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sábado, 6 de diciembre de 2008

Pensando a Dirac desde el “Barrio de los Oficios” (3)

Esto es saber hablar mal,
Por no saber hablar bien;
Y esto es mentir magistral,
Por siempre jamás, amén.

Inteligencias sin sospecha que son, presto habrán adivinado que la jaula bizantina con la que salí por peteneras de la capillada anterior, no era otra cosa sino que un puesto de prensa, al que me acerque (dada su matemática ubicación no me quedo otro remedio, a no ser que me hubieran sido devueltas las alas que como era preceptivo entregue a mi ingreso en la "Escuela de Aeróstatos del Káiser") con el garbo de un bull-terrier recién emasculado. Nada que destacar de los papeles, a no ser las pirulas semánticas con las que la perrada política pretende, a fin de que traguemos con la levedad del merengue su locura, vanidad e inmensa bobería, prostituir a nuestro hermoso lenguaje. Les disculpo empero, pues a saber que clase de mano les arrulló en la cuna para que tengan en tan poca estima el cabal significado de las palabras. Decía Comenio que el conocimiento cierto del lenguaje debía de basarse en estas premisas: a) La lectura comprensiva de la lengua materna en caracteres impresos y manuscritos. b) En escribir según las leyes de la gramática de la lengua materna, primero corrientemente, luego rápidamente y por fin con estilo propio. Y estilo propio es lo que sobra a nuestros electos, bárbaro y deletéreo y propio de molleras sin cocer, si, pero estilo al fin. ¿Enmendarse ellos?. No lo crean. Estos bocachocho autóctonos que sufrimos son seguidores a rajatabla de aquella máxima que dice: "La mierda, mientras más mierda, mejor mierda"
.

Recordome la profanación idiomática que a la vista tenia... a Martín, aquel zapatero de obra prima y azote de predicadores de Colmenar de Abajo que, según el imaginar del P. Isla, disparatando con truhanesca ignorancia sobre todo cuanto sermón le venia al oído, decía: ebanista por ebionista, marconista por marcionista, marrano por arriano, macabeo por maniqueo, y sucio enano por sociano.

Huele a algo que recuerda a los ajos y al pan recién horneado; huele, por resultar verídico, a pan caliente y a un arseniuro pasado por el carbón y debidamente lamido por una poderosa punta de fuego. Huele la tahona de la esquina; huelen las alcantarillas. Aromas de ciudad. A poco de finar la guardia nocturna, o eso doy en suponer tras consultar el reló con esfuerzo, la manceba de la botica riega unas plantas arbustivas que ha sacado a la calle. Por las pintas del follaje, gris plateado, se que se trata de artemisa u abrótano macho. Lo notable de su apariencia me hace caer en la cuenta de que en esta zona de la ciudad no hay verde, no hay árboles; los árboles conocen los secretos de los cuarenta y ocho vientos, pero como son discretos se les consiente. Otra cosa somos nosotros, los humanos. Sobre los humanos y los fármacos esta escrito por ahí:«Los pacientes por si mismos no pueden evitar la carga que ellos, con sus propias actitudes y comportamiento, han contribuido a crear con la moda devastadora y frecuente del innecesario uso de fármacos... Han apremiado al médico para que les recete, aun contra el mejor juicio de aquél... Se han convertido en compradores de recetas que van de un médico a otro, con el fin de lograr una medicación múltiple».

Licenciada Mª. Teresa Fariñas Baena, reza en una lustrosa placa, dorada, que se encuentra entre la puerta -de apertura automática- y un más que mediano escaparate. Además del apellido de la titular de la botica, de un celebrado "cancionero" y de alguna que otra mandanga que no viene a cuento, Baena es el nombre de una ciudad de la provincia de Córdoba, hecho difícil de olvidar cuando se tiene conocimiento de lo que allí, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, se llevaba como uso a la hora de tratar con los chicuelos olvidados por la fortuna. Lo cuenta José Jiménez Lozano en una nota de su imprescindible: "Los cementerios civiles y la heterodoxia española". Dice así: «En Baena había una fundación para niños abandonados, pero como los fondos para atenderles eran muy escasos, apenas se juntaban cuatro o seis niños, se providenciaba el trasponerlos, que así llaman entregarlos a un hombre inhumano que de noche, cuando no hay luna, los conduce en una bestia fuera del término de esta villa y los va dejando en donde le parece; a unos cuelga de los árboles, a otros deja en la encrucijada de los caminos y a otros en las entradas de algún pueblo o inmediación de algún caserío o cortijo, siempre cautelándose de que no le vean, y concluido se vuelve a cobrar... A unos se los comen los perros de ganados y cortijos; a otros, las zorras, cochinos, etc..., y los que escapan de esto es regular que mueran de hambre o de frío, y que sea muy rara la criatura que logre el que haya quien le recoja». Y pone el autor otros clavos cuando afirma que hechos como el narrado no tienen que pasar por exclusivos ni raros en aquella España impía y sin compasión ni "sentido de los otros" que hemos heredado.

En el escaparate, fulgente e impecable hasta la obsesión, productos de belleza femenina ordenados con matemática simplicidad, a más de un centón de leches maternales que todo mamoncete, forzado a ellas, debería de regurgitar furente como un géiser, pues no es de recibo que se le hurte la divina y nutricia teta en favor de un pienso de farmacia. ¡Legítima teta de señora para nuestros lactantes, cojones!. También un cartel que invita a participar en una campaña de donación de sangre y otro, mucho más grande y llamativo, en el que se anuncia un producto para el alivio de las otalgias infantiles. Lo típico y tópico, me digo: algún salicilato, un sulfato minimizado, Triamcinoloma acetonido, algún compuesto de Lidocaina, excipientes y a pasar por caja. Es la base gráfica del especifico publicitado una especie de "campana de Gauss", vivamente coloreada, sobre la que revolotea un niño en compañía de unas mariposas. Y esto, tranlari-tranlara, arma no se que resortes en mi mollera, les dispara, y, súbito, caigo en la cuenta de que a no muchas horas he de soltar una charleta sobre Paul Dirac. Ni llevo nada preparado... ni ganas que tengo de hacerlo. Improvisare, si; improvisare al modo en el que los cofrades de la cuba lo hacen con sus báquicos cantos: "La donna è mobile qual puma al vento...". Si, eso haré.

Tomen ahora aire. Una vieja difunta que no acaba de doblar para consternación de sus sobrinos sujeta al borde del colapso a un perro excesivo de pelaje mostaza e híspido que busca con frustrada obstinación los interesantes olores de los que la manguera municipal le ha privado. Tira el cabrón como un caballo y la anciana chancletea fatigada tras su terco indagar. Pero más que can, por grande y poderoso que sea, tira la estulticia de los bajo su patrocinio nacidos. Y este es el caso de la "probe" Bibiana Aído, ministra sin "ministerio" de cerebro romo como bolo, cursilinda e intelectualmente dotada como un adobe, hembra a la que aplaudir con un ladrillo en cada mano que, en lugar de asacar pijoterias a fin de seguir disfrutando del presupuesto, aconsejo se ponga a estudiar los rudimentos de la gramática de inmediato. ¿Qué no tomarán estos mata-idiomas para enloquecer más de lo que origen están, aunque lo estén asaz, y aun de sobra? En fin, dejemos a este consorcio de necios al que sufrimos con sus quiméricas tranlaradas y volvamos a nuestro modesto corral

Como no se si hubo días en los que Dirac tuviera periquito, perro, tortuga o gato al que rascar, acaso comience diciendo que tiene la criatura, sacada de pila como Paul Adrien Maurice, placa conmemorativa en la Abadía de Westminster; aunque va a ser que no, ahora que lo pienso, pues me se incapaz de sentarme a la abacial mesa sin glosar en cuaderna vía a "mi Señora" Doña Leonor de Castilla... No rulo en condiciones, oigan, y esto porque una filamentosa desidia intelectual me mantiene adormecido, en estado larvario. Y, si malo es que la mujer aventaje en prendas y fortuna a su marido, como dicen los clásicos, peor es tratar de manifestarse ecuánime cuando se carga con unas entendederas trituradas. ¡Porca miseria!... Va al suelo la bolsa que me arde en la mano. Un libro ("HIPPIE": Varios autores.- 30 X 26 cm., pastas duras y 384 págs. en papel de alto gramaje. Un mamotreto para leer con grúa, vamos) asoma la testuz y aun parte del titulo de un capítulo. Al completo dice: «Es más moral y más divertido llevarse la mano a la polla que el dedo al gatillo». La pizca de gozo que la sentencia me ha inoculado se va con un cartelón que a treinta pasos desluce a la puerta que cierra el vano de un arco flamígero, inmensa en contraste con las que se alinean en la misma calle, doble, de castaño del país y con nobleza probada. Se anuncian en él los servicios, tan fingidos como ignominiosos, de una de esas bocas de cloaca que postulándose como deposito de facultades “superanochiriferoliticoplasticofulgomegaextraterrenas” medran a lo canalla merced al dolor y a la ignorancia de los menos dotados. Porque la credulidad de la gente, grábenlo ustedes en piedra, es la sombra que corre pareja a la desesperación y a la letra escasa. Y conste que la responsabilidad de esta brutal patada a la buena fe de la gente ha de recaer inexorablemente sobre los incapaces para legislar con entendimiento claro, perspicuo; sobre la colonia de garrapatas endogamicas que, siempre para mal, nos gobierna: acanallada orden dedicada en exclusiva a perpetuarse, vivir del cuento y recaudar con ardor guerrero. Dos manguis como Rinconete y Cortadillo se saludaban así:

- ¿Es vuestra merced por ventura ladrón?
- Sí - respondió él - para servir a Dios y a las buenas gentes.

¡Ojalá nuestros consuetudinarios albardones sigan el ejemplo en un acto de generosidad con la verdad!

