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sábado, 6 de diciembre de 2008

Pensando a Dirac desde el “Barrio de los Oficios” (3)

Esto es saber hablar mal,
Por no saber hablar bien;
Y esto es mentir magistral,
Por siempre jamás, amén.

Inteligencias sin sospecha que son, presto habrán adivinado que la jaula bizantina con la que salí por peteneras de la capillada anterior, no era otra cosa sino que un puesto de prensa, al que me acerque (dada su matemática ubicación no me quedo otro remedio, a no ser que me hubieran sido devueltas las alas que como era preceptivo entregue a mi ingreso en la "Escuela de Aeróstatos del Káiser") con el garbo de un bull-terrier recién emasculado. Nada que destacar de los papeles, a no ser las pirulas semánticas con las que la perrada política pretende, a fin de que traguemos con la levedad del merengue su locura, vanidad e inmensa bobería, prostituir a nuestro hermoso lenguaje. Les disculpo empero, pues a saber que clase de mano les arrulló en la cuna para que tengan en tan poca estima el cabal significado de las palabras. Decía Comenio que el conocimiento cierto del lenguaje debía de basarse en estas premisas: a) La lectura comprensiva de la lengua materna en caracteres impresos y manuscritos. b) En escribir según las leyes de la gramática de la lengua materna, primero corrientemente, luego rápidamente y por fin con estilo propio. Y estilo propio es lo que sobra a nuestros electos, bárbaro y deletéreo y propio de molleras sin cocer, si, pero estilo al fin. ¿Enmendarse ellos?. No lo crean. Estos bocachocho autóctonos que sufrimos son seguidores a rajatabla de aquella máxima que dice: "La mierda, mientras más mierda, mejor mierda"
.

Recordome la profanación idiomática que a la vista tenia... a Martín, aquel zapatero de obra prima y azote de predicadores de Colmenar de Abajo que, según el imaginar del P. Isla, disparatando con truhanesca ignorancia sobre todo cuanto sermón le venia al oído, decía: ebanista por ebionista, marconista por marcionista, marrano por arriano, macabeo por maniqueo, y sucio enano por sociano.

Huele a algo que recuerda a los ajos y al pan recién horneado; huele, por resultar verídico, a pan caliente y a un arseniuro pasado por el carbón y debidamente lamido por una poderosa punta de fuego. Huele la tahona de la esquina; huelen las alcantarillas. Aromas de ciudad. A poco de finar la guardia nocturna, o eso doy en suponer tras consultar el reló con esfuerzo, la manceba de la botica riega unas plantas arbustivas que ha sacado a la calle. Por las pintas del follaje, gris plateado, se que se trata de artemisa u abrótano macho. Lo notable de su apariencia me hace caer en la cuenta de que en esta zona de la ciudad no hay verde, no hay árboles; los árboles conocen los secretos de los cuarenta y ocho vientos, pero como son discretos se les consiente. Otra cosa somos nosotros, los humanos. Sobre los humanos y los fármacos esta escrito por ahí:«Los pacientes por si mismos no pueden evitar la carga que ellos, con sus propias actitudes y comportamiento, han contribuido a crear con la moda devastadora y frecuente del innecesario uso de fármacos... Han apremiado al médico para que les recete, aun contra el mejor juicio de aquél... Se han convertido en compradores de recetas que van de un médico a otro, con el fin de lograr una medicación múltiple».

Licenciada Mª. Teresa Fariñas Baena, reza en una lustrosa placa, dorada, que se encuentra entre la puerta -de apertura automática- y un más que mediano escaparate. Además del apellido de la titular de la botica, de un celebrado "cancionero" y de alguna que otra mandanga que no viene a cuento, Baena es el nombre de una ciudad de la provincia de Córdoba, hecho difícil de olvidar cuando se tiene conocimiento de lo que allí, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, se llevaba como uso a la hora de tratar con los chicuelos olvidados por la fortuna. Lo cuenta José Jiménez Lozano en una nota de su imprescindible: "Los cementerios civiles y la heterodoxia española". Dice así: «En Baena había una fundación para niños abandonados, pero como los fondos para atenderles eran muy escasos, apenas se juntaban cuatro o seis niños, se providenciaba el trasponerlos, que así llaman entregarlos a un hombre inhumano que de noche, cuando no hay luna, los conduce en una bestia fuera del término de esta villa y los va dejando en donde le parece; a unos cuelga de los árboles, a otros deja en la encrucijada de los caminos y a otros en las entradas de algún pueblo o inmediación de algún caserío o cortijo, siempre cautelándose de que no le vean, y concluido se vuelve a cobrar... A unos se los comen los perros de ganados y cortijos; a otros, las zorras, cochinos, etc..., y los que escapan de esto es regular que mueran de hambre o de frío, y que sea muy rara la criatura que logre el que haya quien le recoja». Y pone el autor otros clavos cuando afirma que hechos como el narrado no tienen que pasar por exclusivos ni raros en aquella España impía y sin compasión ni "sentido de los otros" que hemos heredado.

En el escaparate, fulgente e impecable hasta la obsesión, productos de belleza femenina ordenados con matemática simplicidad, a más de un centón de leches maternales que todo mamoncete, forzado a ellas, debería de regurgitar furente como un géiser, pues no es de recibo que se le hurte la divina y nutricia teta en favor de un pienso de farmacia. ¡Legítima teta de señora para nuestros lactantes, cojones!. También un cartel que invita a participar en una campaña de donación de sangre y otro, mucho más grande y llamativo, en el que se anuncia un producto para el alivio de las otalgias infantiles. Lo típico y tópico, me digo: algún salicilato, un sulfato minimizado, Triamcinoloma acetonido, algún compuesto de Lidocaina, excipientes y a pasar por caja. Es la base gráfica del especifico publicitado una especie de "campana de Gauss", vivamente coloreada, sobre la que revolotea un niño en compañía de unas mariposas. Y esto, tranlari-tranlara, arma no se que resortes en mi mollera, les dispara, y, súbito, caigo en la cuenta de que a no muchas horas he de soltar una charleta sobre Paul Dirac. Ni llevo nada preparado... ni ganas que tengo de hacerlo. Improvisare, si; improvisare al modo en el que los cofrades de la cuba lo hacen con sus báquicos cantos: "La donna è mobile qual puma al vento...". Si, eso haré.

Tomen ahora aire. Una vieja difunta que no acaba de doblar para consternación de sus sobrinos sujeta al borde del colapso a un perro excesivo de pelaje mostaza e híspido que busca con frustrada obstinación los interesantes olores de los que la manguera municipal le ha privado. Tira el cabrón como un caballo y la anciana chancletea fatigada tras su terco indagar. Pero más que can, por grande y poderoso que sea, tira la estulticia de los bajo su patrocinio nacidos. Y este es el caso de la "probe" Bibiana Aído, ministra sin "ministerio" de cerebro romo como bolo, cursilinda e intelectualmente dotada como un adobe, hembra a la que aplaudir con un ladrillo en cada mano que, en lugar de asacar pijoterias a fin de seguir disfrutando del presupuesto, aconsejo se ponga a estudiar los rudimentos de la gramática de inmediato. ¿Qué no tomarán estos mata-idiomas para enloquecer más de lo que origen están, aunque lo estén asaz, y aun de sobra? En fin, dejemos a este consorcio de necios al que sufrimos con sus quiméricas tranlaradas y volvamos a nuestro modesto corral

Como no se si hubo días en los que Dirac tuviera periquito, perro, tortuga o gato al que rascar, acaso comience diciendo que tiene la criatura, sacada de pila como Paul Adrien Maurice, placa conmemorativa en la Abadía de Westminster; aunque va a ser que no, ahora que lo pienso, pues me se incapaz de sentarme a la abacial mesa sin glosar en cuaderna vía a "mi Señora" Doña Leonor de Castilla... No rulo en condiciones, oigan, y esto porque una filamentosa desidia intelectual me mantiene adormecido, en estado larvario. Y, si malo es que la mujer aventaje en prendas y fortuna a su marido, como dicen los clásicos, peor es tratar de manifestarse ecuánime cuando se carga con unas entendederas trituradas. ¡Porca miseria!... Va al suelo la bolsa que me arde en la mano. Un libro ("HIPPIE": Varios autores.- 30 X 26 cm., pastas duras y 384 págs. en papel de alto gramaje. Un mamotreto para leer con grúa, vamos) asoma la testuz y aun parte del titulo de un capítulo. Al completo dice: «Es más moral y más divertido llevarse la mano a la polla que el dedo al gatillo». La pizca de gozo que la sentencia me ha inoculado se va con un cartelón que a treinta pasos desluce a la puerta que cierra el vano de un arco flamígero, inmensa en contraste con las que se alinean en la misma calle, doble, de castaño del país y con nobleza probada. Se anuncian en él los servicios, tan fingidos como ignominiosos, de una de esas bocas de cloaca que postulándose como deposito de facultades “superanochiriferoliticoplasticofulgomegaextraterrenas” medran a lo canalla merced al dolor y a la ignorancia de los menos dotados. Porque la credulidad de la gente, grábenlo ustedes en piedra, es la sombra que corre pareja a la desesperación y a la letra escasa. Y conste que la responsabilidad de esta brutal patada a la buena fe de la gente ha de recaer inexorablemente sobre los incapaces para legislar con entendimiento claro, perspicuo; sobre la colonia de garrapatas endogamicas que, siempre para mal, nos gobierna: acanallada orden dedicada en exclusiva a perpetuarse, vivir del cuento y recaudar con ardor guerrero. Dos manguis como Rinconete y Cortadillo se saludaban así:

- ¿Es vuestra merced por ventura ladrón?
- Sí - respondió él - para servir a Dios y a las buenas gentes.

¡Ojalá nuestros consuetudinarios albardones sigan el ejemplo en un acto de generosidad con la verdad!

Otro modo practico para abrir el melón, me digo, consiste en citar a Stephen Hawking, quien sustenta la opinión de que es Dirac el mayor físico teórico británico desde Newton. Si, esto estaría bien, porque debidamente implementado con media docena de tosecillas claustrales, pausas valorativas, algún que otro carraspeo y no poco menear de papeles innecesarios, bien puedo alargar la cosa durante unos minutos. Diré luego que nace nuestro héroe en Bristol, en 1902, donde entre 1918 y 1921 estudia ingeniería eléctrica. Aquí puede que venga al pelo una gracieta sobre los ingenieros y sus expectativas laborales; ello por hacer mas cercano a Dirac, quien no encontrando curro remunerado y lejos de insistir o acudir a la sementera de climas mas cálidos, acepta dos años de colegiatura para estudiar matemáticas en la Universidad de Bristol. ¿Ilustrar a la sala sobre su programa académico? ¡No! ¡Ni de coña! ¡Vade retro...! Imprescindible huir como gato escaldado de la fatuidad teórica, porque al variopinto paisanaje al que me toca ganar tal método probablemente le aturda, a mas de producirle el síndrome de “párpado de haltera” y fuerte comezón en los huevos. Aunque en el hilar del discurso, lo sé, acaso tenga que referir la famosa pelotera surgida, principalmente, entre Bohr y Heisenberg por un lado y Einstein por otro, a propósito del "indeterminismo" o "Principio de Indeterminación de Heisenberg". En fin, lo que sea sonara... Son siete u ocho, hanseáticos, cicloturistas y sordomudos. Van a Compostela, Thule de piedra numinosa en la que toda criatura de bien debería de tomar solaz al menos una vez en la vida, a darse los reglamentarios coscorrones contra Sent Jamez, el santo lítico por excelencia. Lastima de nuestra incapacidad para entendernos, pues en otro caso les hubiera narrado, por lo menudo y menos con intención didáctica que por darme un respiro, historias apócrifas de peregrinos de universal reputación con cuna en alguna de su ciudades confederadas, que eso era la Liga Hanseática, una asociación de ciudades comerciales que floreció en el N. de Europa entre los siglos XII y XVI. Tal es el caso de Don Gaudioponte "Rejotiznado", dicho así por tener el nervio del regocijo como berbiquí y con suave plumón negro; esto, según habladurías de mercado, por su metafísica manía (¿?) de estopar ánsares; que él, sobrado de orgullo y muy leído no quería ser menos, y a la viceversa, que el plumado progenitor de don Pólux y de doña Helena. Contome por lo onírico mi difunto amigo Nicolás G* C* que no peregrinaba el energúmeno por disgusto con las peculiaridades de su miembro, que bien le servia para saltar incansable de cama en cama, sino por haber varón después de la docena de hembras engendradas… O acaso les hubiese contado, en primer lugar, el molimiento a palos sufrido por el diañe Tarantán, cagatintas infernal que por hacer escarnio de los jacobitas de fe probada peregrinaba en la figura de un maestro de letras griegas dicho Herr Arnulfo. Los hechos tuvieron lugar en Sahagún, durante el transcurso de una tertulia de las que se solían en la tienda del maestro Conradus. Colócala Felipe Torroba Bernaldo de Quirós en "RETABLO ESTELAR del APÓSTOL” sita en “un arco del hospital, cabe la fuente”. Este Conradus Tudesco, añade, “era músico y sabia historias y sucesos de la Tabla Redonda y de Don Tristán y era muy solazador”. Vendía flautas y tambores y tenía de muestra dos arpas, que tocaba para alegrar a los peregrinos. Su mujer, añade, también era diestra en música “y había cantado para el rey de Navarra en su castillo de Olite”… Cuenta también entre mis historias preferidas la de Jobst Pessler, maestro de cocina en la casa del “dapifer” del emperador que a las langostas titulaba "cardenales del mar" y se decía de la sangre de Herithor, perolero principal en la corte de Putifar el egipciaco y creador del huevo frito en manteca de dromedario. Este peregrinaba por cuenta de un consorcio de navieros que, la vista puesta en una peregrinación grupal, deseaba tener noticia fidedigna de los más felices albergues del camino; llevaba escolta armada y una recua de mulos en los que cargaba preciosas especias, ricos presentes para la iglesia de Sancti Jacobi y los trebejos indispensable de su oficio. Paraba en cortes, casas principales, cabildos, arciprestazgos y abadías de relumbrón por dar lecciones de cocina, que llevaba en cartera el salazón y ahumado del pescado y el punto del escabechado escandinavo. De su mano y en su compaña degustó Don Gaiferos en el "Piojo Verde", reputadisimo mesón maragato en el que se bordaba el bacalati al ajo arriero, unos filetes de trucha macerados en salsa de eneldo y cubiertos con un excelente guiso de lentejas saladas. Concluido el café con gotas que nos sirvieron tuvo a bien estampar su firma florida en mi yelmo emplumado… Para postre de estas convergentes historias, tan improbables y atemporales como ciertas hubiera elegido, sin duda, la de la de donna Guda, más conocida en Occidente (En Catay, Bizancio, Gaula y la Arabia Feliz aunque de sobra conocida lleva distinta nomenclatura) como la "Doncella Menguante de Wismar": flor de lirio que partió para Jacobusland en su ser y tamaño y se asomó al "Campus Stellae" como de cuatro cuartas, hablando una lengua extraña, a mujeriegas montada sobre un zorro de nombre Pacomio que amansara para ella el frailuco de Asís. Cuentase que dio el "Poverello" con su tristeza a orillas del Ega, luego de haber amonestado -en latín litúrgico, tiendo a pensar- al capitán de una manada de lobos que estaba causando grandes daños en los rebaños de los frateres de Irache. Dice Escoto Magius, creo yo que siguiendo a Percivallius, que mudó la doncella a su natural ser y entender una vez se hubo adentrado en el bosquecillo de laurel romano que daba aromosa bienvenida a quienes llegaban a la ciudad por la vía de "Puerta Francigena". Se tiene noticia de que Pacomio acabo sus muchos y felices dias en casa de la discreta Meltchild, viuda de un honrado cambista procedente de la fría y brumosa Skenninge.

