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martes, 2 de septiembre de 2008

Portada con Errata

En tanto me desperezo y vuelvo a "DIRAC" con renovado furor sintáctico, os dejo una imagen de " Portada de Libro con Errata".

- Oiga, don Gaitero... ¿como es que no hay correctores para tamaña pifia?


- Lo ignoro, doña Sinda. Y usted perdone por la carencia. Puede que sea cosa de la vista.


- Pues descuide usted, que servidora se sabe un sortilegio para junar como lince. Lea, lea, que aquí lo traigo apuntado.

PARA VER MEJOR

En la baja Bretaña, los granos de trigo se utilizan para las afecciones de la vista. El operador pone, dentro de una escudilla llena de agua, nueve granos de trigo que ha recogido, o mejor todavía, mendigado en nueve casas diferentes. Con cada uno de ellos, traza una cruz sobre los párpados enfermos, recitando cada vez una conjuración cristiana, que no hace referencia a los granos, evitando seguirlos con la mirada, ya que el enfermo no debe saber dónde caen. Este tratamiento se irá repitiendo cada mañana hasta conseguir la completa curación.

Para conseguir la curación de la «gota serena», se guardan los nueve granos bien secos y, con cada uno de ellos, se dan nueve vueltas en torno al ojo, partiendo del extremo izquierdo del párpado superior y apoyándolo ligeramente durante el recorrido. Mientras el grano va cumpliendo sus nueve evoluciones, se recita piadosamente:

Banne impie, me da ampech da vivi; de vertuz va greunen ed. En dour te vo beuzet. Amen.

O sea:

Gota impía, te impido que hiervas; por la virtud de mi grano de trigo, te ahogarás en el agua. Amén.

- ¿Qué le parece?

- Pues va a ser que lo probare con el ojo del culo.

- ¡Marrano!

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sábado, 22 de marzo de 2008

RUBRICA DESDE UN BALCÓN LEGIONENSE.

 

 IMAGEN: J. Casares/EFE - Plaza Mayor de León - Procesión del Encuentro - Domingo de Resurrección.

Presta juramentos, dicta leyes sublimes,
derriba a los malvados, levanta a las victimas
y, bajo el firmamento, como bajo un dosel,
se embriaga con los esplendores de su propia virtud.

Baudelaire.

 

... Y la calle un espacio escénico en el que se representa un "Auto Sacramental" en el que todos son actores ... Y la ciudad una corrala tocada por la gracia, paradójica y extrema, del alboroto y del silencio complementarios ... Y en la corrala un espectáculo ciudadano en el que la tradición festiva equilibra fe y escepticismo, pues basta "Ser" para añadirse a la comparsa, sin otro requisito que valga ... Y mi alma pecadora, extraviada por la racionalidad y la critica, en un balcón ornado con motivos -inamovibles por costumbre- que desdicen la veracidad histórica del espectáculo, haciendo cuenta y memoria de aquellos "Autos" tremendistas que me gustaban tanto;   los ojos puestos, ¡dita sea!, en las hechuras carnales de las hembras que, como grullas moñudas negras, desfilan haciendo labor de calceta con sus rosarios. Una gallinita pomposa y bien formada a la que doy por suponer recién recibida en la pollada me trae a las mientes unos versos de Rodrigo de Reinosa:

Delgadica la cintura,
blanca soy como el papel,
la color tengo mezclada
como rosa en el rosel,
el cuello tengo de garza,
los ojos de un esparver,
las teticas agudicas
que el brial quieren romper...

 

... Y don Gaiferos con la razón perdida tras el palmito de una mano de hembras curvilíneas talladas en negro. Bobo sin  remisión, ignorante de la quiebra de su propio y sincopado discurso. Porque don Gaiferos, antes que otra cosa, solo pretendía hablar de la almendra literaria del espectáculo y, por extensión, de aquellos autos que por desmesurados y abundosos en numero pasaron a denominarse «comedias de santos». 

 

Y que comedias mas espectaculares, señores; las mas garrulas en su aspecto formal pero sin embargo las mejor aderezadas de acuerdo con los recursos mecánicos de la época. Descojone conceptual, tramoya y pura pirotecnia, pues de todos estos ingredientes era necesario abusar para "reproducir plásticamente" la vida de un santo: tentaciones, milagros, apariciones y visiones, ascensiones al cielo, luchas intensisimas con el diablo... ¡Joder, pero si se gastó mas pólvora en estas comedias piadosas que en la flota de Indias!. Y al publico de entonces, como al de ahora, le encantaba la demasía escénica, el escándalo figurativo y el artificio. Una mierda para los rigoristas tocapelotas (Platón y Sócrates también se manifestaron contra los excesos teatrales) empeñados en eso del "tempo" dramático y el uso justo del idioma. ¡Que sabran ellos del ornato y pompa que Dios guarda con los bienaventurados!. ¿A quien le importa que San Mercurio vuele en día nublado y guíe a  los Reyes Magos? ¿A quien le molesta que San Pedro, vestido a la tudesca, converse con el emperador Juliano y con Atila? ¿A santo de qué, las Animas del Purgatorio, dirigidas por el Arcángel Rafael, no pueden celebrar un casamiento real con bailes y música de chirimias?...........

 

PROTESTA:


Ceso en este decir por una urgencia inexcusable en el trabajo . Lamento escribir -por costumbre- de corrido y sin apenas notas que puedan dar sentido a una continuación de lo que por una u otra razón interrumpa. En mi animo estaba, sépanlo, perorar (lo que antecede era introducción) sobre el calendario judío y la Pascua, los textos evangélicos y sus autores (que para nada son lo que pretenden ser) y el proceso a Jesús. Punto, este ultimo, en el que mi falsilla iba a ser el maravilloso libro de Paul Winter (Moravia, 1904. Abogado de profesión, judío de nacimiento... Tras una azarosa vida de resistente, se ocupo, después de la guerra, de la ayuda y rehabilitación de las "personas desplazadas". Dedicó los últimos veinte años de su vida al estudio del Nuevo Testamento y el juicio de Jesús, ganándose humildemente la vida como camarero de tren o empleado de correos...), titulado «EL PROCESO A JESÚS».

Otra vez será.


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lunes, 4 de febrero de 2008

De Niebla y dos Raros.

Tengo buena proa: una nariz como escoplo que corta sin miramientos ese puré noveau-cuisine que es la niebla. Monto en bici (me gusta más el termino pedaleta), bien abrigado. Quedan bailabotes que aun se sorprenden del modo de locomoción sobre ruedas de mi preferencia.

- ¿Como "es que" vienes en bicicleta?

- Es que tras los impuestos que suelto en tu beneficio no me queda pa'más.

- ¡Serás cabrón!

- Pues eso...

He madrugado, y con tiempo por delante me he dedicado a buscar la receta de algún condumio decente en el “libro con tapas de abedul de mi bisabuela”. Hoy comen en casa mi amiga Astrid y su nieta de igual nombre. Mi amiga es danesa y traductora. Su nieta también es danesa, pero no se da a la traslación de lenguas porque tiene nueve años, la piel cuasi transparente, los ojos picando a grandes, tintados de un hermoso verde violáceo que recuerda a una aurora boreal, media melena, negra, que sorprende a propios y extraños por estar entreverada con lenguas de fuego... Un hermoso e incomprensible cabello el de la chavala. Pelos de bruja longobarda, dice su abuela. Un corrector dental que apenas se percibe se ve que la incomoda. Su padre se llama Claus, diseña muebles de oficina y se lleva bien conmigo. Claus es quien me mostró la Copenhague de quita y pon, la que es distinta de noche que de día. Claus colecciona libros sobre el arte de la pirotechnia y artillería; aunque en lo que más ingenio pone, lo tengo probado, es en el perfecto aparejo de moscas para pescar. A la pequeña Astrid le gusta mi casa y aun en dánico se entiende con mi gato. Cosas de felinos, digo yo.

Como se ve la valía de mis amigos es muestra de lo vario que es el mundo. Y es de la suma de sus miserias y grandezas de donde bebo y aprendo.

De cuando en cuando y atendiendo a criterios que me son del todo arcanos Astrid me envía algún libro. El ultimo lo he recibido hace apenas unos días, por Año Nuevo. Su titulo, “Gesta Danorum”; su autor Saxo Grammaticus, un danés del decimosegundo de los siglos que le daba a la péndola con vehemente fantasía. Con parecida frecuencia, y sin que ello sea de considerar como causa y efecto, me hace largas llamadas para inquirir mi opinión sobre algo que esta en camino de verter al castellano. Dice que la gramática es un juego muy holgado, que prefiere mis opiniones sobre lexicografía, sintaxis, fonética, prosodia y esas cosas antes que las de un casposo diccionario. Eso demuestra tres cosas: su bondad extrema, el cariño que me guarda y la cantidad de escrúpulos lingüísticos que los traductores concienzudos llevan en la cabeza.

¡Coño!; nada nuevo bajo el sol, colegas.

En la pesquisa que cura y barbero realizaron en la biblioteca de mi Señor don Alonso Quijano [Libro-I, Capitulo-VI], dice el pater, a propósito de la obra del poeta Ludovico Ariosto:

- Ni aun fuera bien que vos le entendiérades - respondió el cura* -; y aquí le perdonáramos al señor capitán que no le hubiera traído a España y hecho castellano; que le quitó mucho de su natural valor, y lo mesmo harán todos aquellos que los libros de verso quisieren volver en otra lengua: que por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento.

* La replica es al barbero, quien había manifestado poseer un ejemplar semejante pero en italiano. Lo cual no le capacitaba para emitir juicio alguno, pues confiesa haber intentado leerlo sin entenderlo.

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¡¡¡Maldito fax, cuanto me toca los colgones!!!

... Nada sobresaliente. Veamos como lo suelto de una tacada: Es sobre las variantes de un moho utilizado para la producción industrial de un ácido orgánico implicado en la fabricación de la resina que acompaña al papel de embalar que ha de estar en contacto con alimentos... Si me da por ahí, recuerden que uno es propenso a la payasada libertaria, otro día lo contare al detalle.

Pongamos que estoy en el mercado:

Voy a preparar consome (morcillo de vaca, zanahorias, agua, puerros, despojo de gallinas, apio, huesos blancos, cebolla picada, pan tostado, huevos, aceite y cebolla tostada), perdices con uvas ( perdices, salchichas, trufas, un huevo, champiñones, zanahorias, cebolla, jerez, agua, pimienta en grano, uvas blancas, uvas negras y manteca) Babarua de naranja (naranjas, un limón, huevos, piña, nata, azúcar, cola de pescado, agua, mantequilla y cerezas confitadas). La manteca de cerdo y las uvas negras no han sido fáciles de conseguir. Y perdonen que no me extienda en las cantidades y modo de preparar la minuta, pues esto esto es un mero listado enumerativo.