Otro modo practico para abrir el melón, me digo, consiste en citar a Stephen Hawking, quien sustenta la opinión de que es Dirac el mayor físico teórico británico desde Newton. Si, esto estaría bien, porque debidamente implementado con media docena de tosecillas claustrales, pausas valorativas, algún que otro carraspeo y no poco menear de papeles innecesarios, bien puedo alargar la cosa durante unos minutos. Diré luego que nace nuestro héroe en Bristol, en 1902, donde entre 1918 y 1921 estudia ingeniería eléctrica. Aquí puede que venga al pelo una gracieta sobre los ingenieros y sus expectativas laborales; ello por hacer mas cercano a Dirac, quien no encontrando curro remunerado y lejos de insistir o acudir a la sementera de climas mas cálidos, acepta dos años de colegiatura para estudiar matemáticas en la Universidad de Bristol. ¿Ilustrar a la sala sobre su programa académico? ¡No! ¡Ni de coña! ¡Vade retro...! Imprescindible huir como gato escaldado de la fatuidad teórica, porque al variopinto paisanaje al que me toca ganar tal método probablemente le aturda, a mas de producirle el síndrome de “párpado de haltera” y fuerte comezón en los huevos. Aunque en el hilar del discurso, lo sé, acaso tenga que referir la famosa pelotera surgida, principalmente, entre Bohr y Heisenberg por un lado y Einstein por otro, a propósito del "indeterminismo" o "Principio de Indeterminación de Heisenberg". En fin, lo que sea sonara... Son siete u ocho, hanseáticos, cicloturistas y sordomudos. Van a Compostela, Thule de piedra numinosa en la que toda criatura de bien debería de tomar solaz al menos una vez en la vida, a darse los reglamentarios coscorrones contra Sent Jamez, el santo lítico por excelencia. Lastima de nuestra incapacidad para entendernos, pues en otro caso les hubiera narrado, por lo menudo y menos con intención didáctica que por darme un respiro, historias apócrifas de peregrinos de universal reputación con cuna en alguna de su ciudades confederadas, que eso era la Liga Hanseática, una asociación de ciudades comerciales que floreció en el N. de Europa entre los siglos XII y XVI. Tal es el caso de Don Gaudioponte "Rejotiznado", dicho así por tener el nervio del regocijo como berbiquí y con suave plumón negro; esto, según habladurías de mercado, por su metafísica manía (¿?) de estopar ánsares; que él, sobrado de orgullo y muy leído no quería ser menos, y a la viceversa, que el plumado progenitor de don Pólux y de doña Helena. Contome por lo onírico mi difunto amigo Nicolás G* C* que no peregrinaba el energúmeno por disgusto con las peculiaridades de su miembro, que bien le servia para saltar incansable de cama en cama, sino por haber varón después de la docena de hembras engendradas… O acaso les hubiese contado, en primer lugar, el molimiento a palos sufrido por el diañe Tarantán, cagatintas infernal que por hacer escarnio de los jacobitas de fe probada peregrinaba en la figura de un maestro de letras griegas dicho Herr Arnulfo. Los hechos tuvieron lugar en Sahagún, durante el transcurso de una tertulia de las que se solían en la tienda del maestro Conradus. Colócala Felipe Torroba Bernaldo de Quirós en "RETABLO ESTELAR del APÓSTOL” sita en “un arco del hospital, cabe la fuente”. Este Conradus Tudesco, añade, “era músico y sabia historias y sucesos de la Tabla Redonda y de Don Tristán y era muy solazador”. Vendía flautas y tambores y tenía de muestra dos arpas, que tocaba para alegrar a los peregrinos. Su mujer, añade, también era diestra en música “y había cantado para el rey de Navarra en su castillo de Olite”… Cuenta también entre mis historias preferidas la de Jobst Pessler, maestro de cocina en la casa del “dapifer” del emperador que a las langostas titulaba "cardenales del mar" y se decía de la sangre de Herithor, perolero principal en la corte de Putifar el egipciaco y creador del huevo frito en manteca de dromedario. Este peregrinaba por cuenta de un consorcio de navieros que, la vista puesta en una peregrinación grupal, deseaba tener noticia fidedigna de los más felices albergues del camino; llevaba escolta armada y una recua de mulos en los que cargaba preciosas especias, ricos presentes para la iglesia de Sancti Jacobi y los trebejos indispensable de su oficio. Paraba en cortes, casas principales, cabildos, arciprestazgos y abadías de relumbrón por dar lecciones de cocina, que llevaba en cartera el salazón y ahumado del pescado y el punto del escabechado escandinavo. De su mano y en su compaña degustó Don Gaiferos en el "Piojo Verde", reputadisimo mesón maragato en el que se bordaba el bacalati al ajo arriero, unos filetes de trucha macerados en salsa de eneldo y cubiertos con un excelente guiso de lentejas saladas. Concluido el café con gotas que nos sirvieron tuvo a bien estampar su firma florida en mi yelmo emplumado… Para postre de estas convergentes historias, tan improbables y atemporales como ciertas hubiera elegido, sin duda, la de la de donna Guda, más conocida en Occidente (En Catay, Bizancio, Gaula y la Arabia Feliz aunque de sobra conocida lleva distinta nomenclatura) como la "Doncella Menguante de Wismar": flor de lirio que partió para Jacobusland en su ser y tamaño y se asomó al "Campus Stellae" como de cuatro cuartas, hablando una lengua extraña, a mujeriegas montada sobre un zorro de nombre Pacomio que amansara para ella el frailuco de Asís. Cuentase que dio el "Poverello" con su tristeza a orillas del Ega, luego de haber amonestado -en latín litúrgico, tiendo a pensar- al capitán de una manada de lobos que estaba causando grandes daños en los rebaños de los frateres de Irache. Dice Escoto Magius, creo yo que siguiendo a Percivallius, que mudó la doncella a su natural ser y entender una vez se hubo adentrado en el bosquecillo de laurel romano que daba aromosa bienvenida a quienes llegaban a la ciudad por la vía de "Puerta Francigena". Se tiene noticia de que Pacomio acabo sus muchos y felices dias en casa de la discreta Meltchild, viuda de un honrado cambista procedente de la fría y brumosa Skenninge.

- Oiga..., ¿como es que la damisela menguó así... por las buenas y contra natura?

- Eso es suceso que merece ser contado en otra ocasión y al detalle, don Sivardo, pero como me pilla usted con tiempo y humor le haré un adelanto. Veamos... Ponga usted que partió la muchacha con un grupo de burgueses de su ciudad, y que llegando a Aix-les Bains, la city de los baños salutíferos, como su nombre viene a indicar, alójose en casa de un pariente por parte de madre, pintor de oficio él y dado a las artes arcanas por añadidura. Cuente conque la curiosidad lleva a la moza al gabinete de prestigios del mago, e imagine ahora su mayúscula sorpresa, un tocar asombrado de esto y aquello, un fisgar tan meticuloso como precavido... Y entonces, en el claroscuro de la abarrotada estancia y en la novedad del trajín, un ruido sorpresivo que asusta... Sigue a tal un violento sofaldeo, una redoma que cae y quiebra. Y, al instante mismo, envolviéndola, un aroma como de humus arbóreo, vestido con colores de fantasmagoría y acompañado por voces innumerables de reinos secretos. He ahí la piedra imán de su desafortunada mudanza.

- Ya caigo. ¡Había en la redoma diablo pasteurizado!.

- No señor, nada de danteanos diablos menores tiznados de hollines infernosos. Era la frasca primoroso contenedor de esencias de la isla Egina, país de los mirmidones, criaturas que siendo hormigas pasaron a ser hombres. Como dice Estrabón, por su imitación y diligencia y celo hacia los trabajos agrícolas. Hija de un mirmidon con taberna en la Cuesta de las Aceitunas fue la dama Clítoris, tan hermosa que Júpiter se prendó de ella, y tan pequeña que para mejor gozarla hubo -el viejo verraco- de metamorfosearse en hormiga. Lo cual, bien mirado, no deja de encerrar cierta paradoja poética.

Abreviando: Se cita a la dama Guda -diré a los picados por la curiosidad- en un poema que en los fuegos de campamento recitaba un pirotécnico del valle de Sálnes que sale en un cuento que en mi imaginación escribiera Lisardo Ayras de Cela. Era aquel, dicho Caíño, de natural risueño, bebedor cabal, entrado en carnes y rubiales, pestorejudo, recitador y amigo de los parlamentos floridos y largos. Durante la guerra de Mantua asesoró a Ambrosio de Spinola sobre la efectividad del tiro artillero por curvas cicloidales. ¡Reputos hannoverianos!, cuenta Ayras que era su grito de guerra.

Entonces uno de los de la partida, acaso el de temperamento más audaz, se dirige hacia este deposante como al desgaire, patituerto en el andar, el pecho tenso y la larga barba de color castaño como queriendo beber el viento. Casi al instante una mujer sigue exacta sus pasos: recias botas, recias piernas, conjugada esqueletura. Aun con las taras con las que la edad al humano carga, pues doy en suponer a la dueña entrada en la cincuentena, luce lozana y garbosa, acaso, pienso en bobo arrebato, por haber sido destetada con la dieta para el caso -majao de nabos y leche de yegua- propia del país de Lubeck. Báltica la veo, ya digo. La cara la gasta redonda; el cutis trufado de nítidas pecas, curtido por los climas divergentes del Camino; unas gruesas trenzas sacroimperiales que alardean vivaces sobre sus notables pechos enmarcan con perfección, insisto, un rostro de risueña lozanía... Un amigo que me sorprende en la taberna emborronando servilletas con esta parvada... Aquí, interregno al canto, pues debo hacer notar que me cuido muy mucho de que los íntimos tengan conocimiento del tiempo que gasto en las presentes sinsorgadas... Pero a lo que iba: Dice mi inoportuno compañero de cuadrilla, erudito en las rarezas de la historia de la imprenta, que entre pitos y flautas he pintado -con palabras- a la señora Atalanta, viuda de un excautivo del turco, bombero de Viena que muriera cabeza abajo, ahogado en un bocoy de schnaps, la cual tuvo por su agudeza mucho predicamento en la disparatada y cacofónica corte praguense de don Rodolfo el segundo: atormentado, infeliz, piedrafilosofista descarriado, maniático calcinador . Y añade el cepedano:

- Doy fe de lo dicho por un aguafuerte de don Mathaeus Merian en el que sale la dama que pintaste, dando lección por el arte de la gesticulación al señor Michel Maier, médico de cabecera del imperante.

