martes, 19 de febrero de 2008

UNO DE GETAFE EN PARIS (I).

Veamos que atropellos contra el sentido común y la alianzacivilina y el derecho de gentes cometo de aquí en adelante si es que quiero, que quiero y con toda justicia lo merezco, hacer realidad ese sueño vitalicio que es contemplar mi propio “zane”... Si, hombre, hagan memoria, rebobinen ustedes en este pósito de intrascendentes necedades hasta dar con las magnificas ocurrencias que he contado sobre los señores griegos... En fin, por evitarles enojos lo contare otra vez de corrido. Era “zane” el monumento estatuario erigido al hideputa de don Zeus (ese impenitente rijoso trapisondista dado en gastar las más de sus olímpicas horas en probar metamorfosis animales que le permitirán escurrirse entre las piernas de aquellas damas del elenco mitológico a su gobierno que, un tanto cochinorras ellas, apuntaban sexualmente hacia el bestialismo : Europa, Leda, Semele, Danae... Uff que fatiga) en una campa, cabe el estadio olímpico donde los de la Helade medianse en fuerza y habilidades. Su coste era soportado por aquel participante en los juegos que fuera pillado trampeando. Cada pieza llevaba en el pedestal una descripción de la falta deportiva del maulero y un comentario laudatorio sobre el vencedor real. El primer tipo pillado con el culo al aire fue un tal Eufolio de Tesalia. De haberse universalizado la costumbre y seguir en boga, no habría hoy en la trilera España suficiente espacio para levantar monumentos semejantes. Y sin embargo yo deseo el mío... ¡Ah, mis razones!



OOoo

En lugar de rodar setenta kilómetros para asistir a una rueda de charletas relámpago relacionadas con la “fermentación alcohólica del jugo de uva a la luz de los nuevos avances en microbiología” [Ya saben: Composición y propiedades de los sustratos de fermentación.- Aplicación industrial de las fermentaciones ( Preparación del mosto; utilización de levaduras seleccionadas; desarrollo de la fermentación; tecnología de la fermentación; caracterización de las cepas de levadura utilizadas).- La fermentación maloláctica (Origen; sistemas fermentativos; sustratos de dicha fermentación; evolución de las tecnologías: Conservación de poblaciones bacterianas, utilización de la biomasa, levaduras degradantes del ácido málico, uso de células o de enzimas inmovilizadas, vía genética).- La segunda fermentación alcohólica... Bla, bla, bla]... Decía, o quería decir antes de cagarla saltando al púlpito de lo profesional y aburrido que, sin apearme de las zapatillas y manos a la obra, me he dedicado a poner orden y concierto en un montón de papeles que, manga por hombro, sesteaban creando porquería y malignidad en unas cajas arrumbadas en lo mas oscuro del desván.

OOOooo

Aclaro que a la cosa esta de nombre tan rebuscado envié, debidamente acreditado, al mayor de mis hijos: del oficio e innegablemente mejor preparado que yo para lidiar con los esdrujulones avanzados que es moda soltar entre los chafalmejas que presiden estos presuntuosos encuentros: «Es fundamental tener en cuenta también los valores individuales de los marcadores bioquímicos antes de su integración en el calculo combinado» «¿Qué dice el gilipollas este?» «Que hay que hacer con las levaduras lo que se ha hecho siempre» «¡Hostia, tu!»... En fin, si me da por ahí ya les contare de que ha ido la cosa.

-- ¡Miente! A usted le importa tres cojones lo que se diga en la pachanga esa a la que envió delegado.

-- Un respeto, oiga; este cura no es menos veraz que su señor padre, concejal y abogado. O que su abuelo: carabinero bujarra y coplero.

-- ¡Cagüendios, aquí se habla de nuestro presente, Gaiferos!

-- Pues suelte usted su carajada babilónica, Celedonio. ¡Venga, hombre!

-- "Quía" decir que usted mando al chico por amarrar la caja de vino que regalan, la mochila esa del prospecto, el juego de copas de cata, el paraguas de colorines y el sacacorchos a pedales, la litografía del "coño de la Bernarda" y toda esa mierda con la que los vinateros más avispados les enculan de rondón...

-- Pues va usted a tener razón, don Celedonio.

-- Aja... Me lo temía.