Cierto, el fax me ha metido prisa y es de entender que marche un tanto atropellado. Igual me da; es lo bueno que tiene ser timonel y remero a la vez. Sigo:

A mercadear abastos con fundamento enseñome mi madre, dama tan ahorrativa como generosa inmunizada de nacimiento contra las garatusas antideportivas de los tenderos. No es malo, por demás, salir al albur de la vida con doctrina suficiente para evaluar la calidad de lo que uno se ha de llevar a la boca.

Abastado como el reglamento manda enfilo una calle sombría y angosta y meada, cuidando de sortear los filos asesinos de un centón de botellas rotas. Me muevo, sépanlo ustedes, en la ciudad mas sucia de Europa; en la comuna vecinal donde los guarros por excelencia nacen por generación espontanea. Tiene la ciudad timbre y gloria, escudo y un lema heroico larguisimo al que es de justicia añadir: “Y LA MAS COCHINA DE OCCIDENTE”. Veo poco y pedaleo con temor, de oído. Esta calle peatonal en concreto es como una autopista a la que se hubiese suprimido el peaje. Cuando tomo una rua encalcetada (calle estrecha con el firme de paves) la mochila baila enfadosa a mis espaldas. No hago caso del incordio con el que cargo, puesto que dos bocacalles mas allá está el bareto al que me dirijo: un antro que, pese a la roña y su mimetismo con el entorno, no deja de tener gracia y encanto.

En tanto amarro la pedaleta a una señal de trafico innecesaria creo ver, entre los puntales del andamiaje de un edificio en restauración, al señor "Destripador"; aunque acaso sea un canónigo que deja matutino y de tapadillo a su barragana. Cruzado mi particular Rubicón observo que la luz y el calor son los primeros signos del cambio. Gracias a quien mueve las ollas, a la hora y al precio del condumio el local esta casi lleno. Un vaso de vino y una cazuela de bacalati con pimientos y tomati van a ser los solazables fundamentos de mi pedido. Mientras espero a dictar la comanda me da por recordar aquellos cinco motivos que don WiKram, escribano de oficio del magistrado de Colmar allá por el siglo XVI, apuntó a la hora de beber vino en su «Art de boire»:

1.º L' arrivée d'un hôte.
La llegada de un huésped.

2.º La soif présente.
La sed presente.

3.º La soif future.
La sed futura.

4.º La bonté du vin.
Las excelencias del vino.

5.º Toute autre cause...
Cualquier otra razón...

Mientras como sentado a una de las pocas mesas libres observo que hay muchas caras conocidas: Una puta borracha de ultramar babea melancolía sobre lo que me parece un batido; cuando se la tercia dice a quien este a su lado: «Dass cisgarrro amoorr» «Pues claro, morena»; y si se lo dan lo guarda en un paquete arrugado. Dos taxistas cambalachean con unos embutidos que dicen ser sorianos. En la tele, abusiva en su volumen acústico, dicen no-se-qué sobre don Zapatucos el de las Mercedes. Unos esquiadores trasiegan pacharán y bollos. El ciego del puesto de la plaza de al lado reniega contra un carcamal que entrena a no se que equipo de "furtból". Un deficiente llega con los periódicos de la mañana; salta un troll de su asiento en la barra y se los quita de las manos. Deslumbra la pandilla basurilla cuando entra de naranja y amarillo; el conductor del camión me dirige un gesto de saludo; le conozco porque hace muchos años me servia gasóleo. Al remover los pies bajo la mesa doy con una caja de naipes,vacia; la cojo, y mientras la hago girar sobre la mesa pienso en un adivinanza para los colegas del bar: «A ver, bandarras, en los números entre uno y diez millones, ¿hay más números en los que aparece el numero 7, o números en los que no aparece?». Entra un cojo con una brazada de cebollas y ajos. Las tragaperras giran al tiempo que emiten mecánicos cantos de sirena; publico no les falta, y su estúpida vehemencia me trae a las mientes unos versos de Lope de Vega: «pues que lo paga, es justo / hablarle en necio para darle gusto», claro que el fénix de los ingenios se refería al ignorante vulgo que acudía al teatro. Los gemelos España llevan zampada media docena de huevos fritos por barba; están congestionados y sudan; cuando se pellizcan la camisa para separarla de la panza temo se despeloten y, en plan Pazzi*, salgan a revolcarse por la calle para refrescarse. Ruido de cacharreria caída tras la barra. Entra un municipal a decir algo a la pandilla basurilla; cuando sale observo que a duras penas puede con la parafernalia que le cuelga de la cintura. Pi el de los camiones me pide el cuchillo para cortar la cuerda de un paquete que acuna entre los brazos; echo la mano al bolsillo y le paso la navaja, pues desde los diez años toco con virtuisimo el cortante instrumento; uno que va con el y a quien no conozco hace gestos de asentimiento, se le ve hombre de campo y me comprende. Maruja (tira un pedo que ruja, bromean con ella) la estanquera se desembaraza a mis pies de una saca de tabaco; luego pide a gritos la llave de la maquina y me tira sobre la mesa un caramelo. Llegan los de la auto escuela y por lo que sea les abuchean; cosas del fútbol, creo yo. Dos jovencitas miran, husmean y acaban sentándose a mi lado; chocolate, zumo y churros es lo que comandan; aparto la mochila para que se encuentren mas cómodas y sonríen; una habla de liposucciones y la otra, indiferente, ojea tras colocarse unas gafas un texto de Keats, lo cual me sorprende y ha dado lugar a esta posada. Llega uno de mis hijos con el doctor Caballero; este acaba de finalizar su guardia, aquel viene a contarme una milonga que cuesta dinero...

* Pazzi, María Magdalena de; 1566-1607; canonizada en 1669. Una de aquellas excepcionales carmelitas visionarias tocadas por arrebatos místicos y patológicamente obsesionadas por la simbología de la sangre. María Magdalena (bautizada como Caterina) es fama que sufría tales ardores corporales, trasunto del consuntivo amor divino, que, no era raro se despelotase para arrojarse al agua helada. Era esta hija de Camilo Geri de Pazzi y de una Buendelmonti; o sea que la casta le venia de su famosa y conflictiva familia: güelfa y florentina. En 1478 su antepasado Francisco Pazzi liose la manta a la cabeza y metió hierro a Julián de Médicis: esto tuvo como agravante el haber ocurrido en Santa María del Fiore, durante la misa y en el momento en el que el celebrante alzaba el "copetín divino". El atentado tenia como objetivo a Lorenzo el Magnifico, y era una parte mas en el desarrollo de aquel correr de sangre que vino a llamarse “conjura de los Pazzi”.

El bacalati de mimo, como siempre.

- Mire usted, don Tarsicio, es que a mi el bacalao hasta con moscas.

- Será usted marrano...

- Según se mire, oiga; si hacemos cuenta de que en la tradición rabínica las moscas son los sueños de don Belzebú, pues un bacalati así ilustrado no deja de ser un gozo suplementado.

- Parece usted bobo, caballero.

- Que le den por el cu...

- ¡Oiga..!

- Tiene usted razón, lo lamento. Ha sido cosa de mi gusto por la libre expresión y de esta bocaza canalla que Dios me dio...

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Toca a estas alturas, mas que otra cosa para dar fe de la salud de mi cabeza, aparejar un dueto de poemas de los que guardo en el cartapacio de "Curiosos y Raros". Surgió la idea, ya lo he apuntado párrafos arriba, inmediatamente después de dejar aquella surrealista geografía de voces, tintorro, camaradería fingida, fritangas y bacalati con tomati, espoleada la imaginación, justo es reconocerlo, por una pulcra e inusual lectora de poesía. A ella y a quienes se dan sin complejos al placer de la lectura, dedico esta capillada.

Escribe Camilo José Cela:

En la Caja de Ahorros Provincial de Málaga se conserva el archivo de don Narciso Díaz de Escobar. En el figura la carta que le dirige el poeta Salvador Rueda con fecha 4 de abril de 1887 y que contiene, firmado por Un Follador, el soneto El cohito (sic) que copio a continuación:

Tras el flotante y blanco cortinaje

que oculta el lecho como dulce nido,

un ardiente galán, de amor rendido,

tributa a una hermosura vasallaje.

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Sacándose la polla con coraje

a la dama la enseña enardecido;

y alzándole las orlas del vestido

la provoca con lúbrico lenguaje.

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En el lecho en que amantes se embelesan,

sus lenguas sonrosadas se entrelazan:

y aquel incendio del amor lo expresan

----------

cuatro brazos convulsos que se abrazan,

cuatro labios ardientes que se besan,

y un cipote y un coño que se enlazan.

Don Ildefonso-Manuel Gil escribió en 1950 a propósito de un poema inédito de Zorrilla:

Debió ser buena, para los espectaculares poetas de entonces, la existencia de un salón donde pavonearse y en ocasiones merendar...

[...]

Valioso elemento auxiliar de la estrategia femenina y ornamento gracioso de aquellos salones fue el abanico. Y como tal no sólo fue cantado por los poetas, sino frecuentemente ennoblecido con sus versos autógrafos. Y en uno de estos bellos abanicos es donde he visto unos versos inéditos de Zorrilla...

[...]

Contaba ya el poeta sus sesenta y siete años cuando escribió estos versos. Faltaban menos de nueve para su muerte y estaba por aquellos días en plena gloria concretada en homenajes públicos, que llegaron hasta la inauguración del teatro Zorrilla en su Valladolid natal. Nos cuenta don Narciso Alonso Cortés en su monumental obra sobre la vida y las obras del poeta, que desde su regreso a Valladolid, el 21 de septiembre de 1884, hasta el 31 de octubre, en que se inauguró el teatro de su nombre, Zorrilla fue aclamado y admirado en actos públicos y en reuniones particulares. Cita como ejemplares las celebradas en los salones de los condes de Oliva. Quizá en una de ellas fue solicitado este este autógrafo y tantos más, que sabe Dios dónde andarán.

[...]

A RAFAELA

¡Rafaela de mi alma, tú desvarias!

¿Quién ya estima en el mundo mis poesias?

Yo no me explico

Que leer mis versos quieras en tu abanico.

Mas esclava de de tu alma mi alma se siente:

tú mandas, yo obedezco: ten, pues, presente

que estas endechas

Para serte ofrecidas sólo están hechas.

Yo no escribo ya versos: ya no me inspira

mi muerta fe, y mi musa rompió su lira.