- Oiga..., ¿como es que la damisela menguó así... por las buenas y contra natura?

- Eso es suceso que merece ser contado en otra ocasión y al detalle, don Sivardo, pero como me pilla usted con tiempo y humor le haré un adelanto. Veamos... Ponga usted que partió la muchacha con un grupo de burgueses de su ciudad, y que llegando a Aix-les Bains, la city de los baños salutíferos, como su nombre viene a indicar, alójose en casa de un pariente por parte de madre, pintor de oficio él y dado a las artes arcanas por añadidura. Cuente conque la curiosidad lleva a la moza al gabinete de prestigios del mago, e imagine ahora su mayúscula sorpresa, un tocar asombrado de esto y aquello, un fisgar tan meticuloso como precavido... Y entonces, en el claroscuro de la abarrotada estancia y en la novedad del trajín, un ruido sorpresivo que asusta... Sigue a tal un violento sofaldeo, una redoma que cae y quiebra. Y, al instante mismo, envolviéndola, un aroma como de humus arbóreo, vestido con colores de fantasmagoría y acompañado por voces innumerables de reinos secretos. He ahí la piedra imán de su desafortunada mudanza.

- Ya caigo. ¡Había en la redoma diablo pasteurizado!.

- No señor, nada de danteanos diablos menores tiznados de hollines infernosos. Era la frasca primoroso contenedor de esencias de la isla Egina, país de los mirmidones, criaturas que siendo hormigas pasaron a ser hombres. Como dice Estrabón, por su imitación y diligencia y celo hacia los trabajos agrícolas. Hija de un mirmidon con taberna en la Cuesta de las Aceitunas fue la dama Clítoris, tan hermosa que Júpiter se prendó de ella, y tan pequeña que para mejor gozarla hubo -el viejo verraco- de metamorfosearse en hormiga. Lo cual, bien mirado, no deja de encerrar cierta paradoja poética.

Abreviando: Se cita a la dama Guda -diré a los picados por la curiosidad- en un poema que en los fuegos de campamento recitaba un pirotécnico del valle de Sálnes que sale en un cuento que en mi imaginación escribiera Lisardo Ayras de Cela. Era aquel, dicho Caíño, de natural risueño, bebedor cabal, entrado en carnes y rubiales, pestorejudo, recitador y amigo de los parlamentos floridos y largos. Durante la guerra de Mantua asesoró a Ambrosio de Spinola sobre la efectividad del tiro artillero por curvas cicloidales. ¡Reputos hannoverianos!, cuenta Ayras que era su grito de guerra.

Entonces uno de los de la partida, acaso el de temperamento más audaz, se dirige hacia este deposante como al desgaire, patituerto en el andar, el pecho tenso y la larga barba de color castaño como queriendo beber el viento. Casi al instante una mujer sigue exacta sus pasos: recias botas, recias piernas, conjugada esqueletura. Aun con las taras con las que la edad al humano carga, pues doy en suponer a la dueña entrada en la cincuentena, luce lozana y garbosa, acaso, pienso en bobo arrebato, por haber sido destetada con la dieta para el caso -majao de nabos y leche de yegua- propia del país de Lubeck. Báltica la veo, ya digo. La cara la gasta redonda; el cutis trufado de nítidas pecas, curtido por los climas divergentes del Camino; unas gruesas trenzas sacroimperiales que alardean vivaces sobre sus notables pechos enmarcan con perfección, insisto, un rostro de risueña lozanía... Un amigo que me sorprende en la taberna emborronando servilletas con esta parvada... Aquí, interregno al canto, pues debo hacer notar que me cuido muy mucho de que los íntimos tengan conocimiento del tiempo que gasto en las presentes sinsorgadas... Pero a lo que iba: Dice mi inoportuno compañero de cuadrilla, erudito en las rarezas de la historia de la imprenta, que entre pitos y flautas he pintado -con palabras- a la señora Atalanta, viuda de un excautivo del turco, bombero de Viena que muriera cabeza abajo, ahogado en un bocoy de schnaps, la cual tuvo por su agudeza mucho predicamento en la disparatada y cacofónica corte praguense de don Rodolfo el segundo: atormentado, infeliz, piedrafilosofista descarriado, maniático calcinador . Y añade el cepedano:

- Doy fe de lo dicho por un aguafuerte de don Mathaeus Merian en el que sale la dama que pintaste, dando lección por el arte de la gesticulación al señor Michel Maier, médico de cabecera del imperante.

- Tengo oído que el hueleorines era de la cuerda paracelsiana.

- Ni puta idea, tu... Puede.

- Al hilo de la pijada esa de la hermenéutica de los signos. ¿Se sabe que discurso es el que endilga la Frau al matasanos?

- En esto hay no poca controversia. Por el pulgar de una mano extendida que la señora se ha llevado a la nariz, y, una como higa que marca con la otra mano, los más de los estudiosos opinan que, probablemente, de luz doña Atalanta a un capitulo peliagudo del Hieroglyphica de micer Horapolo. Un conocido nuestro cuyo nombre por discreción omito, tiene enviada copia de la estampa al Gabinete de Señas Secretas del Vaticano. Confía el matraco en que los graves prelados que desde siglos están en el señil cotarro, pronto le...

- Punto en boca, oye. Demasiado trabajo para concluir que se trata de una pareja de beodos intercambiando signos obscenos.

Llegado hasta mi el romero de la barba caramelizada, echa mano de un artilugio que le cuelga de la cintura y me muestra, amarillo sobre azul, la dirección de un hostal que se cercano. La mujer de la estampa, que en envergadura le gana, observa vivaz por encima de su hombro. Me alivio entonces de la bibliobolsa que me lacera y cansa, la dejo junto a un canalón que deja escurrir un hilillo verdoso del que liban, pienso sin apenas reflexionar, seguramente las ultimas avispas de la veranada; deja la bolsa transparentar “El todo y la parte” de Heisenberg. Tiro entonces de bolígrafo, alzo una manga a la hanseática dama y, con la punta de la lengua al aire de la mañana, dibujo sobre su antebrazo un plano exactísimo. Escucho sonidos guturales y veo volar muchas manos. A la solana, desde la puerta del bar "Los Holgazanes", Pim, un dálmata con el que tengo amistad y trato, alza un párpado y contempla avisado las mariposas que aquella multiplicidad de dedos deja en el aire, luego vuelve a sestear, la cabeza sobre las delanteras patas. Pero Pim es sordo -tara congénita entre los señores canas de su raza- y probablemente sepa mejor que nadie de aquellos efímeros arabescos que se esfuman instantáneos en el aire. Pim es aristotélico y cuando paseamos suele sacarme a colación aquello de que la palabra humana es imitación y de que la voz humana es un órgano formado para la imitación. Desde que una vez me dijo que los ríos se beben unos a otros y a todos se les bebe el mar, servidor tiene a Pim por buen consejero. Ni que decir que junto a Herr Monty, mi gato, Pim tiene plato y asiento asegurado en casa. Poco le veo en los dias, que prefiere correr hoteles asesorando a los señores nipones... ¡Joder con el correr de la imaginación! Ustedes perdonen. Pues si, los señores pedalistas sordomudos me hicieron fotos. Les hice fotos. Hay manías...

De Dirac también tengo fotos, pero ello lo dejo para otro día. Para ya, casi, porque servidor esta a punto de dar golletazo a sus preceptivos cuatro meses de vacaciones, que es entonces cuando escribe... os escribe. Si, trabajo ocho meses y cuatro vagumundeo. ¿Pasa algo?


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sábado, 24 de mayo de 2008

Pensando a Dirac desde el "Barrio de los Oficios" (II)

Llegué leguas caminadas
por dar descanso a mis plantas
al lugar de menos santas
y de más canonizadas.

Versos del conde de Villamediana a propósito del ardor venéreo con el que las mujeres de Sigüenza acometían a los canónigos del lugar. Hijo de uno de estos, sochantre de la catedral, fue el jerónimo P. Sigüenza, a mi entender el más depurado estilista de la lengua española.


Pimentón. He de comprar pimentón para sacramentar a un congrio con patatas como Dios manda. Somos en casa en esto de los fogones manieristas y pródigos, poco o nada liberales, dados sin excepción a la veracidad de las recetas probadas. He de mercar, ya digo, medio kilo -a granel- de ese noble carburante rojo al que aquí decimos de "Aldeanueva". Es el congrio o Conger conger de Linneo una especie de anguila de mar inútil como animal de compañía. A Herr Monty le gusta un pedazo de congrio desespinado tanto como a mi... O más, vayan ustedes a saber que método gastan los señores gatos para evaluar los sabores. Es el teleósteo cabrón del suborden de los fisóstomos, con el cuerpo gris obscuro, casi cilíndrico y alargado, las aletas dorsal y anal las lleva festoneadas de negro; no tiene escamas y carece de aletas pélvicas. En los libros de cuentas incluidos en los registros de Tesorería del Real Patrimonio del Archivo de la Corona de Aragón, probado está que el congrio era habitual en la mesa de Alfonso V y doña María de Luna, representando su consumo -acaso- un signo del estatus y refinamiento de su cocina. En «La alimentación de la monarquía catalano-aragonesa...», dice al respecto Icíar Alonso Díaz de Alda: «Podemos establecer un peso “estandard”, situado entre 6 y 8 dineros la libra de pescado. Otros alcanzan hasta 14 dineros por libra, como el atún o incluso los 2 sólidos que paga Alfonso V por el congrio».



Pero el príncipe entre los congrios, "conger pot-pourri bretonante", según aquellas cartas de hermosa letra gótica que imprimiera Stephan Planck en Roma, era aquel que los días prescritos en el calendario litúrgico como de pescado, servíase en "La Ventana de Espuma", mesón armóricano a mano de nubes alzado en un peñascal sobre el que rompía bravía la mar océana. Carne blanquisima, gloriosa y firme como teta de novicia la de aquel singular pez. Natural, puesto que documentado está que los señores miembros del sindico de mesoneros de la bahia, encargaban hundir barcos, entre los roquedales, para que sirvieran al pez de criadero. Recomendome figón y plato, que allí se ilustra con finas-hierbas, guisantes de olor, patatas lucenses y huevos de avecillas canoras, doña Iseo, viniendo con don Tristán a baños a esta ciudad.

- ¡Tate! ¿Es esta señora Iseo aquella monjita exclaustrada que cogía puntos de medias en la plaza de la Árnica, frente al cepo del corregimiento...?

- No señora... Espante a esos moscones que lleva el crío en los mocos y ponga oídos al cuento.

- No tenga cuidado..., los bichos con alas le entretienen. Más si son d'estos, de colores.

Y aquí relate a doña Teódula, sin demasiadas señales, parte de lo que con ocasión de la egregia visita, párvulo en letras, escribí como recordatorio en su día. Dije así:

- Y fue que con San Martín a puertas vino a baños monsieur Tristán..., con doña Iseo. Él, hijo de rey; legitima esposa de su tío ella. Harto de andar a baños el señor príncipe llegó, pues corría la voz de que los tenia probados todos, hasta los hediondos aquellos tan salutiferos de Bourbón-l'Archambault, en los que curó el tío Calandria de aquel paquete que le dejara de balde la signora Bubba Rasini, cuando se estrenó acá, en el Orfeón Viejo y por carnestolendas, "La picara y Sir Gallahad". Pretendía su señoría remedio para las secuelas de una cadrilada que llevó durante aquel singular combate en el que acochinó al señor Urgán Velludo . Viajaba en litera, sumergido hasta la cintura en un barreño con agua tibia -salada- y esencia de romero. Su caballo, Passebrevil, iba detrás, de la mano de uno de librea imponente de aspecto, conciso de gestos, mongol de nación. Marchaba el noble bruto, digo, enjaezado como para tamborrada, con la rica gualdrapa de respeto preceptiva en Cornualles para embajadas.