-- Venga, tómese otra gaseosa y cambiemos de palo.

OOOOoooo

Y sin embargo... escrutando con minucia genuflexa aquellas cajas desheredadas del desván, fui a dar, con las pupilas de oro de Herr Monty -mi compañero- alumbrándome, con una serie de artefactos literarios que creo debo rescatar del olvido. Y eso me resta protagonismo y no es fácil para mi ego. Aunque al fin, en esto como en tantas otras cosas, viene a pasarme como a Gracián, Balastar, quién en todo un capítulo de la tercera parte del "Criticón" se da a enjuiciar y censurar refranes, sin caer en la cuenta de que la critica de ellos es signo del gusto inconsciente que sentía por los mismos, como lo prueba el numero de los que cita y la variedad de ellos. Pero es que el huraño jesuita jamas dejó de ser un lógico rural contundente.

CONTINUARA.


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lunes, 4 de febrero de 2008

De Niebla y dos Raros.

Tengo buena proa: una nariz como escoplo que corta sin miramientos ese puré noveau-cuisine que es la niebla. Monto en bici (me gusta más el termino pedaleta), bien abrigado. Quedan bailabotes que aun se sorprenden del modo de locomoción sobre ruedas de mi preferencia.

- ¿Como "es que" vienes en bicicleta?

- Es que tras los impuestos que suelto en tu beneficio no me queda pa'más.

- ¡Serás cabrón!

- Pues eso...

He madrugado, y con tiempo por delante me he dedicado a buscar la receta de algún condumio decente en el “libro con tapas de abedul de mi bisabuela”. Hoy comen en casa mi amiga Astrid y su nieta de igual nombre. Mi amiga es danesa y traductora. Su nieta también es danesa, pero no se da a la traslación de lenguas porque tiene nueve años, la piel cuasi transparente, los ojos picando a grandes, tintados de un hermoso verde violáceo que recuerda a una aurora boreal, media melena, negra, que sorprende a propios y extraños por estar entreverada con lenguas de fuego... Un hermoso e incomprensible cabello el de la chavala. Pelos de bruja longobarda, dice su abuela. Un corrector dental que apenas se percibe se ve que la incomoda. Su padre se llama Claus, diseña muebles de oficina y se lleva bien conmigo. Claus es quien me mostró la Copenhague de quita y pon, la que es distinta de noche que de día. Claus colecciona libros sobre el arte de la pirotechnia y artillería; aunque en lo que más ingenio pone, lo tengo probado, es en el perfecto aparejo de moscas para pescar. A la pequeña Astrid le gusta mi casa y aun en dánico se entiende con mi gato. Cosas de felinos, digo yo.

Como se ve la valía de mis amigos es muestra de lo vario que es el mundo. Y es de la suma de sus miserias y grandezas de donde bebo y aprendo.

De cuando en cuando y atendiendo a criterios que me son del todo arcanos Astrid me envía algún libro. El ultimo lo he recibido hace apenas unos días, por Año Nuevo. Su titulo, “Gesta Danorum”; su autor Saxo Grammaticus, un danés del decimosegundo de los siglos que le daba a la péndola con vehemente fantasía. Con parecida frecuencia, y sin que ello sea de considerar como causa y efecto, me hace largas llamadas para inquirir mi opinión sobre algo que esta en camino de verter al castellano. Dice que la gramática es un juego muy holgado, que prefiere mis opiniones sobre lexicografía, sintaxis, fonética, prosodia y esas cosas antes que las de un casposo diccionario. Eso demuestra tres cosas: su bondad extrema, el cariño que me guarda y la cantidad de escrúpulos lingüísticos que los traductores concienzudos llevan en la cabeza.

¡Coño!; nada nuevo bajo el sol, colegas.

En la pesquisa que cura y barbero realizaron en la biblioteca de mi Señor don Alonso Quijano [Libro-I, Capitulo-VI], dice el pater, a propósito de la obra del poeta Ludovico Ariosto:

- Ni aun fuera bien que vos le entendiérades - respondió el cura* -; y aquí le perdonáramos al señor capitán que no le hubiera traído a España y hecho castellano; que le quitó mucho de su natural valor, y lo mesmo harán todos aquellos que los libros de verso quisieren volver en otra lengua: que por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento.