De tu abanico

no obstante, Rafaela, préstame un pico,

y lee en él: " pues que versos mios deseas

por tu afán generoso bendita seas,

y al aire leve

de tu abanico al alma la paz te lleve.

Hoy en tu alma tan sólo cabe el intento

de volver mis endechas a dar al viento:

y así me explico

que las prestes el aire de tu abanico.

Cuanto Dios de su palma soporta encima

no es mas bello que el alma que a ti te anima:

de tu alma hermosa

igual a la hermosura no existe cosa.

De tu abanico el aire la faz te arome,

y en él de tu alma efluvios la mía tome,

¡ves que edifico

castillos en el aire de tuabanico!"

"Dios de estos pobres versos que en él te escribo

haga de tus pesares el lenitivo,

y cuando orées

tu faz con ellos, logres cuanto desees.

¡Adios! - Ojalá lleven en su escritura

de Dios las bendiciones y la ventura!"

Yo le suplico

que un talismán te haga de este abanico.

(Valladolid, 24 de octubre de 1884)

JOSÉ ZORRILLA.

Apostilla también el señor Gil:

Estos versos no enriquecerán demasiado la obra editada de su autor, pero tampoco la empobrecerán, pues hay en ella muchas, muchisimas tiradas de versos bastante peores...

Y Rafaela contenta como unas Pascuas. He dicho.


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viernes, 4 de enero de 2008

POSTAL EN PROSA Y CABREADA

Hay dudas intranscendentales que por su misma e ilusoria naturaleza corroen el animo, amargan las horas. En el recurrir personal y libre a la escritura, es asunto normal que las vacilaciones acechen como coyotes. Al cabo, la escritura, hasta la tenida por mas inocente y vacua, es una forma de introspección tan respetable como cualquier otra, y quien vuelve la vista hacia si para conocerse... duda. Otra cosa es que la tensión emocional hacia la que tal indagación centripeta lleve (en realidad es la autocrítica inconsciente la que hace que nos reconozcamos como humanos) se resuelva en algo provechoso o insano... ¡Joder, voy camino de un dramón psicoterapéutico del carajo!...

Lo lamento de veras. La ida de perola debe de ser a consecuencia del trasiego de alguna de las mierdas exóticas embotelladas que me regalan. Nota de intenciones: Ponerme en plan Anaxágoras y decir -radical- a los donantes que "nunca mais" regalos semejantes. Este Anaxágoras, por si no lo recordáis, fue aquel señor griego que dejó caer que, según sus cálculos y opinión, el sol que alumbra y sale y se pone no era Febo, sino una masa de metal incandescente (un "mudros"), aboliendo públicamente así a un dios en favor de un objeto sujeto a la curiosidad científica.

Carajo, dije más arriba... Carajo o carajal, que más da. Plañía el escribiente, confuso e inconcreto, por el hecho de haber dudado sobre la substancia misma de esta posada a la que pretendía tomaseis, creyentes y profanos, como felicitación de Navidad. Y es que mientras daba vueltas en el magín a su contenido caime, patas arriba, en el cenagoso campo de la imaginación viciosa, ese imaginar bastardo que descompone el cuerpo y, por improductivo, no ayuda a nadie. Fue en mi caso un pensar si esto u aquello os gustaría mas que lo otro, como si de verdad me importara y, en consecuencia, debiera de bailaros el agua. Pense, figúrenselo ustedes, en poner alguna coplilla propia; en alguna de esas virguerías "en red" que son para azotar a quienes las dan salida; en gozos, aleluyas o cobles en honor a la concepción de María; en chanzonetas villanescas de esos nuestros clásicos que tan inadvertidos pasan; en alguna de tantas postales que destilan babosidad y miel; en mil mariconadas mas y hasta en el retrato robot del mismísimo "Sursuncorda"...

Lo que sigue es lo que hay, no más.

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«Existen historias tan encantadoras, tan perfectamente concordes con los deseos humanos, que su hermosura parece convencer de su verdad. Al principio, uno las acepta, luego las rechaza; más tarde, cuando consigue una prudencia suficiente, permite que la fábula se desarrolle plenamente como fábula. No creo que pueda existir una fábula tan adorable como la del niño, el pesebre, la posada repleta de gente, los pastores atónitos, los reyes adoradores y el súbito canto de alabanza de una legión celeste. Si la humanidad tuviera que poseer un único redentor eficaz entre su progenie, uno piensa que no podría nacer de otro modo.

Pero las canciones no son ciencia y la poesía no es descripción literal. Sin embargo, el historiador, cuyo trabajo consiste en investigar lo que realmente ha ocurrido, debe guiarse no por metáforas, sino por probabilidades. Si reconoce una buena narración cuando la ve, también puede desear saber cuándo una historia es suficientemente buena para ser verdadera. De lo que he dicho en las páginas anteriores se deduce claramente que mi concepto de la historia no me autoriza a creer en personajes sobrenaturales que dirijan el mundo o influyan en él de acuerdo con sus propias intenciones sobrenaturales. La idea que tiene la ortodoxia cristiana de la persona de Jesús me está, por consiguiente vedada. He de considerarla como un poema sublime en verdad, pero no como ciencia. Tengo que mirar al Jesús histórico sólo como hombre y no como dios, en el mismo exacto sentido en el que ustedes y yo somos sólo hombres y no dioses.»

Barrows Dunhan: «HEROES Y HEREJES» (Antiguedad y Edad Media)._ Biblioteca Breve de Bolsillo, Seix Barral._ Barcelona, 1969. (pág. - 62)

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En fin, a continuar con el son y tono que el señor maestro de música exige. Sobre el atril un libro de motetes intitulado “GUÍA DEL PEREGRINO A TIERRA SANTA”, por un PEREGRINO.- Talleres Tipográficos: Suc. de Torres & Virgili; Tarragona, 1935.

Basílica de la Natividad

El cristianismo, desde sus primitivos tiempos veneró este lugar del nacimiento de Jesús. La emperatriz Santa Elena hizo construir en 326 sobre la sagrada Gruta una magnificiente Basílica, que si bien fue algo modificada por Justiniano en 531, ha llegado en sus líneas principales hasta nuestros días, pues cuando casi todos los santuarios de Palestina fueron arrasados por los Persas, estos respetaron la Basílica de la Natividad por haber observado que entre sus decoraciones figuraban los Reyes Magos, que llevaban vestidos de estilo persa. En tiempos de los Cruzados fue restaurada y adornada; después de ellos, pasó a posesión de los religiosos franciscanos, aunque en el siglo dieciocho (1757) los griegos cismáticos consiguieron apoderarse de la misma, si bien otras comunidades cristianas tienen derecho a determinadas funciones en la santa Gruta.

La fachada de este magnífico templo se halla ya muy desfigurada por posteriores construcciones, hasta el extremo de que solo se entra por una pequeña puerta que ocupa parte de la antigua central, la que hubo de ser tapada para evitar que los árabes pudiesen penetrar allí fácilmente en tiempo de luchas y furtivos asaltos, o hacer entrar sus camellos, asnos y otras caballerías para convertir la hermosa Basílica en cobijo y establo. A tales extremos se ha llegado en la Tierra Santa!

El plano de la Basílica consiste en una cruz latina con ábside en la parte superior y lados del transepto; cinco naves determinadas por cuatro hileras de hermosas columnas monolíticas con capiteles de mármol blanco; fragmentos de artísticos mosaicos decoran los arquitrabes, como también el crucero y el coro. A mediados del siglo pasado los griegos cismáticos interpusieron una pared entre el crucero y el espacio de las columnatas, dejando solo una puertecita por la cual podían pasar los visitantes, pero pagando. Huelga decir que este afán de avaricia en contraposición a la bella visualidad del templo sublevó las conciencias de todos los amantes del arte, los cuales no pudieron ver atendidas sus protestas hasta hace pocos años, en que el Gobierno británico de Palestina obligó a los cismáticos a derribar la citada pared de tan mal gusto, restituyendo las cosas a su primitivo estado.

Actualmente, aunque la Basílica es neutral o viable a todas las comunidades cristianas que la habitan hasta el transepto o crucero, en el magnífico coro y parte derecha del crucero solo pueden ejercer las funciones del culto los griegos; los armenios tienen un altar en el brazo izquierdo del mismo transepto; y los latinos P.P. Franciscanos, practican los actos litúrgicos en la hermosa Iglesia de Santa Catalina, hoy convertida en parroquia, suponiéndose construida sobre el mismo emplazamiento de un monasterio fundado por Santa Paula, que durante algún tiempo habitó San Jerónimo. En cuanto a las funciones de la santa Gruta, alternan las tres citadas comunidades.

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Y con esto, carente de notas o enlaces por tratarse de una FELICITACION, dense ustedes por felicitados. De corazón lo escribo, pienso y digo...


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lunes, 29 de octubre de 2007

Del vudú ibérico, filtros de amor, descomulgadores y otras mandangas mágicas.

He despertado en una soledad inusual, absorbente y grata: la casa entera solo para Herr Monty y para mi. En tanto preparo café mi felino compañero, miagador y con el rabo en sagitario, trenza dúctiles ochos entre mis piernas desnudas. Es su modo de dar a entender que por protocolo él debe de llenar la andorga primero. Me se de voluntad mas floja y lo acepto. Por dar al desayuno un tono euforizante pongo en el viejo tocata “Gigantes y Cabezudos”, una zarzuela en tres actos con música de Manuel Fernández Caballero y libreto de Miguel Echegaray, hermano del olvidado Premio Nobel José Echegaray.

En esto se va la ‘luz’ y como es natural cesa la música. Tras la vacilación impuesta por la sorpresa doy en preguntarme si será un castigo, una goyeria de la secreta del gobierno; pienso, fíjense ustedes, que acaso escuchar zarzuela ronde el delito en estos tiempos de pazguatería y fingido candor que han echado cabezuelas borriqueras con el zapaterozerolismo. Proviene la ocurrencia de la naturaleza del texto y de los personajes (de hierro y no de organdí) de la pieza que con regocijo escuchaba, que no hay entre ellos tiranobanderolistas liberticidas, algoreleanos con fervorin de sacristía, sarracenos farrucos, florislindos, travestones, crédulos de los de comer moscones a cucharadas, lloramingas con afrentas supuestas en busca de beneficios, censalistas ni engendros de cuota y calla.