- Tengo oído que el hueleorines era de la cuerda paracelsiana.

- Ni puta idea, tu... Puede.

- Al hilo de la pijada esa de la hermenéutica de los signos. ¿Se sabe que discurso es el que endilga la Frau al matasanos?

- En esto hay no poca controversia. Por el pulgar de una mano extendida que la señora se ha llevado a la nariz, y, una como higa que marca con la otra mano, los más de los estudiosos opinan que, probablemente, de luz doña Atalanta a un capitulo peliagudo del Hieroglyphica de micer Horapolo. Un conocido nuestro cuyo nombre por discreción omito, tiene enviada copia de la estampa al Gabinete de Señas Secretas del Vaticano. Confía el matraco en que los graves prelados que desde siglos están en el señil cotarro, pronto le...

- Punto en boca, oye. Demasiado trabajo para concluir que se trata de una pareja de beodos intercambiando signos obscenos.

Llegado hasta mi el romero de la barba caramelizada, echa mano de un artilugio que le cuelga de la cintura y me muestra, amarillo sobre azul, la dirección de un hostal que se cercano. La mujer de la estampa, que en envergadura le gana, observa vivaz por encima de su hombro. Me alivio entonces de la bibliobolsa que me lacera y cansa, la dejo junto a un canalón que deja escurrir un hilillo verdoso del que liban, pienso sin apenas reflexionar, seguramente las ultimas avispas de la veranada; deja la bolsa transparentar “El todo y la parte” de Heisenberg. Tiro entonces de bolígrafo, alzo una manga a la hanseática dama y, con la punta de la lengua al aire de la mañana, dibujo sobre su antebrazo un plano exactísimo. Escucho sonidos guturales y veo volar muchas manos. A la solana, desde la puerta del bar "Los Holgazanes", Pim, un dálmata con el que tengo amistad y trato, alza un párpado y contempla avisado las mariposas que aquella multiplicidad de dedos deja en el aire, luego vuelve a sestear, la cabeza sobre las delanteras patas. Pero Pim es sordo -tara congénita entre los señores canas de su raza- y probablemente sepa mejor que nadie de aquellos efímeros arabescos que se esfuman instantáneos en el aire. Pim es aristotélico y cuando paseamos suele sacarme a colación aquello de que la palabra humana es imitación y de que la voz humana es un órgano formado para la imitación. Desde que una vez me dijo que los ríos se beben unos a otros y a todos se les bebe el mar, servidor tiene a Pim por buen consejero. Ni que decir que junto a Herr Monty, mi gato, Pim tiene plato y asiento asegurado en casa. Poco le veo en los dias, que prefiere correr hoteles asesorando a los señores nipones... ¡Joder con el correr de la imaginación! Ustedes perdonen. Pues si, los señores pedalistas sordomudos me hicieron fotos. Les hice fotos. Hay manías...

De Dirac también tengo fotos, pero ello lo dejo para otro día. Para ya, casi, porque servidor esta a punto de dar golletazo a sus preceptivos cuatro meses de vacaciones, que es entonces cuando escribe... os escribe. Si, trabajo ocho meses y cuatro vagumundeo. ¿Pasa algo?


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sábado, 24 de mayo de 2008

Pensando a Dirac desde el "Barrio de los Oficios" (II)

Llegué leguas caminadas
por dar descanso a mis plantas
al lugar de menos santas
y de más canonizadas.

Versos del conde de Villamediana a propósito del ardor venéreo con el que las mujeres de Sigüenza acometían a los canónigos del lugar. Hijo de uno de estos, sochantre de la catedral, fue el jerónimo P. Sigüenza, a mi entender el más depurado estilista de la lengua española.


Pimentón. He de comprar pimentón para sacramentar a un congrio con patatas como Dios manda. Somos en casa en esto de los fogones manieristas y pródigos, poco o nada liberales, dados sin excepción a la veracidad de las recetas probadas. He de mercar, ya digo, medio kilo -a granel- de ese noble carburante rojo al que aquí decimos de "Aldeanueva". Es el congrio o Conger conger de Linneo una especie de anguila de mar inútil como animal de compañía. A Herr Monty le gusta un pedazo de congrio desespinado tanto como a mi... O más, vayan ustedes a saber que método gastan los señores gatos para evaluar los sabores. Es el teleósteo cabrón del suborden de los fisóstomos, con el cuerpo gris obscuro, casi cilíndrico y alargado, las aletas dorsal y anal las lleva festoneadas de negro; no tiene escamas y carece de aletas pélvicas. En los libros de cuentas incluidos en los registros de Tesorería del Real Patrimonio del Archivo de la Corona de Aragón, probado está que el congrio era habitual en la mesa de Alfonso V y doña María de Luna, representando su consumo -acaso- un signo del estatus y refinamiento de su cocina. En «La alimentación de la monarquía catalano-aragonesa...», dice al respecto Icíar Alonso Díaz de Alda: «Podemos establecer un peso “estandard”, situado entre 6 y 8 dineros la libra de pescado. Otros alcanzan hasta 14 dineros por libra, como el atún o incluso los 2 sólidos que paga Alfonso V por el congrio».



Pero el príncipe entre los congrios, "conger pot-pourri bretonante", según aquellas cartas de hermosa letra gótica que imprimiera Stephan Planck en Roma, era aquel que los días prescritos en el calendario litúrgico como de pescado, servíase en "La Ventana de Espuma", mesón armóricano a mano de nubes alzado en un peñascal sobre el que rompía bravía la mar océana. Carne blanquisima, gloriosa y firme como teta de novicia la de aquel singular pez. Natural, puesto que documentado está que los señores miembros del sindico de mesoneros de la bahia, encargaban hundir barcos, entre los roquedales, para que sirvieran al pez de criadero. Recomendome figón y plato, que allí se ilustra con finas-hierbas, guisantes de olor, patatas lucenses y huevos de avecillas canoras, doña Iseo, viniendo con don Tristán a baños a esta ciudad.

- ¡Tate! ¿Es esta señora Iseo aquella monjita exclaustrada que cogía puntos de medias en la plaza de la Árnica, frente al cepo del corregimiento...?

- No señora... Espante a esos moscones que lleva el crío en los mocos y ponga oídos al cuento.

- No tenga cuidado..., los bichos con alas le entretienen. Más si son d'estos, de colores.

Y aquí relate a doña Teódula, sin demasiadas señales, parte de lo que con ocasión de la egregia visita, párvulo en letras, escribí como recordatorio en su día. Dije así:

- Y fue que con San Martín a puertas vino a baños monsieur Tristán..., con doña Iseo. Él, hijo de rey; legitima esposa de su tío ella. Harto de andar a baños el señor príncipe llegó, pues corría la voz de que los tenia probados todos, hasta los hediondos aquellos tan salutiferos de Bourbón-l'Archambault, en los que curó el tío Calandria de aquel paquete que le dejara de balde la signora Bubba Rasini, cuando se estrenó acá, en el Orfeón Viejo y por carnestolendas, "La picara y Sir Gallahad". Pretendía su señoría remedio para las secuelas de una cadrilada que llevó durante aquel singular combate en el que acochinó al señor Urgán Velludo . Viajaba en litera, sumergido hasta la cintura en un barreño con agua tibia -salada- y esencia de romero. Su caballo, Passebrevil, iba detrás, de la mano de uno de librea imponente de aspecto, conciso de gestos, mongol de nación. Marchaba el noble bruto, digo, enjaezado como para tamborrada, con la rica gualdrapa de respeto preceptiva en Cornualles para embajadas.

- ¿Llevaba la Señora corte de juglares y damas?

- No señora. Venia en un palanquín descubierto, grande la encintada pamela criolla... por preservar su cutis de lirio del sol del membrillo. Y a un gesto de su mano en hilo encajada, una enana que a su vera cabalgaba un poni, asperjabala con agua perfumada.

- ¿Hubo zambra? ¿Se celebró la llegada?

- Así se lo ordenó su serenisima, pariente por la rama de don Olinos "Timonel" del infante viajero, a los asustadizos desgarramantas del Concejo y Cabildo. Llamose entonces a fray Homero Beckford, maestro de arcos triunfales de la casa reinante, quien llegó desde Aquisgrán con cumplida cuadrilla de alegres legos haldeadores y dos lebreles zamoranos, pues no se privaba su parernidad de correr a la esquiva liebre si la ocasión pintaba : Inter aves turdus, si quid, me judice, certet; inter quadrupedes, gloria prima lepus, que decía mi pariente Marcial. Y en un visto y no visto levantaron a esta mano del río, sobre el puente de los Siete Ojos Puntiagudos, un arco como no ha sido visto otro... por lo hermoso y galano. Llevaba enramadas, emblemas, cartelones salutatorios y hasta, pásmese usted, cuatro autómatas a resorte -vestidos a la moda parisién - que tarareaban, bien conjuntados y afinada su voz de caña, melodías de moda: O Sole Mío, Jeu de Robin et de Marion, Suspiros de España, Madelon, Der Templer und die Jüdin, La Cucaracha, Lili Marleen, Cambalache...

- Alguna se la tengo oída al ciego Olmos, el que tañe en la Plaza de la Lana.