* La replica es al barbero, quien había manifestado poseer un ejemplar semejante pero en italiano. Lo cual no le capacitaba para emitir juicio alguno, pues confiesa haber intentado leerlo sin entenderlo.

........................

¡¡¡Maldito fax, cuanto me toca los colgones!!!

... Nada sobresaliente. Veamos como lo suelto de una tacada: Es sobre las variantes de un moho utilizado para la producción industrial de un ácido orgánico implicado en la fabricación de la resina que acompaña al papel de embalar que ha de estar en contacto con alimentos... Si me da por ahí, recuerden que uno es propenso a la payasada libertaria, otro día lo contare al detalle.

Pongamos que estoy en el mercado:

Voy a preparar consome (morcillo de vaca, zanahorias, agua, puerros, despojo de gallinas, apio, huesos blancos, cebolla picada, pan tostado, huevos, aceite y cebolla tostada), perdices con uvas ( perdices, salchichas, trufas, un huevo, champiñones, zanahorias, cebolla, jerez, agua, pimienta en grano, uvas blancas, uvas negras y manteca) Babarua de naranja (naranjas, un limón, huevos, piña, nata, azúcar, cola de pescado, agua, mantequilla y cerezas confitadas). La manteca de cerdo y las uvas negras no han sido fáciles de conseguir. Y perdonen que no me extienda en las cantidades y modo de preparar la minuta, pues esto esto es un mero listado enumerativo.

Cierto, el fax me ha metido prisa y es de entender que marche un tanto atropellado. Igual me da; es lo bueno que tiene ser timonel y remero a la vez. Sigo:

A mercadear abastos con fundamento enseñome mi madre, dama tan ahorrativa como generosa inmunizada de nacimiento contra las garatusas antideportivas de los tenderos. No es malo, por demás, salir al albur de la vida con doctrina suficiente para evaluar la calidad de lo que uno se ha de llevar a la boca.

Abastado como el reglamento manda enfilo una calle sombría y angosta y meada, cuidando de sortear los filos asesinos de un centón de botellas rotas. Me muevo, sépanlo ustedes, en la ciudad mas sucia de Europa; en la comuna vecinal donde los guarros por excelencia nacen por generación espontanea. Tiene la ciudad timbre y gloria, escudo y un lema heroico larguisimo al que es de justicia añadir: “Y LA MAS COCHINA DE OCCIDENTE”. Veo poco y pedaleo con temor, de oído. Esta calle peatonal en concreto es como una autopista a la que se hubiese suprimido el peaje. Cuando tomo una rua encalcetada (calle estrecha con el firme de paves) la mochila baila enfadosa a mis espaldas. No hago caso del incordio con el que cargo, puesto que dos bocacalles mas allá está el bareto al que me dirijo: un antro que, pese a la roña y su mimetismo con el entorno, no deja de tener gracia y encanto.

En tanto amarro la pedaleta a una señal de trafico innecesaria creo ver, entre los puntales del andamiaje de un edificio en restauración, al señor "Destripador"; aunque acaso sea un canónigo que deja matutino y de tapadillo a su barragana. Cruzado mi particular Rubicón observo que la luz y el calor son los primeros signos del cambio. Gracias a quien mueve las ollas, a la hora y al precio del condumio el local esta casi lleno. Un vaso de vino y una cazuela de bacalati con pimientos y tomati van a ser los solazables fundamentos de mi pedido. Mientras espero a dictar la comanda me da por recordar aquellos cinco motivos que don WiKram, escribano de oficio del magistrado de Colmar allá por el siglo XVI, apuntó a la hora de beber vino en su «Art de boire»:

1.º L' arrivée d'un hôte.
La llegada de un huésped.

2.º La soif présente.
La sed presente.

3.º La soif future.
La sed futura.

4.º La bonté du vin.
Las excelencias del vino.

5.º Toute autre cause...
Cualquier otra razón...