- ¿Llevaba la Señora corte de juglares y damas?

- No señora. Venia en un palanquín descubierto, grande la encintada pamela criolla... por preservar su cutis de lirio del sol del membrillo. Y a un gesto de su mano en hilo encajada, una enana que a su vera cabalgaba un poni, asperjabala con agua perfumada.

- ¿Hubo zambra? ¿Se celebró la llegada?

- Así se lo ordenó su serenisima, pariente por la rama de don Olinos "Timonel" del infante viajero, a los asustadizos desgarramantas del Concejo y Cabildo. Llamose entonces a fray Homero Beckford, maestro de arcos triunfales de la casa reinante, quien llegó desde Aquisgrán con cumplida cuadrilla de alegres legos haldeadores y dos lebreles zamoranos, pues no se privaba su parernidad de correr a la esquiva liebre si la ocasión pintaba : Inter aves turdus, si quid, me judice, certet; inter quadrupedes, gloria prima lepus, que decía mi pariente Marcial. Y en un visto y no visto levantaron a esta mano del río, sobre el puente de los Siete Ojos Puntiagudos, un arco como no ha sido visto otro... por lo hermoso y galano. Llevaba enramadas, emblemas, cartelones salutatorios y hasta, pásmese usted, cuatro autómatas a resorte -vestidos a la moda parisién - que tarareaban, bien conjuntados y afinada su voz de caña, melodías de moda: O Sole Mío, Jeu de Robin et de Marion, Suspiros de España, Madelon, Der Templer und die Jüdin, La Cucaracha, Lili Marleen, Cambalache...

- Alguna se la tengo oída al ciego Olmos, el que tañe en la Plaza de la Lana.

- No interrumpa que se me va el oremus, y con él la cordura de la lengua... ¿Qué iba a decir? Si, claro... Lo que distinguía a este arco de todos los con anterioridad construidos era un huevo de barro horneado, forrado con una de esas telas a las que dicen de Jouy, sobre la que se representaban, con fina labor de aguja, minutisimas e imponentes escenas guerreras. Mulligan, Alférez de Bandera de los Cabalgadores de la Frontera, dijo que por ciertos motivos repetidos que se daban, entendía se trataba de una alegoría de la muerte, con las armas en la mano, de L. Catilina: «Nobili genere natus, fuit magna vi et animi et corporis, sed ingenio malo pravoque. Huic ab adolescentia bella intestina, caedes, rapinae, discordia civilis, grata fuere. Ibique juventutem suam exercuit»... Colgaba la figulina maravilla aovada de la ojiva aflamencada que hacia las veces de pináculo del arco; hueca y del tamaño de una canasta forrajera, abría y cerrabase a voluntad mediante un juego de bisagras colocadas poco mas arriba de la mitad de su altura. Dentro iría Serenin el Despernao, con sombrero de Poitou, anteojos ahumados y levita burdeos con orlas doradas y bocamangas galoneadas; llevaría una bocina en una mano y una carraca de Gascuña en la otra; esta la agitaría contundente y marcial inmediatamente despues de simular romper el cascaron y salir del huevo, cuando a toque de pífano y timbal se le advirtiera de que las señorías estaban ya al oído; aquella la utilizaría para clamar, alto y claro: ¡Viva Tristán el Insigne! ¡Viva Iseo la Bella! ¡Viva él, viva ella! ¡Salud, Flor de Leonis! ¡Salud, Garza Rubiales!.

- Muy de entretener es esto que vuestra merced predica; figurese que me trae a las mientes... a esos "pasos" que por fiestas traen en cartel los cómicos. Servidora por el que mas gusto tiene es por el del "Caballo de Troya y doña Helena"... Pero gustaría me diera mayor razón sobre los figurantes que salen, y de como fue que la dama Iseo le soplara al oído el fundamento de sus golosinas de puchero.

- Otro día, acaso, siga el cuento. Ahora están al caer las diez y he de ir a tomar mi lección de danza.

- ¿Baila usted el paspiés, don Gaiferos?

- Ni el passe pied ni nada, señora mía. Me preparo para saber componer la figura con garbo y salir airoso en un cuadro que el señor Toulouse-Latrec está pintando. Venga, tome estos sueldos jaqueses, lléguese al mercero de la Escalerilla y pida le sirva, para el mocoso, unos pañolones como los que los predicadores gerundianos llevan en la manga. ¡Con Dios, señora!.

Ya lo ven ustedes, una pizca de pimentón en la punta de la lengua y heme aquí dando traspiés con el bolo colgando, enfangado en ejercicios dialécticos de carácter arcaizante que únicamente prueban mi relativa habilidad para huir de la pereza intelectual sin apenas esfuerzo. Que le vamos a hacer, de momento y dadas las circunstancias es lo que hay. Sumo y sigo...

Hagan ustedes cuenta, si gustan, de que me encuentro dando traspiés por lo constituye el cogollo de la bimilenaria ciudad, en algún lugar temporal y espacialmente dislocado de lo que he dado en llamar, no sin razones de peso, "Barrio de los Oficios". Acabo de echar una meada, lenitiva e inabarcable, en el lugar que para tal menester esconde el tabuco de un hospitalario zapatero; cargo con una bolsa de libros que por lo pesada cansa y lastima, y, como camino herido por fuego en la planta del pie, más que andar anadeo. En vez de aplicarme una pomada de inenarrables propiedades, quizá hubiera de haber hecho uso del consejo que en el "cuaderno de tapas de abedul de mi bisabuela" viene para el caso: «Linimento óleo calcáreo, o sea una mezcla en partes iguales de aceite de almendras dulces y agua de cal». Una nota datada en febrero de1955 añade: «Para las quemaduras superficiales, aplicar compresas mojadas en vinagre o en una solución de bicarbonato sódico o sal común. Cualquier grasa protectora, como vaselina o pomada de (ilegible), es útil; pero es mejor no utilizar pomadas si se piensa poner la quemadura bajo observación médica».

Brotó de un día para otro -como hongo maligno- en medio de la calle; es del color de la hierba mojada y remata en una cúpula en forma de cebolla, dorado; el cerramiento es negro, plegable y con remates plateados... No es la primera vez que cargo contra la falta de gusto que abunda a la hora de plantar eso que los modernos vienen a llamar mobiliario urbano, ni según marchan los gustos será la ultima. Y sin acritud sostengo que esta nueva pieza que se nos ha dado es tan procedente como un canguro cornudo en un belén, aunque al fin y a la postre no este en mi animo volcar en ella una critica severa, puesto que la fisonomía entera del "habitáculo" complace, a lo grande, a una de mis innumerables juventudes doradas, picaras, de media letra, blogocosicas, sin otros cuidados que un techo sobre la cabeza y la panza llena. Me conduce, digo, a aquellos despreocupados años que pase, chifla que te chifla y vuelve a chiflar, en el Imperio Romano de Oriente, catando vías, veredas y caminos con mi rueda de afilar. Me recuerda la blasfemia urbanística municipal, digo, a la jaula desde la que don Jericho Zerolo de Montova, castrato y maricón, cantaba en los jardines del castillo de Hereia para la corte bizantina: "El purpurado con lirios tocado", su vulpina esposa, nobilissimi, fiorentissimi, clarissimi, eminentissmi, obispos y ermitaños, príncipes de la retórica, cónsules de la filosofía, abogados, notarios, médicos, jefes de hospitales, directores de orfanatos, lenones y yo, servidor que vaciaba sus navajas de acero toledano y mango florentino y que por "imponderables" de los tiempos ha de dejar, hasta mejor ocasión, esta narración.

LO SIENTO

CONTINUARA.


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martes, 15 de abril de 2008

Pensando a Dirac desde el "Barrio de los Oficios" (I)

 
 
De Ávila llega un pelaire,
de Burgos un cerrajero,
de Palencia un alguacil
ha traído su consenso.
A Salamanca se escucha
por la voz de un pellejero,
por Medina un tundidor
y por León un herrero.
 
 

Una ligera presión y cesa el rugir orgánico de la radio, donde un hablantín de alborada, oriniento como llave en el fondo del mar, ¡matarile!, venia opinando que no le faltaba a don Camilo su cuota de razón cuando dejó escrito: “Don Ibrahin de Ostolaza y Bofarull II le dijo a don Silverio el Ecónomo IV: La Compañía de Jesús, el Partido Nacionalista Vasco y la ETA, son una y la misma cosa en diferente grado de maduración”. Salgo a la calle con una mano ocupada en una bolsa de libros que pesa como rueda de carro; con la otra me sirvo nicotina: C10 H14 N2 o (S)-3-(1-metilpirrolidin-2-il) piridina, como jamás pronunciamos los del oficio pero coloco aquí por puro culto al feísmo. Puesto que pertenezco a la obstinada y casi extinta grey de los “cal-cantanos”, a trechos silbo o canto, y , en tanto el sol se hace explícito sobre los viejos depósitos del ferrocarril, mi anima rural añora el canto del gallo: gallo que no canta... Sigo adelante, elucubrando, haciendo cuenta de las diferencias que hay entre pensar, imaginar y fantasear. El camino de lodo al que en la ciudad llaman río parece resuelto a mostrar su verdadera naturaleza acuosa. Acuosa y asquerosa.  

 

- Las monjas tienen poderes, tía... - dice la más mona de las tres adolescentes con las que me cruzo; el resto de la sentencia se me escapa y en la memoria del viento queda.

 

Sufro una quemadura en la planta de un pie (nadie en su sano juicio acertaría a adivinar como me la hice) y camino con la parsimonia lucida de un boyero que acarrease nitroglicerina. Ingreso en el Barrio Viejo, llamado ahora con eufonía municipal Casco Antiguo, donde la naturaleza del firme de la calzada me obliga a caminar como si llevase una estela funeraria pendiente de los colgones. Las calles se estrechan, y por entre el tajo de sus tejados observo como las nubes mudan de nariz y de orejas y de boca... de peinado.

- Y primi fili Adami et Evae fuerunt Cainus et Abel; quorum hic pastor, ille fuit agricola. Uterque obtulit dona Domino, sed dumtaxat dona Abelis, quae á recto espiritu procederent, placuerunt Deo: quidod quidem Cainus moleste tulit, atque ita invidia correptus, fratrem interemit. Tum Deus maledixit Caino, qui veniam desperants, fugit...

- ¿Como dice usted?

- Digo que el viento es el cirujano plástico de las nubes. 

- Pues va a ser que si, oiga.

 

Mediada la Cuesta del Convento me adelanta un tipo de aspecto ruin que cojea con muy mala traza. Debe de estar mochales el cabrón, puesto que durante el acto de dejarme atrás saca la lengua como can y da en pasar por ella, compulsivo, el pulpejo de uno de los pulgares, acaso soñando despierto en pasar las páginas de una Biblia a la viceversa. Al tiempo que esto ocurre alzo la voz y canto: “Los cojos para bailar llevan la fama / pero para trabajar tienen la patita mala” . Y no es que tenga yo cosa alguna contra los cojos, oigan: ahí esta, por ejemplo, micer Hefesto, zoppo y feo hasta rabiar con quien por lo común hago buenas migas. Claro que, cuando donna Afrodita, la de los muslos flojos y querencia por el pampanaje de cualquier mastuerzo por natura bien dotado, pone al maestro herrero  en suerte de varas, seca este como primera provisión la bodega de don Zeus (por eso y no por otra cosa opositó a olímpico copero), y perdidos bonete, tenazas y martillo trasmutase en un perrezno insoportable... ¡Cuesta superada!. Giro a la izquierda, enfilo la plaza y a la altura de la Cal de Putas doy con ocho o diez miembros de la compañía de escobas del Corregimiento; son hembras la mayoría, y todos y cada uno porta un bocadillo capaz de dejar con bascas de hartazgo a mi señor Pantagruel y compaña.

 

Calles angostas las que pateo. Ruas de lacónico tiro en las que el aliento tóxico de de los furgones de reparto agrede a los sentidos. En la túnica compleja de ese aire enrarecido, estampado queda el concierto de las horas que pronuncian unísonos los campaniles. Qué se yo porque desacuerdo me vienen unos palabras de Stendhal a la punta de la lengua: “Voici des détails exacts”. Callejeo dolido, congestionado y tieso como "Cipote de Archidona"; pesa la letra de la bolsa que acarreo y a cada sorpresa la mudo de mano. ¿Quedaran extraviadas palabras por el camino?. Un chino tira de un carro del que rebosan comestibles cuya fetidez disimula el plástico con el que van amortajados; tiene la jeta de batracio y los andares de un mulo de artillería; hace un alto, ceba el cañón con un mugido de res carnicera y dispara un lapo que, en cuanto a color y tamaño, recuerda mucho a una tortilla de espinacas podrida. Retoca luego la obra con la punta de pie y continua su venenosa y sínica marcha. Todo con una espontaneidad que no necesita de estimulo alguno. Y ahora, el animo regenerado tras la avalancha, dudas: ¿Hacer presa en su cuello hasta que cruja como rama seca? ¿Reprenderle ásperamente? ¿Vitorearle por el prodigio a mis ojos ofrecido?. No acierto a decidir conque eslabón quedarme, así que, con cierta simpatía y cerrando los ojos ante la prueba de cargo, opto por silbar un fragmento de “El Huésped del Sevillano”.

- Es usted bobo, don Gaiferos. ¡Mira que dejar sin su correspondiente zurrapelo a un chino que empuerca la ciudad...!

- No se moleste usted, don Pepemeremenegildo, pero servidor tira más por lo simbólico.

- ¿Como?

- Que el símbolo es -sub ratione psychologica- vehículo transparente de la imagen.

- ¡Hostia, tu...! 

 

Rugen cerrojos y puertas y trapas; rugen las tripas "añudadas" de quienes sin catar bocado van al tajo. Se afanan los tenderos madrugadores. Va la cigüeña parroquial del nido a la charca. Pasa con la rigidez somnolienta de boa ahíta la "manga-riega-que-aquí-no-llega". Se saludan con sintaxis coloquial los avenidos a la hora.

