En tanto me desperezo y vuelvo a "DIRAC" con renovado furor sintáctico, os dejo una imagen de " Portada de Libro con Errata".
- Oiga, don Gaitero... ¿como es que no hay correctores para tamaña pifia?
- Lo ignoro, doña Sinda. Y usted perdone por la carencia. Puede que sea cosa de la vista.
- Pues descuide usted, que servidora se sabe un sortilegio para junar como lince. Lea, lea, que aquí lo traigo apuntado.
PARA VER MEJOR
En la baja Bretaña, los granos de trigo se utilizan para las afecciones de la vista. El operador pone, dentro de una escudilla llena de agua, nueve granos de trigo que ha recogido, o mejor todavía, mendigado en nueve casas diferentes. Con cada uno de ellos, traza una cruz sobre los párpados enfermos, recitando cada vez una conjuración cristiana, que no hace referencia a los granos, evitando seguirlos con la mirada, ya que el enfermo no debe saber dónde caen. Este tratamiento se irá repitiendo cada mañana hasta conseguir la completa curación.
Para conseguir la curación de la «gota serena», se guardan los nueve granos bien secos y, con cada uno de ellos, se dan nueve vueltas en torno al ojo, partiendo del extremo izquierdo del párpado superior y apoyándolo ligeramente durante el recorrido. Mientras el grano va cumpliendo sus nueve evoluciones, se recita piadosamente:
Banne impie, me da ampech da vivi; de vertuz va greunen ed. En dour te vo beuzet. Amen.
O sea:
Gota impía, te impido que hiervas; por la virtud de mi grano de trigo, te ahogarás en el agua. Amén.
- ¿Qué le parece?
- Pues va a ser que lo probare con el ojo del culo.
He despertado en una soledad inusual, absorbente y grata: la casa entera solo para Herr Monty y para mi. En tanto preparo café mi felino compañero, miagador y con el rabo en sagitario, trenza dúctiles ochos entre mis piernas desnudas. Es su modo de dar a entender que por protocolo él debe de llenar la andorga primero. Me se de voluntad mas floja y lo acepto. Por dar al desayuno un tono euforizante pongo en el viejo tocata “Gigantes y Cabezudos”, una zarzuela en tres actos con música de Manuel Fernández Caballero y libreto de Miguel Echegaray, hermano del olvidado Premio NobelJosé Echegaray.
En esto se va la ‘luz’ y como es natural cesa la música. Tras la vacilación impuesta por la sorpresa doy en preguntarme si será un castigo, una goyeria de la secreta del gobierno; pienso, fíjense ustedes, que acaso escuchar zarzuela ronde el delito en estos tiempos de pazguatería y fingido candor que han echado cabezuelas borriqueras con el zapaterozerolismo. Proviene la ocurrencia de la naturaleza del texto y de los personajes (de hierro y no de organdí) de la pieza que con regocijo escuchaba, que no hay entre ellos tiranobanderolistas liberticidas, algoreleanos con fervorin de sacristía, sarracenos farrucos, florislindos, travestones, crédulos de los de comer moscones a cucharadas, lloramingas con afrentas supuestas en busca de beneficios, censalistas ni engendros de cuota y calla.
Luego se armo un diabólico "tole tole" en el patio. Un confuso guirigay orquestado por ventanas que se abren, toldos que se alzan mediante manubrios quejumbrosos y exasperantes, persianas que se acomodan con inaudita prisa y, por encima de todo ello, los bocinazos que con cierta dosis de patanería las vecinas se daban unas a otras. No llevaban las pirujas ni dos minutos sin luz y ya alborotaban como si los caballos del Apocalipsis corrieran desbocados por el barrio. Mas templado, puesto que la falta de corriente eléctrica me importa una higa, continué sin demora con el programa del día. Figuraba en este la tarea inexcusable de lazar a esos libros que, jugando al despiste, casi adquieren la categoría de perennes en los rincones mas insospechados de la casa, colocarles en una cesta y cargar con ellos hasta el desván. Y en esas estaba, reuniendo piezas para estabulizarlas durante la invernada, cuando di con “BRUJERÍAS”, la impagable obra de Don Fernando Gutiérrez que de tan buena y cabal utilidad me ha sido en vuestro servicio.
En fin, que seducido por las sugerencias históricas y literarias en las que se vuelca don Fernando, no he podido evitar ponerme al teclado para regalarme y regalaros con otra de sus "crónicas". Sea la ultima. Con mi agradecimiento.
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MALFETRIAS, ENSALMOS Y CONJUROS
He recurrido adrede a un vocablo antiguo, malfetría, para castellanizar lo que los catalanes, de una forma concreta y popularisima llaman mal donat, o mal dado, traducido libremente. La malfetría no es más que el hechizo, encanto o embrujamiento que se hace a un individuo, con obscuros propósitos. Allí donde no puede llegar el aojamiento llega, infaliblemente, la malfetría, que también pudiera llamarse magia contagiosa.
Para lograr este embrujamiento las hechiceras han de conseguir algo que pertenezca al cuerpo de quien van a embrujar y cuanto más sucio mejor: uñas, pelo, excrementos incluso ropa. Utilizando este material, la bruja manipula con él y clava, pincha, corta o rompe, según quiera que algo semejante le ocurra al elegido. El sistema de embrujamiento resulta un poco complicado porque la bruja no es persona que no esté enamorada de su oficio y le gusta complicarlo con virguerías. Es lo que pidiéramos llamar una sibarita de su profesión.
Una malfetría muy corriente es la de confeccionar una muñeca de trapo o de cera o aun de barro, pero en ambos casos con material o parte de él que haya pertenecido al embrujado, y coserla a alfileres. Según donde se claven los alfileres será la enfermedad que padecerá el embrujado, o bien se producirá lo que se ha dado en llamar modo de la agujeta, experimento éste que solía hacerCatalina de Médicis cuando la edad había retirado de ella sus naturales encantos. La aristoloquia y la artemisa son buenos remedios contra este mal. También, a veces, suelen no clavar alfileres en la figurilla y arrojarla al mar, con lo que el embrujado se despierta con un incansable deseo de viajar de un lado a otro, sin reposo ni sosiego. Claro que todas estas operaciones se llevan a cabo con una serie de conjuros y misteriosas oraciones e imprecaciones.
Un maleficio muy famoso fué, hace ya mucho tiempo, el del llamado hombre pez, de Liérganes. El embrujado se llamó Francisco de la Vega Casar, y vivía en Liérganes con sus padres. A los quince años fué a Bilbao a aprender el oficio de carpintero, donde vivió dos años. En la víspera del día de San Juan del último año, se fué a bañar con unos amigos a la ría. Nadando ría abajo se perdió de vista y desapareció. No se supo nada más de él hasta que cinco años después, unos pescadores de Cádiz que pescaban en alta mar vieron «una figura como de hombre o mujer que se mostraba fuera del agua y se sumergía en queriendo acercarse para reconocerla». Decidieron pescarlo y para ello le lanzaban desde lejos grandes pedazos de pan. Con gran asombro suyo vieron que los cogía con la mano y se los comía. Un día juntaron muchas redes, haciendo con ellas una especie de enorme círculo, logrando pescarle. El «pez» fue llevado al convento de San Francisco, donde fue interrogado en diversos idiomas, pero a ninguno contestó. Solamente le oyeron pronunciar la palabra «Liérganes». Un montañés que por allí había hizo que escribieran a don Domingo de Santolla que además, de ser de Liérganes, era ministro de la Suprema Inquisición. El franciscanofray Juan Rosende acompañó al pez hasta los alrededores de Liérganes, donde hizo que el pescado lo guiase, como así fué. Y ocurrió que, sin vacilación alguna, el hombre pez se dirigió a la casa de sus padres, quienes, junto con sus hermanos, lo reconocieron en seguida. Hay que advertir, para dar más misterio a la cosa, que uno de los hermanos, José de la Vega, al tener antes noticias de lo ocurrido, marchó a Cádiz, pero no se supo nunca nada más de él. Un testigo ocular afirma que solamente pronunciaba tres palabras: tabaco, pan y vino, pero no hablaba ni respondía. «Cuando le vi la primera vez -dice el testigo- ya no tenía escamas, aunque si la cutis muy áspera y las uñas muy gastadas, aunque un anciano de aquel lugar, hombre de muy buena razón, asegura que cuando vino se le veían algunas escamas en el pecho y espalda, pero que luego se le fueron cayendo». El hombre pez estuvo nueve o diez años en Liérganes y desapareció luego sin dejar rastro.