Mientras como sentado a una de las pocas mesas libres observo que hay muchas caras conocidas: Una puta borracha de ultramar babea melancolía sobre lo que me parece un batido; cuando se la tercia dice a quien este a su lado: «Dass cisgarrro amoorr» «Pues claro, morena»; y si se lo dan lo guarda en un paquete arrugado. Dos taxistas cambalachean con unos embutidos que dicen ser sorianos. En la tele, abusiva en su volumen acústico, dicen no-se-qué sobre don Zapatucos el de las Mercedes. Unos esquiadores trasiegan pacharán y bollos. El ciego del puesto de la plaza de al lado reniega contra un carcamal que entrena a no se que equipo de "furtból". Un deficiente llega con los periódicos de la mañana; salta un troll de su asiento en la barra y se los quita de las manos. Deslumbra la pandilla basurilla cuando entra de naranja y amarillo; el conductor del camión me dirige un gesto de saludo; le conozco porque hace muchos años me servia gasóleo. Al remover los pies bajo la mesa doy con una caja de naipes,vacia; la cojo, y mientras la hago girar sobre la mesa pienso en un adivinanza para los colegas del bar: «A ver, bandarras, en los números entre uno y diez millones, ¿hay más números en los que aparece el numero 7, o números en los que no aparece?». Entra un cojo con una brazada de cebollas y ajos. Las tragaperras giran al tiempo que emiten mecánicos cantos de sirena; publico no les falta, y su estúpida vehemencia me trae a las mientes unos versos de Lope de Vega: «pues que lo paga, es justo / hablarle en necio para darle gusto», claro que el fénix de los ingenios se refería al ignorante vulgo que acudía al teatro. Los gemelos España llevan zampada media docena de huevos fritos por barba; están congestionados y sudan; cuando se pellizcan la camisa para separarla de la panza temo se despeloten y, en plan Pazzi*, salgan a revolcarse por la calle para refrescarse. Ruido de cacharreria caída tras la barra. Entra un municipal a decir algo a la pandilla basurilla; cuando sale observo que a duras penas puede con la parafernalia que le cuelga de la cintura. Pi el de los camiones me pide el cuchillo para cortar la cuerda de un paquete que acuna entre los brazos; echo la mano al bolsillo y le paso la navaja, pues desde los diez años toco con virtuisimo el cortante instrumento; uno que va con el y a quien no conozco hace gestos de asentimiento, se le ve hombre de campo y me comprende. Maruja (tira un pedo que ruja, bromean con ella) la estanquera se desembaraza a mis pies de una saca de tabaco; luego pide a gritos la llave de la maquina y me tira sobre la mesa un caramelo. Llegan los de la auto escuela y por lo que sea les abuchean; cosas del fútbol, creo yo. Dos jovencitas miran, husmean y acaban sentándose a mi lado; chocolate, zumo y churros es lo que comandan; aparto la mochila para que se encuentren mas cómodas y sonríen; una habla de liposucciones y la otra, indiferente, ojea tras colocarse unas gafas un texto de Keats, lo cual me sorprende y ha dado lugar a esta posada. Llega uno de mis hijos con el doctor Caballero; este acaba de finalizar su guardia, aquel viene a contarme una milonga que cuesta dinero...

* Pazzi, María Magdalena de; 1566-1607; canonizada en 1669. Una de aquellas excepcionales carmelitas visionarias tocadas por arrebatos místicos y patológicamente obsesionadas por la simbología de la sangre. María Magdalena (bautizada como Caterina) es fama que sufría tales ardores corporales, trasunto del consuntivo amor divino, que, no era raro se despelotase para arrojarse al agua helada. Era esta hija de Camilo Geri de Pazzi y de una Buendelmonti; o sea que la casta le venia de su famosa y conflictiva familia: güelfa y florentina. En 1478 su antepasado Francisco Pazzi liose la manta a la cabeza y metió hierro a Julián de Médicis: esto tuvo como agravante el haber ocurrido en Santa María del Fiore, durante la misa y en el momento en el que el celebrante alzaba el "copetín divino". El atentado tenia como objetivo a Lorenzo el Magnifico, y era una parte mas en el desarrollo de aquel correr de sangre que vino a llamarse “conjura de los Pazzi”.

El bacalati de mimo, como siempre.

- Mire usted, don Tarsicio, es que a mi el bacalao hasta con moscas.

- Será usted marrano...

- Según se mire, oiga; si hacemos cuenta de que en la tradición rabínica las moscas son los sueños de don Belzebú, pues un bacalati así ilustrado no deja de ser un gozo suplementado.

- Parece usted bobo, caballero.

- Que le den por el cu...

- ¡Oiga..!