- ¿Como dices...?

- Digo que los que van y vienen a la misma hora se saludan, por costumbre, y aun si conocerse de otra cosa, mediante actos ilocucionarios declarativos... ¡Buenos días!. ¡Vaya bien!. ¡Que te jodan!. ¡Hasta mañana!...

- ¡Ah!. ¿Y eso sabiaslo tu ya, o enseñarontelo en la fabrica?

- Verá, don Teófilo, esto lo llevo en la mollera desde que don "Nicaso", el profe del Instituto que se suicido comiéndose una mala gramática comentara que, como el habla tiende al pragmatismo, debería  de explicarse por su causa y efecto, por sus resultados interpretativos inmediatos. Le diré más:  para el difunto y para un extranjero al que seguía, en el habla existen actos asertivos, comisivos, directivos, expresivos y declarativos...

- ¡Cojonantuan! ¿Pero... tu no andas, como da pregón tu madre, en eso de preñar a las mujeres que con picha no cargan?

- No señor, eso son infundios; servidor anda itinerante con una máquina de la verdad, paranoica y estresada. Saco empleados desleales, cónyuges cornupetas, funcionarios corruptos, falsas preñadas, jueces prevaricadores, obispos disolutos, violadores de arrepentimiento falsio, sanadores de pega, exiliados de pasar por caja, tullidos fingidos..., cosas de esas. Engaños.

- ¿Has enchufao a algún concejal de los d'aquí?

- No señor, los hideputas antes que dejarse tiran de cabritera.

- Naturranga...

 

Y sigo la trama vetusta de las calles, de acá para allá, a saltos beodos de caballo de ajedrez. Cargo con la vejiga llena y no puedo menos que envidiar a un chucho sin amo que mea indolente sobre un pilar de los soportales de lo que fueron casas del Cabildo. Ya no se ven perros vagamundos. Una pena la ausencia de su cervantina figura. ¿Progreso?. No lo creo. Me gustan los perros solitarios y emancipados, cata hombres, vivales; los perros de andar al albur que, en cuanto a orgullo, achican hasta la nada a sus congéneres falderos. De joven, uf... cuanto hace, les protegía a pedradas de los laceros. Cerbero me lo pague.

Me complace que las calles estén rotuladas con nombres de oficios viejos, de gremios, de artes. Nombres de afán y labor, identitarios; nombres que acaso den significado a un pueblo interesado en saber como fue un día. Su sonoridad, a la vez melancólica y honrosa, siempre es ocasión, para mi, de nuevas indagaciones conducentes a garbear por la historia a mi manera. Como es de ley.

Y, al humo de esta sobrevenida hoguera, decir que hay un texto, en catalán, capaz de embrujarme toda vez que a viva voz le leo. Expurgado por imperativos de tiempo que no vienen al caso, viene a decir así:

«... En quant a oficis de arts mecanicas, son los més de sabaters, sastres y fusters; hi ha agunas botigas de rellotgers, que cada dia se van extenent, perqué casi los més portan rellortge en la faltriquera; quinquillayres, cofieras, modistas; sense las de molts perruquers y chocolaters, que se van aumentant de dia en dia. Altres butigas de llibreters, los mes en lo carrer de la Llibretería; de argenters, fora alguns en diferents carrers, tots en lo carrer de la Argentaria o de la Plateria. Altras butigas de robas en est carrer de la Argenteria, Barris de Santa María del Born y carrer de Montcada; en lo carrer Ample las més de las butigas son de brodadors, pasamaners, quinquillayres, y altres de est genero en molts carrers y plasas de la Ciutat. Los calderers estan en lo carrer de son nom, vehí de la Boria; los blanquers y assahonadors prop del rech de la Esplanada; los courers, llautoners y estañers en la Boria; los guerrers, en lo carrer del Tallés los més; los escudellers, en los dos carrers de son nom; los daguers, en lo carrer de la Daguería, propr de Sant Just; los manyans, en lo carrer dit del Regumí y en los altres puestos de la Ciutat, los primers prop de la Capella de Sant Christofol y plasa de Correu. Los ferrers de tall, a la entrada del carrer del Hospital, cantonada a la Rambla y frente de la Bocaría. Los manascals y carreters en la Rambla y prop de Sant Agustí vell, ab tot aquell carrer del Portal Nou, etcétera. De arts lliberals, a saber: pintors, estudis de llegir y escriurer, apotecaris, metges, cirurgians y barbers; advocats, notaris y procurador; escribents notaris ab los del ram de Contaduria: marchsns, corredors de orella, fadrins de negoci, etc., ni ha de tots prou grosa porció en la Ciutat, com també butigas de adroguers.»

[...] 

Excursions d'En Rafel d'Amat Cortada i Senjust per Catalunya i Roselló en l'últim quart del segle XVIII.

 

CONTINUARA.


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sábado, 22 de marzo de 2008

RUBRICA DESDE UN BALCÓN LEGIONENSE.

 

 IMAGEN: J. Casares/EFE - Plaza Mayor de León - Procesión del Encuentro - Domingo de Resurrección.

Presta juramentos, dicta leyes sublimes,
derriba a los malvados, levanta a las victimas
y, bajo el firmamento, como bajo un dosel,
se embriaga con los esplendores de su propia virtud.

Baudelaire.

 

... Y la calle un espacio escénico en el que se representa un "Auto Sacramental" en el que todos son actores ... Y la ciudad una corrala tocada por la gracia, paradójica y extrema, del alboroto y del silencio complementarios ... Y en la corrala un espectáculo ciudadano en el que la tradición festiva equilibra fe y escepticismo, pues basta "Ser" para añadirse a la comparsa, sin otro requisito que valga ... Y mi alma pecadora, extraviada por la racionalidad y la critica, en un balcón ornado con motivos -inamovibles por costumbre- que desdicen la veracidad histórica del espectáculo, haciendo cuenta y memoria de aquellos "Autos" tremendistas que me gustaban tanto;   los ojos puestos, ¡dita sea!, en las hechuras carnales de las hembras que, como grullas moñudas negras, desfilan haciendo labor de calceta con sus rosarios. Una gallinita pomposa y bien formada a la que doy por suponer recién recibida en la pollada me trae a las mientes unos versos de Rodrigo de Reinosa:

Delgadica la cintura,
blanca soy como el papel,
la color tengo mezclada
como rosa en el rosel,
el cuello tengo de garza,
los ojos de un esparver,
las teticas agudicas
que el brial quieren romper...

 

... Y don Gaiferos con la razón perdida tras el palmito de una mano de hembras curvilíneas talladas en negro. Bobo sin  remisión, ignorante de la quiebra de su propio y sincopado discurso. Porque don Gaiferos, antes que otra cosa, solo pretendía hablar de la almendra literaria del espectáculo y, por extensión, de aquellos autos que por desmesurados y abundosos en numero pasaron a denominarse «comedias de santos». 

 

Y que comedias mas espectaculares, señores; las mas garrulas en su aspecto formal pero sin embargo las mejor aderezadas de acuerdo con los recursos mecánicos de la época. Descojone conceptual, tramoya y pura pirotecnia, pues de todos estos ingredientes era necesario abusar para "reproducir plásticamente" la vida de un santo: tentaciones, milagros, apariciones y visiones, ascensiones al cielo, luchas intensisimas con el diablo... ¡Joder, pero si se gastó mas pólvora en estas comedias piadosas que en la flota de Indias!. Y al publico de entonces, como al de ahora, le encantaba la demasía escénica, el escándalo figurativo y el artificio. Una mierda para los rigoristas tocapelotas (Platón y Sócrates también se manifestaron contra los excesos teatrales) empeñados en eso del "tempo" dramático y el uso justo del idioma. ¡Que sabran ellos del ornato y pompa que Dios guarda con los bienaventurados!. ¿A quien le importa que San Mercurio vuele en día nublado y guíe a  los Reyes Magos? ¿A quien le molesta que San Pedro, vestido a la tudesca, converse con el emperador Juliano y con Atila? ¿A santo de qué, las Animas del Purgatorio, dirigidas por el Arcángel Rafael, no pueden celebrar un casamiento real con bailes y música de chirimias?...........

 

PROTESTA:


Ceso en este decir por una urgencia inexcusable en el trabajo . Lamento escribir -por costumbre- de corrido y sin apenas notas que puedan dar sentido a una continuación de lo que por una u otra razón interrumpa. En mi animo estaba, sépanlo, perorar (lo que antecede era introducción) sobre el calendario judío y la Pascua, los textos evangélicos y sus autores (que para nada son lo que pretenden ser) y el proceso a Jesús. Punto, este ultimo, en el que mi falsilla iba a ser el maravilloso libro de Paul Winter (Moravia, 1904. Abogado de profesión, judío de nacimiento... Tras una azarosa vida de resistente, se ocupo, después de la guerra, de la ayuda y rehabilitación de las "personas desplazadas". Dedicó los últimos veinte años de su vida al estudio del Nuevo Testamento y el juicio de Jesús, ganándose humildemente la vida como camarero de tren o empleado de correos...), titulado «EL PROCESO A JESÚS».

Otra vez será.


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viernes, 29 de febrero de 2008

UNO DE GETAFE EN PARÍS (II)

Con mucha frecuencia, para persuadirnos a nuestro daño,
los instrumentos de las tinieblas...
nos vencen con inepcias honestas, para hacernos resbalar
hacia las consecuencias más abisales.

Banquo en Macbeth.

Los que se postulan para Amos de Calabozo mintiendo como bellacos y yo dale que te dale, a mi bola, describiendo y enumerando como si me fuera la vida en ello. Francisco Javier Hernández tiene escrito a propósito del Nobel de Literatura Claude Simon: « De ahí su desprecio de la intriga, de la lógica del relato, del suspense, sustituidos por lo que ahora se ha dado en llamar “el furor descriptivo” y que no es, en definitiva más que un intento de restitución del mundo a través de las impresiones, de las sensaciones, de los oscuros dictados de la memoria...» Bien traída la copla como coartada a mi obstinada manía...



Cuando días atrás salí por piernas de esta Barataria a mi gobierno (gánela tras muchos años de servicio como actuario de la IV Flavia, brava legión acantonada en una localidad danuviana -no logaritmica , ojo- dicha Mantissa...), sin dar noticia de la identidad del "xatafiense" al que vengo a mostrar reconocimiento, recuerdo haber quedado en lo más oscuro del desván, hincado de rodillas, escarbando como clueca en una tómbola de papelotes y objetos desclasificados. Y fue entre aquel mistifori apenas abarcable donde entre otras cosas y muchos: “¡Fuera, micho!”, encontré unos cuchillos y puntas de flecha de sílex pulimentado que mi tío M*, allá por las Catilinarias, consiguió en no se que lugar de Soria; unas castañuelas -con escenas medievales de caza talladas- a punto de la definitiva quiebra; una centena de botones pertenecientes a uniformes militares, mi padre en su mocedad los coleccionaba; un "tente bala" cosido a una Cruz de Caravaca por el oxido estragada; una navaja de afeitar en perfecto estado que fue de mi abuelo, Solingen es la marca y lleva en su estuche letrones y simbolos huecograbados. Como propio, propio, solo reconocí, entre los objetos, una muestra casi perfecta de antimonita a la que tiempo atrás puse ruedas en Japón. Era mi pretensión, seré gilipollas, hablar ahora del antimonio estibina o sesquisulfuro de antimonio, S3 Sb2, que cristaliza en el sistema rómbico, en cristales alargados y con las caras del prisma estriadas... ¡Dios, que disperso y cansino resulto a veces!

OOOooo

En fin, como el abate Evagrio aconseja contra la sugestión diabólica, pondré grillos a la imaginación, embridare los dedos nacidos con palabras que fluyen como ríos y me someteré, en definitiva, a la disciplina de los cánones - fútiles y extravagantes- de lo escueto y sentencioso. Pero antes es obligado decir que lo que en adelante corra, es fruto de las horas que aperrado eché escudriñando donde acaso no debía. A su modo entre terco y evasivo ya me lo advirtió Herr Monty: ¡Yerras, amigo!.

Advierto -tajante- que en todo lo que de provecho sigue no tengo concurso alguno. Es demasiado grande para mi. Me conformo, sépanlo ustedes, conque el aporte les depare algún conocimiento y sea semilla de "su" curiosidad hacia personajes olvidados igual de grandes. Lo cual que sigo, sin rubor y agradecido, el loable articulo de Don José Altabella titulado “URRABIETA VIERGE, gran ilustrador”, publicado por vez primera en el ejemplar VIII de “BIBLIOFILIA”, Valencia 1954.

Y he dicho "sigo", porque a fin de aligerar el texto, de adecuarlo al malhadado simplismo que los tiempos parecen exigir, he decidido editarlo tras el pase, probablemente indebido, por mi particular trefiladora. Entiéndase pues, tras esta protesta, que todo demerito que de aquí en adelante se observe... bla, bla, bla... mi impericia.

URRABIETA VIERGE

El centenario del nacimiento de Daniel Urrabieta Vierge, pasó por la actualidad española tan de puntillas, con tal sigilo, que apenas ha significado nada en la memoria del famoso ilustrador. No es tan larga la lista de dibujantes de su talla -se le ha llamado «el Gustavo Doré español»-

[...]

Urrabieta Vierge pertenece a esa estupenda teoría de artistas españoles que más han sabido universalizar el alma de nuestra Patria, precisamente por ser de los elegidos que han sabido entenderla, sentirla, plasmarla y con más rotunda precisión interpretarla [...] Y desde París, su fama irradió al mundo entero. Cervantes, que ha tenido por su «Quijote» tantos glosadores plásticos, pudo encontrar en su compatriota, como él manco, como él artista y como él, aventurero, un ilustrador excepcional [...] Y el que supo resucitar los tipos ideales de la Patria muerta, ha sentido ahora los zarpazos de la negligencia y despreocupación para su memoria, un tanto desnacionalizada ya de por sí, lo mismo que ayer, en un ayer de principios de siglo, España le volvía la espalda a la herencia de sus ricas obras, que pasaron a ser una joya de arte en Norteamérica.