- No interrumpa que se me va el oremus, y con él la cordura de la lengua... ¿Qué iba a decir? Si, claro... Lo que distinguía a este arco de todos los con anterioridad construidos era un huevo de barro horneado, forrado con una de esas telas a las que dicen de Jouy, sobre la que se representaban, con fina labor de aguja, minutisimas e imponentes escenas guerreras. Mulligan, Alférez de Bandera de los Cabalgadores de la Frontera, dijo que por ciertos motivos repetidos que se daban, entendía se trataba de una alegoría de la muerte, con las armas en la mano, de L. Catilina: «Nobili genere natus, fuit magna vi et animi et corporis, sed ingenio malo pravoque. Huic ab adolescentia bella intestina, caedes, rapinae, discordia civilis, grata fuere. Ibique juventutem suam exercuit»... Colgaba la figulina maravilla aovada de la ojiva aflamencada que hacia las veces de pináculo del arco; hueca y del tamaño de una canasta forrajera, abría y cerrabase a voluntad mediante un juego de bisagras colocadas poco mas arriba de la mitad de su altura. Dentro iría Serenin el Despernao, con sombrero de Poitou, anteojos ahumados y levita burdeos con orlas doradas y bocamangas galoneadas; llevaría una bocina en una mano y una carraca de Gascuña en la otra; esta la agitaría contundente y marcial inmediatamente despues de simular romper el cascaron y salir del huevo, cuando a toque de pífano y timbal se le advirtiera de que las señorías estaban ya al oído; aquella la utilizaría para clamar, alto y claro: ¡Viva Tristán el Insigne! ¡Viva Iseo la Bella! ¡Viva él, viva ella! ¡Salud, Flor de Leonis! ¡Salud, Garza Rubiales!.

- Muy de entretener es esto que vuestra merced predica; figurese que me trae a las mientes... a esos "pasos" que por fiestas traen en cartel los cómicos. Servidora por el que mas gusto tiene es por el del "Caballo de Troya y doña Helena"... Pero gustaría me diera mayor razón sobre los figurantes que salen, y de como fue que la dama Iseo le soplara al oído el fundamento de sus golosinas de puchero.

- Otro día, acaso, siga el cuento. Ahora están al caer las diez y he de ir a tomar mi lección de danza.

- ¿Baila usted el paspiés, don Gaiferos?

- Ni el passe pied ni nada, señora mía. Me preparo para saber componer la figura con garbo y salir airoso en un cuadro que el señor Toulouse-Latrec está pintando. Venga, tome estos sueldos jaqueses, lléguese al mercero de la Escalerilla y pida le sirva, para el mocoso, unos pañolones como los que los predicadores gerundianos llevan en la manga. ¡Con Dios, señora!.

Ya lo ven ustedes, una pizca de pimentón en la punta de la lengua y heme aquí dando traspiés con el bolo colgando, enfangado en ejercicios dialécticos de carácter arcaizante que únicamente prueban mi relativa habilidad para huir de la pereza intelectual sin apenas esfuerzo. Que le vamos a hacer, de momento y dadas las circunstancias es lo que hay. Sumo y sigo...

Hagan ustedes cuenta, si gustan, de que me encuentro dando traspiés por lo constituye el cogollo de la bimilenaria ciudad, en algún lugar temporal y espacialmente dislocado de lo que he dado en llamar, no sin razones de peso, "Barrio de los Oficios". Acabo de echar una meada, lenitiva e inabarcable, en el lugar que para tal menester esconde el tabuco de un hospitalario zapatero; cargo con una bolsa de libros que por lo pesada cansa y lastima, y, como camino herido por fuego en la planta del pie, más que andar anadeo. En vez de aplicarme una pomada de inenarrables propiedades, quizá hubiera de haber hecho uso del consejo que en el "cuaderno de tapas de abedul de mi bisabuela" viene para el caso: «Linimento óleo calcáreo, o sea una mezcla en partes iguales de aceite de almendras dulces y agua de cal». Una nota datada en febrero de1955 añade: «Para las quemaduras superficiales, aplicar compresas mojadas en vinagre o en una solución de bicarbonato sódico o sal común. Cualquier grasa protectora, como vaselina o pomada de (ilegible), es útil; pero es mejor no utilizar pomadas si se piensa poner la quemadura bajo observación médica».

Brotó de un día para otro -como hongo maligno- en medio de la calle; es del color de la hierba mojada y remata en una cúpula en forma de cebolla, dorado; el cerramiento es negro, plegable y con remates plateados... No es la primera vez que cargo contra la falta de gusto que abunda a la hora de plantar eso que los modernos vienen a llamar mobiliario urbano, ni según marchan los gustos será la ultima. Y sin acritud sostengo que esta nueva pieza que se nos ha dado es tan procedente como un canguro cornudo en un belén, aunque al fin y a la postre no este en mi animo volcar en ella una critica severa, puesto que la fisonomía entera del "habitáculo" complace, a lo grande, a una de mis innumerables juventudes doradas, picaras, de media letra, blogocosicas, sin otros cuidados que un techo sobre la cabeza y la panza llena. Me conduce, digo, a aquellos despreocupados años que pase, chifla que te chifla y vuelve a chiflar, en el Imperio Romano de Oriente, catando vías, veredas y caminos con mi rueda de afilar. Me recuerda la blasfemia urbanística municipal, digo, a la jaula desde la que don Jericho Zerolo de Montova, castrato y maricón, cantaba en los jardines del castillo de Hereia para la corte bizantina: "El purpurado con lirios tocado", su vulpina esposa, nobilissimi, fiorentissimi, clarissimi, eminentissmi, obispos y ermitaños, príncipes de la retórica, cónsules de la filosofía, abogados, notarios, médicos, jefes de hospitales, directores de orfanatos, lenones y yo, servidor que vaciaba sus navajas de acero toledano y mango florentino y que por "imponderables" de los tiempos ha de dejar, hasta mejor ocasión, esta narración.

LO SIENTO

CONTINUARA.


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martes, 15 de abril de 2008

Pensando a Dirac desde el "Barrio de los Oficios" (I)

 
 
De Ávila llega un pelaire,
de Burgos un cerrajero,
de Palencia un alguacil
ha traído su consenso.
A Salamanca se escucha
por la voz de un pellejero,
por Medina un tundidor
y por León un herrero.
 
 

Una ligera presión y cesa el rugir orgánico de la radio, donde un hablantín de alborada, oriniento como llave en el fondo del mar, ¡matarile!, venia opinando que no le faltaba a don Camilo su cuota de razón cuando dejó escrito: “Don Ibrahin de Ostolaza y Bofarull II le dijo a don Silverio el Ecónomo IV: La Compañía de Jesús, el Partido Nacionalista Vasco y la ETA, son una y la misma cosa en diferente grado de maduración”. Salgo a la calle con una mano ocupada en una bolsa de libros que pesa como rueda de carro; con la otra me sirvo nicotina: C10 H14 N2 o (S)-3-(1-metilpirrolidin-2-il) piridina, como jamás pronunciamos los del oficio pero coloco aquí por puro culto al feísmo. Puesto que pertenezco a la obstinada y casi extinta grey de los “cal-cantanos”, a trechos silbo o canto, y , en tanto el sol se hace explícito sobre los viejos depósitos del ferrocarril, mi anima rural añora el canto del gallo: gallo que no canta... Sigo adelante, elucubrando, haciendo cuenta de las diferencias que hay entre pensar, imaginar y fantasear. El camino de lodo al que en la ciudad llaman río parece resuelto a mostrar su verdadera naturaleza acuosa. Acuosa y asquerosa.  

 

- Las monjas tienen poderes, tía... - dice la más mona de las tres adolescentes con las que me cruzo; el resto de la sentencia se me escapa y en la memoria del viento queda.

 

Sufro una quemadura en la planta de un pie (nadie en su sano juicio acertaría a adivinar como me la hice) y camino con la parsimonia lucida de un boyero que acarrease nitroglicerina. Ingreso en el Barrio Viejo, llamado ahora con eufonía municipal Casco Antiguo, donde la naturaleza del firme de la calzada me obliga a caminar como si llevase una estela funeraria pendiente de los colgones. Las calles se estrechan, y por entre el tajo de sus tejados observo como las nubes mudan de nariz y de orejas y de boca... de peinado.

- Y primi fili Adami et Evae fuerunt Cainus et Abel; quorum hic pastor, ille fuit agricola. Uterque obtulit dona Domino, sed dumtaxat dona Abelis, quae á recto espiritu procederent, placuerunt Deo: quidod quidem Cainus moleste tulit, atque ita invidia correptus, fratrem interemit. Tum Deus maledixit Caino, qui veniam desperants, fugit...

- ¿Como dice usted?

- Digo que el viento es el cirujano plástico de las nubes. 

- Pues va a ser que si, oiga.

 

Mediada la Cuesta del Convento me adelanta un tipo de aspecto ruin que cojea con muy mala traza. Debe de estar mochales el cabrón, puesto que durante el acto de dejarme atrás saca la lengua como can y da en pasar por ella, compulsivo, el pulpejo de uno de los pulgares, acaso soñando despierto en pasar las páginas de una Biblia a la viceversa. Al tiempo que esto ocurre alzo la voz y canto: “Los cojos para bailar llevan la fama / pero para trabajar tienen la patita mala” . Y no es que tenga yo cosa alguna contra los cojos, oigan: ahí esta, por ejemplo, micer Hefesto, zoppo y feo hasta rabiar con quien por lo común hago buenas migas. Claro que, cuando donna Afrodita, la de los muslos flojos y querencia por el pampanaje de cualquier mastuerzo por natura bien dotado, pone al maestro herrero  en suerte de varas, seca este como primera provisión la bodega de don Zeus (por eso y no por otra cosa opositó a olímpico copero), y perdidos bonete, tenazas y martillo trasmutase en un perrezno insoportable... ¡Cuesta superada!. Giro a la izquierda, enfilo la plaza y a la altura de la Cal de Putas doy con ocho o diez miembros de la compañía de escobas del Corregimiento; son hembras la mayoría, y todos y cada uno porta un bocadillo capaz de dejar con bascas de hartazgo a mi señor Pantagruel y compaña.