- Tiene usted razón, lo lamento. Ha sido cosa de mi gusto por la libre expresión y de esta bocaza canalla que Dios me dio...

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Toca a estas alturas, mas que otra cosa para dar fe de la salud de mi cabeza, aparejar un dueto de poemas de los que guardo en el cartapacio de "Curiosos y Raros". Surgió la idea, ya lo he apuntado párrafos arriba, inmediatamente después de dejar aquella surrealista geografía de voces, tintorro, camaradería fingida, fritangas y bacalati con tomati, espoleada la imaginación, justo es reconocerlo, por una pulcra e inusual lectora de poesía. A ella y a quienes se dan sin complejos al placer de la lectura, dedico esta capillada.

Escribe Camilo José Cela:

En la Caja de Ahorros Provincial de Málaga se conserva el archivo de don Narciso Díaz de Escobar. En el figura la carta que le dirige el poeta Salvador Rueda con fecha 4 de abril de 1887 y que contiene, firmado por Un Follador, el soneto El cohito (sic) que copio a continuación:

Tras el flotante y blanco cortinaje

que oculta el lecho como dulce nido,

un ardiente galán, de amor rendido,

tributa a una hermosura vasallaje.

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Sacándose la polla con coraje

a la dama la enseña enardecido;

y alzándole las orlas del vestido

la provoca con lúbrico lenguaje.

----------

En el lecho en que amantes se embelesan,

sus lenguas sonrosadas se entrelazan:

y aquel incendio del amor lo expresan

----------

cuatro brazos convulsos que se abrazan,

cuatro labios ardientes que se besan,

y un cipote y un coño que se enlazan.

Don Ildefonso-Manuel Gil escribió en 1950 a propósito de un poema inédito de Zorrilla:

Debió ser buena, para los espectaculares poetas de entonces, la existencia de un salón donde pavonearse y en ocasiones merendar...

[...]

Valioso elemento auxiliar de la estrategia femenina y ornamento gracioso de aquellos salones fue el abanico. Y como tal no sólo fue cantado por los poetas, sino frecuentemente ennoblecido con sus versos autógrafos. Y en uno de estos bellos abanicos es donde he visto unos versos inéditos de Zorrilla...

[...]

Contaba ya el poeta sus sesenta y siete años cuando escribió estos versos. Faltaban menos de nueve para su muerte y estaba por aquellos días en plena gloria concretada en homenajes públicos, que llegaron hasta la inauguración del teatro Zorrilla en su Valladolid natal. Nos cuenta don Narciso Alonso Cortés en su monumental obra sobre la vida y las obras del poeta, que desde su regreso a Valladolid, el 21 de septiembre de 1884, hasta el 31 de octubre, en que se inauguró el teatro de su nombre, Zorrilla fue aclamado y admirado en actos públicos y en reuniones particulares. Cita como ejemplares las celebradas en los salones de los condes de Oliva. Quizá en una de ellas fue solicitado este este autógrafo y tantos más, que sabe Dios dónde andarán.

[...]

A RAFAELA

¡Rafaela de mi alma, tú desvarias!

¿Quién ya estima en el mundo mis poesias?

Yo no me explico

Que leer mis versos quieras en tu abanico.

Mas esclava de de tu alma mi alma se siente:

tú mandas, yo obedezco: ten, pues, presente

que estas endechas

Para serte ofrecidas sólo están hechas.

Yo no escribo ya versos: ya no me inspira

mi muerta fe, y mi musa rompió su lira.

De tu abanico

no obstante, Rafaela, préstame un pico,

y lee en él: " pues que versos mios deseas

por tu afán generoso bendita seas,

y al aire leve

de tu abanico al alma la paz te lleve.

Hoy en tu alma tan sólo cabe el intento

de volver mis endechas a dar al viento:

y así me explico

que las prestes el aire de tu abanico.

Cuanto Dios de su palma soporta encima

no es mas bello que el alma que a ti te anima:

de tu alma hermosa

igual a la hermosura no existe cosa.

De tu abanico el aire la faz te arome,

y en él de tu alma efluvios la mía tome,

¡ves que edifico

castillos en el aire de tuabanico!"

"Dios de estos pobres versos que en él te escribo

haga de tus pesares el lenitivo,

y cuando orées

tu faz con ellos, logres cuanto desees.