Corrió la voz de que su madre lo había embrujado, pero ella lo negaba «y me inclino a la verdad de esta mujer, porque la conocí y me parecio mansa y virtuosa».
En Cataluña, para maleficiar, es todavía costumbre decir los «responsos de la muerte». Para llevar a cabo esta ceremonia la bruja ha de hacer quemar un cirio cabeza abajo, salmodiando la fórmula mágica, y del mismo modo que se consume la cera se consume el individuo a quien se le dedica tan cariñoso recuerdo. La cura se hace quemando el cirio al revés. Es una fórmula muy útil porque sirve también para que las lavanderas encuentren las piezas de ropa que han perdido. Es el cerato simple de la brujería.
El ensalmo nació como réplica supersticiosa a estas artes diabólicas del maleficio. En realidad, no es más que un cierto modo de curar con oraciones, y otras aplicando al mismo tiempo algunos remedios. Llamáronse ensalmos porque, por lo general, se utilizaban los versos del Salterio, «y dellos, con las letras iniciativas de letra por versos o por parte hacen unas sortijas para ciertas enfermedades».
«Ensalmar a uno -diceCovarrubias- a veces significa descalabrarle, porque tiene necesidad de que le aten alguna venda a la cabeza, de las cuales suelen usar los ensalmadores, bendiciéndolas primero y haciendo con ellas ciertas cruces sobre la parta llagada o herida».
Otras veces las oraciones son simplemente mágicas y se confía más en la manipulación de de determinadas cosas. Así por ejemplo, las verrugas se curaban echando en un pote tantos guisantes como verrugas tenía el enfermo y pronunciando luego las palabras mágicas. Cervantes nos habla también de cierto ensalmo para pegar barbas.
Pero los tipos más importantes de este curanderismo eran los saludadores, que curaban con saliva. El P. Castañega no los considera hechiceros. «Tienen algunos hombres tal saliva, en ayunas -dice- , que basta matar las serpientes, y cada día vemos que la saliva en ayunas cura las sarnillas y algunas llagas sin aplicar otra medicina. De esta manera podría ser que algunos hombres fuesen así complexionados que tuviesen virtud natural oculta en el aliento o resollo y en la saliva y aun en el tacto». Al ganado lo curaban dándole pedacitos de pan «cortados por su boca y mojados en su saliva», y se curaba también la gota coral escupiendo a la cara del enfermo.
En Barcelona son muy corrientes las xucladors, que curan chupando las heridas, llagas, quemaduras, mordeduras de serpientes y de perros rabiosos. Una famosa saludadora barcelonesa curaba del siguiente modo: lavaba la herida o lo que fuera, luego hacía sobre ella tres veces una cruz con la lengua y después chupaba con toda su fuerza mientras el enfermo rezaba una salve. Como todas las saludadoras, decía haber nacido en Viernes Santo y, en consecuencia, tener una cruz en el paladar.
Los conjuros fueron otro tipo de réplica a estas artes diabólicas, pero su campo de acción se extendió en contra de su primitivo propósito y alcanzaron un gran desarrollo, sobre todo en el aspecto amoroso. En la causa contra Francisco González, que saca a relucir don Agustín G. de Amezúa, había una fórmula para ligar o atraer el amor del hombre. Era la siguiente:
Con cinco te miro, con cinco te ato, la sangre te bebo, el corazón te arrebato, tan humilde vengas a mí como las suelas de mis zapatos. Arre, borrico, que muy bien te ato; te juro a Dios y a esta cruz que has de andar tras de mí como el alba tras la luz.
Esta era una fórmula corriente, pero había otras como clavar clavos en la pared recitando una fórmula mágica, dar de beber sangre de tórtola, o fabricar un perfume con frutos de cilantro reducidos a polvo y mezclados con almizcle,azafrán e incienso, colgar en el cuello raíces de lirio, o dar infusión de corregüela en vino; también se podia hacer un magnifico filtro para mantener la fidelidad conyugal dejando en infusión durante diez minutos cinco gramos de hojas de vincapervinca, magnetizando el agua y pronunciando determinadas oraciones.
El mismo Amezúa cita una fórmula del licenciado Amador Velasco y Mañueco «para hacerse amar locamente», como se dice por ahí. Toma una rana viva y métela en un tintero y tápala con su tapador, y luego lleva el tintero a un hormiguero donde haya hormigas y cava y métele dentro, y luego cúbrele, dende a quince días vuelve a tu tintero, o donde aquella espina del espinazo, y vete con tu tintero al mismo arroyo donde lo tomaste y estando dentro la espina ve metiendo agua y vaciando hasta que se quede libre de agua el tintero y limpia la espina; y esto hecho, mételo entre los dedos de la mano derecha y tomando la suya dirás: «Mi señora, beso las manos de vuestra merced», y así te querrá mucho, «pero no lo vea la persona».
Un conjuro más poético, citado por el mismo autor, es el siguiente: «Luna, qué alta estás, qué altas son tus torres, más altos son tus amores, conjúrote con la madre de Nuestro Señor Jesucristo que salga un rayo de tu amor y a mí me dé por las espaldas y a fulano por el corazón, y que por mi amor no pueda dormir ni reposar hasta que me venga a buscar».
Para cada cosa había su conjuro correspondiente. Había también los conjuros que se hacían cuando un consultante acudía a la hechicera para saber si su amante o marido le era fiel o no. Las brujas los hacían también para librarse de los corchetes que iban a apresarlas por orden del Santo Oficio («León bravo, amansa tu ira, primero fué Cristo que Santa María; cuando nació la Virgen, Cristo nacido era, alguacil, hinca la barba en tierra»), pero no producían efecto.
«Hay otros conjuradores para conjurar a los endomoniados -dice el P. Castañega-, y algunas veces son los mesmos sobredichos, y tienen para esto otras maneras diabólicas. Hacen unos cercos en tierra con ciertas señales y letras dentro repetidas en cierta manera, y hacen al demonio hincar las rodillas dentro de aquel cerco; y luego que le dice el conjurador ciertas palabras, pierden el sentido, y vienen a hacer gestos espantosos y gritar muy reciamente, e decir palabras desvariadas e muchas veces en infamia de los presentes. Conjurale que diga quién está dentro (testigo soy de vista desto que digo); respóndele que está en aquel cuerpo por príncipe y capitán del demonio llamado Satanás o Belcebú, etc., con tantos; y algunas veces que están allí con él tales a tantas ánimas de tales hombres que morieron, y señala cuáles, y habla en su nombre de ellos, representando sus personas, y si morieron en cama o en batalla, piden que les den a beber como fatigados de sed, y si murieron de enfermedad habla como enfermo, e otros semejantes engaños pasan. Hácenles sahumerios crueles, pónenle manojos de ruda en las narices y danle bofetadas e otros tormentos».
Del poeta granadino Gregorio Morillo, capellán del arzobispo, trae a cuenta RodríguezMarín, en sus notas a la biografía de Pedro Espinosa, el siguiente hecho. «DiceGregorio Morillo, contándolo por milagro, que en su presencia, el año de 1603, llevaron al Sacro Monte, por espacio de nueve días, a una endemoniada, y estaban los demonios rebeldes y no salían, aunque le habían dicho mil Evangelios, y que el arzobispo fué allá y con el libro de la nómina de Santiago le hizo la señal de la cruz desde la frente hasta el pecho, diciendo en lengua árabe: Non est Deus, nisi Deus Iesus Spiritus Dei, y desampararon los enemigos, dando terribles aullidos, aquel cuerpo».
«Una tarde, por la puerta de Atocha -cuenta Francisco Santos-, entre mucha gente iba un hombre que decía quería arrojarse en una noria. Metiéronle en un registro y al ruido pasó un sacerdote del Hospital General, y viendo que se enfurecía, envió por una estola, agua bendita y cruz, y empezó a conjurarle con tan buenas razones que mostraban su buena alma. Dijo el demonio: «No me atormentes, que yo saldré ahora en tu presencia, que ya estoy cansado de habitar en tan ruín vaso e ingrato, que habiendo recibido grandes beneficios de Dios, le ha pagado muy mal, que al echar un por vida, me entré en su cuerpo y más quiero las penas del infierno que tan ruín morada. No me pidas señal que prevenida la tengo y del campo la traigo, toma» A este tiempo arrojó por la boca una agujeta de cuero con sus herretes. «Dime -dijo el sacerdote-, ¿dónde hallaste esta señal?» Y respondió: «Se la quité a un pícaro que se puso a hacer su menester delante de mi y anda loco buscándola con las bragas en la mano. Id y lo veréis en esa primer huerta». No faltaron curiosos que se fueron y vieron al hombre dando vueltas y buscando su agujeta, y preguntándole qué era lo que buscaba, dijo: «La agujeta de estos calzones, que no la puedo hallar, y creo que algún demonio del infierno se la ha llevado». Volvieron al registro con la certificación y ya estaba el hombre libre del fiero enemigo, pero mortal y sin sentido, hasta que poco a poco fué volviendo: diéronle unos bizcochos y ya en su acuerdo se le llevó el sacerdote a su cuarto y se confesó y arrepintió de sus pecados.