<-------->

Urrabieta Vierge nació en un pueblo cercano a Madrid, en Getafe, en 1851. Es hijo del dibujante Vicente Urrabieta Ortiz, excelente grabador en boj, asíduo colaborador de la revista «El Museo Universal» y de las novelas por entregas que editan los Gaspar y Roig, muchas de las cuales estaban ilustradas por él. La madre de Daniel, Juana Vierge de la Vega, era hija de un soldado francés, que se nacionalizó en España después de la guerra de la Independencia. Al márcharse de nuestra Patria el general Hugo (Joseph Leopold - Sigisbert Hugo, Comte de Cogolludo) - padre del poeta francés Víctor - , de quien había sido asistente el soldado Vierge, éste decidió quedarse a vivir en España; se casó, y de este matrimonio nació su hija Juana, quien, más tarde, a su vez, se desposaría con el dibujante Urrabieta Ortiz.

Su hijo Daniel es un niño con tendencias artísticas precoces, alentadas y aun provocadas por el propio ambiente familiar. En su hogar se respira el arte, un arte con minúscula, un tanto menor, en que el buril del padre vence a la artesanía, y la voz de la madre llena de canciones la casa... Así, aquel niño de cuatro años es para la madre -en pleno apogeo de la ópera italiana- la ilusión de un gran cantante, a juzgar como entona cuanto oye, y para el padre, que le ve emborronar hojas con atisbos de sorprendente gracia, su hijo será pintor. El futuro del vástago se parte por gala en dos, y queda matriculado, al mismo tiempo, en el Real Conservatorio de Música y en la Escuela de San Fernando. ¿Será cantante?... ¿Será pintor?... Un día, se cansa del solfeo. La madre sufre una contrariedad. El padre, sin embargo, recibe el alegrón subconsciente de ver así posible llegar en su hijo más allá de donde él ha podido llegar.

Entre sus maestros están el retratista del Romanticismo español Federico de Madrazo y el paisajista Carlos Haes, y como compañeros de clase se encuentran Pradilla, Villegas y Martín Rico. Daniel enfila su vocación y sus gustos abriendo una brecha en el cruce de los diferentes estilos de Madrazo y Haes, el primero clásico y el segundo realista. Y copia a Velázquez y a Goya por los museos, pero pone sus lápices también al servicio de la greguería de las plazas y calles de aquel Madrid isabelino que pronto va a romper esclusas revolucionarias en Alcolea y Cádiz (Referencia a "La Gloriosa o Septembrina").

A finales de 1869, toda la familia se traslada a París. El joven Urrabieta Vierge llega allí con una noble ambición: abrirse camino en el Arte. Desde el modesto piso que ocupa con su familia en la rue Blanche, planea la difícil conquista de la capital. Es joven, voluntarioso y artista. Disciplinado en el trabajo, dibuja constantemente. Hace copias en el Louvre, pero siente la viva y palpitante atracción de la vida callejera y de las estampas urbanas, que él traslada a sus cuadernos de papel marquilla con profusión... Llena apuntes y bocetos en ejercicio laborioso, que disciplina sus lápices y su capacidad de ver. El vértigo de la vida, con sus múltiples manifestaciones coloristas, invade las retinas del joven dibujante.

Un día estalla la guerra (franco-prusiana). Los padres de Urrabieta quieren abandonar la ciudad ante el avance alemán, que amenaza el cerco de París. Daniel, no obstante, desea permanecer allí. El espectaculo del pueblo en armas (Comuna de París) le interesa. Y esos modelos de muchedumbres belicosas no los va a encontrar en ninguna parte. Y allí se queda, solo, dibujando para él mismo, acrecentando el archivo vivo, que luego constituirá el rico acervo de su estudio y desafiando todos los peligros inimaginables. Pero la suerte, muchas veces, es inseparable del peligro.

Cierta vez, en el momento en que estaba más enfrascado tomando unos croquis de la plaza de la Concordia, se le acercó un señor y se interesó por sus trabajos. Había en ellos tal vida, tal veracidad, tal realismo, que le pareció imposible que fueran sencillamente entretenimientos de un joven, no destinados a la publicidad. Charles Iriarte -famoso cronista de «Le Monde Illustré», la célebre publicación gráfica de la Francia del siglo pasado- fue el curioso a quien Daniel sorprendió con sus apuntes.

Le invitó a colaborar en la citada publicación. Y pronto entró como redactor gráfico de actualidad. Fue un precursor de los modernos reporteros de la fotografía y la televisión. Inmediatamente se hizo famoso en este quehacer inquieto, apresurado, lleno de urgencias, a la caza del suceso importante y de la realidad fugaz. Hasta entonces, los dibujantes imaginaban en las revistas la actualidad. Francia debe, pues, a España al creador de su periodismo gráfico, que, años más tarde, acreditaría entre nosotros, los españoles, don Juan Comba.

Urrabieta Vierge no regateaba esfuerzo alguno para lograr aquellas sorprendentes escenas, muchas de ellas arrancadas entre el fragor de las balas. Tanto, que se ha repetido muchas veces la anécdota de su detención por una patrulla de voluntarios de la Commune, que le tomaron por un espía. Los revolucionarios detienen e nuestro compatriota, a la vez que le imprecan:

-Espion a la solde de Versailles!

Urrabieta Vierge, creyendo que sus aprehensores le conocerían por su firma periodística, repetía, sincerándose, en una extraña mezcla de acento español, prosodia castellana y francés muy mal aprendido todavía:

- Ze souis Vierge... Ze vous dis que ze souis Vierge...

Pero los comunistas no atendían a razones. Es más. El equívoco entre su apellido y su significación en francés (verge = verga), aun complicaba más las cosas. Ellos, sin hacer caso de sus protesta, le decían:

- Ça nous est égal que tu sois vierge; la question n'est pas là. Tu t'expliqueras a la Prefécture de police.

Y allí dio con sus huesos, hasta que sus compañeros de «Le Monde Illustré» fueron a rescatarle.

Esta anécdota no le hizo retraerse de su carácter audaz. Y así, siguió dibujando el peligro y plasmando el riesgo en centenares de escenas: la revolución, el cerco, la entrada del ejército invasor, las negociaciones... Al llegar la paz, su nombre destacaba entre los más famosos de Francia.

Y esa misma paz serena su labor dejándole abierto el espíritu a más altas ambiciones artísticas. Y salta de la anécdota a la categoría. Sus dibujos toman vuelos más altos. Pintores famosos y literatos de renombre se interesan por este «observador visionario, descendiente de Velázquez, metido a periodista», como le calificara con oportuno juicio Gustavo Geffroy.

Victor Hugo, el genio a quien el abuelo de Urrabieta, siendo ordenanza, acompañara en sus paseos infantiles madrileños, tenía a la sazón, para el nieto, frases de elogio. «Me habéis conmovido muchas veces con vuestros dibujos», le dijo. Y tras la amistad, vinieron los encargos. Ilustró una edición de lujo de «L'Anné Terrible». Ante la obra de nuestro compatriota, todos coincidieron en afirmar que a Gustavo Doré le había salido un serio competidor.

Goncourt escribía: «Vierge, el único ilustrador de la hora presente...» Y el sesudo «Le Temps», por su parte, remachaba en un comentario: «Es Durero que resucita...»

Dibuja, pinta, decora, ilustra, ama, viva y triunfa. Gana mucho dinero, trabaja intensamente y vive bien. Victor Hugo le encarga nuevas ilustraciones, para «L'homme qui rit», «Les travailleurs de la mer» y «Quatre-vingttreize». Michelet le ofrece su «Historia de Francia y de la Revolución», para que la ilustre con su lápiz genial [...] Un día, sugiere a un editor francés traducir una edición de «El gran tacaño», de Quevedo, que él ilustra con acierto extraordinario. La obra, titulada «Don Pablo de Segovia», en la versión francesa, le brinda la oportunidad de volver a España, para entrar en contacto vivo con sus paisajes, sus rincones, sus lugares y sus recuerdos... Su ilustración se hizo tan célebre, que un editor inglés preparó una edición con sus dibujos. Y pensó en él para que realizara una colosal ilustración de «Don Quijote de la Mancha». Así, realizó, con este proposito, su segundo viaje a España, para recorrer, emocionado y artista, la ruta de la creación cervantina. Peregrino del arte por los caminos manchegos, llenó sus carpetas de apuntes, bocetos y diseños... Y al cansancio físico de las largas caminatas, él oponía la resistencia de sus grandes esperanzas en lograr una adecuada réplica a la fantasía improvisada y alegre de Gustavo Doré.

Pero un día de 1887... La jornada del gran homenaje nacional que Francia tributó a Victor Hugo, tuvo a Urrabieta totalmente emocionado, en vibrante inquietud de trabajo, tomando apuntes del extraordinario acontecimiento para su información gráfica en «Le Monde Illustre». De madrugada se puso a trabajar. Rendido, se acostó y durmió unas horas. Al despertar notó que su gran máquina humana se paralizaba... Había sentido los zarpazos de una hemiplejía que le paralizaba medio cuerpo, le hacía perder el habla, la memoria y el movimiento de su mano derecha.

¿Qué iba a pasar?... ¿La muerte lenta?... ¿El eclipse de una fama?....

CONTINUARA.

Don Gaiferos (el "don" es imprescindible)


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martes, 19 de febrero de 2008

UNO DE GETAFE EN PARIS (I).

Veamos que atropellos contra el sentido común y la alianzacivilina y el derecho de gentes cometo de aquí en adelante si es que quiero, que quiero y con toda justicia lo merezco, hacer realidad ese sueño vitalicio que es contemplar mi propio “zane”... Si, hombre, hagan memoria, rebobinen ustedes en este pósito de intrascendentes necedades hasta dar con las magnificas ocurrencias que he contado sobre los señores griegos... En fin, por evitarles enojos lo contare otra vez de corrido. Era “zane” el monumento estatuario erigido al hideputa de don Zeus (ese impenitente rijoso trapisondista dado en gastar las más de sus olímpicas horas en probar metamorfosis animales que le permitirán escurrirse entre las piernas de aquellas damas del elenco mitológico a su gobierno que, un tanto cochinorras ellas, apuntaban sexualmente hacia el bestialismo : Europa, Leda, Semele, Danae... Uff que fatiga) en una campa, cabe el estadio olímpico donde los de la Helade medianse en fuerza y habilidades. Su coste era soportado por aquel participante en los juegos que fuera pillado trampeando. Cada pieza llevaba en el pedestal una descripción de la falta deportiva del maulero y un comentario laudatorio sobre el vencedor real. El primer tipo pillado con el culo al aire fue un tal Eufolio de Tesalia. De haberse universalizado la costumbre y seguir en boga, no habría hoy en la trilera España suficiente espacio para levantar monumentos semejantes. Y sin embargo yo deseo el mío... ¡Ah, mis razones!



OOoo

En lugar de rodar setenta kilómetros para asistir a una rueda de charletas relámpago relacionadas con la “fermentación alcohólica del jugo de uva a la luz de los nuevos avances en microbiología” [Ya saben: Composición y propiedades de los sustratos de fermentación.- Aplicación industrial de las fermentaciones ( Preparación del mosto; utilización de levaduras seleccionadas; desarrollo de la fermentación; tecnología de la fermentación; caracterización de las cepas de levadura utilizadas).- La fermentación maloláctica (Origen; sistemas fermentativos; sustratos de dicha fermentación; evolución de las tecnologías: Conservación de poblaciones bacterianas, utilización de la biomasa, levaduras degradantes del ácido málico, uso de células o de enzimas inmovilizadas, vía genética).- La segunda fermentación alcohólica... Bla, bla, bla]... Decía, o quería decir antes de cagarla saltando al púlpito de lo profesional y aburrido que, sin apearme de las zapatillas y manos a la obra, me he dedicado a poner orden y concierto en un montón de papeles que, manga por hombro, sesteaban creando porquería y malignidad en unas cajas arrumbadas en lo mas oscuro del desván.

OOOooo

Aclaro que a la cosa esta de nombre tan rebuscado envié, debidamente acreditado, al mayor de mis hijos: del oficio e innegablemente mejor preparado que yo para lidiar con los esdrujulones avanzados que es moda soltar entre los chafalmejas que presiden estos presuntuosos encuentros: «Es fundamental tener en cuenta también los valores individuales de los marcadores bioquímicos antes de su integración en el calculo combinado» «¿Qué dice el gilipollas este?» «Que hay que hacer con las levaduras lo que se ha hecho siempre» «¡Hostia, tu!»... En fin, si me da por ahí ya les contare de que ha ido la cosa.

-- ¡Miente! A usted le importa tres cojones lo que se diga en la pachanga esa a la que envió delegado.

-- Un respeto, oiga; este cura no es menos veraz que su señor padre, concejal y abogado. O que su abuelo: carabinero bujarra y coplero.

-- ¡Cagüendios, aquí se habla de nuestro presente, Gaiferos!

-- Pues suelte usted su carajada babilónica, Celedonio. ¡Venga, hombre!

-- "Quía" decir que usted mando al chico por amarrar la caja de vino que regalan, la mochila esa del prospecto, el juego de copas de cata, el paraguas de colorines y el sacacorchos a pedales, la litografía del "coño de la Bernarda" y toda esa mierda con la que los vinateros más avispados les enculan de rondón...

-- Pues va usted a tener razón, don Celedonio.

-- Aja... Me lo temía.

-- Venga, tómese otra gaseosa y cambiemos de palo.