¡Adios! - Ojalá lleven en su escritura

de Dios las bendiciones y la ventura!"

Yo le suplico

que un talismán te haga de este abanico.

(Valladolid, 24 de octubre de 1884)

JOSÉ ZORRILLA.

Apostilla también el señor Gil:

Estos versos no enriquecerán demasiado la obra editada de su autor, pero tampoco la empobrecerán, pues hay en ella muchas, muchisimas tiradas de versos bastante peores...

Y Rafaela contenta como unas Pascuas. He dicho.


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viernes, 18 de enero de 2008

De Chivatidurias y posos Librescos.

Es chivatiduría el estanco, pósito, lugar o monipodio en el que los cortos de entendimiento u ombliguistas "deposicionan" agravios supositicios contra sus vecinos e iguales en derechos. Es su fin que estos, esquivos a la sumisión del pensamiento, se vean sancionados por la ortodoxia equivoca de la autoridad o, en ultimo extremo, segregados de su fantasiosa comunidad ideal. Chivatín es quien con razones inverosímiles y faltas de fundamento excreta su pestilencia mental en tales depósitos de infamia, creando con ello querellas hueras y desnortadas. Donde se levantan chivatidurias la sociedad cae en el desanimo, se vuelve acomodaticia y tiende a la negligencia y el arcaísmo. Chivatidurias y totalitarismo son lo mismo. Los chivatines igual hacen asentar denuncias contra objetos que contra sujetos: así lo exige su criminal visión de la libertad. No se debe de confundir a los chivatines con los acusicas, ni con los lenguaraces, bocarranas, cascalotodo, bocazas, chivatos o delatores. Cierto, son igual de hideputas pero en distinta fase de evolución. Los chivatines, dominado su pensamiento por quienes son alguien en el mundo de los intereses creados, son títeres puestos en escena para salvaguardar y justificar el puesto destacado de la mano que les mueve. Donde hay chivatidurias hay caudillos hipócritas y gilipollas con sueños excéntricos; estos son los chivatines, crédula grey manipulada psicológica e inadvertidamente por los primeros, déspotas de la oligarquía tribal.

En un lugar en el que los justos no padeciesen, los chivatines serian reconocibles por andar a puerros con los párpados cosidos y todos los orificios corporales con guano cegados. Bueno, los chivatines y con menor severidad, pero llevando también lo suyo, los allanadores del gang de Teddy el "Osito", y los chupacirios del COE, y los berzas en flor que han elegido como himno nacional esa mostrenca y anodina tontería que corre con chufla por ahí. O sea el despiporre; ciegos haciendo de lazaro a otros ciegos.

Si, soy arbitrario porque habida cuenta de que lo cómico guarda estrecha relación con lo necio, me he ganado el derecho a serlo. Ah, y nadie interprete lo escrito en ultimo termino como una reacción fuera de lugar debida al hecho de que el himno que envié a concurso no haya sido "agraciado". Era de esperar. Mi propuesta requería que el acompañamiento instrumental fuera a base de vihuelas y zanfonías. Los primeros versos, por si la curiosidad os pica, decían así:

Las señoras putas del "Gallo",
me han pedido en comisión,
escriba una letrilla
como himno de la Nación.
Pon-porrooon-pon-pon.

Don Testicle de Tabellini y Lansdowne, un diablo visitador al que trato desde mis tiempos de mozo de cuadra en la posada de Tabard, en Southwark (Véanse los "Cuentos de Canterbury" del señor Chaucer), hablome días atrás, en la barra de un asador donde coincidimos, sobre el regimiento que llevan los chivatines en el infierno.

- Por esparcir cizaña, flor de disputas, entre los diablos de condición más baja o de trinchante y caldera, a los chivatines ibéricos les tenemos ingresados en un pabellón apartado. Putos sociopátas de los cojones - dijo, en tanto pasaba un billete de veinte a un encargado de comedor para que le sentara al lado de unas malcasadas dadas a las tentaciones carnales - Y allí andan, jodiendo la marrana, como si la casa fuese suya, acusándose unos a otros por pejiguerias -continuó redicho - Pero lo peor no eso, Gaif, que va. Lo fastidioso de verdad nos ha llegado con las ultimas remesas recibidas. Nada que ver, oye, con los ingenuos pecadores que hemos conocido ... Han llegado unos que se dicen Ciutadans de Privilegi, a los cuales han tenido que poner escribiente por el numero de memoriales de agravio que remiten al jefe, quien, hasta el cipotil rabo, ha ordenado se les coloque esquilón vaqueiro al cuello por advertir de su presencia si hacen escapadas - Luego, con sus ojos saltones vueltos del revés por la emoción, me contó sobre los tormentos que les esperaban y reímos un rato.