Luego se armo un diabólico "tole tole" en el patio. Un confuso guirigay orquestado por ventanas que se abren, toldos que se alzan mediante manubrios quejumbrosos y exasperantes, persianas que se acomodan con inaudita prisa y, por encima de todo ello, los bocinazos que con cierta dosis de patanería las vecinas se daban unas a otras. No llevaban las pirujas ni dos minutos sin luz y ya alborotaban como si los caballos del Apocalipsis corrieran desbocados por el barrio. Mas templado, puesto que la falta de corriente eléctrica me importa una higa, continué sin demora con el programa del día. Figuraba en este la tarea inexcusable de lazar a esos libros que, jugando al despiste, casi adquieren la categoría de perennes en los rincones mas insospechados de la casa, colocarles en una cesta y cargar con ellos hasta el desván. Y en esas estaba, reuniendo piezas para estabulizarlas durante la invernada, cuando di con “BRUJERÍAS”, la impagable obra de Don Fernando Gutiérrez que de tan buena y cabal utilidad me ha sido en vuestro servicio.

En fin, que seducido por las sugerencias históricas y literarias en las que se vuelca don Fernando, no he podido evitar ponerme al teclado para regalarme y regalaros con otra de sus "crónicas". Sea la ultima. Con mi agradecimiento.

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MALFETRIAS, ENSALMOS Y CONJUROS

He recurrido adrede a un vocablo antiguo, malfetría, para castellanizar lo que los catalanes, de una forma concreta y popularisima llaman mal donat, o mal dado, traducido libremente. La malfetría no es más que el hechizo, encanto o embrujamiento que se hace a un individuo, con obscuros propósitos. Allí donde no puede llegar el aojamiento llega, infaliblemente, la malfetría, que también pudiera llamarse magia contagiosa.

Para lograr este embrujamiento las hechiceras han de conseguir algo que pertenezca al cuerpo de quien van a embrujar y cuanto más sucio mejor: uñas, pelo, excrementos incluso ropa. Utilizando este material, la bruja manipula con él y clava, pincha, corta o rompe, según quiera que algo semejante le ocurra al elegido. El sistema de embrujamiento resulta un poco complicado porque la bruja no es persona que no esté enamorada de su oficio y le gusta complicarlo con virguerías. Es lo que pidiéramos llamar una sibarita de su profesión.

Una malfetría muy corriente es la de confeccionar una muñeca de trapo o de cera o aun de barro, pero en ambos casos con material o parte de él que haya pertenecido al embrujado, y coserla a alfileres. Según donde se claven los alfileres será la enfermedad que padecerá el embrujado, o bien se producirá lo que se ha dado en llamar modo de la agujeta, experimento éste que solía hacer Catalina de Médicis cuando la edad había retirado de ella sus naturales encantos. La aristoloquia y la artemisa son buenos remedios contra este mal. También, a veces, suelen no clavar alfileres en la figurilla y arrojarla al mar, con lo que el embrujado se despierta con un incansable deseo de viajar de un lado a otro, sin reposo ni sosiego. Claro que todas estas operaciones se llevan a cabo con una serie de conjuros y misteriosas oraciones e imprecaciones.

Un maleficio muy famoso fué, hace ya mucho tiempo, el del llamado hombre pez, de Liérganes. El embrujado se llamó Francisco de la Vega Casar, y vivía en Liérganes con sus padres. A los quince años fué a Bilbao a aprender el oficio de carpintero, donde vivió dos años. En la víspera del día de San Juan del último año, se fué a bañar con unos amigos a la ría. Nadando ría abajo se perdió de vista y desapareció. No se supo nada más de él hasta que cinco años después, unos pescadores de Cádiz que pescaban en alta mar vieron «una figura como de hombre o mujer que se mostraba fuera del agua y se sumergía en queriendo acercarse para reconocerla». Decidieron pescarlo y para ello le lanzaban desde lejos grandes pedazos de pan. Con gran asombro suyo vieron que los cogía con la mano y se los comía. Un día juntaron muchas redes, haciendo con ellas una especie de enorme círculo, logrando pescarle. El «pez» fue llevado al convento de San Francisco, donde fue interrogado en diversos idiomas, pero a ninguno contestó. Solamente le oyeron pronunciar la palabra «Liérganes». Un montañés que por allí había hizo que escribieran a don Domingo de Santolla que además, de ser de Liérganes, era ministro de la Suprema Inquisición. El franciscano fray Juan Rosende acompañó al pez hasta los alrededores de Liérganes, donde hizo que el pescado lo guiase, como así fué. Y ocurrió que, sin vacilación alguna, el hombre pez se dirigió a la casa de sus padres, quienes, junto con sus hermanos, lo reconocieron en seguida. Hay que advertir, para dar más misterio a la cosa, que uno de los hermanos, José de la Vega, al tener antes noticias de lo ocurrido, marchó a Cádiz, pero no se supo nunca nada más de él. Un testigo ocular afirma que solamente pronunciaba tres palabras: tabaco, pan y vino, pero no hablaba ni respondía. «Cuando le vi la primera vez -dice el testigo- ya no tenía escamas, aunque si la cutis muy áspera y las uñas muy gastadas, aunque un anciano de aquel lugar, hombre de muy buena razón, asegura que cuando vino se le veían algunas escamas en el pecho y espalda, pero que luego se le fueron cayendo». El hombre pez estuvo nueve o diez años en Liérganes y desapareció luego sin dejar rastro.

Corrió la voz de que su madre lo había embrujado, pero ella lo negaba «y me inclino a la verdad de esta mujer, porque la conocí y me parecio mansa y virtuosa».

En Cataluña, para maleficiar, es todavía costumbre decir los «responsos de la muerte». Para llevar a cabo esta ceremonia la bruja ha de hacer quemar un cirio cabeza abajo, salmodiando la fórmula mágica, y del mismo modo que se consume la cera se consume el individuo a quien se le dedica tan cariñoso recuerdo. La cura se hace quemando el cirio al revés. Es una fórmula muy útil porque sirve también para que las lavanderas encuentren las piezas de ropa que han perdido. Es el cerato simple de la brujería.

El ensalmo nació como réplica supersticiosa a estas artes diabólicas del maleficio. En realidad, no es más que un cierto modo de curar con oraciones, y otras aplicando al mismo tiempo algunos remedios. Llamáronse ensalmos porque, por lo general, se utilizaban los versos del Salterio, «y dellos, con las letras iniciativas de letra por versos o por parte hacen unas sortijas para ciertas enfermedades».

«Ensalmar a uno -dice Covarrubias- a veces significa descalabrarle, porque tiene necesidad de que le aten alguna venda a la cabeza, de las cuales suelen usar los ensalmadores, bendiciéndolas primero y haciendo con ellas ciertas cruces sobre la parta llagada o herida».

Otras veces las oraciones son simplemente mágicas y se confía más en la manipulación de de determinadas cosas. Así por ejemplo, las verrugas se curaban echando en un pote tantos guisantes como verrugas tenía el enfermo y pronunciando luego las palabras mágicas. Cervantes nos habla también de cierto ensalmo para pegar barbas.

Pero los tipos más importantes de este curanderismo eran los saludadores, que curaban con saliva. El P. Castañega no los considera hechiceros. «Tienen algunos hombres tal saliva, en ayunas -dice- , que basta matar las serpientes, y cada día vemos que la saliva en ayunas cura las sarnillas y algunas llagas sin aplicar otra medicina. De esta manera podría ser que algunos hombres fuesen así complexionados que tuviesen virtud natural oculta en el aliento o resollo y en la saliva y aun en el tacto». Al ganado lo curaban dándole pedacitos de pan «cortados por su boca y mojados en su saliva», y se curaba también la gota coral escupiendo a la cara del enfermo.

En Barcelona son muy corrientes las xucladors, que curan chupando las heridas, llagas, quemaduras, mordeduras de serpientes y de perros rabiosos. Una famosa saludadora barcelonesa curaba del siguiente modo: lavaba la herida o lo que fuera, luego hacía sobre ella tres veces una cruz con la lengua y después chupaba con toda su fuerza mientras el enfermo rezaba una salve. Como todas las saludadoras, decía haber nacido en Viernes Santo y, en consecuencia, tener una cruz en el paladar.

Los conjuros fueron otro tipo de réplica a estas artes diabólicas, pero su campo de acción se extendió en contra de su primitivo propósito y alcanzaron un gran desarrollo, sobre todo en el aspecto amoroso. En la causa contra Francisco González, que saca a relucir don Agustín G. de Amezúa, había una fórmula para ligar o atraer el amor del hombre. Era la siguiente:

Con cinco te miro,
con cinco te ato,
la sangre te bebo,
el corazón te arrebato,
tan humilde vengas a mí
como las suelas de mis zapatos.
Arre, borrico,
que muy bien te ato;
te juro a Dios y a esta cruz
que has de andar tras de mí
como el alba tras la luz.

Esta era una fórmula corriente, pero había otras como clavar clavos en la pared recitando una fórmula mágica, dar de beber sangre de tórtola, o fabricar un perfume con frutos de cilantro reducidos a polvo y mezclados con almizcle, azafrán e incienso, colgar en el cuello raíces de lirio, o dar infusión de corregüela en vino; también se podia hacer un magnifico filtro para mantener la fidelidad conyugal dejando en infusión durante diez minutos cinco gramos de hojas de vincapervinca, magnetizando el agua y pronunciando determinadas oraciones.

El mismo Amezúa cita una fórmula del licenciado Amador Velasco y Mañueco «para hacerse amar locamente», como se dice por ahí. Toma una rana viva y métela en un tintero y tápala con su tapador, y luego lleva el tintero a un hormiguero donde haya hormigas y cava y métele dentro, y luego cúbrele, dende a quince días vuelve a tu tintero, o donde aquella espina del espinazo, y vete con tu tintero al mismo arroyo donde lo tomaste y estando dentro la espina ve metiendo agua y vaciando hasta que se quede libre de agua el tintero y limpia la espina; y esto hecho, mételo entre los dedos de la mano derecha y tomando la suya dirás: «Mi señora, beso las manos de vuestra merced», y así te querrá mucho, «pero no lo vea la persona».

Un conjuro más poético, citado por el mismo autor, es el siguiente: «Luna, qué alta estás, qué altas son tus torres, más altos son tus amores, conjúrote con la madre de Nuestro Señor Jesucristo que salga un rayo de tu amor y a mí me dé por las espaldas y a fulano por el corazón, y que por mi amor no pueda dormir ni reposar hasta que me venga a buscar».

Para cada cosa había su conjuro correspondiente. Había también los conjuros que se hacían cuando un consultante acudía a la hechicera para saber si su amante o marido le era fiel o no. Las brujas los hacían también para librarse de los corchetes que iban a apresarlas por orden del Santo Oficio («León bravo, amansa tu ira, primero fué Cristo que Santa María; cuando nació la Virgen, Cristo nacido era, alguacil, hinca la barba en tierra»), pero no producían efecto.