Hubo pícaros, sin embargo, que no tardaron en darse cuenta del negocio que un endemoniamiento así representaba. El mismo autor nos cuenta uno de estos casos de una moza de dieciocho años y de buena cara, que al conjurarla hablaba latín con buenas voces y arte, sin solecismos, tanto que confundía. Conjurándola una tarde un religioso, y estando absorto de oírla, la preguntó si sabía otra lengua, a lo que respondió que todas, y el religioso la dijo: «En el nombre de Dios todopoderoso y de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero, que digas lo que has dicho en lengua china». Y respondió: «Pitarul agiman de abou, oquiay amplau» «¿Qué has querido decir», la preguntó, y dijo: «En tus grandes palabras, o Dios en tí está o por tu boca habla Dios». Con todas estas gracias bachilleras se supo que la había educado un tío suyo sacerdote, desde tierna edad, y después de los primeros rudimentos de leer y escribir, viéndola de sutil entendimiento, la había enseñado la gramática, y que tenía un galán que la pedía cuenta de lo que llegaba de limosna cada día, porque no había quien, al verla, no se la diese, y de este modo juntaba muy razonable congrúa.
Pero eso no debe hacerse porque a las brujas les molesta.
También los descomulgadores de plagas actuaban por medio de conjuros. Eran gente a la que se pagaba para que cada año acudiera a los pueblos a librarlos de la «langosta, el pulgón y las otras sabandijas que se enjendran en la tierra»«La común manera de estos engañadores -dice el maestroCiruelo- es que el conjurador se hace juez y delante de su audiencia comparecen dos procuradores el uno por parte del pueblo que demanda justicia contra la langosta; el otro pone el vicario del obispo, o la justicia del rey por parte de la langosta o la oruga. Después de muchas acusaciones que pone el procurador del pueblo y respuestas que hace el procurador de la langosta y dados sus términos de probanzas de la una parte y de la otra, hácese luego proceso y a la fin el maldito juez da su sentencia contra la langosta, en que dentro de tantos días se vaya de todo término de aquel lugar, so pena que de excomunión la sentencie. E acontesce muchas veces que el diablo, por cegar y engañar a los pueblos que tales cosas consienten, haga venir en efecto lo que promete el conjurador, y por ser secretas operaciones con cosas naturales hace huir de allí las langostas y las otras sabandijas».
No fueron menos famosos los conjuradores de nubes y tempestades. Incluso todavía existen algunos, pero los procedimientos de conjuración y aun los conjuros se hallan en franca decadencia y han perdido una buena parte de su importancia El P. Castañega nos ha dejado dicho de ellos lo siguiente: «Los conjuradores y conjuros de las nubes y tempestades son tan públicos en el reino que, por maravilla, no hay pueblo de labradores donde no tengan salario señalado y una garita puesta en el campanario o en algún lugar muy público y alto, para el conjurador, porque esté más cerca de las nubes y los demonios. Anda este error tan desvergonzado que se ofrecen a guardar el término de la piedra de aquel año (y estos tales, muchas veces, son los curas de los lugares) y al tiempo de los conjuros dicen y lóanse que juegan con la nube como con una pelota, sobre quién a quién se la echará en su término; y algunos, que presumen de más sabios, hacen cercos y entran en ellos, y se dicen que se ven en tanta priesa con los demonios que les echan el zapato del pie para que con él se despidan; y salen del cerco muy fatigados y lóanse de muy esforzados, y señalan términos dentro de los cuales quieren que se extiendan y valgan sus conjuros, procurando echar la nube fuera de su termino y que caiga en el del vecino, o en tal lugar o parte señalada»
En Arenys de Mar, el procedimiento inverso consiste en encender una hoguera al lado de una fuente, de manera que se produzca una gruesa y potente columna de humo para que los demonios que atraen el granizo puedan encaramarse por ella hasta las nubes. Cada granizo provocado por las brujas, trae consigo un pelo de cabra de grandes poderes mágicos. Incluso, con anterioridad, las brujas llegan a esquilar las cabras de un rebaño para hacer provisión de pelos.
Señores Censores, una chanzoneta popular viene a decir:
El mentir de las estrellas Es muy seguro mentir, Porque nadie ha de subir A preguntárselo a ellas...
Y es que el motivo de esta posada no es otro que el de afear la conducta de quienes mintiendo con toda frivolidad, siéntense ofendidos cuando, quien sea, les restriega la razón por el rostro. ¡Y de que modo se ofenden, qué atrocidad, que golpe para su "honor" resulta ser la verdad!...
En suma, manifestar mi más firme apoyo aLuis Alfonso Gámez. Respaldar con todo vigor la totalidad de lo que hasta la fecha, y referido a la obra de Juan José Benítez, ha escrito o declarado.
Si, he tenido ocasión de comprobar que en cada línea por la que el inclito autor (I O I O I O) descuelga la pluma deja, invariablemente y sin aviso de invención, una barbaridad, una melonada, una contradicción, un despropósito, un embuste...
Dramatizo y sigo:
- ¡Me río yo de Julio Verne!. - Y eso?... Don Gaiferos. - Planetanoseque; ese "indómito" ricino suyo que ponen en la tele. - Es verdad. El de los cabezones líticos que vuelan. - Y el de una corseteria, dicha "La Parisien", administrada por un americano en la Luna. - ¡Ah! ¡vaya modo de desbarrar! - En efecto, señora Otilia. Piense usted que los charlatanes diligentes y aplicados a cualquier cosa que tocan, por nimia y pedestre que sea, por la magia de la credulidad y mediante no poco interés, gustan de convertirla en puro disparate. En carnaza para crédulos. En amonedado. - Claro, y luego dicen que se le calumnia porque de lo que aseveran, si se lo pidieran, no pueden demostrar nada. - Eso, señora mía. Pero de algún modo hay que defender los caudales y la buena vida. Tal es el honor que se gastan los de semejante cofradía. - Fíjese, amigo Gaiferos, no había caído yo en que se pudiera levantar un falso testimonio de la verdad por dinero. - Eso y mas, amiga mía...
Ya lo se, me falta chispa y resulto espeso. Natural, oigan, que escribo torcido como letra arábiga por causa de tres costillas fracturadas. Y yo no miento como los fantasiosos sujetos de los que vengo hablando...
Ah, si, la Justicia. Por lo que sea (¿qué será-seria?) desde chico me enseñaron que mejor es que te juzguen justos que no jueces. Lo creo y en ello sigo; lo cual no quiere decir que no respete las leyes, sobre todas aquellas que debiendo estarlo no están escritas: Falta, por ejemplo, una contra la ignorancia, la cual facultaría a los poderes públicos para mandar a parvularios y asimilados a los remamahuevos que, aun mediando buena voluntad e inopia mental y abandono, dan en creer en las conspicuas mentecateces de los impostores de los que vengo hablando.
Señores Censores, hay otros versillos que dicen:
He visto un burro volar, Y una torre andar a gatas, Y, en el medio de la mar, Un lobo asando patatas Para a la noche cenar.
Y les juro a ustedes que hay mas verdad en ellos que, por poner, en los objetos de critica de los enlaces que recomiendo y siguen:
Y ahora, puesto que he propuesto se azote en plaza publica a los farsantes a lo benítez, a cobrar de los Servicios Secretos del Condado de Treviño, a dar reposo a mis maltrechas costillas, a enlabiar blasfemias cuando la tosfumata me sobrevenga, a matar el tiempo como buenamente pueda y a reírme de mi mismo. Con dos cojones...
Esto es un hablar por no mantener la boca cerrada; un bla-bla-bla intrascendente que probablemente limite con lo prescindible. Esto es un torear de salón, una patada contra el aguijón de la lógica; esto es, dicho con indulgencia, apatía de estío, pura artificialidad, una fachada retórica sin contenido ni otra intención que no sea la de mantener a N-7, sin la acuciante necesidad de devanarme los sesos, con continuidad y vidilla. ¿O es que los esforzados de la gleba no tenemos derecho a vivir durante unos días como concejales, dentistas o liberados sindicales?.