 

Calles angostas las que pateo. Ruas de lacónico tiro en las que el aliento tóxico de de los furgones de reparto agrede a los sentidos. En la túnica compleja de ese aire enrarecido, estampado queda el concierto de las horas que pronuncian unísonos los campaniles. Qué se yo porque desacuerdo me vienen unos palabras de Stendhal a la punta de la lengua: “Voici des détails exacts”. Callejeo dolido, congestionado y tieso como "Cipote de Archidona"; pesa la letra de la bolsa que acarreo y a cada sorpresa la mudo de mano. ¿Quedaran extraviadas palabras por el camino?. Un chino tira de un carro del que rebosan comestibles cuya fetidez disimula el plástico con el que van amortajados; tiene la jeta de batracio y los andares de un mulo de artillería; hace un alto, ceba el cañón con un mugido de res carnicera y dispara un lapo que, en cuanto a color y tamaño, recuerda mucho a una tortilla de espinacas podrida. Retoca luego la obra con la punta de pie y continua su venenosa y sínica marcha. Todo con una espontaneidad que no necesita de estimulo alguno. Y ahora, el animo regenerado tras la avalancha, dudas: ¿Hacer presa en su cuello hasta que cruja como rama seca? ¿Reprenderle ásperamente? ¿Vitorearle por el prodigio a mis ojos ofrecido?. No acierto a decidir conque eslabón quedarme, así que, con cierta simpatía y cerrando los ojos ante la prueba de cargo, opto por silbar un fragmento de “El Huésped del Sevillano”.

- Es usted bobo, don Gaiferos. ¡Mira que dejar sin su correspondiente zurrapelo a un chino que empuerca la ciudad...!

- No se moleste usted, don Pepemeremenegildo, pero servidor tira más por lo simbólico.

- ¿Como?

- Que el símbolo es -sub ratione psychologica- vehículo transparente de la imagen.

- ¡Hostia, tu...! 

 

Rugen cerrojos y puertas y trapas; rugen las tripas "añudadas" de quienes sin catar bocado van al tajo. Se afanan los tenderos madrugadores. Va la cigüeña parroquial del nido a la charca. Pasa con la rigidez somnolienta de boa ahíta la "manga-riega-que-aquí-no-llega". Se saludan con sintaxis coloquial los avenidos a la hora.

- ¿Como dices...?

- Digo que los que van y vienen a la misma hora se saludan, por costumbre, y aun si conocerse de otra cosa, mediante actos ilocucionarios declarativos... ¡Buenos días!. ¡Vaya bien!. ¡Que te jodan!. ¡Hasta mañana!...

- ¡Ah!. ¿Y eso sabiaslo tu ya, o enseñarontelo en la fabrica?

- Verá, don Teófilo, esto lo llevo en la mollera desde que don "Nicaso", el profe del Instituto que se suicido comiéndose una mala gramática comentara que, como el habla tiende al pragmatismo, debería  de explicarse por su causa y efecto, por sus resultados interpretativos inmediatos. Le diré más:  para el difunto y para un extranjero al que seguía, en el habla existen actos asertivos, comisivos, directivos, expresivos y declarativos...

- ¡Cojonantuan! ¿Pero... tu no andas, como da pregón tu madre, en eso de preñar a las mujeres que con picha no cargan?

- No señor, eso son infundios; servidor anda itinerante con una máquina de la verdad, paranoica y estresada. Saco empleados desleales, cónyuges cornupetas, funcionarios corruptos, falsas preñadas, jueces prevaricadores, obispos disolutos, violadores de arrepentimiento falsio, sanadores de pega, exiliados de pasar por caja, tullidos fingidos..., cosas de esas. Engaños.

- ¿Has enchufao a algún concejal de los d'aquí?

- No señor, los hideputas antes que dejarse tiran de cabritera.

- Naturranga...

 

Y sigo la trama vetusta de las calles, de acá para allá, a saltos beodos de caballo de ajedrez. Cargo con la vejiga llena y no puedo menos que envidiar a un chucho sin amo que mea indolente sobre un pilar de los soportales de lo que fueron casas del Cabildo. Ya no se ven perros vagamundos. Una pena la ausencia de su cervantina figura. ¿Progreso?. No lo creo. Me gustan los perros solitarios y emancipados, cata hombres, vivales; los perros de andar al albur que, en cuanto a orgullo, achican hasta la nada a sus congéneres falderos. De joven, uf... cuanto hace, les protegía a pedradas de los laceros. Cerbero me lo pague.

Me complace que las calles estén rotuladas con nombres de oficios viejos, de gremios, de artes. Nombres de afán y labor, identitarios; nombres que acaso den significado a un pueblo interesado en saber como fue un día. Su sonoridad, a la vez melancólica y honrosa, siempre es ocasión, para mi, de nuevas indagaciones conducentes a garbear por la historia a mi manera. Como es de ley.

Y, al humo de esta sobrevenida hoguera, decir que hay un texto, en catalán, capaz de embrujarme toda vez que a viva voz le leo. Expurgado por imperativos de tiempo que no vienen al caso, viene a decir así:

«... En quant a oficis de arts mecanicas, son los més de sabaters, sastres y fusters; hi ha agunas botigas de rellotgers, que cada dia se van extenent, perqué casi los més portan rellortge en la faltriquera; quinquillayres, cofieras, modistas; sense las de molts perruquers y chocolaters, que se van aumentant de dia en dia. Altres butigas de llibreters, los mes en lo carrer de la Llibretería; de argenters, fora alguns en diferents carrers, tots en lo carrer de la Argentaria o de la Plateria. Altras butigas de robas en est carrer de la Argenteria, Barris de Santa María del Born y carrer de Montcada; en lo carrer Ample las més de las butigas son de brodadors, pasamaners, quinquillayres, y altres de est genero en molts carrers y plasas de la Ciutat. Los calderers estan en lo carrer de son nom, vehí de la Boria; los blanquers y assahonadors prop del rech de la Esplanada; los courers, llautoners y estañers en la Boria; los guerrers, en lo carrer del Tallés los més; los escudellers, en los dos carrers de son nom; los daguers, en lo carrer de la Daguería, propr de Sant Just; los manyans, en lo carrer dit del Regumí y en los altres puestos de la Ciutat, los primers prop de la Capella de Sant Christofol y plasa de Correu. Los ferrers de tall, a la entrada del carrer del Hospital, cantonada a la Rambla y frente de la Bocaría. Los manascals y carreters en la Rambla y prop de Sant Agustí vell, ab tot aquell carrer del Portal Nou, etcétera. De arts lliberals, a saber: pintors, estudis de llegir y escriurer, apotecaris, metges, cirurgians y barbers; advocats, notaris y procurador; escribents notaris ab los del ram de Contaduria: marchsns, corredors de orella, fadrins de negoci, etc., ni ha de tots prou grosa porció en la Ciutat, com també butigas de adroguers.»

[...] 

Excursions d'En Rafel d'Amat Cortada i Senjust per Catalunya i Roselló en l'últim quart del segle XVIII.

 

CONTINUARA.


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lunes, 29 de octubre de 2007

Del vudú ibérico, filtros de amor, descomulgadores y otras mandangas mágicas.

He despertado en una soledad inusual, absorbente y grata: la casa entera solo para Herr Monty y para mi. En tanto preparo café mi felino compañero, miagador y con el rabo en sagitario, trenza dúctiles ochos entre mis piernas desnudas. Es su modo de dar a entender que por protocolo él debe de llenar la andorga primero. Me se de voluntad mas floja y lo acepto. Por dar al desayuno un tono euforizante pongo en el viejo tocata “Gigantes y Cabezudos”, una zarzuela en tres actos con música de Manuel Fernández Caballero y libreto de Miguel Echegaray, hermano del olvidado Premio Nobel José Echegaray.

En esto se va la ‘luz’ y como es natural cesa la música. Tras la vacilación impuesta por la sorpresa doy en preguntarme si será un castigo, una goyeria de la secreta del gobierno; pienso, fíjense ustedes, que acaso escuchar zarzuela ronde el delito en estos tiempos de pazguatería y fingido candor que han echado cabezuelas borriqueras con el zapaterozerolismo. Proviene la ocurrencia de la naturaleza del texto y de los personajes (de hierro y no de organdí) de la pieza que con regocijo escuchaba, que no hay entre ellos tiranobanderolistas liberticidas, algoreleanos con fervorin de sacristía, sarracenos farrucos, florislindos, travestones, crédulos de los de comer moscones a cucharadas, lloramingas con afrentas supuestas en busca de beneficios, censalistas ni engendros de cuota y calla.

Luego se armo un diabólico "tole tole" en el patio. Un confuso guirigay orquestado por ventanas que se abren, toldos que se alzan mediante manubrios quejumbrosos y exasperantes, persianas que se acomodan con inaudita prisa y, por encima de todo ello, los bocinazos que con cierta dosis de patanería las vecinas se daban unas a otras. No llevaban las pirujas ni dos minutos sin luz y ya alborotaban como si los caballos del Apocalipsis corrieran desbocados por el barrio. Mas templado, puesto que la falta de corriente eléctrica me importa una higa, continué sin demora con el programa del día. Figuraba en este la tarea inexcusable de lazar a esos libros que, jugando al despiste, casi adquieren la categoría de perennes en los rincones mas insospechados de la casa, colocarles en una cesta y cargar con ellos hasta el desván. Y en esas estaba, reuniendo piezas para estabulizarlas durante la invernada, cuando di con “BRUJERÍAS”, la impagable obra de Don Fernando Gutiérrez que de tan buena y cabal utilidad me ha sido en vuestro servicio.

En fin, que seducido por las sugerencias históricas y literarias en las que se vuelca don Fernando, no he podido evitar ponerme al teclado para regalarme y regalaros con otra de sus "crónicas". Sea la ultima. Con mi agradecimiento.

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MALFETRIAS, ENSALMOS Y CONJUROS

He recurrido adrede a un vocablo antiguo, malfetría, para castellanizar lo que los catalanes, de una forma concreta y popularisima llaman mal donat, o mal dado, traducido libremente. La malfetría no es más que el hechizo, encanto o embrujamiento que se hace a un individuo, con obscuros propósitos. Allí donde no puede llegar el aojamiento llega, infaliblemente, la malfetría, que también pudiera llamarse magia contagiosa.

Para lograr este embrujamiento las hechiceras han de conseguir algo que pertenezca al cuerpo de quien van a embrujar y cuanto más sucio mejor: uñas, pelo, excrementos incluso ropa. Utilizando este material, la bruja manipula con él y clava, pincha, corta o rompe, según quiera que algo semejante le ocurra al elegido. El sistema de embrujamiento resulta un poco complicado porque la bruja no es persona que no esté enamorada de su oficio y le gusta complicarlo con virguerías. Es lo que pidiéramos llamar una sibarita de su profesión.