«Hay otros conjuradores para conjurar a los endomoniados -dice el P. Castañega-, y algunas veces son los mesmos sobredichos, y tienen para esto otras maneras diabólicas. Hacen unos cercos en tierra con ciertas señales y letras dentro repetidas en cierta manera, y hacen al demonio hincar las rodillas dentro de aquel cerco; y luego que le dice el conjurador ciertas palabras, pierden el sentido, y vienen a hacer gestos espantosos y gritar muy reciamente, e decir palabras desvariadas e muchas veces en infamia de los presentes. Conjurale que diga quién está dentro (testigo soy de vista desto que digo); respóndele que está en aquel cuerpo por príncipe y capitán del demonio llamado Satanás o Belcebú, etc., con tantos; y algunas veces que están allí con él tales a tantas ánimas de tales hombres que morieron, y señala cuáles, y habla en su nombre de ellos, representando sus personas, y si morieron en cama o en batalla, piden que les den a beber como fatigados de sed, y si murieron de enfermedad habla como enfermo, e otros semejantes engaños pasan. Hácenles sahumerios crueles, pónenle manojos de ruda en las narices y danle bofetadas e otros tormentos».

Del poeta granadino Gregorio Morillo, capellán del arzobispo, trae a cuenta Rodríguez Marín, en sus notas a la biografía de Pedro Espinosa, el siguiente hecho. «Dice Gregorio Morillo, contándolo por milagro, que en su presencia, el año de 1603, llevaron al Sacro Monte, por espacio de nueve días, a una endemoniada, y estaban los demonios rebeldes y no salían, aunque le habían dicho mil Evangelios, y que el arzobispo fué allá y con el libro de la nómina de Santiago le hizo la señal de la cruz desde la frente hasta el pecho, diciendo en lengua árabe: Non est Deus, nisi Deus Iesus Spiritus Dei, y desampararon los enemigos, dando terribles aullidos, aquel cuerpo».

«Una tarde, por la puerta de Atocha -cuenta Francisco Santos-, entre mucha gente iba un hombre que decía quería arrojarse en una noria. Metiéronle en un registro y al ruido pasó un sacerdote del Hospital General, y viendo que se enfurecía, envió por una estola, agua bendita y cruz, y empezó a conjurarle con tan buenas razones que mostraban su buena alma. Dijo el demonio: «No me atormentes, que yo saldré ahora en tu presencia, que ya estoy cansado de habitar en tan ruín vaso e ingrato, que habiendo recibido grandes beneficios de Dios, le ha pagado muy mal, que al echar un por vida, me entré en su cuerpo y más quiero las penas del infierno que tan ruín morada. No me pidas señal que prevenida la tengo y del campo la traigo, toma» A este tiempo arrojó por la boca una agujeta de cuero con sus herretes. «Dime -dijo el sacerdote-, ¿dónde hallaste esta señal?» Y respondió: «Se la quité a un pícaro que se puso a hacer su menester delante de mi y anda loco buscándola con las bragas en la mano. Id y lo veréis en esa primer huerta». No faltaron curiosos que se fueron y vieron al hombre dando vueltas y buscando su agujeta, y preguntándole qué era lo que buscaba, dijo: «La agujeta de estos calzones, que no la puedo hallar, y creo que algún demonio del infierno se la ha llevado». Volvieron al registro con la certificación y ya estaba el hombre libre del fiero enemigo, pero mortal y sin sentido, hasta que poco a poco fué volviendo: diéronle unos bizcochos y ya en su acuerdo se le llevó el sacerdote a su cuarto y se confesó y arrepintió de sus pecados.

Hubo pícaros, sin embargo, que no tardaron en darse cuenta del negocio que un endemoniamiento así representaba. El mismo autor nos cuenta uno de estos casos de una moza de dieciocho años y de buena cara, que al conjurarla hablaba latín con buenas voces y arte, sin solecismos, tanto que confundía. Conjurándola una tarde un religioso, y estando absorto de oírla, la preguntó si sabía otra lengua, a lo que respondió que todas, y el religioso la dijo: «En el nombre de Dios todopoderoso y de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero, que digas lo que has dicho en lengua china». Y respondió: «Pitarul agiman de abou, oquiay amplau» «¿Qué has querido decir», la preguntó, y dijo: «En tus grandes palabras, o Dios en tí está o por tu boca habla Dios». Con todas estas gracias bachilleras se supo que la había educado un tío suyo sacerdote, desde tierna edad, y después de los primeros rudimentos de leer y escribir, viéndola de sutil entendimiento, la había enseñado la gramática, y que tenía un galán que la pedía cuenta de lo que llegaba de limosna cada día, porque no había quien, al verla, no se la diese, y de este modo juntaba muy razonable congrúa.

Pero eso no debe hacerse porque a las brujas les molesta.

También los descomulgadores de plagas actuaban por medio de conjuros. Eran gente a la que se pagaba para que cada año acudiera a los pueblos a librarlos de la «langosta, el pulgón y las otras sabandijas que se enjendran en la tierra» «La común manera de estos engañadores -dice el maestro Ciruelo- es que el conjurador se hace juez y delante de su audiencia comparecen dos procuradores el uno por parte del pueblo que demanda justicia contra la langosta; el otro pone el vicario del obispo, o la justicia del rey por parte de la langosta o la oruga. Después de muchas acusaciones que pone el procurador del pueblo y respuestas que hace el procurador de la langosta y dados sus términos de probanzas de la una parte y de la otra, hácese luego proceso y a la fin el maldito juez da su sentencia contra la langosta, en que dentro de tantos días se vaya de todo término de aquel lugar, so pena que de excomunión la sentencie. E acontesce muchas veces que el diablo, por cegar y engañar a los pueblos que tales cosas consienten, haga venir en efecto lo que promete el conjurador, y por ser secretas operaciones con cosas naturales hace huir de allí las langostas y las otras sabandijas».

No fueron menos famosos los conjuradores de nubes y tempestades. Incluso todavía existen algunos, pero los procedimientos de conjuración y aun los conjuros se hallan en franca decadencia y han perdido una buena parte de su importancia El P. Castañega nos ha dejado dicho de ellos lo siguiente: «Los conjuradores y conjuros de las nubes y tempestades son tan públicos en el reino que, por maravilla, no hay pueblo de labradores donde no tengan salario señalado y una garita puesta en el campanario o en algún lugar muy público y alto, para el conjurador, porque esté más cerca de las nubes y los demonios. Anda este error tan desvergonzado que se ofrecen a guardar el término de la piedra de aquel año (y estos tales, muchas veces, son los curas de los lugares) y al tiempo de los conjuros dicen y lóanse que juegan con la nube como con una pelota, sobre quién a quién se la echará en su término; y algunos, que presumen de más sabios, hacen cercos y entran en ellos, y se dicen que se ven en tanta priesa con los demonios que les echan el zapato del pie para que con él se despidan; y salen del cerco muy fatigados y lóanse de muy esforzados, y señalan términos dentro de los cuales quieren que se extiendan y valgan sus conjuros, procurando echar la nube fuera de su termino y que caiga en el del vecino, o en tal lugar o parte señalada»

En Arenys de Mar, el procedimiento inverso consiste en encender una hoguera al lado de una fuente, de manera que se produzca una gruesa y potente columna de humo para que los demonios que atraen el granizo puedan encaramarse por ella hasta las nubes. Cada granizo provocado por las brujas, trae consigo un pelo de cabra de grandes poderes mágicos. Incluso, con anterioridad, las brujas llegan a esquilar las cabras de un rebaño para hacer provisión de pelos.


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lunes, 6 de agosto de 2007

De Aquelarres, Fruslerías y Mental Estiaje.

Esto es un hablar por no mantener la boca cerrada; un bla-bla-bla intrascendente que probablemente limite con lo prescindible. Esto es un torear de salón, una patada contra el aguijón de la lógica; esto es, dicho con indulgencia, apatía de estío, pura artificialidad, una fachada retórica sin contenido ni otra intención que no sea la de mantener a N-7, sin la acuciante necesidad de devanarme los sesos, con continuidad y vidilla. ¿O es que los esforzados de la gleba no tenemos derecho a vivir durante unos días como concejales, dentistas o liberados sindicales?.


Así que lo que sigue es una danzarina sinsorgada de la que culpo al escaso caudal de ideas que corren por mi mente. ¡Por supuesto que por el mismo precio y con similar esfuerzo hubiera podido posar otra cosa de mas sustancia!. Pero para qué, si mi moderada esquizofrenia veraniega me ha tornado sinuoso y vago. Además, hasta un pelo[1] da sombra y grano a grano se hace granero. ¿Pensamiento simbólico o cachondeo?...

¡Si, y los cubos de dos números consecutivos difieren en el triple del cuadrado del menor, más el triple del menor, más la unidad[2]; no te jode!. "Disculpas fuera de tono las suyas", D. Gaiferos.


En fin, ya hasta el cuello en el agua enfangada, no queda otro remedio que tornar a aquel libro que semanas atrás excarcele para tontear con las artes adivinatorias, y que hoy, merced a los servicios prestados, corre con libertad sin fianza por los lugares mas inverosímiles de la casa. Venga, sin mas dilación roamos hasta el tuétano...

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EL BONITO JUEGO DEL AQUELLARRE.
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La voz aquelarre se deriva del vascuence y significa «prado del cabrón». lugar que se denominaba así porque en él el demonio, instalado en una especie de bufete, presidía la «espantable orgía».

Hubo la creencia general de que esta ceremonia se celebraba los sábados, pero parece haberse demostrado que éstos eran días excepcionales. Las brujas, montadas en sus escobas, se dirigían al lugar de la cita diabólica. Sin embargo, esto no está tampoco muy claro. En las declaraciones de algunas brujas contra las que intervino el »inquisidor Alonso de Salazar, después de haber visitado las montañas de Navarra, consta que tales brujas lo que solían hacer era «dormirse en el punto de salir». Nadie las sentía cuando se escapaban ni se las echaba de menos porque «quedaba siempre en su lugar una persona supuesta».

En estas orgías -cuando menos en su forma más elemental- las brujas bailaban ante el Gran Cabrón que las presidía y a los sones de un pandero de «mal son». El cielo se ennegrecía y las más impenetrables sombras as rodeaban; espantosos murciélagos revoleaban sobre la escena. Para esta danza las brujas se disponían en circulo en torno al Gran Cabrón que se hallaba de pie sobre su plataforma de piedra, empuñando una vela de pez en cada mano y sosteniendo otra entre sus cinco cuernos. A la lívida luz de estas luminarias, alternativamente, brujas y demonios o íncubos, dándose las manos, comenzaban a danzar vertiginosamente en torno a la plataforma hasta que la danza se desbordaba en un verdadero frenesí y en una franca orgía. Entonces el Gran Cabrón descendía de su altar y se mezclaba en las danzas tomando parte en la horrible confusión. Este era el momento en que tenían efecto toda clase de aberraciones.