OOOOoooo

Y sin embargo... escrutando con minucia genuflexa aquellas cajas desheredadas del desván, fui a dar, con las pupilas de oro de Herr Monty -mi compañero- alumbrándome, con una serie de artefactos literarios que creo debo rescatar del olvido. Y eso me resta protagonismo y no es fácil para mi ego. Aunque al fin, en esto como en tantas otras cosas, viene a pasarme como a Gracián, Balastar, quién en todo un capítulo de la tercera parte del "Criticón" se da a enjuiciar y censurar refranes, sin caer en la cuenta de que la critica de ellos es signo del gusto inconsciente que sentía por los mismos, como lo prueba el numero de los que cita y la variedad de ellos. Pero es que el huraño jesuita jamas dejó de ser un lógico rural contundente.

CONTINUARA.


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martes, 4 de diciembre de 2007

Yo que fui mochil del maestro Durero. (Crónica viajera).

Obsérvese como la cabecera de este apuntamiento es un “goyesco dos de mayo” de la divertida, conseguida y agridulce obra de Bohumil Hrabal titulada: “Yo que he servido al rey de Inglaterra”. No hay casualidad en ello. Titulo así a este mistifori como homenaje al autor citado y a la libertad narrativa. No obstante he de apuntar y apuntalar algunas cosas: Esta va a ser una posada larga en relación con lo que se lleva, a ratos enrevesada, culta a medias y a mi modo fantasiosa y disparatada. Pero nadie tema, que, de permitírmelo el tiempo, la aliñare de modo que sus ingredientes - hechos ciertos e incontestables, verdades a medias y dislates de una imaginación fuera de cauce- resulten indiscutiblemente diferenciables. Vaya por delante, sin embargo, mi voluntad de divertir e instruir. Es decir, no jodan con naderías historiograficas y tomen ustedes la mosca por do quieran.

Y las maletas sin deshacer. ¡Dita sea...!

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Antecedentes.

El 19 de enero 1519, acaso su "tiempo" impulsado hacia el agotamiento por el dedo imperceptible de su vida tumultuosa, muere el emperador Maximiliano I. En el sainete sucesorio subsiguiente todo esta enredado, no hay nada claro. Muerto el perro las reses se desmandan, y las promesas hechas en la Dieta de Augsburgo de 1518 por los Electores de Maguncia, Colonia, el Palatinado, Brandeburgo y Bohemia de sostener la candidatura de su nieto Carlos quedan en nada; resultan sin valor ni efecto. Hay necesidad de empezar de nuevo. El otro primer espada del cartel es Francisco I, rey de Francia. Otro postulante es el rey de Inglaterra, aunque mas por joder que por otra cosa. El Papa, por costumbre inveterada y mas pendiente de los bienes temporales que de los espirituales, siembra cizaña entre los contendientes para luego meter la cuchara en el sopicaldo y sacar tajada. Hay momentos tan delicados que la propia Margarita de Saboya, valedora leal de su sobrino Carlos y dama de tanta mano izquierda como bragada, desespera. Pero las cartas siguen corriendo de mano en mano. Carlos tiene problemas en Castilla; para los tiempos que corren, Francisco reina en un país pacificado. Carlos esta a dos velas; los enviados de Francisco, poco discretos e inconsecuentes, reparten dinero a manos llenas. Aunque valiente, generoso y prodigo, Francisco es voluble y poco resolutivo; Carlos, sin embargo, es tenaz, duro y seco como un asno zamorano. Francisco dilapida; Carlos fía su suerte a las magnificas tripulaciones de sus naves americanas. Mientras uno se agota el otro promete maravillas y hace amigos alemanes. Con valores tanto exóticos como tangibles en las manos, Carlos se procura de la casa de banca Fugger un préstamo inicial de 500.000 florines, destinados a comprar brazos armados y voluntades. Poco tiene que hacer el francés, puesto que al punto su crédito no vale nada, ya que la liga de Suabia prohibe a sus comerciantes aceptar sus valores. Transige "cagaillo" el Papa y, tras un coste de 850.000 florines, el día 28 de junio de 1519, los Electores votan por unanimidad en Francfort la elección de Carlos.

Merced a la simpatía que Maximiliano tuvo por Durero, la ciudad de Nüremberg le había pensionado con una renta anual de cien florines. Su muerte podía significar la cancelación de este beneficio, pues el consejo municipal quizá no se atreviera a confirmarlo sin la autorización expresa de Carlos V, llamado a ser el nuevo Emperador de Alemania. Por eso, sabedor el maestro de la inminente coronación en Aquisgrán de Carlos como emperador del Sacro Imperio Romano, acompañado de su mujer, Agnes Frey, emprende, próximo ya a los cincuenta años, viaje para ver su renta vitalicia confirmada. La anuencia imperial a tal privilegio tiene lugar en Bruselas, a finales de agosto de 1520. Luego, dispuesto a vivir nuevas experiencias artísticas y humanas, continua el maestro viaje hacia los Países Bajos.

Agnes, aquella Até implacable y dominante, de ninguna manera hubiera permitido que Durero se echara a los caminos solo, como antaño lo hiciera cuando se trasladara a Italia, donde conoció a los artistas más famosos de la época. Hijo de su tiempo al fin, Durero había contraído nupcias por conveniencia paterna, sin ser consultado previamente, ajeno por completo a la naturaleza desabrida de aquella que, más que fiel esposa, fue piedra imán de sus desgracias.

De como este cagalabraga cayo sin red en esta historia.

En fecha que no es necesario precisar, mi madre, G*R*, hija del maestro espadero de nacion portuguesa Hipólito Rebelo, soltera, y a la sazón cocinera de la casa de J*H*, ricohombre de la ciudad de Fürth, ajustome a mi, A*R*, como servidor del maestro Alberto Durero, honorable de la ciudad de Nürenberg, a fin de que le sirviera con entendimiento y lealtad, desde el día siguiente al de la fecha, hasta el cabo del viaje, y no más, que estaba a punto de emprender para la resolución de un asunto que tenia con el Rey.

Era entonces yo de catorce para quince años, estaba lustroso por lo bien comido, vivía con la alerta picara de un gato pajarero, estudiaba con Vespasiano Boloñes, un maestro calculista que me enseñaba la magia de los números a puñadas, echaba vello do más deseaba y cumplía con mil y una bellaquerías. En ocasiones ayudaba en la oficina de Sebastián Hutz, un impresor (a más de libros imprimía indulgencias, calendarios y panfletos sobre temas efímeros) e importador de papel que pretendía a mi madre. Maese Sebastián tenia el cabello como el fuego, era grande como una montaña y de carácter faustico; hábil metalista, cincelaba y fundía sus propios tipos. Su mayor orgullo era haber escrito e impreso un hermoso libro sobre el señor Lorenzo Valla. Con el tiempo contrajo matrimonio con mi madre y me dio dos hermanas y un hermano.

“En julio de 1520, coincidiendo con los días álgidos de la Reforma luterana, sale Durero, acompañado de su esposa y una criada, para los Países Bajos...”, suelen decir los tratados que comentan su peripecia viajera siguiendo su propio diario. Que mi persona no figurara en el original manuscrito (desaparecido), ni lo haga, aun pudiendo y debiéndoselo a la verdad, en otros sucesivos, les llamara menos la atención a ustedes, gente sagaz y avisada, tras conocer algunas condiciones que puso mi madre para mi empleo.

No pacto, por ejemplo, jornal ninguno por mis servicios. Si exigió sin embargo, alto y claro, que mis necesidades y gastos corrientes fueran satisfechos con la puntualidad y calidad de un propio de la casa, que monsieur Durero, personalmente, me instruyera en la conducta de un hombre honorable, mirara por mi educación artística y me enseñase a ver critico el mundo. Y lo que es más esclarecedor e importante: que bajo ninguna condición o circunstancia, sirviera a otro que no fuera él, sino era por mi gusto y con su aquiescencia. Esta condición aparentemente leonina se debió, supe después, al hecho de que mi madre sabia, ¿acaso de primera mano?, del carácter resabiado y tiránico e imperativo de Agnes Frey, de quien Jorge Hartmann, amigo del señor Durero, llego a decir: “Le había roído el corazón de tal manera, endureció su carácter con sufrimientos tales, que bien podía decirse que Albert había perdido la razón. Jamás le permitía interrumpir su trabajo, le alejaba de todas las sociedades, y con lamentaciones continuas, le tenia encadenado a la obra, sólo porque le dejase una grande suma de dinero después de la muerte. Siempre estaba atormentada por la idea de morir en la miseria, y este temor sigue torturándola aún hoy en día, a pesar de que Durero le ha legado cerca de seis mil florines...”

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Apuntes al casual extraídos del diario de viaje del maestro Durero:

«Algunas semanas después de la Pascua de Pentecostés he emprendido el viaje, yo, Alberto Durero, con mi esposa, desde Nüremberg a los Países Bajos, haciendo el trayecto por mi propia cuenta y riesgo»

 Recordar que de aquella las fiestas movibles que subseguían a la Pascua de Resurrección eran cuatro; esto es, Ascensión, Pentecostés, Trinidad y Corpus Christi._ Como se ha visto, a su mujer y a él les acompañábamos B*. y este modesto escribiente._ Antes de partir, mi amo expidió gran numero de cartas dirigidas a los notables de los lugares por los que pasaríamos. Mi señor, además de tener un gusto enfermizo por asomarse a los espejos, era un hombre de sólida reputación y de muchas aldabas.

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«He pasado por Bamberg, donde he regalado al obispo un óleo de la Virgen, los grabados de "La vida de Nuestra Señora" , un "Apocalipsis" y otro grabado que me ha comprado por un florin. Su eminencia me invitó como huésped suyo, y me dio una carta para la aduana y tres salvoconductos, librándome además de la cuenta de la hospedería, donde había consumido alimentos por valor de un florín... »

 Tres salvoconductos, cierto. Yo no necesité de ninguno por haber embarcado previamente en la barcaza de unos carboneros. Llevaba conmigo al perro Teer, muy afecto a mi amo; un cartapacio con grabados que mi señor pretendía vender por do pasáramos para costear el viaje; sus ropas de gala y una vihuela que su malhumorada esposa, el diablo la atormente con toda su saña, solía rascar sin mérito.

«También he dado al capitán del barco seis florines de oro por llevarnos de Bamberg a Franfort. También los maestros Lorenzo Benedict y Hans me han regalado el vino...»

 Esta etapa fluvial fue siguiendo el curso del Meno, en tudesco "Main", río de muchas revueltas que cuando la nieve le crispa resulta ser terrible._ Por su aspereza, unos buches que guardome B* no resultaron de mi agrado. En casa era de uso un vino betico fermentado en tinajas de barro claro.

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«... Después nos trasladamos a Amberes. Allí me instalé en la fonda de Jobst Planckfelt; y la misma noche fui invitado a una comida opípara que me ofreció el representante de Focker, llamado Bernardo Stecher, pero mi mujer comió en la fonda. Al capitán del barco le he dado por llevar a tres personas, tres florines de oro, y al que nos llevó las mercancías [...]. El sábado siguiente a San Pedro, mi huésped me condujo a la nueva Casa Municipal de Amberes; recién construida, desmesurada en tamaño y casi bien proporcionada, con unas cámaras excepcionalmente bellas y grandiosas, con un torreón lleno de los más magnificentes ornamentos, un jardín inmenso: en suma, un edificio tan magnifico como no lo he visto en los países de Alemania...»

 Con este Jobst Planckfelt mantuvo mi señor una gaya e imperecedera amistad. Era reidor y desprendido; su fortuna venia de los días que corrió como teniente de un condotiero; cuando le conocí renqueaba de la derecha y tiraba a obeso._ A este don Stecher faltabale una mano que tronchole un ingenio hidráulico minero. Era capaz de jugar a naipes con los pies y tenido por fiero y duro. Como caile en gracia por recitar de corrido muchos epigramas picantes de aquellos que escribieran en la antigüedad los señores romanos, los alfabetos griego y hebraico, así como de cuentas y libros de asiento, regalome una daga turca y una capa de pieles a mi medida. Solo comía carne de pluma, hígado de caballo encebollado y miel sarda. A tal dieta la tenia por antipestifera._ Duele pero es verdad. No hubo en los tiempos matrimonio peor trabado. El apuntamiento "mi mujer comió en la fonda" es una expresión de puro gozo. La mohína con la que la petarda envolvía a mi amo llevabale a la melancolía extrema y al desapego. Con razón quienes en verdad le apreciaban ponían todo su arte en tratar con el a solas, sin aquella pestilencia consuntiva que tenia como figura a la ávida arpía con la que le casaron.

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«... También he estado en la casa del maestro pintor Quintín (Matsys), donde he admirado sus obras y su estudio. He asistido a un almuerzo espléndido ofrecido por Staiber. Otra vez he comido con el Embajador de Portugal, a quien he hecho un apunte al carbón. Además he hecho otro apunte a mi hospedero. Jobst Planckfelt me ha regalado unos corales de India...»

 El maestro, decía mi amo, "pinta caras feas muy bellas". Le admiraba de verdad. De aquella posaba en su estudio una preñada muy bella que saldría en un lienzo como Virgen de la Adoración. Por broma me mandaron a casa de un cerero que tenia seis hijas vírgenes y un perro muy fiero. Regrese con la manda de velas y las ropas hechas jirones. No me importo porque obtuve otras nuevas y estrene mi daga en las nalgas de un aprendiz que maese Quintin tenia. Por mi comportamiento mi señor me retrato al carbón mientras trasegábamos unas cervezas._ ¡Puaff!, este Staiber era un millonetis de Nüremberg por el que jamas tuve aprecio alguno. Mi señor le aguantaba y su esposa le adoraba. Codicia, pura codicia.

«... He vuelto a comer con el de Portugal. También he comido otra vez con Alejandro Imhoff. También he vendido a Sebaldt Fischer, de Amberes, 16 pequeños grabados de la Pasión, por cuatro florines...»

