con ocasión de las tronadas que tanto la atribulaban) me vino como coz a las mientes: «Tente tu, tente malo, que dios puede mas que el diablo». En fin, cosas mías que no necesitan de pregón. Y uno con mi asiento oí de todo, señores. Y nada bueno. No tengo huevos para contarlo. Me limitare a transcribir, cual las tome, las notas que fui pergeñando sobre una bolsa de papel basto en la que portaba unas compras: «El publico vacaburrea. Para una futura posada ("¿De solicitantes y beatas sumisas?" // ¿Meterles acaso un cigarrillo encendido en la oreja por ver si tienen el encefalograma plano? // Este seria intimo de Pinel, aquel jodido amigo de los locos // ¿De donde les viene a estos gilipollas la fe en las alucinaciones de este enano desquiciado? // Cagüendios, no se me ocurre a mi eso ni aun bebiendo hasta secar las espitas // Abren la boca, están embotados: El cabrón les esta sodomizando. A la negrita de las trencitas otro tanto le daba yo, y a la que esta junto a ... // ¿Ha dicho con velos como "Natalie"? Para mi que pretendía decir "Athalie", la obra esa de Racine // Vaya mierda que les enseña, eso igual puede ser un fantasma que un belen que la hipotenusa de la chepa del jorobeta de ND. que el culo de un Hare Krishma que su p.m. a cuatro patas en una pocilga // Joder, joder, se lo tragan. Adelante con el tocomocho. Este cabrón va a dejar a la carnerada con los bolsillos del revés, les esta envolviendo en sus artimañas y los muy gilipollas lo celebran y abrazan sus locuras // Vaya, ahora resulta que ha demostrado experimentalmente la existencia de fantasmas y aparecidos // Nada, no ha dicho como. Igual da, si les dice que con un colador una pizca de pegamento y un condón vaginal estos bobalicones vocacionales van y se lo tragan // Mira como se esponja el jodido peliculero... esta a pique de desbordar por las costuras y reventar // Lo que faltaba, ahora va el tío y utiliza a Einstein y a De Broglie como hoja de parra de su ignorancia»

Menein de cabezas, suspiros de disgusto, miradas torvas y recriminatorias cuando a mach II dejé aquel nosocomio de orates. Elemental, inevitable, puesto que esta muy feo desatender y ciscarse en la palabra del Mesías llegado a la ciudad. ¿Me habré ganado por descortés el infierno?

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Luisito De Broglie tenía la frente despejada, la nariz ligeramente aporrada, bigotin como de broma y, desde su nacimiento, un titulo nobiliario rimbombante de cojones: Príncipe del Sacro Imperio Romano Germánico..., que agonía pronunciarlo. Con el tiempo y tras la muerte de su hermano Mauricio se convertiría en Duque de Broglie, lo cual es posible que no le reportara demasiados beneficios, pero molaba un huevo.

Después de licenciarse en Historia, disciplina que no debió de llevarle demasiado tiempo, porque las gestas históricas francesas con carácter universal -como a menudo repite un amigo mío, escocés él - son como el curriculum de "zapatucos", susceptibles ambas y al unísono de ser reflejadas con brocha gorda en el reverso de un sello de correos, Louis paso a estudiar física y a trabajar con su hermano (Maurice) en el laboratorio que este mantenía, y donde es fama que realizaban estudios sobre los rayos x y los fenómenos relacionados con la espectroscopia. Cuando hay posibles cada cual trastea con lo que le viene en gana.

Fruto de esta colaboración fue: “Introduction á la physique des rayons X”, publicado en 1928. Previamente, en 1924, nuestro príncipe de tan luengo nombre había dado a conocer su famosa tesis doctoral “Investigaciones sobre la teoría de los cuantos”, en la que postula: «Una onda puede ser una partícula y una partícula puede ser una onda»

Y aquí tasco el freno para quedarme con este enunciado que vino a solucionar alguno de los problemas de la vieja teoría cuántica.

Extraño concepto: ¿una partícula es una onda y una onda es una partícula?. Vamos a ver: ¿Cabe en lo posible que las partículas se difracten? ¿Pueden salvar obstáculos contorneándoles, tal como lo hacen las ondas sonoras? ¿Presentan fenómenos de interferencia? ¿Como y donde ejercer fuerza sobre una onda? ¿Es una chaladura lo que este Broglie postula? Recapacitemos. Si el efecto fotoeléctrico implica que una onda electromagnética puede actuar como una partícula, será posible, entonces, que a la viceversa una partícula pueda actuar como una onda, y, si tal es posible ¿cual sería la longitud de onda de la partícula? Demasiados interrogantes, lo se.

Basado en la analogía de los fotones, es decir, usando la energía y estableciendo la relación entre la "masa" del fotón y la masa de su partícula equivalente, Louis de Broglie tomó carrerilla para desarrollar su idea. La energía de una onda electromagnética o fotón es E = hf julios, y la energía de una partícula con masa m es E = mc^2 julios. Tal que:

Energía de la partícula = energía de la onda electromagnética. E = mc^2 = hf (1)

Pero habida cuenta de que entre la longitud de onda, la frecuencia y la velocidad existe la relación:

Longitud de onda X frecuencia = velocidad ---> lf = c, podemos escribir:

f = c / l, y sustituyendo en (1) obtendremos:

mc^2 = hc / l , o bien:



l = h / mc , donde:

h = constante de Planck.
m = "masa" de la partícula-oem (onda electromagnética)
c = velocidad de la partícula-oem.
l = longitud de onda de la oem.

De modo que si tenemos una partícula de masa m cuya velocidad es v en lugar de c, la longitud de onda equivalente será:

l = h / mv , expresión que concreta la hipótesis de Broglie.

La simple ventaja inmediata de esta idea fue aclarar algunos sentidos de las órbitas ad hoc de Bohr. Las longitudes de onda de los electrones eran tales que la circunferencia de las órbitas permitidas correspondían a un numero entero de longitudes de onda. Si, por ejemplo, la circunferencia para la órbita n=1 tenía una longitud de 10 unidades y se calculaba la longitud de onda para un electrón en esta órbita usando la fórmula l = h/mv, entonces la longitud de onda sería 10, o 5, o 2, o 1 unidad en longitud. La longitud de onda no sería 8, 3 o 6 unidades de longitud, porque 10 no es divisible exactamente por ninguno de estos números. Aquellas longitudes de onda se encontrarían apropiadas y tenderían a reforzarse mutuamente (interferencia constructiva), mientras que estas últimas longitudes de onda no serían apropiadas y tenderían a destruirse mutuamente (interferencia destructiva)...
Un poco de matemáticas demostrará que, en cierto sentido, l es escogido de tal modo que la longitud de la circunferencia de las órbitas permitidas ha de ser un múltiplo entero de la longitud de onda. Las órbitas permitidas de Bohr están determinadas por r tal que:
mvr = n. (h/2Pi) o bien
2Pir = n (h/mv)
Pero
l = h/mv, luego:
2Pi = nl
Así,
circunferencia de las órbitas permitidas de Bohr = número entero X l





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CORRESPONDENCIAS:

Soko.- Luz
La web de Física.- Física Cuántica.
AstroCosmo.- Louis de Broglie.
MUSEO VIRTUAL DE LA CIENCIA.- La Naturaleza de la Luz.




Don Gaiferos (el "don" es imprescindible)


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