Según declaraciones de brujas, recogidas en sus procesos inquisitoriales, unas veces el demonio las golpeaba con los cuernos, otros con los rabos o con las pezuñas, y allí donde él trazaba una señal el lugar tocado se hacía insensible.

Una de las brujas que figuró en la relación del inquisidor Alonso de Salazar, cuenta que de su trato con el demonio, a la hora de parir, paría sapos.

El sapo, como hijo de bruja, tiene una gran importancia en multitud de relatos y relaciones inquisitoriales de la Edad Media y aun más acá. En la segunda década del siglo XVII, una vieja que vivía en Pasajes, y a quien llamaban Marichuloca, fue arrojada del pueblo por los propios niños a quienes ella quería llevar al aquelarre y que la corrieron a pedradas. Una de las criaturas a quien logró engañar regalándole nueces -que, al parecer, es regalo de brujas-, contó que la vieja lo recogía en la cama y lo llevaba al «lugar de costumbre», donde lo tenía guardando sapos hasta el amanecer, porque, como dice el duque de Rivas:

Diz que cuando el gallo canta
desaparecen de improviso
los Aquelarres de brujas,
los fantasmas y vestiglos.



Estos mismos sapos, hijos de bruja, son los que, según dicen todavía en Asturias, caen del aire cuando llueve con violencia. Porque, además, las brujas vienen a ser una especie de causantes de la lluvia, o nuberas, como se las llama en esa región.

Había también otra clase de aquelarres, entre los cuales los más importantes son el llamado imaginario y el que tiene por objeto las prácticas de magia negra. Para el primero, valíanse las brujas, según se supone, de la especie de ungüento antes aludido[3], a cuyo cocimiento se mezclaba un poco de hollín de la chimenea, savia de cáñamo verde, estramonio y otros ingredientes, en los que también tenía su representación la adormidera. A estos aquelarres hay que referir los relatos de machos cabríos encerrados en jarras o redomas y que salen de ellas y a ellas vuelven una vez han efectuado determinadas ceremonias; los polvos diabólicos recogidos «detrás» del cabrón, los festines en los que se comen abortos hervidos sin sal, junto con galápagos y serpientes, las danzas de monstruos y las orgías en las que los íncubos se entregaban a los más nefandos desenfrenos.

Pero tanto este tipo de aquelarre como el que tenía por objeto la práctica de la magia negra, mucho más complicado y macabro que el anterior -intervenían en él candelas de grasa humana, sangre de la víctima, clavos arrancados del féretro de un ajusticiado, cabeza de gato negro cebado durante cinco días con sangre humana, murciélago ahogado en sangre y cráneo de parricida-, no tenían nada que ver con los más elementales que celebraban las brujas y hechiceras españolas, «más ingenuas» quizá. Pocas posibilidades les ofrecía un país esencialmente católico como el nuestro, a pesar de que Francia y Centroeuropa se entregaban a lo que se ha dado en llamar «alta magia», simbolizada por Baphomet y las lunas blanca y negra de Chesed y Geburah.

Muy pocos han conseguido ver un aquelarre y no por ello pueden considerarse seres privilegiados. El P. Agustín del Río dice que un inquisidor llamado Bartolomé de Homate actuó en tierras de Italia contra las brujas, pero deseando saber cómo procedían se dirigió, acompañado de su notario, al lugar donde se juntaban. Ambos personajes tuvieron entonces ocasión de contemplar al demonio en forma de macho cabrío sentado entre las brujas, como si fuera un gran señor. Pero apenas las jorguinas se dieron cuenta de la presencia de los dos hombres, asieron sus escobas, se precipitaron sobre ellos y los molieron a escobazos. «No aconsejaré, pues, a nadie, que emprenda estas experiencias», termina.

En algunos lugares de Barcelona las brujas se reúnen a las once en punto de cada sábado, y dura la reunión hasta la primera campanada de las doce, pues si la última sorprende a la bruja sin haber efectuado su misión y sin hallarse en su casa, permanecerá en el mismo lugar en que se hallaba hasta el día siguiente por la noche. En Valencia ocurre también lo mismo, pero para poder salvarse cuando se han demorado, han de permanecer agarradas a la estaca del alfarje o a la tranca del establo. Las brujas del Ampurdán parecen haber sido las inventoras de la costumbre moderna de celebrar los aquelarres en casa de alguna de ellas, pero hasta el último instante no se sabe nunca en casa de quién va a celebrarse. Lo deciden en el aire, en pleno vuelo, y la distinguida con tal honor ha de invitar a las demás a una gran cena en la que no figurará jamás carne de cerdo curada o pan. Como quiera que las brujas ampurdanesas tienen un alto sentido de la hospitalidad, antes de echarse a volar dejan ya la mesa puesta para el caso de que las elijan.

Cuando son casadas toman, naturalmente, grandes precauciones para que sus maridos no las descubran. Algunas colocan en la cama un tronco de árbol, o un saco lleno de trapos o al diablo en persona.

Juan Amades nos habla de una de esas reuniones o aquelarres, muy semejantes a los ya descritos, pero que en el Rosellón tienen pequeñas variantes. Por ejemplo, el diablo puede presidir en forma de perro o mono, vigilando el contenido de una gran caldera en la que las clásicas hierbas de la botánica negra[4] hierven con serpientes, víboras, lagartos, salamandras, escorpiones, sesos de pardillo, de gato, cabezas de rana, mezclado todo con sangre de palomo y de murciélago. Este es -dice- un brebaje para hacer encantamientos y al mismo tiempo ungüento para volar y practicar la licantropía. «Para evitar que los no iniciados puedan presentarse a estos aquelarres, desencadenan vientos en todas direcciones y así hacen imposible el acceso al lugar donde se celebran. Antes de disolverse la reunión comercian con el diablo para reafirmar el pacto establecido y le besan bajo la cola en señal de acatamiento.»

Con una rigurosa documentación, Agustín G. de Amezúa, en su magnifica edición crítica de El coloquio de los perros, ha reconstituido uno de estos aquelarres celebrados en la Mancha. Elige como escenario «una cocina obscura y misteriosa, alumbrada por la tenue luz de un mísero candil, o por el reflejo rojizo de las ascuas». Por toda ella, en los rincones, estantes y alacenas se ven todos los utensilios y armas de la brujería. «Estampas de Santa Marta, San Erasmo o San Cristóbal, pegadas a las paredes, clavos hincados tras la puerta, bolsillas de paño, rojo por una vuelta y azul por otra, conteniendo sogas de ahorcados, ochavos de verdugos, barajas de 41 naipes, polvos quemados de piedra alumbre, piedra imán, cabos de cera blanca, hilillos de ombligo de niños, habas de mar y caracolillos, figuras de cera y atravesadas en ellas alfileres y agujas, sesos de asno, hienda de lagartos y otras mil porquerías, sin que falte su sapo entre dos velas, o su bien cuidada maceta de valeriana, regada con vino, muy propia para hechizos».

«En la cocina se encuentran dos, tres mujeres a lo sumo; salvo alguna moza curiosa y principianta, como se verá luego, todas son viejas, altas y huesudas, o arrugadas y contrahechas, de mala catadura, ojos de arpía, pelo revuelto, canoso y desgreñado, que les cae sobre el sucio y miserable corpiño».

Dos de estas mujeres son ya duchas en el oficio, pero la tercera es joven y novata que va a ser iniciada esa noche. «Juana la Izquierda, maestra de todas, comienza la ceremonia invocando al demonio dentro del necesario cerco. Para hacerlo desnúdase en carnes, suelta su cabello, ralo y canoso, de modo que le cubra las espaldas, ase de una escoba de palma, perfumada previamente con alcrebite, adorna su pelo con una toca y barre, ante todo, el espacio del suelo destinado a contener el cerco».

Con carbón o con sus mismos cabellos dibuja en el suelo un círculo y coloca en su contorno sal, carbón y azufre, y desgreñada y desnuda, como ya hemos dicho, entra en él armada de la escoba y con una candela encendida. Una vez dentro barre la sombra que de su cuerpo proyecta la candela, mientras salmodia en voz baja:

Ven, ven, marido,
cara de cabra,
que más vale lo mío
que tu barba.



Repite la invocación por tres veces, mientras las dos ayudantas cooperan, fuera del círculo, a la invocación, exclamando con voces lastimeras:

Ven, Belcebú, ven,
Ven, Satanás.



Si el demonio no acude a este llamamiento, entonces una de las tres brujas se abraza a la cadena que sostiene el perol en la chimenea y desde allí hace una nueva invocación.

Inmediatamente se oyen extrañas palabras y grandes alaridos mezclados con tremendos ruidos y confusión, pero entre toda esta batahola se oye claramente una voz que dice: «¡Guárte, guárte!». Y aparece el demonio.

Este hace acto de presencia según la forma tradicional; es decir, como macho cabrío, aunque puede, como ya hemos visto, adquirir otras formas diferentes, incluso las de conejo, lobo o mula parda, «si es que, presumido y vanidoso, no entra vestido de negro, con negra barba y negra gorra también».

Es éste el momento de la presentación de la neófita, el demonio la abraza y entonces todas bailan alegremente hasta que el diablo desaparece.

Recógense a la lumbre las jorguinas, desnudándose todas con presteza hasta de la camisa misma y, tomando la olla de barro, úntase las coyunturas de los pies y de las manos, diciendo al mismo tiempo la oración a Satanás u otras fórmulas y palabras misteriosas:

Lucifer,
hijo de príncipe, sobrino de Corer,
pan y quesito - te daré a comer.
Lo que te pidiere - dámelo a entender
por hombre que pase o agua que vacíe,
o perro que ladre;
que te doy palabra, si me lo otorgas,
de no santiguarme en la cama ni en la iglesia,
ni delante del santo que encontrare



Dicho esto aparece de nuevo el diablo y las brujas se sienten alzadas sobre el suelo cosa de un palmo, e inmediatamente emprenden el vuelo diciendo sin descanso:

Vamos viga por viga,
en la ira de Santa María..



Llega después el aquelarre propiamente dicho. Las brujas, tañendo diversos instrumentos, bailan en torno al macho cabrío. De pronto una de ellas comienza a cantar:

¡Qué buena es la ruda!

y responde el coro:

No vale nada.

Luego repite otra:

¡Qué buena es la verbena!

y el coro contesta:

No vale nada.

Y una tercera dice:

¡Qué buena es la hierbabuena!

Pero el coro insiste:

No vale nada

Hasta que, por último, hay una que exclama:

¡Qué bueno es el orégano!