 Este portugués era dicho don Francisco Brandan.

«... He hecho un apunte al carbón de estos genoveses: se llaman Tomasino Florianus Romanus, natural de Lucca, y los dos hermanos de Tomasino, de nombre Vicente y Gerardo, todos ellos de la familia Pumbeley. Estas son las veces que he comido con Tomasino [III]»

 No teniendo facilidad para captar el sonido de los apellidos italianos, mi señor apunta de oído; el verdadero de estos genoveses es Bombelli, de los cuales el mayor, Tomasino, residía en Amberes, en calidad de comerciante en sedas._ Para quien no este debidamente apercibido, el hecho de que mi señor paloteara entre corchetes el numero de veces que yantara de gorra con el genovés, quizá les resulte un rasgo ingenuo. No es así; todas y cada una de sus anotaciones de carácter "practico" o pecuniario estaban ideadas para bailar el agua a aquella mala hembra que el viejo Albrecht le pusiera en suerte. Contando con mi incontestable devoción por él y con mi buen fundamento a la hora de hacer cuentas, llevaba mi señor un libro de cuentas en secreto, una bolsa oculta de la que este escribiente era garante.

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«También he presenciado el domingo siguiente a la Asunción de Nuestra Señora, saliendo de la Catedral de Amberes, la reunión de todas las gentes, de todos los artesanos de la ciudad, cada cual ataviado según su estado. Cada oficio, igual que cada gremio, llevaba su enseña especial, por la que se conocía su profesión respectiva. También había allí, de diversos tamaños, clarines de brillos plateados, a la costumbre gala. Y también había flautistas y tambores, a la guisa germánica. Todos estos instrumentos fueron ruidosamente empleados. Así, pues, presencié en las calles, separados por breves intervalos, la procesión de las corporaciones: los orfebres, pintores, marmolistas, hiladores de seda, escultores, ebanistas, carpinteros, marineros, pescadores, carniceros, curtidores, hiladores de lino, panaderos, sastres, zapateros y toda clase de artesanos a algunos comerciantes dedicados a los comestibles. También se hallaban allí los vendedores de especias, los mercaderes y toda suerte de ayudantes de aquéllos. Después desfilaron las fuerzas armadas: los arcabuceros, los arqueros y los servidores de las alabardas, y, por último, los viajantes y los peregrinos, seguidos de los escribanos y de una multitud de gentes municipales. [...] A pesar de la diferencia de los gremios, todos coincidían en su aspecto: el devoto fervor. En aquella procesión participaba también una muchedumbre de viudas, de las que se mantienen por su trabajo y se ajustan a una regla especial, todas ellas tocadas de un velo blanco que llegaba hasta el mismo suelo: ha sido un placer el verlas pasar tan fervorosamente. Luego vi a los señores de la Catedral de Nuestra Señora, con los sacerdotes, los sochantres y monaguillos, desfilando en medio de la más esplendente magnificencia. Veinte personas portaban una imagen de María con el Niño Jesús, adornado hasta en sus más pequeños detalles, y todo ello en honor de Dios Nuestro Señor. En toda esta procesión admiré cosas que me produjeron grande gozo y placer: desfilaron los profetas, con arreglo al orden del Nuevo Testamento, y después: la Salutación Angélica, los tres Reyes Magos cabalgando sobre grandes camellos, la huida a Egipto... Luego, Santa Margarita... Después, San Jorge con sus siervos, un San Jorge bellamente acorazado...»

 Desfiles procesionales de este jaez solo he visto el que tuvo lugar en Bruselas durante los funerales de Carlos I. Recuerdo con toda nitidez aquella interminable procesión de pomposos gallos negros; los sahumerios; los suspiros elegíacos que brotaban del publico; los gorigoris exhortativos surgidos de la boca obscena de clérigos cebados como capones. Recuerdo la cara de circunstancia de graves y honorables señores vestidos con ropones de riguroso luto; recuerdo el run-run del oro en la bolsa de los limosneros; recuerdo los coloridos emblemas portados por nobles de calzas prietas y zapatos con hebilla de plata; recuerdo las empuñaduras enjoyadas de las espadas; recuerdo a los corceles hasta el suelo engualdrapados; recuerdo la melodía lastimosa de las bandas de pífanos y atambores. Recuerdo, como no hacerlo, un ducado de oro que halle entre la paja con la que habían orillado todo el trayecto de la comitiva... Pero de aquella procesión que tanto deslumbro a mi señor nada puedo decir. No la vi, que durante su transcurso me encontraba en un almacén de los muelles jugando con unos sollastres a los dados. Gane casi cuarenta maravedies y una joya; esta, una cadenilla de plata de la que colgaba, engastada, una piedra mágica de Calicut, ciudad enclavada en la costa Malabar, dísela a B* por permitirme hociquear entre sus pecosas y notables tetas.

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«... He regalado al Emperador de Portugal tres libros, que son: “La Vida de Nuestra Señora”, “El Apocalipsis” y la “Gran Pasión”; después, la “Pequeña Pasión” y una “Pasión” grabada en cobre. Todo esto vale, por lo menos, cinco florines. Lo mismo he regalado al señor Rodrigo, el otro portugués. El señor Rodrigo ha regalado a mi mujer un pequeño papagayo verde...»

 Mediante intermediario, se entiende._ Este era Rodrigo Fernández, un rico mercader con intereses en Indias. Posteriormente le conocí como cónsul de Portugal en Amberes.- Se trataba de un hermoso pájaro de pico ferrado y garras afiladas. Para mi gozo y disgusto de la bellaca, imitaba a la perfección el sonido de los goznes de puertas y ventanas, así como los gemidos femeninos propios del coito. Un buen día manifestó la hija de las Furias que escapó por la ventana. Puro embuste. Mandome al poco mi señor a casa de un físico que le procuraba remedio para cierto desorden humoral, cuando en la caminata que la manda requería, el pájaro me llamo desde un balcón en el que perchaba. Mano izquierda y unas blancas que saltaron de mi bolsa a la del portero me permitieron conocer la verdad. Era la casa residencia de la barragana de un naviero, quien había comprado el papagayo a una dama forastera mediante un intermediario. Vi al bicho e hicele algunas gracietas de las que solía. A mi señor nada dije por preservar su paz de espíritu y ver al pájaro lustroso y tranquilo.

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«En Bruselas he contemplado, en la cámara del oro del Ayuntamiento, los cuatro frescos murales pintados por el maestro Rogerio, el portentoso pintor de los Países Bajos. En la casa de Roenig, de Bruselas, he visto las bellas fuentes, el Laberinto, el parque zoológico: algo muy divertido, que me ha gustado tanto que es como yo me imagino en el Paraíso, y además nunca he visto nada semejante...»

 Los murales aquellos representaban temas históricos, y eran factura del maestro Roger van der Weyden.

«También he visto (en Bruselas) las cosas que le han traído al rey del país del oro: un sol de oro, de dos brazas de diámetro, una luna de plata, del mismo tamaño; hay dos cámaras llenas de las más extrañas armaduras, armas muy raras, maravillosos escudos, atavíos nunca vistos... Todas estas cosas de maravilla han sido valoradas en cien mil florines...»

 Toda esta parafernalia procedía de México, siendo su mayoría muestra de las armas, galas y alhajas al uso entre los señores aztecas.

«Me ha mandado llamar la "señora" Margarita, estando yo en Bruselas, diciéndome que sería la mediadora cerca del Rey Carlos, para que confirmase mi renta de Nüremberg... He pagado más de dos blancas para que me dejaran ver el retablo de Rogerio (van der Weyden)... También he estado en casa del elector de Nassau; en sus capillas tiene bellos cuadros, pintados por el maestro Hugo, y además he visto la magnificencia de todo su palacio, y la cámara donde se encuentra la cama que da cabida a más de cincuenta personas...»

 Hija del Emperador Maximiliano y regente de los Países Bajos; prudente dama muy retratada por cuanto pintamonas pasaba por su corte. Mi señor sentía profunda devoción por ella. Unicamente la vi una vez... en la distancia, en un jardín a la francesa; la mano enguantada asida a una traílla de la que tiraba un hermoso galgo; un grupo mixto de jóvenes retozones seguía sus pasos._ Desde la prudente distancia a la que me quedé, la cama, un artefacto de vetusto diseño, apenas impresionaba. Sobre un corro de sol un gato atigrado lamiase sus partes. La cámara era sombría y hedía cual oveja mojada. En tanto mi señor se hacia su propia composición del lugar, di en imaginar a obispos y margraves sobre aquella plaza disparatada, embudando por delante y por detrás a un rebaño de vírgenes temblorosas. Corría la especie de que cuando el diabólico engendro iba a ser utilizado, un enano negro, dicho don Brasas, la paseaba como quien ara un campo con un calentador de buen tamaño atado a la cintura. Seguramente decires de viejas en ella desfloradas.

«También me ha invitado a comer el maestro Bernardo, que ha preparado una comida tan espléndida, que no creo que haya gastado menos de diez florines...»

 Bernaert van Orley, para ser exactos, a la sazón pintor oficial de la corte de la señora Margarita. Evita mi señor decir que fue huésped de su casa durante seis días, tiempo que aprovecho para hacerle un hermoso retrato. En los días que corrían trabaja el maestro Bernardo en el diseño de unos cartones para los tapices de un palacio. Tuvo cuatro hijos pintores, y un hermano suyo también lo era.

«Y a Erasmo Roterodamo también le he regalado una “Pasión”, grabada en cobre. He tomado otro apunte al carbón de Erasmo Roterodamo. He regalado a Lorenzo Stercken un “San Jerónimo sentado” y la “Melancolía”... He tomado apuntes, al carbón, de seis personas, que no me han dado nada. He gastado algunas blancas por dos ejemplares del “Eulenspiegel”...»

 En un recio zurrón de naturaleza vulpina que regalome maese Sebastián antes de emprender viaje portaba, envueltos en una camisa de lino, cuatro libros prestos para ser usados. Tres pertenecían a mi señor, el cuarto era mío. Mío y únicamente de mi gusto, porque virtuoso a su modo, mi señor nunca quiso prestar oídos a las frivolidades que opinaba escribía el señor Aretino, nacido, como dice Joaquín López Barbadillo, en 20 de Abril de 1492, hijo de carne de placer. Su madre era modelo de pintores y cortesana de la más baja ralea: pobre y bella hembra de mil machos. Se llamaba Tita. Las historias dicen que lo engendró un tal Bacci, gentilhombre; pero es mejor decir que lo engendró cualquiera. De una hora de pasión o una hora de tormento, de un beso de insaciable amor o de un beso de borracho, fue formado el divino poeta, y su divinidad pasó por un vientre podrido para rodar un día hecha carne sobre el mísero lecho de un hediondo hospital.... De "Comedia del Herrador", que de esa pieza se trataba, hice exitosas y provechosas lecturas dramatizadas en las cocinas y salas de costura de aquellas casas principales por las que mi amo pasaba. Gustaba mucho y ponía pimienta en la piel de las señoras criadas. Eran los libros de mi señor, a los que el decía edificantes castillos de virtud y azote de las vanidades del mundo: “Utopía”, del señor Moro; “ Narresnschift” (La Nave de los Locos) del señor Sebastián Brant, y de su retratado Erasmo de Rotterdam, humanista de expresión latina, uno que se intitulaba “Encomium Moriae” (Elogio de la Locura). Y de estos imaginativos tratados, basados en la búsqueda de la paz y del bien común, leiale servidor párrafos cuando se hacia sitio en el taller de algún maestro local para pintar, por encargo y sobre tabla, y llevaba quebrada la inspiración o la perspectiva. Se conoce que aquellos granos de sabiduría vertidos por mi boca le inspiraban._ Fueron cinco y le dejaron bien pagado. Se trataba de un dux de la guardia del papa y de sus criados. Iba en secreto a la corte de Wittenberg. Diole mi señor al duque una carta para un colega suyo dicho Lucas Cranach. Los ducados y el apuntamiento de los mismos y su custodia fueron cosa mía._ Una obra torpe que pasa por ser el poema nacional flamenco; la edición era de Amberes y de Hoochstraatens.

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«Todos los recuerdos de Rafael del Urbino parecen haber muerto también con su muerte. Pero uno de sus discípulos, llamado Tomás Polonier, buen pintor, ha solicitado verme, y me ha regalado una magnifica sortija de oro, al estilo antiguo, con una piedra bien tallada, que vale cinco florines. Yo le he regalado uno de mis mejores grabados, que vale seis florines...»

 Ya he advertido sobre lo desfigurados que quedaban los apellidos italianos escritos o pronunciados por mi señor. La referencia es al Bolognese; es decir, el "Boloñés".

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«El día 23 de octubre, el Rey Carlos ha sido coronado emperador en Aquisgrán; allí he visto las cosas más preciosas, tales como ninguno de nosotros las ha visto jamás...»

 Hubo grandes fastos y una pantagruélica comida. A la chusma que acompañábamos a los menos principales de entre los principales, nos echaron de comer en un abandonado almacén que olía tenuemente a especias y tenia muchas columnas y grandes arcos. Por cuestiones idiomáticas hubo una bronca del carajo, y a un criado de un abad de Bohemia le saltaron un ojo con un trinchante.

«El viernes, día de San Simón, he partido de Aquisgrán, dirigiéndome hacia Düren, en cuya iglesia he estado, porque allí se conserva la cabeza de Santa Ana... De allí me trasladé a Colonia...»

 A fin de informar al maestro sobre la constitución y medidas de un Polifemo jibudo que se había avecindado en Lieja y, previas lecciones de las proporciones de la figura humana y de geometría, yo partí unos días antes en compañía de unos trajineros que llevaban en reata burros vinagreros. El trayecto Lieja Düren lo hice con un medico hebreo. Recordar que entre los escritos de maese Durero se encuentra “Unterweisung der messung” (Manual de mediciones con compás y escuadra).