Así que lo que sigue es una danzarina sinsorgada de la que culpo al escaso caudal de ideas que corren por mi mente. ¡Por supuesto que por el mismo precio y con similar esfuerzo hubiera podido posar otra cosa de mas sustancia!. Pero para qué, si mi moderada esquizofrenia veraniega me ha tornado sinuoso y vago. Además, hasta un pelo[1] da sombra y grano a grano se hace granero. ¿Pensamiento simbólico o cachondeo?...
¡Si, y los cubos de dos números consecutivos difieren en el triple del cuadrado del menor, más el triple del menor, más la unidad[2]; no te jode!. "Disculpas fuera de tono las suyas", D. Gaiferos.
En fin, ya hasta el cuello en el agua enfangada, no queda otro remedio que tornar a aquel libro que semanas atrás excarcele para tontear con las artes adivinatorias, y que hoy, merced a los servicios prestados, corre con libertad sin fianza por los lugares mas inverosímiles de la casa. Venga, sin mas dilación roamos hasta el tuétano...
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EL BONITO JUEGO DEL AQUELLARRE. ______________
La voz aquelarre se deriva del vascuence y significa «prado del cabrón». lugar que se denominaba así porque en él el demonio, instalado en una especie de bufete, presidía la «espantable orgía».
Hubo la creencia general de que esta ceremonia se celebraba los sábados, pero parece haberse demostrado que éstos eran días excepcionales. Las brujas, montadas en sus escobas, se dirigían al lugar de la cita diabólica. Sin embargo, esto no está tampoco muy claro. En las declaraciones de algunas brujas contra las que intervino el »inquisidor Alonso de Salazar, después de haber visitado las montañas de Navarra, consta que tales brujas lo que solían hacer era «dormirse en el punto de salir». Nadie las sentía cuando se escapaban ni se las echaba de menos porque «quedaba siempre en su lugar una persona supuesta».
En estas orgías -cuando menos en su forma más elemental- las brujas bailaban ante el Gran Cabrón que las presidía y a los sones de un pandero de «mal son». El cielo se ennegrecía y las más impenetrables sombras as rodeaban; espantosos murciélagos revoleaban sobre la escena. Para esta danza las brujas se disponían en circulo en torno al Gran Cabrón que se hallaba de pie sobre su plataforma de piedra, empuñando una vela de pez en cada mano y sosteniendo otra entre sus cinco cuernos. A la lívida luz de estas luminarias, alternativamente, brujas y demonios o íncubos, dándose las manos, comenzaban a danzar vertiginosamente en torno a la plataforma hasta que la danza se desbordaba en un verdadero frenesí y en una franca orgía. Entonces el Gran Cabrón descendía de su altar y se mezclaba en las danzas tomando parte en la horrible confusión. Este era el momento en que tenían efecto toda clase de aberraciones.
Según declaraciones de brujas, recogidas en sus procesos inquisitoriales, unas veces el demonio las golpeaba con los cuernos, otros con los rabos o con las pezuñas, y allí donde él trazaba una señal el lugar tocado se hacía insensible.
Una de las brujas que figuró en la relación del inquisidor Alonso de Salazar, cuenta que de su trato con el demonio, a la hora de parir, paría sapos.
El sapo, como hijo de bruja, tiene una gran importancia en multitud de relatos y relaciones inquisitoriales de la Edad Media y aun más acá. En la segunda década del siglo XVII, una vieja que vivía en Pasajes, y a quien llamaban Marichuloca, fue arrojada del pueblo por los propios niños a quienes ella quería llevar al aquelarre y que la corrieron a pedradas. Una de las criaturas a quien logró engañar regalándole nueces -que, al parecer, es regalo de brujas-, contó que la vieja lo recogía en la cama y lo llevaba al «lugar de costumbre», donde lo tenía guardando sapos hasta el amanecer, porque, como dice el duque de Rivas:
Diz que cuando el gallo canta desaparecen de improviso los Aquelarres de brujas, los fantasmas y vestiglos.
Estos mismos sapos, hijos de bruja, son los que, según dicen todavía en Asturias, caen del aire cuando llueve con violencia. Porque, además, las brujas vienen a ser una especie de causantes de la lluvia, o nuberas, como se las llama en esa región.
Había también otra clase de aquelarres, entre los cuales los más importantes son el llamado imaginario y el que tiene por objeto las prácticas de magia negra. Para el primero, valíanse las brujas, según se supone, de la especie de ungüento antes aludido[3], a cuyo cocimiento se mezclaba un poco de hollín de la chimenea, savia de cáñamo verde,estramonio y otros ingredientes, en los que también tenía su representación la adormidera. A estos aquelarres hay que referir los relatos de machos cabríos encerrados en jarras o redomas y que salen de ellas y a ellas vuelven una vez han efectuado determinadas ceremonias; los polvos diabólicos recogidos «detrás» del cabrón, los festines en los que se comen abortos hervidos sin sal, junto con galápagos y serpientes, las danzas de monstruos y las orgías en las que los íncubos se entregaban a los más nefandos desenfrenos.
Pero tanto este tipo de aquelarre como el que tenía por objeto la práctica de la magia negra, mucho más complicado y macabro que el anterior -intervenían en él candelas de grasa humana, sangre de la víctima, clavos arrancados del féretro de un ajusticiado, cabeza de gato negro cebado durante cinco días con sangre humana, murciélago ahogado en sangre y cráneo de parricida-, no tenían nada que ver con los más elementales que celebraban las brujas y hechiceras españolas, «más ingenuas» quizá. Pocas posibilidades les ofrecía un país esencialmente católico como el nuestro, a pesar de que Francia y Centroeuropa se entregaban a lo que se ha dado en llamar «alta magia», simbolizada porBaphomet y las lunas blanca y negra de Chesed y Geburah.
Muy pocos han conseguido ver un aquelarre y no por ello pueden considerarse seres privilegiados. El P. Agustín del Río dice que un inquisidor llamado Bartolomé de Homate actuó en tierras de Italia contra las brujas, pero deseando saber cómo procedían se dirigió, acompañado de su notario, al lugar donde se juntaban. Ambos personajes tuvieron entonces ocasión de contemplar al demonio en forma de macho cabrío sentado entre las brujas, como si fuera un gran señor. Pero apenas las jorguinas se dieron cuenta de la presencia de los dos hombres, asieron sus escobas, se precipitaron sobre ellos y los molieron a escobazos. «No aconsejaré, pues, a nadie, que emprenda estas experiencias», termina.
En algunos lugares de Barcelona las brujas se reúnen a las once en punto de cada sábado, y dura la reunión hasta la primera campanada de las doce, pues si la última sorprende a la bruja sin haber efectuado su misión y sin hallarse en su casa, permanecerá en el mismo lugar en que se hallaba hasta el día siguiente por la noche. En Valencia ocurre también lo mismo, pero para poder salvarse cuando se han demorado, han de permanecer agarradas a la estaca del alfarje o a la tranca del establo. Las brujas del Ampurdán parecen haber sido las inventoras de la costumbre moderna de celebrar los aquelarres en casa de alguna de ellas, pero hasta el último instante no se sabe nunca en casa de quién va a celebrarse. Lo deciden en el aire, en pleno vuelo, y la distinguida con tal honor ha de invitar a las demás a una gran cena en la que no figurará jamás carne de cerdo curada o pan. Como quiera que las brujas ampurdanesas tienen un alto sentido de la hospitalidad, antes de echarse a volar dejan ya la mesa puesta para el caso de que las elijan.
Cuando son casadas toman, naturalmente, grandes precauciones para que sus maridos no las descubran. Algunas colocan en la cama un tronco de árbol, o un saco lleno de trapos o al diablo en persona.
Juan Amades nos habla de una de esas reuniones o aquelarres, muy semejantes a los ya descritos, pero que en el Rosellón tienen pequeñas variantes. Por ejemplo, el diablo puede presidir en forma de perro o mono, vigilando el contenido de una gran caldera en la que las clásicas hierbas de la botánica negra[4] hierven con serpientes, víboras, lagartos, salamandras, escorpiones, sesos de pardillo, de gato, cabezas de rana, mezclado todo con sangre de palomo y de murciélago. Este es -dice- un brebaje para hacer encantamientos y al mismo tiempo ungüento para volar y practicar la licantropía. «Para evitar que los no iniciados puedan presentarse a estos aquelarres, desencadenan vientos en todas direcciones y así hacen imposible el acceso al lugar donde se celebran. Antes de disolverse la reunión comercian con el diablo para reafirmar el pacto establecido y le besan bajo la cola en señal de acatamiento.»