Una malfetría muy corriente es la de confeccionar una muñeca de trapo o de cera o aun de barro, pero en ambos casos con material o parte de él que haya pertenecido al embrujado, y coserla a alfileres. Según donde se claven los alfileres será la enfermedad que padecerá el embrujado, o bien se producirá lo que se ha dado en llamar modo de la agujeta, experimento éste que solía hacer Catalina de Médicis cuando la edad había retirado de ella sus naturales encantos. La aristoloquia y la artemisa son buenos remedios contra este mal. También, a veces, suelen no clavar alfileres en la figurilla y arrojarla al mar, con lo que el embrujado se despierta con un incansable deseo de viajar de un lado a otro, sin reposo ni sosiego. Claro que todas estas operaciones se llevan a cabo con una serie de conjuros y misteriosas oraciones e imprecaciones.

Un maleficio muy famoso fué, hace ya mucho tiempo, el del llamado hombre pez, de Liérganes. El embrujado se llamó Francisco de la Vega Casar, y vivía en Liérganes con sus padres. A los quince años fué a Bilbao a aprender el oficio de carpintero, donde vivió dos años. En la víspera del día de San Juan del último año, se fué a bañar con unos amigos a la ría. Nadando ría abajo se perdió de vista y desapareció. No se supo nada más de él hasta que cinco años después, unos pescadores de Cádiz que pescaban en alta mar vieron «una figura como de hombre o mujer que se mostraba fuera del agua y se sumergía en queriendo acercarse para reconocerla». Decidieron pescarlo y para ello le lanzaban desde lejos grandes pedazos de pan. Con gran asombro suyo vieron que los cogía con la mano y se los comía. Un día juntaron muchas redes, haciendo con ellas una especie de enorme círculo, logrando pescarle. El «pez» fue llevado al convento de San Francisco, donde fue interrogado en diversos idiomas, pero a ninguno contestó. Solamente le oyeron pronunciar la palabra «Liérganes». Un montañés que por allí había hizo que escribieran a don Domingo de Santolla que además, de ser de Liérganes, era ministro de la Suprema Inquisición. El franciscano fray Juan Rosende acompañó al pez hasta los alrededores de Liérganes, donde hizo que el pescado lo guiase, como así fué. Y ocurrió que, sin vacilación alguna, el hombre pez se dirigió a la casa de sus padres, quienes, junto con sus hermanos, lo reconocieron en seguida. Hay que advertir, para dar más misterio a la cosa, que uno de los hermanos, José de la Vega, al tener antes noticias de lo ocurrido, marchó a Cádiz, pero no se supo nunca nada más de él. Un testigo ocular afirma que solamente pronunciaba tres palabras: tabaco, pan y vino, pero no hablaba ni respondía. «Cuando le vi la primera vez -dice el testigo- ya no tenía escamas, aunque si la cutis muy áspera y las uñas muy gastadas, aunque un anciano de aquel lugar, hombre de muy buena razón, asegura que cuando vino se le veían algunas escamas en el pecho y espalda, pero que luego se le fueron cayendo». El hombre pez estuvo nueve o diez años en Liérganes y desapareció luego sin dejar rastro.

Corrió la voz de que su madre lo había embrujado, pero ella lo negaba «y me inclino a la verdad de esta mujer, porque la conocí y me parecio mansa y virtuosa».

En Cataluña, para maleficiar, es todavía costumbre decir los «responsos de la muerte». Para llevar a cabo esta ceremonia la bruja ha de hacer quemar un cirio cabeza abajo, salmodiando la fórmula mágica, y del mismo modo que se consume la cera se consume el individuo a quien se le dedica tan cariñoso recuerdo. La cura se hace quemando el cirio al revés. Es una fórmula muy útil porque sirve también para que las lavanderas encuentren las piezas de ropa que han perdido. Es el cerato simple de la brujería.

El ensalmo nació como réplica supersticiosa a estas artes diabólicas del maleficio. En realidad, no es más que un cierto modo de curar con oraciones, y otras aplicando al mismo tiempo algunos remedios. Llamáronse ensalmos porque, por lo general, se utilizaban los versos del Salterio, «y dellos, con las letras iniciativas de letra por versos o por parte hacen unas sortijas para ciertas enfermedades».

«Ensalmar a uno -dice Covarrubias- a veces significa descalabrarle, porque tiene necesidad de que le aten alguna venda a la cabeza, de las cuales suelen usar los ensalmadores, bendiciéndolas primero y haciendo con ellas ciertas cruces sobre la parta llagada o herida».

Otras veces las oraciones son simplemente mágicas y se confía más en la manipulación de de determinadas cosas. Así por ejemplo, las verrugas se curaban echando en un pote tantos guisantes como verrugas tenía el enfermo y pronunciando luego las palabras mágicas. Cervantes nos habla también de cierto ensalmo para pegar barbas.

Pero los tipos más importantes de este curanderismo eran los saludadores, que curaban con saliva. El P. Castañega no los considera hechiceros. «Tienen algunos hombres tal saliva, en ayunas -dice- , que basta matar las serpientes, y cada día vemos que la saliva en ayunas cura las sarnillas y algunas llagas sin aplicar otra medicina. De esta manera podría ser que algunos hombres fuesen así complexionados que tuviesen virtud natural oculta en el aliento o resollo y en la saliva y aun en el tacto». Al ganado lo curaban dándole pedacitos de pan «cortados por su boca y mojados en su saliva», y se curaba también la gota coral escupiendo a la cara del enfermo.

En Barcelona son muy corrientes las xucladors, que curan chupando las heridas, llagas, quemaduras, mordeduras de serpientes y de perros rabiosos. Una famosa saludadora barcelonesa curaba del siguiente modo: lavaba la herida o lo que fuera, luego hacía sobre ella tres veces una cruz con la lengua y después chupaba con toda su fuerza mientras el enfermo rezaba una salve. Como todas las saludadoras, decía haber nacido en Viernes Santo y, en consecuencia, tener una cruz en el paladar.

Los conjuros fueron otro tipo de réplica a estas artes diabólicas, pero su campo de acción se extendió en contra de su primitivo propósito y alcanzaron un gran desarrollo, sobre todo en el aspecto amoroso. En la causa contra Francisco González, que saca a relucir don Agustín G. de Amezúa, había una fórmula para ligar o atraer el amor del hombre. Era la siguiente:

Con cinco te miro,
con cinco te ato,
la sangre te bebo,
el corazón te arrebato,
tan humilde vengas a mí
como las suelas de mis zapatos.
Arre, borrico,
que muy bien te ato;
te juro a Dios y a esta cruz
que has de andar tras de mí
como el alba tras la luz.

Esta era una fórmula corriente, pero había otras como clavar clavos en la pared recitando una fórmula mágica, dar de beber sangre de tórtola, o fabricar un perfume con frutos de cilantro reducidos a polvo y mezclados con almizcle, azafrán e incienso, colgar en el cuello raíces de lirio, o dar infusión de corregüela en vino; también se podia hacer un magnifico filtro para mantener la fidelidad conyugal dejando en infusión durante diez minutos cinco gramos de hojas de vincapervinca, magnetizando el agua y pronunciando determinadas oraciones.

El mismo Amezúa cita una fórmula del licenciado Amador Velasco y Mañueco «para hacerse amar locamente», como se dice por ahí. Toma una rana viva y métela en un tintero y tápala con su tapador, y luego lleva el tintero a un hormiguero donde haya hormigas y cava y métele dentro, y luego cúbrele, dende a quince días vuelve a tu tintero, o donde aquella espina del espinazo, y vete con tu tintero al mismo arroyo donde lo tomaste y estando dentro la espina ve metiendo agua y vaciando hasta que se quede libre de agua el tintero y limpia la espina; y esto hecho, mételo entre los dedos de la mano derecha y tomando la suya dirás: «Mi señora, beso las manos de vuestra merced», y así te querrá mucho, «pero no lo vea la persona».

Un conjuro más poético, citado por el mismo autor, es el siguiente: «Luna, qué alta estás, qué altas son tus torres, más altos son tus amores, conjúrote con la madre de Nuestro Señor Jesucristo que salga un rayo de tu amor y a mí me dé por las espaldas y a fulano por el corazón, y que por mi amor no pueda dormir ni reposar hasta que me venga a buscar».

Para cada cosa había su conjuro correspondiente. Había también los conjuros que se hacían cuando un consultante acudía a la hechicera para saber si su amante o marido le era fiel o no. Las brujas los hacían también para librarse de los corchetes que iban a apresarlas por orden del Santo Oficio («León bravo, amansa tu ira, primero fué Cristo que Santa María; cuando nació la Virgen, Cristo nacido era, alguacil, hinca la barba en tierra»), pero no producían efecto.

«Hay otros conjuradores para conjurar a los endomoniados -dice el P. Castañega-, y algunas veces son los mesmos sobredichos, y tienen para esto otras maneras diabólicas. Hacen unos cercos en tierra con ciertas señales y letras dentro repetidas en cierta manera, y hacen al demonio hincar las rodillas dentro de aquel cerco; y luego que le dice el conjurador ciertas palabras, pierden el sentido, y vienen a hacer gestos espantosos y gritar muy reciamente, e decir palabras desvariadas e muchas veces en infamia de los presentes. Conjurale que diga quién está dentro (testigo soy de vista desto que digo); respóndele que está en aquel cuerpo por príncipe y capitán del demonio llamado Satanás o Belcebú, etc., con tantos; y algunas veces que están allí con él tales a tantas ánimas de tales hombres que morieron, y señala cuáles, y habla en su nombre de ellos, representando sus personas, y si morieron en cama o en batalla, piden que les den a beber como fatigados de sed, y si murieron de enfermedad habla como enfermo, e otros semejantes engaños pasan. Hácenles sahumerios crueles, pónenle manojos de ruda en las narices y danle bofetadas e otros tormentos».