«He comprado un tratado de Lutero por cinco blancas... Seis blancas por un par de zapatos... Una blanca por cerveza y pan. Además, una blanca por un pincel...»

 “Tratado acerca de la indulgencia y la gracia”, impreso en alemán. Desde que el 31 de Octubre de 1517, víspera de Todos los Santos, fijara sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg, Lutero, un agustino de pantorrilla fina, cuello corto y cabeza gorda, tuvo su incondicional publico. Las 95 se difunden rápidamente por Alemania tras lo que es denunciado públicamente de hereje por los dominicos. La protección del príncipe elector de Sajonia, Federico el Sabio, le libra de su comparecencia ante el tribunal de Roma, que decide aplazar la causa ante las complicadas circunstancias políticas que suponían la elección de un nuevo emperador.

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«El lunes después de San Martín, en el año 1520, ha llegado a mi señor de Nüremberg la confirmación de mi pensión anual, aprobada por el emperador Carlos V...»

 Supimos de esta buena nueva por un montado que envió de propio el inconmensurable Wiilibald Pirckheimer, patricio de la imperial ciudad de Nüremberg, amigo y mecenas de mi señor. Compre para B*, de ocultis y por manda, un collar de cuentas y unas cintas para el pelo; para el aburrido Teer un filete de venado. La pécora se desato en jaculatorias de gozo.

«El día de San Martín, en la iglesia de Nuestra Señora de Amberes, han robado a mi mujer su bolso, y en él había 11 florines. Así, pues, hemos perdido este dinero, el bolso, y todas las otras cosas de valor, y también las llaves...»

 Y servidor ajeno al sainete, pues al punto me encontraba en casa de un zapatero, rogándole se sirviese echar unas medias suelas a las botas de viaje de mi amo. Llegue, eso si, con tiempo para ver a la doña fieramente enajenada, zarandeando con las sayas descompuestas a dos pobres y pasmados miembros de la ronda de guardia. El maestro hacia gestos resignados al cielo y B* sudaba de miedo. Salí de naja hacia la taberna de Muffel y me regale con una jarra de cerveza. Pasados los años reiría este incidente con el sochantre del templo de la Señora.

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«En Zelanda, según me dicen, ha aparecido una ballena muerta, arrastrada por una marea viva hasta la playa, y que mide más de cien brazas. Y no vive nadie en Zelanda que haya visto un animal ni siquiera tres veces menor que éste, y lo peor es que la ballena no puede ser apartada de tierra. El pueblo vería con agrado que el animal desapareciera, porque teme mucho a la peste y a los hedores. Además es tan enorme la ballena, que, según opinan, ni en medio año tendrían tiempo bastante para partirla en dos mitades y sacar de ella el aceite...»

 Le dije al maestro que la colonia aragonesa de la ciudad (Amberes) acabaría con la carnaza, antes de vísperas, si se entraba con ella en porfía. De inmediato nos pusimos en camino para verla, pero poco antes de llegar a Zierikzee unos músicos ambulantes con los que nos cruzamos dijeron que la ballena había desaparecido, pues no estaba muerta sino varada. En un fonducho comimos un pescado que nos sentó mal. El maestro no pudo tomar apuntes, así que el único que disfruto de la vuelta fue el can.

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«El 16 de marzo me ha regalado el señor Rodrigo seis grandes piñas de Indias, unos corales preciosos y dos grandes monedas de oro portuguesas, que pesarán sus buenos diez ducados. Le he dado a su mozo 15 maravedies de propina. Por 16 maravedies me he comprado una enorme piedra magnética. He cambiado un angelote para pagar el alimento. He pagado seis maravedies en la encuadernación...»

 Estaban bien artillados, eran los mas grandes y mejor arbolados de su época. Venían del otro lado del Atlántico, las bodegas, casi en secreto, cargadas con desconocidos productos de ornato y boca que, por su exotismo, avivaban las imaginaciones y daban pie a incongruentes leyendas. Su lugar de origen y rareza daba pie para que los marineros los vocearan en los puertos como mágicos. Los había que quitaban en un amen la borrachera, o curaban las sarnillas, o prevenían la caída del cabello; otros agudizaban vista y oído; también los había, muy solicitados, que armaban el miembro generatriz del hombre viejo para que bien fodiera... Así llego la piña o ananás; un gallo como untuoso y de colgante papada al que decían guajalote o pavo; los frijoles, porotos o alubias, también la yuca; un fruto rojo y carnoso, dicho jitomate; la hierba palo del sol o girasol, cuyas semillas eran comestibles y prensadas producían una sustancia oleosa de color claro; la guayaba, la papaya, la zarzamora, la vainilla, el cacao, el aguacate; una raíz como puño dicha batata; unas compactas mazorcas, nombradas choclos, con áureos granos que molidos daban una fina harina. Mi querido tabaco._ Conmigo de rondón y unos naipes a tiro, durole la propina a aquel bobo lo que un pedo en la mano._ Se trataba de una moneda fuerte en cuya faz aparecía la efigie del arcángel San Miguel._ Esto es, por un cuaderno de apuntes de buen tamaño que yo portaba colgado a la espalda cuando viajábamos.

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«... Y cuando llegamos a Brujas, me convidó a vivir en su mansión Juan Prevost, el pintor, y me preparó la misma noche un magnífico banquete, invitando a muchas personas de mi agrado... Después me llevaron a la casa del emperador, que es grande y preciosa. Ahí vi la capilla pintada por Rogerio, un magnifico maestro antiguo; di un maravedi a un siervo, que fue el que abrió el retablo para que yo lo viera. Después compré dos peines de marfil, por 30 maravedies. Luego me condujeron a San Jacobo, y me hicieron ver los espléndidos cuadros de Rogerio y de Hugo, que han sido ambos grandes maestros. Después contemplé la imagen de Nuestra Señora, obra de Miguel Angel, de Roma. Luego fuimos a muchas iglesias, donde he visto muchos cuadros excelentes y en copiosa cantidad. Y después de haber visto lo de Juan y lo de los otros, entramos en la capilla de los pintores, donde hay muchas cosas buenas...»

 Ante un capón y un vaso de buen vino conversado el maestro perdía el sentido. Quería el hombre compensar la penuria comunicativa de su casa y se le iba por la boca mas de lo que debía, pues contaba, como es el caso, secretos de su arte que mejor hubieran quedado en su magín guardados. Tanto contó en aquella cena sobre la mecánica de la xilografía y la naturaleza viva del color que yo, sentado tras el en la penumbra -como tantos otros propios- al oído de sus mandas, rabiaba. Botaba y rabiaba porque ninguno de aquellos tipos secos, desafiadores y ricos en ardides para sacar a todo provecho, se lo merecían. Y eso (o por eso) que entre ellos también había reputados pintores; pero eran estos de mano rígida y pincelada tan pesada que a la naturaleza hacían irreconocible, decadentes, pasado puro; siendo por el contrario mi señor, y aunque a el mismo le costara creerlo, el único de entre ellos capaz de representar un modelo junto a las sensaciones inherentes a su observación. Pero es que mi señor veía el sutil trasfondo de toda naturaleza y lo representaba, como hasta entonces nadie lo hizo, con aquellas manos danzarinas como libélulas que tenia._ Tómese "capilla" por un tríptico de van der Weyden que utilizaba Carlos V como "altar de Viaje".

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«En la tercera semana después de Pascua me asaltó una fiebre altísima, con desvanecimientos y mareos, desgana y dolor de cabeza. Y estando otra vez en Zelanda, padecí la enfermedad más extraña que pueda imaginarse, y de la que no he oído hablar a ningún ser humano, y aun sigo padeciéndola...»

 Como se deja ver, este apunte puede dividirse en dos partes, sin que necesariamente la una tenga relación con la otra. Y después de decir que mi señor era un hombre agraciado y bien constituido, afable en el trato, generoso con quien bien le servia (tanto que a veces la maldispuesta le motejaba de dilapidador), artista al fin y extremadamente elegante, por discreción me reprimo... Un físico de Toledo con el que el mismo emperador consultaba, diagnostico al maestro emponzoñamiento de la sangre por el mal aire tomado de alguna laguna.

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«El viernes antes de Pentecostés, en el año 1521, me llegaron nuevas a Amberes, por las que supe que Lutero había sido encarcelado...»

 ¿Encarcelado dice mi señor? Veamos: En 1520 son publicados los tres manifiestos de Lutero: Agosto: Manifiesto político: “Llamamiento a la nobleza cristiana de la nación alemana” . Octubre: Manifiesto dogmático: “Cautividad babilónica de la Iglesia”. Noviembre: Manifiesto ético: “De la libertad interior del cristiano”. Nada impresiono tanto como el Llamamiento a la nobleza cristiana de la nación alemana. Clarín de guerra le llamaron los contemporáneos. Se cuenta que trabajaban con el en la imprenta a medida que Lutero lo escribía. El 18 de agosto habían salido 4000 ejemplares hacia todos los puntos de Alemania, y los impresores no llegaban a dar salida a todos los ejemplares solicitados. Tuvo el escrito la virtud de unir a todas las clases sociales en forma desconocida hasta entonces. A su manera, fue un antídoto eficaz, por lo que a la mayoría de la población alemana se refiere, contra la bula de excomunión, que ya había sido publicada en Roma en junio de 1520. Eck, el encargado de publicar la bula en Alemania, había incluido en ella los nombres de Adelmann, Pirkheimer, Spengler y Carlostadio, que junto con Lutero constituían sus enemigos personales, lo cual causo gran revuelo e hizo que la bula mereciera poco respeto. Además, los obispos alemanes no parecieron muy dispuestos a consentir su publicación en sus respectivos distritos; tan amenazadora era la actitud del pueblo. Por su parte, el día que recibió la bula de excomunión, Lutero reunió a los estudiantes en la plaza de la iglesia de Wittemberg, y en su presencia la arrojo a una hoguera, acto que electrizó a la nación alemana y supuso su ruptura definitiva con el papado. A Carlos V, que acababa de ser nombrado emperador, la querella le inquietaba, primero porque era un católico convencido, y luego, porque el acontecimiento tenía inmensa resonancia en toda Alemania y podía menguar su autoridad en un estado de suyo tan dividido y renuente. De ahí que exigiera de Lutero su comparecencia ante la Dieta (reunión de los representantes del imperio) convocada en Worms. Lutero acudió, sabedor de que merced al salvoconducto expedido por el emperador nadie osaría ponerle ni un dedo encima. Llamado a retractarse de lo expuesto en sus escritos, Lutero se negó con gran firmeza. Antes de la condena definitiva y a petición de los alemanes, nombrose una comisión compuesta por ocho miembros, en representación de los Electores, los nobles y las ciudades, encargada de entrevistarse con Lutero a fin de llegar a un acuerdo. Fracasadas las negociaciones, promulgóse el bando del Imperio contra Lutero, quien recibió orden de abandonar Worms el día 26 de abril, habiéndole sido prorrogado el salvoconducto por plazo de veinte días. Expirados éstos, podía ser reducido a prisión y destruido como pestilente hereje. Por tal y para evitarle sinsabores fue que, al dejar Worms, el elector de Sajonia, uno de sus protectores, hiciera que le apresaran simuladamente y le trasladaran en secreto al castillo de Wurzburgo, donde permaneció diez meses. A decir verdad, Lutero nunca fue acosado por el Emperador y pudo vivir mas o menos tranquilamente confinado en Sajonia con seguridad personal e inseguridad judicial.

«¡Ay, Dios del cielo, ten piedad de nosotros! ¡Oh Nuestro Señor Jesucristo, ruega por tu pueblo! Líbranos cuando sea la hora justa, consérvanos en la fe justa de la cristiandad, agrupa con tu voz a tu grey separada, con tu voz, que se llama la Santa Escritura!... Ayúdanos a reconocer otra vez tu voz, sin seguir en nada a las vanidades del hombre, para que nunca, oh Señor Nuestro, nos apartemos de tu lado!...»

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«... Y al día siguiente nos trasladamos a Bruselas, para tratar el asunto del Rey de Dinamarca... Luego me quedé perplejo al ver como se extrañaba el pueblo de Amberes al ver al Rey de Dinamarca, de aspecto varonil y hermoso, caminando solo, sin escolta, por entre sus enemigos. Y también he visto cómo el Emperador, partiendo de Bruselas con grande pompa, salió al encuentro del Rey para recibirle...»

 De aquella es probable que me encontrara a lomos de una mula frisona, resabiada, de alquiler y reacia a la mano que manda, camino de Coblenza, lugar en el que debía de recoger un horóscopo atinente a mi señor que, durante el banquete de boda del señor Joachin Patinir, al que asistimos, un doctor de Montpelier prestose a levantarle. A la hija de Babilonia se la dijo que servidor iba a hacer listado de unos bienes que los Fugger habían pignorado. Muebles venecianos de lujo creía que eran.

«... Y también el domingo anterior a Santa Margarita ofreció el Rey de Dinamarca un banquete, en honor del Rey, de Margarita y de la Reina de España, invitándome a mi también... He pintado al óleo el retrato del Rey, quién me ha dado como regalo treinta florines...»

 El maestro se refiere a la reina de Portugal, Leonor de Austria, casada con Manuel I de Portugal, y hermana de Carlos V. De aquella no había reina en España, pues Carlos V no fue hasta marzo de 1526 que casó con su prima Isabel de Portugal. La cita del retrato del señor rey de Dinamarca es el ultimo acto artístico que refiere la crónica... Después, recorriendo pueblos y ciudades, remontando el curso del Rhin, regresamos a Nüremberg. Mi señor, sépase, rechazo durante el viaje la proposición que le brindó el municipio de Amberes: trescientos florines anuales para trabajar como pintor en la más importante de las ciudades flamencas.

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