Con una rigurosa documentación, Agustín G. de Amezúa, en su magnifica edición crítica de El coloquio de los perros, ha reconstituido uno de estos aquelarres celebrados en la Mancha. Elige como escenario «una cocina obscura y misteriosa, alumbrada por la tenue luz de un mísero candil, o por el reflejo rojizo de las ascuas». Por toda ella, en los rincones, estantes y alacenas se ven todos los utensilios y armas de la brujería. «Estampas de Santa Marta, San Erasmo o San Cristóbal, pegadas a las paredes, clavos hincados tras la puerta, bolsillas de paño, rojo por una vuelta y azul por otra, conteniendo sogas de ahorcados, ochavos de verdugos, barajas de 41 naipes, polvos quemados de piedra alumbre, piedra imán, cabos de cera blanca, hilillos de ombligo de niños, habas de mar y caracolillos, figuras de cera y atravesadas en ellas alfileres y agujas, sesos de asno, hienda de lagartos y otras mil porquerías, sin que falte su sapo entre dos velas, o su bien cuidada maceta de valeriana, regada con vino, muy propia para hechizos».
«En la cocina se encuentran dos, tres mujeres a lo sumo; salvo alguna moza curiosa y principianta, como se verá luego, todas son viejas, altas y huesudas, o arrugadas y contrahechas, de mala catadura, ojos de arpía, pelo revuelto, canoso y desgreñado, que les cae sobre el sucio y miserable corpiño».
Dos de estas mujeres son ya duchas en el oficio, pero la tercera es joven y novata que va a ser iniciada esa noche. «Juana la Izquierda, maestra de todas, comienza la ceremonia invocando al demonio dentro del necesario cerco. Para hacerlo desnúdase en carnes, suelta su cabello, ralo y canoso, de modo que le cubra las espaldas, ase de una escoba de palma, perfumada previamente con alcrebite, adorna su pelo con una toca y barre, ante todo, el espacio del suelo destinado a contener el cerco».
Con carbón o con sus mismos cabellos dibuja en el suelo un círculo y coloca en su contorno sal, carbón y azufre, y desgreñada y desnuda, como ya hemos dicho, entra en él armada de la escoba y con una candela encendida. Una vez dentro barre la sombra que de su cuerpo proyecta la candela, mientras salmodia en voz baja:
Ven, ven, marido, cara de cabra, que más vale lo mío que tu barba.
Repite la invocación por tres veces, mientras las dos ayudantas cooperan, fuera del círculo, a la invocación, exclamando con voces lastimeras:
Ven, Belcebú, ven, Ven, Satanás.
Si el demonio no acude a este llamamiento, entonces una de las tres brujas se abraza a la cadena que sostiene el perol en la chimenea y desde allí hace una nueva invocación.
Inmediatamente se oyen extrañas palabras y grandes alaridos mezclados con tremendos ruidos y confusión, pero entre toda esta batahola se oye claramente una voz que dice: «¡Guárte, guárte!». Y aparece el demonio.
Este hace acto de presencia según la forma tradicional; es decir, como macho cabrío, aunque puede, como ya hemos visto, adquirir otras formas diferentes, incluso las de conejo, lobo o mula parda, «si es que, presumido y vanidoso, no entra vestido de negro, con negra barba y negra gorra también».
Es éste el momento de la presentación de la neófita, el demonio la abraza y entonces todas bailan alegremente hasta que el diablo desaparece.
Recógense a la lumbre las jorguinas, desnudándose todas con presteza hasta de la camisa misma y, tomando la olla de barro, úntase las coyunturas de los pies y de las manos, diciendo al mismo tiempo la oración a Satanás u otras fórmulas y palabras misteriosas:
Lucifer, hijo de príncipe, sobrino de Corer, pan y quesito - te daré a comer. Lo que te pidiere - dámelo a entender por hombre que pase o agua que vacíe, o perro que ladre; que te doy palabra, si me lo otorgas, de no santiguarme en la cama ni en la iglesia, ni delante del santo que encontrare
Dicho esto aparece de nuevo el diablo y las brujas se sienten alzadas sobre el suelo cosa de un palmo, e inmediatamente emprenden el vuelo diciendo sin descanso:
Vamos viga por viga, en la ira de Santa María..
Llega después el aquelarre propiamente dicho. Las brujas, tañendo diversos instrumentos, bailan en torno al macho cabrío. De pronto una de ellas comienza a cantar:
¡Qué buena es la ruda!
y responde el coro:
No vale nada.
Luego repite otra:
¡Qué buena es la verbena!
y el coro contesta:
No vale nada.
Y una tercera dice:
¡Qué buena es la hierbabuena!
Pero el coro insiste:
No vale nada
Hasta que, por último, hay una que exclama:
¡Qué bueno es el orégano!
Y todas dicen:
El orégano es bueno.
A cada uno de estos cantos el macho cabrío bala y las brujas lo besan donde ya se ha dicho. Luego, contentísimas porque el orégano es bueno, se ponen todas a bailar cantando:
Huevos cocidos para nuestros maridos; huevos asados, para nuestros enamorados; el carnero para mí lo quiero.
Y entonces da comienzo la orgía mientras el carnero se va por las patas abajo.
Desdichado de aquel que, cuando el coro de brujas se dirige al aquelarre alborotando por las calles, asome la nariz por la puerta, porque entonces las brujas lo untan con sus untos y como éstos tienen propiedades aéreas, se lo llevan en volandas. Al regreso, antes de que cante el gallo o apunte el alba, suelen, para divertirse, sacar a algún pobre hombre de su cama y dejarlo en la calle en camisón.
Ya de vuelta en la cocina, desaparece otra vez el diablo, y las brujas, apresuradamente, empiezan a vestirse, repitiendo otra vez a toda prisa:
Vamos viga por viga en la ira de Santa María.
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NOTAS:
1.- Pelo que me viene al pelo para dejar caer una anécdota que me contó un tipo -bastante mas excéntrico que yo- en una librería de Leeds. Decir que mi interlocutor era uno de esos chiflados que babean ante un juego de ingenio bien planteado, y que la anécdota esta relacionada con el pusilánime e inefable reverendo Dogson, por otro nombre Lewis Carroll.
De todos es sabido que Carroll realizo numerosos dibujos y fotografías de las hermanas Liddell (Lorina Charlotte, Alice Pleasance y Edith, por orden descendente de edad), donde Alicia, la víctima de nuestro interés, invariablemente aparecía con media melena azabache al estilo paje. Así era y así continuo siendo cuando de su persona nació la Alicia del país de las maravillas.
No obstante, la representación iconográfica de la niña poco tuvo que ver con la idea del autor, lo que llevo a este, apocado y mansueto por demás, a calzar un severo e inédito cabreo. Y es que dicen pareció poseído por las furias, cuando el ilustrador John Tenniel le envió los bocetos para su aprobación. No era para menos aquel iracundo arrebato, digo yo, pues Alicia, Su Querida Alicia, se había transformado en una rubita de melena bien plantada.
Luego de que se le hubo pasado el sofión y pudo enfrentarse al papel sin rociarle de indignada salivilla, Dogson envío una carta al ilustrador incluyendo en ella un puñado de bocetos de su mano. Tenniel, contemporizador, accedió a devolver a Alicia su negra y recortada melena. Mas no pudo ser, los editores consideraron que la mudanza era una pejiguera que, además, iba a salir cara, puesto que las primeras planchas habían entrado ya en la imprenta.
2.- No, no se trata de uno de esos trabalenguas al uso. Digo verdad.