Del poeta granadino Gregorio Morillo, capellán del arzobispo, trae a cuenta Rodríguez Marín, en sus notas a la biografía de Pedro Espinosa, el siguiente hecho. «Dice Gregorio Morillo, contándolo por milagro, que en su presencia, el año de 1603, llevaron al Sacro Monte, por espacio de nueve días, a una endemoniada, y estaban los demonios rebeldes y no salían, aunque le habían dicho mil Evangelios, y que el arzobispo fué allá y con el libro de la nómina de Santiago le hizo la señal de la cruz desde la frente hasta el pecho, diciendo en lengua árabe: Non est Deus, nisi Deus Iesus Spiritus Dei, y desampararon los enemigos, dando terribles aullidos, aquel cuerpo».

«Una tarde, por la puerta de Atocha -cuenta Francisco Santos-, entre mucha gente iba un hombre que decía quería arrojarse en una noria. Metiéronle en un registro y al ruido pasó un sacerdote del Hospital General, y viendo que se enfurecía, envió por una estola, agua bendita y cruz, y empezó a conjurarle con tan buenas razones que mostraban su buena alma. Dijo el demonio: «No me atormentes, que yo saldré ahora en tu presencia, que ya estoy cansado de habitar en tan ruín vaso e ingrato, que habiendo recibido grandes beneficios de Dios, le ha pagado muy mal, que al echar un por vida, me entré en su cuerpo y más quiero las penas del infierno que tan ruín morada. No me pidas señal que prevenida la tengo y del campo la traigo, toma» A este tiempo arrojó por la boca una agujeta de cuero con sus herretes. «Dime -dijo el sacerdote-, ¿dónde hallaste esta señal?» Y respondió: «Se la quité a un pícaro que se puso a hacer su menester delante de mi y anda loco buscándola con las bragas en la mano. Id y lo veréis en esa primer huerta». No faltaron curiosos que se fueron y vieron al hombre dando vueltas y buscando su agujeta, y preguntándole qué era lo que buscaba, dijo: «La agujeta de estos calzones, que no la puedo hallar, y creo que algún demonio del infierno se la ha llevado». Volvieron al registro con la certificación y ya estaba el hombre libre del fiero enemigo, pero mortal y sin sentido, hasta que poco a poco fué volviendo: diéronle unos bizcochos y ya en su acuerdo se le llevó el sacerdote a su cuarto y se confesó y arrepintió de sus pecados.

Hubo pícaros, sin embargo, que no tardaron en darse cuenta del negocio que un endemoniamiento así representaba. El mismo autor nos cuenta uno de estos casos de una moza de dieciocho años y de buena cara, que al conjurarla hablaba latín con buenas voces y arte, sin solecismos, tanto que confundía. Conjurándola una tarde un religioso, y estando absorto de oírla, la preguntó si sabía otra lengua, a lo que respondió que todas, y el religioso la dijo: «En el nombre de Dios todopoderoso y de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero, que digas lo que has dicho en lengua china». Y respondió: «Pitarul agiman de abou, oquiay amplau» «¿Qué has querido decir», la preguntó, y dijo: «En tus grandes palabras, o Dios en tí está o por tu boca habla Dios». Con todas estas gracias bachilleras se supo que la había educado un tío suyo sacerdote, desde tierna edad, y después de los primeros rudimentos de leer y escribir, viéndola de sutil entendimiento, la había enseñado la gramática, y que tenía un galán que la pedía cuenta de lo que llegaba de limosna cada día, porque no había quien, al verla, no se la diese, y de este modo juntaba muy razonable congrúa.

Pero eso no debe hacerse porque a las brujas les molesta.

También los descomulgadores de plagas actuaban por medio de conjuros. Eran gente a la que se pagaba para que cada año acudiera a los pueblos a librarlos de la «langosta, el pulgón y las otras sabandijas que se enjendran en la tierra» «La común manera de estos engañadores -dice el maestro Ciruelo- es que el conjurador se hace juez y delante de su audiencia comparecen dos procuradores el uno por parte del pueblo que demanda justicia contra la langosta; el otro pone el vicario del obispo, o la justicia del rey por parte de la langosta o la oruga. Después de muchas acusaciones que pone el procurador del pueblo y respuestas que hace el procurador de la langosta y dados sus términos de probanzas de la una parte y de la otra, hácese luego proceso y a la fin el maldito juez da su sentencia contra la langosta, en que dentro de tantos días se vaya de todo término de aquel lugar, so pena que de excomunión la sentencie. E acontesce muchas veces que el diablo, por cegar y engañar a los pueblos que tales cosas consienten, haga venir en efecto lo que promete el conjurador, y por ser secretas operaciones con cosas naturales hace huir de allí las langostas y las otras sabandijas».

No fueron menos famosos los conjuradores de nubes y tempestades. Incluso todavía existen algunos, pero los procedimientos de conjuración y aun los conjuros se hallan en franca decadencia y han perdido una buena parte de su importancia El P. Castañega nos ha dejado dicho de ellos lo siguiente: «Los conjuradores y conjuros de las nubes y tempestades son tan públicos en el reino que, por maravilla, no hay pueblo de labradores donde no tengan salario señalado y una garita puesta en el campanario o en algún lugar muy público y alto, para el conjurador, porque esté más cerca de las nubes y los demonios. Anda este error tan desvergonzado que se ofrecen a guardar el término de la piedra de aquel año (y estos tales, muchas veces, son los curas de los lugares) y al tiempo de los conjuros dicen y lóanse que juegan con la nube como con una pelota, sobre quién a quién se la echará en su término; y algunos, que presumen de más sabios, hacen cercos y entran en ellos, y se dicen que se ven en tanta priesa con los demonios que les echan el zapato del pie para que con él se despidan; y salen del cerco muy fatigados y lóanse de muy esforzados, y señalan términos dentro de los cuales quieren que se extiendan y valgan sus conjuros, procurando echar la nube fuera de su termino y que caiga en el del vecino, o en tal lugar o parte señalada»

En Arenys de Mar, el procedimiento inverso consiste en encender una hoguera al lado de una fuente, de manera que se produzca una gruesa y potente columna de humo para que los demonios que atraen el granizo puedan encaramarse por ella hasta las nubes. Cada granizo provocado por las brujas, trae consigo un pelo de cabra de grandes poderes mágicos. Incluso, con anterioridad, las brujas llegan a esquilar las cabras de un rebaño para hacer provisión de pelos.


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jueves, 18 de octubre de 2007

El Activista por la Paz que tomaba "Vitamina C" (II)

«Creo que el descubrimiento de la fisión controlada de núcleos atómicos y la liberación controlada de energía nuclear es el mayor hallazgo desde que el hombre primitivo descubrió el uso controlado del fuego. Un solo kilo de materia fisionable, como fuente energética, equivale a mas de dos millones de kilogramos de carbón. Si se cuenta con la abundancia de material fisionable en la naturaleza, se comprende la promesa de energía nuclear que representa para el mundo del futuro, y la posibilidad de que contribuya al bienestar humano, si la civilización no es antes aniquilada por la guerra...»

Veamos como caen los naipes, como armo la presente martingala.

Digo: Largar por las buenas sobre un tipo tan proteico y denso como Pauling no deja de ser una temeridad propia, eso si, de turulatos de "nasciencia" o de ilusos sin picardía intelectual alguna. Colóquenme en la casilla que gusten, puesto que ni la una ni la otra me son ajenas. Científico, símbolo y paradigma de un sentimiento generalizado en su época, disidente, intelectual y ciudadano (en el sentido lato del termino) que igual enarbolaba una pancarta ante las fuerzas del orden que dictaba una clase magistral, requiere la glosa de su figura tanto de una extensa erudición como de paciencia franciscana para espigar en su dilatada vida al rescate de esencialidades. Y uno, extraño en ambas patrias, solo puede lamentar quedarse en lo anecdótico y, si acaso, dosificar la desmesura como recurso retórico que acerca a la verdad.



Reconocimiento. Como didacta de la ciencia Pauling también se mostró como una figura sobresaliente. A más de investigador fue un buen enseñante. Sus libros de texto de química han sido leídos y reproducidos masivamente. En 1935, al alimón con E. Bright Wilson, dio a la luz “Introduction to Quantum Mechanics”, que durante buen numero de años fue la "Biblia" con la que multitud de estudiantes, tanto de química como de física, se familiarizaron con las aplicaciones de la mecánica cuántica.

Tampoco debemos echar en saco roto el trabajo que se tomó por hacer comprensible la estructura de las proteínas, puesto que tuvo la osadía de aplicar sus teorías sobre el enlace en la investigación de las mismas (incluyendo la hemoglobina), llegando a descubrir que la deformidad de las células en la anemia falciforme, es causa de un defecto genético que influye en la producción de hemoglobina. Luego Pauling, el Pauling que glosamos, fue un vanguardista a la hora de considerar las causas moleculares como vectores determinantes en la aparición de algunas enfermedades.

Junto al biólogo alemán Max Delbruck desarrolló, allá por 1940, el concepto de complementariedad molecular en las reacciones específicas antígeno-anticuerpo. Item más: advirtiendo de la importancia de la participación del hidrógeno en la estructura de las proteínas (En román paladino. Participación: formación de puentes de hidrógeno que estabilizan la estructura tridimensional de la proteína) y las interacciones habidas entre macromoléculas, puso a Watson y Francis Crick [1] en camino para teorizar sobre el conocido modelo tridimensional de la macromolécula del ácido desoxirribonucleico (DNA).

Entre 1936 y 1958 Linus P. fue director de los laboratorios Crellin de química. Y a fe que la elección fue acertada. Como tal, es voz corrida que parecía poseer el don de la ubicuidad; en todos los sitios a un tiempo lo mismo atendía a un problema científico con su proverbial visión global de las cosas que resolvía enfadosas causas administrativas con ingenuo y premura. Como presidente del departamento de química jamas le faltó tiempo para sus estudiantes graduados: les hacia pasar a su abarrotado despacho, presidido por un pizarrón cubierto de crípticas anotaciones, se sentaba, echaba los pies sobre el escritorio y les escuchaba o amonestaba suasorio como filósofo.