Y todas dicen:

El orégano es bueno.

A cada uno de estos cantos el macho cabrío bala y las brujas lo besan donde ya se ha dicho. Luego, contentísimas porque el orégano es bueno, se ponen todas a bailar cantando:

Huevos cocidos
para nuestros maridos;
huevos asados,
para nuestros enamorados;
el carnero
para mí lo quiero.



Y entonces da comienzo la orgía mientras el carnero se va por las patas abajo.

Desdichado de aquel que, cuando el coro de brujas se dirige al aquelarre alborotando por las calles, asome la nariz por la puerta, porque entonces las brujas lo untan con sus untos y como éstos tienen propiedades aéreas, se lo llevan en volandas. Al regreso, antes de que cante el gallo o apunte el alba, suelen, para divertirse, sacar a algún pobre hombre de su cama y dejarlo en la calle en camisón.

Ya de vuelta en la cocina, desaparece otra vez el diablo, y las brujas, apresuradamente, empiezan a vestirse, repitiendo otra vez a toda prisa:

Vamos viga por viga
en la ira de Santa María.



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NOTAS:

 1.- Pelo que me viene al pelo para dejar caer una anécdota que me contó un tipo -bastante mas excéntrico que yo- en una librería de Leeds. Decir que mi interlocutor era uno de esos chiflados que babean ante un juego de ingenio bien planteado, y que la anécdota esta relacionada con el pusilánime e inefable reverendo Dogson, por otro nombre Lewis Carroll.

De todos es sabido que Carroll realizo numerosos dibujos y fotografías de las hermanas Liddell (Lorina Charlotte, Alice Pleasance y Edith, por orden descendente de edad), donde Alicia, la víctima de nuestro interés, invariablemente aparecía con media melena azabache al estilo paje. Así era y así continuo siendo cuando de su persona nació la Alicia del país de las maravillas.

No obstante, la representación iconográfica de la niña poco tuvo que ver con la idea del autor, lo que llevo a este, apocado y mansueto por demás, a calzar un severo e inédito cabreo. Y es que dicen pareció poseído por las furias, cuando el ilustrador John Tenniel le envió los bocetos para su aprobación. No era para menos aquel iracundo arrebato, digo yo, pues Alicia, Su Querida Alicia, se había transformado en una rubita de melena bien plantada.

Luego de que se le hubo pasado el sofión y pudo enfrentarse al papel sin rociarle de indignada salivilla, Dogson envío una carta al ilustrador incluyendo en ella un puñado de bocetos de su mano. Tenniel, contemporizador, accedió a devolver a Alicia su negra y recortada melena. Mas no pudo ser, los editores consideraron que la mudanza era una pejiguera que, además, iba a salir cara, puesto que las primeras planchas habían entrado ya en la imprenta.



 2.- No, no se trata de uno de esos trabalenguas al uso. Digo verdad.

Sea n un número cualquiera; el siguiente será n + 1

El cubo de n es n^3

El cubo de n + 1 es (uso cuenta de la vieja) n^3 + 3 x n^2 x 1 + 3 x n x 1^2 + 1^3 = n^3 + 3n^2 + 3n + 1

Restando de este último resultado el primero, se obtiene:

n^3 + 3n^2 + 3n + 1 - n^3 = 3n^2 + 3n + 1





 3.- La referencia es, naturalmente, a capítulos anteriores. Leídos estos con impaciencia y premura he dado con un par de descripciones dignas de ser referenciadas, aunque la que sigue es, a mi juicio, la que mas se ajusta a la intención de esta nota:

«Ni brujas ni especialistas están de acuerdo con respecto a los ungüentos más eficaces para salir por las chimeneas. No parece que se haya inventado hasta ahora el ungüento tipo, aunque, bien es verdad, todos parecen estar de acuerdo en la excelente propiedad de determinados componentes base de tales preparados. Se supone que el más antiguo de los ungüentos conocidos se preparaba según una fórmula salvaje heredada de las lamias, strygas y empusas de Tesalia, que costaba siempre la vida a un niño, con cuya grasa, beleño, belladona y jugo de adormidera, confeccionaban una especie de afrodisíaco»



 4.- Lo juro, me he dado un notable calentón espigando entre librotes que pudieran contener algo sabroso con lo que aderezar esta nota. Puta mierda, a lo que se ve no debo de ser yo muy amigo de la botánica oscura o criptobotanica o botánica mágica o gilibotanica por mejor decir. Resultado: Como casi siempre que me enfango en temas semejantes, la solución ha pasado por la consulta - no diré que exhaustiva porque mentiría- de un par de buenos diccionarios sobre mitología. Sigue, sin enlaces ni hostias, lo mas interesante que he encontrado:

SALVIA (Salvia officinalis).- ROMERO.- PERICON (Hypericum perforatum).- ADORMIDERA.- ARTEMISA (Artemisis vulgaris).- ROBLE o CARBALLO.- CENTAURA (Centarium umbellatum).- DIGITAL (Digitalis purpúrea).- OMBLIGO DE VENUS (Umbilicus pendulinus).- RUDA (Ruta graveolens).- VERBENA (verbena officinalis).- TORVISCO (Daphne gnidium).- MARRUBIO (Marribium vulgare).- ESCORODONIA (Teucrium scorodonia).- PULSATILA (Anémone pulsatila).- HIERBA DE SANTIAGO (Senecio jacobaea).- CINAMOMO.- CONSUELDA (Symphytum officinale).- ARNICA (Arnica montana).- CARDO SANTO (Cnicus benedictus).- SAUCO (Sambucus nigra).- CICUTA (Conium maculatum).- MENTA.- OREGANO.- MALVA REAL (Althaca rosae).- VINCAPERVINCA (Vinca minor).- MALVAVISCO (Althaea officinalis).- ORTIGAS (Urtica dioica).- HIERBA MORA (Solanum nigrum).- AIPO (Smyrnium olusatrum).- CARQUEXIA (Genistella tridentada).- CELIDONIA (Chelidionium majus).- LLANTEN MENOR (Plantago lanceolata).- HINOJO ...

¡Que cojones, no sigo, me canse!

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Don Gaiferos (el "don" es imprescindible)


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De Remamahuevos, Mancias y Falacias


Me ilustro en Exapamicron sobre el significado de Belomancia: especie de "arte adivinatoria" fundamentada en la observación de la trayectoria del vuelo y caída de las flechas; siendo condición para que el aurispice se pronuncie con fidelidad que estas sean impulsadas mediante arcos.

Aun a desgana, encuentro curiosas estas supersticiones adivinatorias que, basadas tanto en los elementos como en cuerpos terrestres u cualquier otra mandanga, mediante ritos exclusivos para cada una de ellas, podían, mediante el experto escrutinio de su correspondiente interprete, determinar diversas señales o signos capaces de revelar el futuro. Y es esa maldita curiosidad es la que me impele a meter la cuchara en plato ajeno. Sea.

¿Saben ustedes donde se encuentra la gran nebulosa Andrómeda?. Pues paseantes de los mingitorios públicos del mismo barrio deben de andar, como gato extraviado en barricada, los conocimientos que guardo sobre disciplina tan chinchosa y necia como extravagante. Valor. Una disculpa y la vindicación de mi profunda ignorancia.

Todo esta en los libros, empero; así que me desencamo a canto de gallos, tomo la escalera del desván, desgarro la oscuridad, pateo a una mano de insurrectos que por arte de encantamiento han mudado a la facha de objetos inservibles, toso un poco a causa de la polvareda que la trifulca levantó, abro una claraboya y me doy a la tarea de leer rótulos y desprecintar cajas. No tardo demasiado en dar con lo que busco. El libro[1] mismo, cual gozquecillo desatendido, muérdeme amoroso y leve, ansioso de mi consideración. Luego vino lo que veis: pulir, aderezar, trocar y copiar.

Venga, a disfrutar de esta pieza de exquisita ingenuidad.




A principios del siglo pasado[2] se conocían más de ochenta «artes adivinatorias», pero es de suponer que, a medida que han adelantado los tiempos y la civilización, haya aumentado también el número de aquéllas. Cuando menos, sabemos de una novísima que parece esta dando de codillo a las demás. Nacida, naturalmente, en París, podríamos llamarla, aunque de una manera provisional, claro esta, Pelvimancía, pues consiste, nada menos, que en la interpretación del temperamento y carácter del hombre según la estructura de la pelvis y la forma de las caderas. Sostiene el «pelvimántico» que, según la proporción cuantitativa de las distintas sales de calcio que figuran en la composición de los huesos, y teniendo en cuenta la estructura de la pelvis y la disposición de las articulaciones de las caderas, el individuo tendrá un determinado «aire» en su paso y que su temperamento será sosegado o impulsivo, su inteligencia brillante u obscura y así sucesivamente. Dada la forma exterior de la pelvis, los individuos podrán dividirse en tres clases: carbónicos, fosfóricos y fluóricos. En el primer caso las articulaciones de las caderas son sólidas y la cabeza del fémur llena totalmente la cavidad que le corresponde; en consecuencia, los músculos glúteos están muy desarrollados, lo que es motivo de que el individuo sea tardo, lento, torpe y pesado en el andar; sus reflexiones, por lo tanto, serán más profundas, más precisas y demostrarán cierta autoridad en la resolución de problemas trascendentales; «este tipo de individuo, sea hombre o mujer, no cede ante nada» Los fosfóricos tienen las caderas finas y flexibles, y, en consecuencia, serán fácil presa de enfermedades, pero en cambio, serán hombres brillantes, de concepción rápida, exaltados y poco afectivos. Las articulaciones de los fluóricos son hiperflexibles, lo que les impide permanecer de pie largo rato; en consecuencia, serán individuos de temperamento vacilante, grandes artistas, magníficos bailarines, maravillosos amantes, pero tendrán siempre reacciones imprevistas. Esta es, a grandes rasgos, la última «mancia», aunque más o menos científica -no olvides que lee en las líneas de la radiografía - de que tenemos noticia.

Difícil es, naturalmente, determinar cuál, de todas las «mancias» conocidas, es la más importante; pero, cuando menos, sabemos, eso si, cuáles son las más populares. A estas últimas pertenecen la Quiromancia, o adivinación por las rayas de la mano; la Cartomancia, o adivinación por los naipes, y la Brizomancía, Oniromancía, Oneiromancía o Somnomancía, o adivinación por los sueños, terreno éste que, desde Freud, se halla en manos de psiquiatras.

Sin embargo, no es justo que prescindamos de otras «mancías» que en épocas menos científicas que ésta, tuvieron su prestigio e importancia. Así, pues, a título de curiosidad, citaremos algunas de cierto interés.