Sea n un número cualquiera; el siguiente será n + 1
El cubo de n es n^3
El cubo de n + 1 es (uso cuenta de la vieja) n^3 + 3 x n^2 x 1 + 3 x n x 1^2 + 1^3 = n^3 + 3n^2 + 3n + 1
Restando de este último resultado el primero, se obtiene:
n^3 + 3n^2 + 3n + 1 - n^3 = 3n^2 + 3n + 1
3.- La referencia es, naturalmente, a capítulos anteriores. Leídos estos con impaciencia y premura he dado con un par de descripciones dignas de ser referenciadas, aunque la que sigue es, a mi juicio, la que mas se ajusta a la intención de esta nota:
«Ni brujas ni especialistas están de acuerdo con respecto a los ungüentos más eficaces para salir por las chimeneas. No parece que se haya inventado hasta ahora el ungüento tipo, aunque, bien es verdad, todos parecen estar de acuerdo en la excelente propiedad de determinados componentes base de tales preparados. Se supone que el más antiguo de los ungüentos conocidos se preparaba según una fórmula salvaje heredada de las lamias, strygas y empusas de Tesalia, que costaba siempre la vida a un niño, con cuya grasa, beleño, belladona y jugo de adormidera, confeccionaban una especie de afrodisíaco»
4.- Lo juro, me he dado un notable calentón espigando entre librotes que pudieran contener algo sabroso con lo que aderezar esta nota. Puta mierda, a lo que se ve no debo de ser yo muy amigo de la botánica oscura o criptobotanica o botánica mágica o gilibotanica por mejor decir. Resultado: Como casi siempre que me enfango en temas semejantes, la solución ha pasado por la consulta - no diré que exhaustiva porque mentiría- de un par de buenos diccionarios sobre mitología. Sigue, sin enlaces ni hostias, lo mas interesante que he encontrado:
Uno es muy de andar; un andarín nato. Con independencia del humor climático con el que levante el día, todo asunto que me coja a menos de dos horas de marcha moderada lo resuelvo a golpe de calcetín, las nalgas prietas, la cabeza alerta como en berrea y las rodillas a pistón. Esto lo cuento ¿como introducción? pero sin pensarlo demasiado. De otro modo confesaría que me desconcierta y jode imaginar que a nivel encefálico las vías motrices de mi cabeza de chorlito están cruzadas, que cada costado de mi lindeza recibe influjos nerviosos que proceden del hemisferio cerebral opuesto. Un puto lío motriz, señores, en el que no me permitiré entrar.
Para deambular a mi manera es preciso contar con voluntad, tiempo y tobillos ligeros. Patear cualquier ciudad no deja de ser un ejercicio tan satisfactorio para el cuerpo como divertido. “Ciudad andada, ciudad ganada”, dice una conseja que parece repugnar y pocos llevan a la practica. Allá cada cual; los absentistas de la suela se lo pierden, quiero decir. Además de sano y poético (si, poético, pasa algo...), el caminar es un acto que mueve a la reflexión introspectiva, y, que yo sepa, conocerse a uno mismo es menos malo que una patada de muleto en los cojones. Lo siento, hoy no me he lavado la boca y el termino no acaba de írseme de la punta de la lengua.
Perdón, se me ha ido el oremus. Retomo el tema.
Si, andar. Andar es educativo. Gastando calcetines he dado con asuntos de lo mas surrealista imaginable. Y eso al menda le divierte lo suficiente como para dar a toda caminata por bien pagada. Trasantesdeayer, sin animo de empelotarme en días y zurribandas mas lejanas, di con un local así como vergonzante, de tapado, discreto pero sin armonía; la puerta era como ojo de aguja; la cristalera con la que hacia juego reducida, oscura como crica de mandinga, manta de secretos. Un cartelillo sin mérito caligráfico ni ortográfico invitaba a penetrar en la espelunca y cagarse patas abajo merced a la suprema sabiduría de un charlista llegado de donde las agujas de marear cantan misa y signan colas de sirena. Respiren, jodido párrafo...
Luego de entrar y ver la especie estabulizada, un mantra que enlabiaba mi abuela (mayormente con ocasión de las tronadas que tanto la atribulaban) me vino como coz a las mientes: «Tente tu, tente malo, que dios puede mas que el diablo». En fin, cosas mías que no necesitan de pregón. Y uno con mi asiento oí de todo, señores. Y nada bueno. No tengo huevos para contarlo. Me limitare a transcribir, cual las tome, las notas que fui pergeñando sobre una bolsa de papel basto en la que portaba unas compras: «El publico vacaburrea. Para una futura posada ("¿De solicitantes y beatas sumisas?" // ¿Meterles acaso un cigarrillo encendido en la oreja por ver si tienen el encefalograma plano? // Este seria intimo de Pinel, aquel jodido amigo de los locos // ¿De donde les viene a estos gilipollas la fe en las alucinaciones de este enano desquiciado? // Cagüendios, no se me ocurre a mi eso ni aun bebiendo hasta secar las espitas // Abren la boca, están embotados: El cabrón les esta sodomizando. A la negrita de las trencitas otro tanto le daba yo, y a la que esta junto a ... // ¿Ha dicho con velos como "Natalie"? Para mi que pretendía decir "Athalie", la obra esa de Racine // Vaya mierda que les enseña, eso igual puede ser un fantasma que un belen que la hipotenusa de la chepa del jorobeta de ND. que el culo de un Hare Krishma que su p.m. a cuatro patas en una pocilga // Joder, joder, se lo tragan. Adelante con el tocomocho. Este cabrón va a dejar a la carnerada con los bolsillos del revés, les esta envolviendo en sus artimañas y los muy gilipollas lo celebran y abrazan sus locuras // Vaya, ahora resulta que ha demostrado experimentalmente la existencia de fantasmas y aparecidos // Nada, no ha dicho como. Igual da, si les dice que con un colador una pizca de pegamento y un condón vaginal estos bobalicones vocacionales van y se lo tragan // Mira como se esponja el jodido peliculero... esta a pique de desbordar por las costuras y reventar // Lo que faltaba, ahora va el tío y utiliza a Einstein y a De Broglie como hoja de parra de su ignorancia»
Menein de cabezas, suspiros de disgusto, miradas torvas y recriminatorias cuando a mach II dejé aquel nosocomio de orates. Elemental, inevitable, puesto que esta muy feo desatender y ciscarse en la palabra del Mesías llegado a la ciudad. ¿Me habré ganado por descortés el infierno?
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Luisito De Broglie tenía la frente despejada, la nariz ligeramente aporrada, bigotin como de broma y, desde su nacimiento, un titulo nobiliario rimbombante de cojones: Príncipe del Sacro Imperio Romano Germánico..., que agonía pronunciarlo. Con el tiempo y tras la muerte de su hermano Mauricio se convertiría en Duque de Broglie, lo cual es posible que no le reportara demasiados beneficios, pero molaba un huevo.
Después de licenciarse en Historia, disciplina que no debió de llevarle demasiado tiempo, porque las gestas históricas francesas con carácter universal -como a menudo repite un amigo mío, escocés él - son como el curriculum de "zapatucos", susceptibles ambas y al unísono de ser reflejadas con brocha gorda en el reverso de un sello de correos, Louis paso a estudiar física y a trabajar con su hermano (Maurice) en el laboratorio que este mantenía, y donde es fama que realizaban estudios sobre los rayos x y los fenómenos relacionados con la espectroscopia. Cuando hay posibles cada cual trastea con lo que le viene en gana.
Fruto de esta colaboración fue: “Introduction á la physique des rayons X”, publicado en 1928. Previamente, en 1924, nuestro príncipe de tan luengo nombre había dado a conocer su famosa tesis doctoral “Investigaciones sobre la teoría de los cuantos”, en la que postula: «Una onda puede ser una partícula y una partícula puede ser una onda»
Y aquí tasco el freno para quedarme con este enunciado que vino a solucionar alguno de los problemas de la vieja teoría cuántica.
Extraño concepto: ¿una partícula es una onda y una onda es una partícula?. Vamos a ver: ¿Cabe en lo posible que las partículas se difracten? ¿Pueden salvar obstáculos contorneándoles, tal como lo hacen las ondas sonoras? ¿Presentan fenómenos de interferencia? ¿Como y donde ejercer fuerza sobre una onda? ¿Es una chaladura lo que este Broglie postula? Recapacitemos. Si el efecto fotoeléctrico implica que una onda electromagnética puede actuar como una partícula, será posible, entonces, que a la viceversa una partícula pueda actuar como una onda, y, si tal es posible ¿cual sería la longitud de onda de la partícula? Demasiados interrogantes, lo se.
Basado en la analogía de los fotones, es decir, usando la energía y estableciendo la relación entre la "masa" del fotón y la masa de su partícula equivalente, Louis de Broglie tomó carrerilla para desarrollar su idea. La energía de una onda electromagnética o fotón es E = hf julios, y la energía de una partícula con masa m es E = mc^2 julios. Tal que:
Energía de la partícula = energía de la onda electromagnética. E = mc^2 = hf (1)
Pero habida cuenta de que entre la longitud de onda, la frecuencia y la velocidad existe la relación:
Longitud de onda X frecuencia = velocidad ---> lf = c, podemos escribir:
f = c / l, y sustituyendo en (1) obtendremos:
mc^2 = hc / l , o bien:
l = h / mc , donde:
h =constante de Planck. m = "masa" de la partícula-oem (onda electromagnética) c = velocidad de la partícula-oem. l = longitud de onda de la oem.