Pauling estaba dotado de un alto sentido del humor que en pocas ocasiones le abandonaba. Vivía en una gran casa, a la que dotó de una piscina que por su uso más parecía de utilidad publica que privada; casa abierta a individuos y opiniones, con igual cortesía y entusiasmo recibía a alumnos y colegas. Como viajaba mucho, por lo común acompañado por su esposa Ava Helen, no pocas veces alguno de sus alumnos hubo de hacerse cargo de la casa y de sus hijos: Linda, Peter y Crellin... Y era en este punto donde este cernícalo[2] huevon pretendía colocaros, así como al desgaire aunque con la pertinencia debida, una cita de un libro de Schopenhauer[3] que, por mortificarse en la purga de algunos veniales, a ratos lee. "Quien siembra recoge", venia a decir con muchos latinajos.

Entre pitos y flautas estalla la Segunda Guerra Mundial y con ella la utilización de la energía nuclear con fines bélicos. Lo cual que tras explosiones nucleares de Hiroshima y Nagashaki en agosto de 1945, encontramos a un Pauling firmemente comprometido con la Paz y radicalmente opuesto al ensayo exponencialmente creciente con armas nucleares. Intuitivo como siempre, había advertido que la radiación -aun en pequeñas cantidades- era perjudicial para los genes[4]. Hombre de acción al fin y "temerariamente" seguro del peligro biológico que entendía representaban las precipitaciones radiactivas que seguían a todo ensayo nuclear atmosférico, presento un escrito sobre el tema a las Naciones Unidas en 1958. Firmado por 9235 científicos de 49 paises llevaba el titulo No more War!.

{Nosotros, los científicos abajo firmantes, solicitamos que se realice ahora un acuerdo internacional para detener las pruebas con armas nucleares. Cada ensayo de bomba nuclear difunde una carga adicional de elementos radioactivos sobre todo territorio del mundo. Cada suma adicional de radiación origina un daño a la salud de los seres humanos en el mundo entero y un daño al plasmo humano que importa la reproducción, lo cual lleva al aumento en la cantidad de niños defectuosos que podrán nacer en futuras generaciones. Mientras estas armas sólo se encuentren en poder de tres potencias será factible un acuerdo para llegar a su control. Si las pruebas continúan, y si la posesión de estas armas se extiende a otros gobiernos, aumentará considerablemente el peligro de que estalle una catastrófica guerra nuclear, por la acción irreflexiva de algún líder nacional irresponsable...}

Recordemos que nos encontramos en EE.UU., ese país en apariencia alocado donde lenguas interesadas dicen que gobiernan las corporaciones industriales más sucias en base a los fondos que libran a favor de uno u otro candidato durante las campañas electorales. ¡Ya me gustaría que esta malhadada España siguiera adelante con la calidad democrática con la que la U.S.A. lo hace! A saber por qué, y eso hasta a este filoamericano le parece, los nortacas parecen necesitar de una paranoia colectiva para sobrevivir y mantener su identidad como pueblo. Hoy es una, anteayer fue otra; la que toco durante la esplendorosa madurez de Pauling fue el miedo casi cerval al diablo[5] comunista. Estamos en plena Guerra Fría y un borrachuzo de cabeza fingida, natural de Grand Chute (adviertan lo premonitorio de su lugar de nacimiento), Wisconsin, aupado al senado y de nombre McCarty, que hoy luce con todo merecimiento en la galería de gilipollas del siglo XX, ha emprendido una cruzada anticomunista, una caza de brujas de grandes dimensiones e irreparables consecuencias.

Pero claro, no sabiendo ni por asomo distinguir a un comunista de un librepensador, las consecuencias no podían ser buenas. Por ello, Linus Pauling, premio Nobel de Química y sincero pacifista, fue amenazado de cárcel y citado a declarar (si no fuera penoso movería a risa) ante la caterva de tontos interinos que se prestaron a formar parte del comité de actividades antiamericanas. De puta pena, señores. Preso en su propio país y privado de pasaporte, Pauling no recobró este hasta que tuvo que viajar a Estocolmo para recibir el Nobel de la Paz 1962. ¡Que papelón para los imbéciles de sus captores!

Y la plaga se extendió, y en el Instituto de Tecnología de California (casa a la que tanto lustre dio), amen de en otros centros del saber a los que deberíamos de suponer liberales, Pauling fue ninguneado, tratado como apestado... Durante toda su carrera científica, nuestro héroe actuó y se pronuncio al socaire de su intuición, a su bola dicho a la llana, sin hacer puñetero caso de las controversias que pudiera provocar. A principios de los años setenta, por ejemplo, defendió el uso de grandes dosis de vitamina C para tratar el resfriado, así como para paliar el proceso de envejecimiento y prevenir el cáncer, teoría que ninguna autoridad medica ha aprobado. En 1970 recibió el premio Lenin de la Paz. La medalla Linus Pauling, creada en su honor, premia a aquellos trabajos de investigación química que sobresalen por su calidad y novedad...

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NOTAS:

*1.- En las librerías:

JAMES D. WATSON: “Genes, chicas y laboratorios”. Editorial Tusquets, 408 páginas.

Francis Crick: “La búsqueda científica del alma”. Editorial Debate, 384 páginas.

* 2.- Fíjense ustedes en que contexto tan curioso tope, días ha, con un cernícalo.

«Representando alegóricamente a cada uno de los pueblos peninsulares por diferentes especies de pluma, el conde de Lemos, D. Pedro Fernández de Castro, traza una apasionada defensa de Galicia contra los ataques, a menudo injuriosos de puro despectivos, con que afeaban a sus paisanos el resto de los españoles, usando de una leyenda en que popularmente aparecían los gallegos por las gentes más rudas y groseras de la Península (Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos: Historia del buho o historia del diputado gallego con las demás provincias de España. En M. Murguia, Antología.)

Bajo el amparo del águila austriaca reúnense a orillas del Manzanares el buho gallego, el tordo vizcaíno, el cernícalo navarro, el cuco aragonés, el milano catalán, el mirlo valenciano, la golondrina de Murcia, el pavo andaluz, el jilguero portugués, el ganso castellano y el sisón manchego, para disputar sobre la grandeza de sus respectivas patrias. Asevera el buho que por ser Galicia la región más denigrada entre las españolas y serlo España entre todas las naciones, “queda probado que el buho gallego de todas las aves de esta junta es la verdadera ave española, y la que más derecho tiene a este nombre”, por cuya tesis le hubieran matado las otras de no aparecer el águila austriaca, poniendo orden y llamando a juicio; siguese una acusación por parte del tordo vizcaíno, replicado por el buho gallego, a quien da finalmente la razón el águila, y una segunda parte en la que el buho arremete especialmente contra el cuco aragonés, “caco” y “aragán”; el jilguero portugués, “ave mosaica”. etc»

FRANCISCO ELIAS DE TEJADA SPINOLA: LA TRADICION GALLEGA. Madrid, 1944.

*3.- «EL ARTE DE SER FELIZ o EUDEMONOLOGÍA». Tratado que teniendo por falsilla el Oráculo manual de Baltasar Gracián, muestra en Cincuenta Reglas Para La Vida a un Schopenhauer distanciado de su radical pesimismo. «Lo que uno tiene por sí mismo, lo que le acompaña en la soledad sin que nadie se lo pueda dar o quitar, esto es mucho más importante que todo lo que posee o lo que es a los ojos de otros», reza la contraportada.

*4.- Me confieso perezoso a la hora de emperejilar u ordenar este tablón de apuntamientos, no llevo registro de él, y me pierdo en el trance de asegurar cuando y bajo que epígrafe escribí sobre esto o aquello. Pero como este oriental desapego nada tiene que ver con la memoria, bien puedo afirmar que hubo un día en el que escribí sobre las radiaciones ionizantes de origen artificial que causan lesión. Relaté, después de una introducción puramente física sobre los agentes radiantes, las alteraciones a nivel de RNA y del DNA, así como las factibles de producirse en la información genética.

De los mecanismo de acción dije (resumo al máximo) que se producían en tres etapas encadenadas entre si: Una primera en la que la penetración de las partículas ionizantes en el protoplasma da lugar a la ionización de diversas moléculas. Otra en la que los resultantes de la ionización reaccionan con el agua formando como consecuencia radicales OH- y H- libres, los cuales interaccionando entre ellos o con otras moléculas dan como resultado H2O2 y HO-2. Por ultimo, estos productos con gran capacidad de reacción y al tiempo muy inestables, reaccionan con los ácidos nucleicos y las enzimas, alterando por ello desde la producción de energía en la mitocondria, hasta la propia síntesis de proteínas y la reproducción celular. Creo que incluía algo sobre la mitosis celular y la ley de Bergonie-Triboudeau.­ Seguro, oigan.

*5.- Tiempo hubo en el que más desnortado que de costumbre di por recopilar primeros párrafos de novelas. De entre todos uno me chocó en especial, esto porque dado el tema de la novela poco imaginaba un inicio "diabólico" semejante. Se trata de la obra de Louis Aragon titulada “Las aventuras de Don Juan Lapolla Tiesa”, que dice así:

«Quien no cree en los brujos no cree en el diablo; quien no cree en el diablo no cree en Dios, quien no cree en Dios será condenado» éste es el resumen de la doctrina que predicaba en Leipzig a finales del siglo dieciocho el estudiante de teología Rau, que pese a un lenguaje magnífico y que decía del trueno: Ahí viene el príncipe salvaje...

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CORRESPONDENCIAS:

 OSU (Libraries) -> Linus Pauling.The Nature of the Chemical Bond. A Documentary History.

 Medicina Humanista -> Linus Pauling.

 LewRockwell -> No More War Against Vitamin C.

 I+DT info (Revista de la investigación europea) -> El ADN, memoria de la vida.

 Oregon State University -> Linus Pauling Institute.

 laverdad.es -> ROSALIND, LA HEROÍNA RELEGADA.

 The Pauling Miracle

 GeoCities -> ESTRUCTURA MOLECULAR DE LOS ÁCIDOS NUCLEICOS.

 cnice -> ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL ENLACE QUÍMICO.

 Clínica Las Condes -> Breve historia del descubrimiento de la estructura del DNA.

 ESCUELA DE MEDICINA PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE -> La genética molecular.


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