La Geomancía, o adivinación por la tierra, se llamaba así «porque los que la usan escriben en la tierra o en papel o en otro cuerpo terreno unos puntos y líneas a deshora, sin contarlos, y desque han hecho una plana de ellos, míranlos y cuentan, y por allí se adivina lo que ha de ser».

La Hidromancía, o adivinación por el agua la «usan los adivinos derritiendo plomo o cera o pez sobre un vaso lleno de agua y, por las figuras que allí se forman, se adivina lo que ha de ser»

La Aeromancía, o adivinación por las señales del aire, se basa en que «los vanos hombres paran mientes a los sonidos que se hacen en el aire cuando menea las arboledas del campo o cuando entra por los resquicios de las casas, puertas y ventanas, y porque allí adivinan las cosas secretas que han de venir».

La Piromancía, o adivinación por el fuego, se basaba en la disposición y color de las llamas y en el carácter de los chasquidos de los cuerpos que las producían. En cierto modo derívase de ella la Dafnomancía, o adivinación por el laurel, con cuyas ramas se coronaban los adivinos. Practicábase de dos maneras. La primera consistía en echar al fuego una rama seca de esta planta y por el chisporroteo, el centelleo y el humo que se producían durante la quema, se obtenían los presagios. Estos eran inciertos cuando la rama se consumía sin producir ningún ruido, pero se vaticinaba con toda certidumbre cuando chisporroteaba con gran ruido, las chispas eran abundantes y se obtenía una finísima humareda, lo cual, todo, era señal de buen augurio. La otra manera consistía en lo siguiente: el dafnomántico pasaba a ser dafnéfago; es decir, mascaba unas hojas tiernas de laurel, cerraba los ojos y empezaba el trabajo de concentración mental. Luego comunicaba el augurio.

La Espatulomancía, que también tenía que ver con el fuego, consistía en adivinar «por los huesos de las espaldas de los animales muertos, que los ponen cabe el fuego un rato hasta que la calor del fuego los hace saltar o henderse por algún cabo, y miran por dónde se quiebra el hueso de la espalda y por allí adivinan».

La Coscinomancía fue muy popular en España hace tres o cuatro siglos, pero era más conocida por «andar el cedazo» o «adivinar por la tela de cedazo». «Es ejercicio de arte mágica, cuando el demonio hace que los profesores de esta diabólica ciencia, mirando por un cedazo, vean las cosas que están muy distantes, ocultas o por venir». En una causa que celebró la Inquisición en Toledo contra una tal Ana Hernández, una testigo, llamada María López, vecina de Malagón, manifestó que la tal Ana le pidió un cedazo y unas tijeras, y preguntándole para qué los quería, dijo que tenía un mozo en Almagro, y deseaba saber si la esperaba o si había de venir, «y tomó las tijeras y las hincó en el arco del cedazo la punta, asiendo en la mano el anillo de la misma punta de la tijera, y la otra tijera puesta en cruz, colgando el cedazo de ellas, y diciendo unas palabras que esta declarante no entendió, anduvo el cedazo muy recio a la redonda, y le dijo a la susodicha: «Yo me voy mañana, que me esperan», y cuando no era así lo que quería, se estaba quedo el cedazo». En otros casos se substituía el cedazo por un zapato de la consultante.

También fue por aquel entonces popular en España el llamado «Arte de echar las habas». Según una tal Antonia Mexía[3], llamada a declarar ante el tribunal del Santo Oficio, unas gitanas le enseñaron este sortilegio; para ello bastaba que «tomase nueve habas, un poco de carbón, un grano de sal, un poco de cera, un ochavo, un poco de piedra alumbre, un poco de azufre, un poco de pan, un poco de paño colorado, un poco de paño azul, y que las dos de las habas las señalase mordiéndolas, o las más que quisiese, diciendo este es Juan (su marido), este es Francisco (a saber quién sería este Francisco), y esta es Catalina (¿la mujer de Francisco?), y que si saliese la mordida, que es la persona que se quiere, junto al carbón, significa noche; si junto a la sal, gusto; junto a la cera, martelo, que quiere decir golpe, porrazo o cosa semejante; junto al ochavo, que habrá dinero; junto a la piedra alumbre, con lo colorado, sangre; y junto a lo azul, celos; y junto al azufre, si sale con la sal, oro, y si sale solo, pesadumbre; junto al pan, que habrá comida».

Con la Aritnomancía, o adivinación por los números, y la Onomancía, o adivinación por los nombres, mezcladas con cierta pequeña dosis de Astrología, se componía la famosa Rueda de Veda, «arcano de grande estimación entre los que le ignoran». Según el P. Feijóo, consistía en lo siguiente: «Descríbese en tabla o papel un círculo o rueda que tiene como un palmo de diámetro, y en el círculo se inscribe una cruz en cuyos cuatro brazos se ponen unos números, en cada uno siete, y distintos en cada uno, comprendiendo entre todos desde la unidad hasta el número 28 inclusive. Donde terminan los cuatro brazos se reparten estas cuatro inscripciones: Mors major, mors minor, vita major, vita minor. Usase de esa rueda para averiguar si el que está enfermo vivirá o morirá; si el que sale a desafío vencerá o será vencido; cuál de los pretendientes de algún puesto lo llevará, y otras cosas semejantes en que es condición precisa saber el día en que se ha de conferir el puesto o se ha de reñir el desafío o el doliente cayó enfermo. El uso es de este modo: Mírase el valor numérico de las letras de que consta el nombre del sujeto cuya fortuna se examina, según el alfabeto griego (hablo del alfabeto numeral) en que a cada letra voluntariamente se le atribuyó el valor de cierto número, creciendo el número, según la progresión del alfabeto, así: la A vale 1; la B, 2; la G, que en el alfabeto griego es la tercera letra, aunque en el latino séptima, vale 3. De este modo la I o Jota, que es la décima, van creciendo en unidad; desde la J hasta la S se aumentan por decenarios, y desde la S hasta acabar, por centenarios. Súmanse, pues, los números correspondientes a todas las letras del nombre; hecho esto, se atiende qué día del mes lunar es aquel en que vino la enfermedad o se ha de proveer el puesto o reñir el desafío, y el número de los días del mes lunar, que corren hasta aquel tiempo, se agrega a los números del nombre. La suma total que resulta se parte por 28, y aquel número residuo, que, hecha la partición, queda sin dividirse, por ser menor que el partidor 28, se va a ver en qué brazo de la cruz se halla, y según la inscripción correspondiente a aquel brazo, se pronuncia del mal o buen suceso».

La Hipomancía es de origen céltico y consistía en la adivinación por los relinchos y movimientos del caballo. La Eteromancía fundamentaba su arte en el vuelo y canto de las aves; la Meteoromancía, en los fenómenos meteóricos, y la Onicomancía basaba la adivinación por medio del examen de los trazos que quedaban señalados en las uñas que habían sido untadas previamente con aceite y hollín.

La Genatliomancía profetizaba el porvenir, guiándose por el nacimiento, lo que la relacionaba con la Astrología. Dependientes también del mismo individuo, existían la Metopomancía, o adivinación por las líneas del rostro; la Glosomancía, o adivinación por inspección de la lengua, y la Uromancía , por inspección de la orina.

La Alomancía adivinaba por la sal, y la Lacomancía por dados, según cómo se jugaban. La Cromminomancía era un arte adivinatoria para la cual se utilizaban las cebollas y era muy común entre las doncellas para saber quiénes habían de ser sus maridos; con este objeto se escribían en las cebollas elegidas los distintos nombres de los pretendientes, uno para cada cebolla. Algo semejante era la Sicomancía, o adivinación por hojas de higuera. La pregunta se escribía sobre una hoja y, según el tiempo que tardaba en secarse, se obtenía el vaticinio.

La Apantomancía es quizá, hoy en día, la más frecuente de todas, y la practican, aun sin saberlo, muchas personas. Consiste en la adivinación por las cosas que se encuentran casualmente. Según éstas se deducen los buenos o malos agüeros, como el del gato negro, pasar por debajo de un andamio, etc.

La Rabdomancia, o adivinación por medio de una varita mágica, es la que practican los zahoríes. La varita de los rabdomantes se hace de avellano silvestre, cortando una rama a la salida del sol, cualquier día del mes de junio, si es posible cuando haya luna llena. Ha de ser una rama ahorquillada de casi medio metro de longitud, del grueso de un dedo y que no tenga más de un año. Se toma por los extremos, uno en cada mano, sin apretar, de modo que el dorso quede hacia el suelo y que el vértice de la varita mire hacia adelante. En esta posición se camina lentamente por los parajes donde se supone que hay agua, metales o dinero escondido. También puede llevarse en equilibrio sobre el dorso de la mano y andar lentamente; al pasar por encima de un manantial empezará a dar vueltas.

Una de las magias más antiguas fue la Aruspicina, que consistía en adivinar examinando las entrañas de los animales.



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Y ahora una última addenda por dar golletazo a esta fanfarria cuya importancia, a más de la meramente antropológica consiste, a mi juicio, en su latente interés iconográfico. Lo reconozco, figuras de aparatosa belleza y espectacularidad no faltan en el engrudo, acaso, digo yo, porque su endémica improbabilidad vino a ocupar el cacumen de de todo ilustrador fantasioso con gusto por las metáforas, hipérboles y perífrasis. Lo demás guano excretado por mentes de toda razón desviadas, pan de ignorantes, sacramento de mezquindad y ridículo. Engaño. Pero engaño que, cójase la prensa y véase la actualidad de la pamema en los días que corren, no necesita de variaciones, recensiones o puestas al día, puesto que por obra de la ineptitud siempre esta a la ultima. Un engaño que, ¡dita sea!, convierte a personas inteligentes en simples remamahuevos. Sonroja pensar que visionarios de pacotilla sustenten, mediante consideraciones huidas de toda lógica, una probada superioridad psicológica sobre algunos de sus semejantes. Y callo porque algo que no me gusta esta germinando en mi mente... Puto Futuro.



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NOTAS:

# 1.- Esto es España. Vida, Arte y costumbres. «BRUJERIAS», por Fernando Gutiérrez.- Librería Editorial ARGOS, S.A., Barcelona - Buenos Aires.- 1ª edición: Diciembre 1949.

# 2.- Siglo XIX, claro.

# 3.- En este momento no puedo dar noticias mas extensas de los procesos citados. Existen en mi documentacion, claro que si, pero lo hacen en un frances plagado de abreviaturas que me resultan irreconocibles. Ademas la fuente, un facsimil, no guarda la legibilidad necesaria para la aventura.



Don Gaiferos (el "don" es imprescindible)


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