De modo que si tenemos una partícula de masa m cuya velocidad es v en lugar de c, la longitud de onda equivalente será:
l = h / mv , expresión que concreta la hipótesis de Broglie.
La simple ventaja inmediata de esta idea fue aclarar algunos sentidos de las órbitas ad hoc de Bohr. Las longitudes de onda de los electrones eran tales que la circunferencia de las órbitas permitidas correspondían a un numero entero de longitudes de onda. Si, por ejemplo, la circunferencia para la órbita n=1 tenía una longitud de 10 unidades y se calculaba la longitud de onda para un electrón en esta órbita usando la fórmula l = h/mv, entonces la longitud de onda sería 10, o 5, o 2, o 1 unidad en longitud. La longitud de onda no sería 8, 3 o 6 unidades de longitud, porque 10 no es divisible exactamente por ninguno de estos números. Aquellas longitudes de onda se encontrarían apropiadas y tenderían a reforzarse mutuamente (interferencia constructiva), mientras que estas últimas longitudes de onda no serían apropiadas y tenderían a destruirse mutuamente (interferencia destructiva)... Un poco de matemáticas demostrará que, en cierto sentido, l es escogido de tal modo que la longitud de la circunferencia de las órbitas permitidas ha de ser un múltiplo entero de la longitud de onda. Las órbitas permitidas de Bohr están determinadas por r tal que: mvr = n. (h/2Pi) o bien 2Pir = n (h/mv) Pero l = h/mv, luego: 2Pi = nl Así, circunferencia de las órbitas permitidas de Bohr = número entero X l
Me ilustro en Exapamicron sobre el significado de Belomancia: especie de "arte adivinatoria" fundamentada en la observación de la trayectoria del vuelo y caída de las flechas; siendo condición para que el aurispice se pronuncie con fidelidad que estas sean impulsadas mediante arcos.
Aun a desgana, encuentro curiosas estas supersticiones adivinatorias que, basadas tanto en los elementos como en cuerpos terrestres u cualquier otra mandanga, mediante ritos exclusivos para cada una de ellas, podían, mediante el experto escrutinio de su correspondiente interprete, determinar diversas señales o signos capaces de revelar el futuro. Y es esa maldita curiosidad es la que me impele a meter la cuchara en plato ajeno. Sea.
¿Saben ustedes donde se encuentra la gran nebulosa Andrómeda?. Pues paseantes de los mingitorios públicos del mismo barrio deben de andar, como gato extraviado en barricada, los conocimientos que guardo sobre disciplina tan chinchosa y necia como extravagante. Valor. Una disculpa y la vindicación de mi profunda ignorancia.
Todo esta en los libros, empero; así que me desencamo a canto de gallos, tomo la escalera del desván, desgarro la oscuridad, pateo a una mano de insurrectos que por arte de encantamiento han mudado a la facha de objetos inservibles, toso un poco a causa de la polvareda que la trifulca levantó, abro una claraboya y me doy a la tarea de leer rótulos y desprecintar cajas. No tardo demasiado en dar con lo que busco. El libro[1] mismo, cual gozquecillo desatendido, muérdeme amoroso y leve, ansioso de mi consideración. Luego vino lo que veis: pulir, aderezar, trocar y copiar.
Venga, a disfrutar de esta pieza de exquisita ingenuidad.
A principios del siglo pasado[2] se conocían más de ochenta «artes adivinatorias», pero es de suponer que, a medida que han adelantado los tiempos y la civilización, haya aumentado también el número de aquéllas. Cuando menos, sabemos de una novísima que parece esta dando de codillo a las demás. Nacida, naturalmente, en París, podríamos llamarla, aunque de una manera provisional, claro esta, Pelvimancía, pues consiste, nada menos, que en la interpretación del temperamento y carácter del hombre según la estructura de la pelvis y la forma de las caderas. Sostiene el «pelvimántico» que, según la proporción cuantitativa de las distintas sales de calcio que figuran en la composición de los huesos, y teniendo en cuenta la estructura de la pelvis y la disposición de las articulaciones de las caderas, el individuo tendrá un determinado «aire» en su paso y que su temperamento será sosegado o impulsivo, su inteligencia brillante u obscura y así sucesivamente. Dada la forma exterior de la pelvis, los individuos podrán dividirse en tres clases: carbónicos, fosfóricos y fluóricos. En el primer caso las articulaciones de las caderas son sólidas y la cabeza del fémur llena totalmente la cavidad que le corresponde; en consecuencia, los músculos glúteos están muy desarrollados, lo que es motivo de que el individuo sea tardo, lento, torpe y pesado en el andar; sus reflexiones, por lo tanto, serán más profundas, más precisas y demostrarán cierta autoridad en la resolución de problemas trascendentales; «este tipo de individuo, sea hombre o mujer, no cede ante nada» Los fosfóricos tienen las caderas finas y flexibles, y, en consecuencia, serán fácil presa de enfermedades, pero en cambio, serán hombres brillantes, de concepción rápida, exaltados y poco afectivos. Las articulaciones de los fluóricos son hiperflexibles, lo que les impide permanecer de pie largo rato; en consecuencia, serán individuos de temperamento vacilante, grandes artistas, magníficos bailarines, maravillosos amantes, pero tendrán siempre reacciones imprevistas. Esta es, a grandes rasgos, la última «mancia», aunque más o menos científica -no olvides que lee en las líneas de la radiografía - de que tenemos noticia.
Difícil es, naturalmente, determinar cuál, de todas las «mancias» conocidas, es la más importante; pero, cuando menos, sabemos, eso si, cuáles son las más populares. A estas últimas pertenecen la Quiromancia, o adivinación por las rayas de la mano; la Cartomancia, o adivinación por los naipes, y la Brizomancía, Oniromancía, Oneiromancía o Somnomancía, o adivinación por los sueños, terreno éste que, desde Freud, se halla en manos de psiquiatras.
Sin embargo, no es justo que prescindamos de otras «mancías» que en épocas menos científicas que ésta, tuvieron su prestigio e importancia. Así, pues, a título de curiosidad, citaremos algunas de cierto interés.
La Geomancía, o adivinación por la tierra, se llamaba así «porque los que la usan escriben en la tierra o en papel o en otro cuerpo terreno unos puntos y líneas a deshora, sin contarlos, y desque han hecho una plana de ellos, míranlos y cuentan, y por allí se adivina lo que ha de ser».
La Hidromancía, o adivinación por el agua la «usan los adivinos derritiendo plomo o cera o pez sobre un vaso lleno de agua y, por las figuras que allí se forman, se adivina lo que ha de ser»
La Aeromancía, o adivinación por las señales del aire, se basa en que «los vanos hombres paran mientes a los sonidos que se hacen en el aire cuando menea las arboledas del campo o cuando entra por los resquicios de las casas, puertas y ventanas, y porque allí adivinan las cosas secretas que han de venir».
La Piromancía, o adivinación por el fuego, se basaba en la disposición y color de las llamas y en el carácter de los chasquidos de los cuerpos que las producían. En cierto modo derívase de ella la Dafnomancía, o adivinación por el laurel, con cuyas ramas se coronaban los adivinos. Practicábase de dos maneras. La primera consistía en echar al fuego una rama seca de esta planta y por el chisporroteo, el centelleo y el humo que se producían durante la quema, se obtenían los presagios. Estos eran inciertos cuando la rama se consumía sin producir ningún ruido, pero se vaticinaba con toda certidumbre cuando chisporroteaba con gran ruido, las chispas eran abundantes y se obtenía una finísima humareda, lo cual, todo, era señal de buen augurio. La otra manera consistía en lo siguiente: el dafnomántico pasaba a ser dafnéfago; es decir, mascaba unas hojas tiernas de laurel, cerraba los ojos y empezaba el trabajo de concentración mental. Luego comunicaba el augurio.
La Espatulomancía, que también tenía que ver con el fuego, consistía en adivinar «por los huesos de las espaldas de los animales muertos, que los ponen cabe el fuego un rato hasta que la calor del fuego los hace saltar o henderse por algún cabo, y miran por dónde se quiebra el hueso de la espalda y por allí adivinan».
La Coscinomancía fue muy popular en España hace tres o cuatro siglos, pero era más conocida por «andar el cedazo» o «adivinar por la tela de cedazo». «Es ejercicio de arte mágica, cuando el demonio hace que los profesores de esta diabólica ciencia, mirando por un cedazo, vean las cosas que están muy distantes, ocultas o por venir». En una causa que celebró la Inquisición en Toledo contra una tal Ana Hernández, una testigo, llamada María López, vecina de Malagón, manifestó que la tal Ana le pidió un cedazo y unas tijeras, y preguntándole para qué los quería, dijo que tenía un mozo en Almagro, y deseaba saber si la esperaba o si había de venir, «y tomó las tijeras y las hincó en el arco del cedazo la punta, asiendo en la mano el anillo de la misma punta de la tijera, y la otra tijera puesta en cruz, colgando el cedazo de ellas, y diciendo unas palabras que esta declarante no entendió, anduvo el cedazo muy recio a la redonda, y le dijo a la susodicha: «Yo me voy mañana, que me esperan», y cuando no era así lo que quería, se estaba quedo el cedazo». En otros casos se substituía el cedazo por un zapato de la consultante.
También fue por aquel entonces popular en España el llamado «Arte de echar las habas». Según una tal Antonia Mexía[3], llamada a declarar ante el tribunal del Santo Oficio, unas gitanas le enseñaron este sortilegio; para ello bastaba que «tomase nueve habas, un poco de carbón, un grano de sal, un poco de cera, un ochavo, un poco de piedra alumbre, un poco de azufre, un poco de pan, un poco de paño colorado, un poco de paño azul, y que las dos de las habas las señalase mordiéndolas, o las más que quisiese, diciendo este es Juan (su marido), este es Francisco (a saber quién sería este Francisco), y esta es Catalina (¿la mujer de Francisco?), y que si saliese la mordida, que es la persona que se quiere, junto al carbón, significa noche; si junto a la sal, gusto; junto a la cera, martelo, que quiere decir golpe, porrazo o cosa semejante; junto al ochavo, que habrá dinero; junto a la piedra alumbre, con lo colorado, sangre; y junto a lo azul, celos; y junto al azufre, si sale con la sal, oro, y si sale solo, pesadumbre; junto al pan, que habrá comida».
Con la Aritnomancía, o adivinación por los números, y la Onomancía, o adivinación por los nombres, mezcladas con cierta pequeña dosis de Astrología, se componía la famosa Rueda de Veda, «arcano de grande estimación entre los que le ignoran». Según el P. Feijóo, consistía en lo siguiente: «Descríbese en tabla o papel un círculo o rueda que tiene como un palmo de diámetro, y en el círculo se inscribe una cruz en cuyos cuatro brazos se ponen unos números, en cada uno siete, y distintos en cada uno, comprendiendo entre todos desde la unidad hasta el número 28 inclusive. Donde terminan los cuatro brazos se reparten estas cuatro inscripciones: Mors major, mors minor, vita major, vita minor. Usase de esa rueda para averiguar si el que está enfermo vivirá o morirá; si el que sale a desafío vencerá o será vencido; cuál de los pretendientes de algún puesto lo llevará, y otras cosas semejantes en que es condición precisa saber el día en que se ha de conferir el puesto o se ha de reñir el desafío o el doliente cayó enfermo. El uso es de este modo: Mírase el valor numérico de las letras de que consta el nombre del sujeto cuya fortuna se examina, según el alfabeto griego (hablo del alfabeto numeral) en que a cada letra voluntariamente se le atribuyó el valor de cierto número, creciendo el número, según la progresión del alfabeto, así: la A vale 1; la B, 2; la G, que en el alfabeto griego es la tercera letra, aunque en el latino séptima, vale 3. De este modo la I o Jota, que es la décima, van creciendo en unidad; desde la J hasta la S se aumentan por decenarios, y desde la S hasta acabar, por centenarios. Súmanse, pues, los números correspondientes a todas las letras del nombre; hecho esto, se atiende qué día del mes lunar es aquel en que vino la enfermedad o se ha de proveer el puesto o reñir el desafío, y el número de los días del mes lunar, que corren hasta aquel tiempo, se agrega a los números del nombre. La suma total que resulta se parte por 28, y aquel número residuo, que, hecha la partición, queda sin dividirse, por ser menor que el partidor 28, se va a ver en qué brazo de la cruz se halla, y según la inscripción correspondiente a aquel brazo, se pronuncia del mal o buen suceso».
La Hipomancía es de origen céltico y consistía en la adivinación por los relinchos y movimientos del caballo. La Eteromancía fundamentaba su arte en el vuelo y canto de las aves; la Meteoromancía, en los fenómenos meteóricos, y la Onicomancía basaba la adivinación por medio del examen de los trazos que quedaban señalados en las uñas que habían sido untadas previamente con aceite y hollín.
La Genatliomancía profetizaba el porvenir, guiándose por el nacimiento, lo que la relacionaba con la Astrología. Dependientes también del mismo individuo, existían la Metopomancía, o adivinación por las líneas del rostro; la Glosomancía, o adivinación por inspección de la lengua, y la Uromancía , por inspección de la orina.
La Alomancía adivinaba por la sal, y la Lacomancía por dados, según cómo se jugaban. La Cromminomancía era un arte adivinatoria para la cual se utilizaban las cebollas y era muy común entre las doncellas para saber quiénes habían de ser sus maridos; con este objeto se escribían en las cebollas elegidas los distintos nombres de los pretendientes, uno para cada cebolla. Algo semejante era la Sicomancía, o adivinación por hojas de higuera. La pregunta se escribía sobre una hoja y, según el tiempo que tardaba en secarse, se obtenía el vaticinio.
La Apantomancía es quizá, hoy en día, la más frecuente de todas, y la practican, aun sin saberlo, muchas personas. Consiste en la adivinación por las cosas que se encuentran casualmente. Según éstas se deducen los buenos o malos agüeros, como el del gato negro, pasar por debajo de un andamio, etc.
La Rabdomancia, o adivinación por medio de una varita mágica, es la que practican los zahoríes. La varita de los rabdomantes se hace de avellano silvestre, cortando una rama a la salida del sol, cualquier día del mes de junio, si es posible cuando haya luna llena. Ha de ser una rama ahorquillada de casi medio metro de longitud, del grueso de un dedo y que no tenga más de un año. Se toma por los extremos, uno en cada mano, sin apretar, de modo que el dorso quede hacia el suelo y que el vértice de la varita mire hacia adelante. En esta posición se camina lentamente por los parajes donde se supone que hay agua, metales o dinero escondido. También puede llevarse en equilibrio sobre el dorso de la mano y andar lentamente; al pasar por encima de un manantial empezará a dar vueltas.
Una de las magias más antiguas fue la Aruspicina, que consistía en adivinar examinando las entrañas de los animales.
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Y ahora una última addenda por dar golletazo a esta fanfarria cuya importancia, a más de la meramente antropológica consiste, a mi juicio, en su latente interés iconográfico. Lo reconozco, figuras de aparatosa belleza y espectacularidad no faltan en el engrudo, acaso, digo yo, porque su endémica improbabilidad vino a ocupar el cacumen de de todo ilustrador fantasioso con gusto por las metáforas, hipérboles y perífrasis. Lo demás guano excretado por mentes de toda razón desviadas, pan de ignorantes, sacramento de mezquindad y ridículo. Engaño. Pero engaño que, cójase la prensa y véase la actualidad de la pamema en los días que corren, no necesita de variaciones, recensiones o puestas al día, puesto que por obra de la ineptitud siempre esta a la ultima. Un engaño que, ¡dita sea!, convierte a personas inteligentes en simples remamahuevos. Sonroja pensar que visionarios de pacotilla sustenten, mediante consideraciones huidas de toda lógica, una probada superioridad psicológica sobre algunos de sus semejantes. Y callo porque algo que no me gusta esta germinando en mi mente... Puto Futuro.
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NOTAS:
# 1.- Esto es España. Vida, Arte y costumbres. «BRUJERIAS», por Fernando Gutiérrez.- Librería Editorial ARGOS, S.A., Barcelona - Buenos Aires.- 1ª edición: Diciembre 1949.
# 2.- Siglo XIX, claro.
# 3.- En este momento no puedo dar noticias mas extensas de los procesos citados. Existen en mi documentacion, claro que si, pero lo hacen en un frances plagado de abreviaturas que me resultan irreconocibles. Ademas la fuente, un facsimil, no guarda la legibilidad necesaria para la aventura.
La lectura nunca fue un vicio, y esto es un "hablar por hablar" con palabras torcidas. Pura vanidad. El irreverente capricho de un batallón de uno solo.