¿Existe para los falsarios mayor tormento que la estricta verdad?

Hay "Marcas Señoriales" en España donde las chivatidurias se han oficializado como iglesias de la historia desviada y del pensamiento único. Su Biblia: un milhojas pésimamente horneado de recapitulaciones forzosas y falsos crónicones. Sus eclesiásticos: sacerdotes y sacristanes de pan mojar indistinguibles de la autoridad civil. La parroquia: alegres zangolotinos desapercibidos de su sometimiento y, por lo que dejan traslucir, poseedores de las taras cromosómicas más singulares y desacertadas. Así es y así lo cuento. Volveremos a ello.

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Ahora, con la obligación de ajustar a verdad el titulo de esta capillada, toca amalgamar (¿mercurial de temperamento que es uno?) lo expuesto con otro metaloide que me resulta mucho más grato... Lo prometo, a medida que afilaba el párrafo me he sentido culpable por no posar con más asiduidad sobre ciencia. Meditare al respecto. Aunque... ¿saben una cosa?. Mas que hablar sobre lo que conozco y a diario manejo, prefiero hacerlo sobre lo que a pellizcos voy aprendiendo y me deja buen sabor de boca. Es como aprender dos veces. Más divertido.

Me gusta andar. Ando mucho. Soy capaz de hacerlo durante todo un día sin mostrar signos de aburrimiento o de cansancio. Acaso se lo deba a mis abuelos: rudos, ascéticos, cabales hasta la muerte, gente de cañada que pastoreó incansable por paramos, valles y quebradas. El único modo de tomar el pulso a una ciudad es andándola. Por cosas del oficio, yo he tomado el pulso a cientos de ciudades; hay alguna a la que, globalmente, conozco mejor que los nativos que la sufren o gozan. Las ciudades son como las mujeres: unas se dejan andar, abren sus calles; otras, a fín de salvaguardar sus secretos, se muestran reacias, hay que conquistar sus pasajes con paciente insistencia. No digo que estas o aquellas sean mejores o peores. Son igual de femeninas pero distintas. Trento y Ouro Preto son completamente disimiles pero igual de bellas. Todas las ciudades guardan alguna maravilla, incluso aquellas pesadillas soviéticas que hoy son el sueño de un chatarrero. Quiero decir que, una vez inyectado en el torrente asfáltico de su sistema cavernoso, uno encuentra y ve de todo.

- Oiga, don Gaiteros, o como diantres quiera que se llame. Tengo para mi que va usted camino de ponerse espeso como la mierda... con esto de las ciudades. ¡Ni que una viviera en la luna!.

- Tiene usted razón, doña Escolastica. Es por quitar roña a lo que he contado antes.

- Pues hágase y háganos el favor de aplicar el cuento.

- Como mande, doña Ecolalica. A sus pezuñas.

Aunque cada día con más dificultad uno encuentra, digo, hasta librerías de saldo, lance, viejo o de segunda mano; igual me da como gusten llamarlas, puesto que no hay ninguna que, cayéndome a mano, escape a mi detenido escrutinio. Lo cual que a poco empaque y fondo (bibliográfico) que tenga el establecimiento siempre hay algo que me llama la atención y acabo comprando. Esto es así, y de ello debe colegirse que no son pocos los volúmenes de pasado oculto que, rescatados tras mi inquisición de los apartaderos donde la suerte o mal fario les colocó, van y vienen de un lugar a otro de mi cuarto. Trazos de su pretérita vida existen: en forma de posos que los dueños que fueron dejaron u olvidaron entre sus páginas. Y, con irresistible inclinación hacia el orden, recojo estos sedimentos identificativos, los clasifico y guardo en sobres bien rotulados. Hay entre ellos billetes de lotería, viejas fotografías, invitaciones de boda, recordatorios de primera comunión, facturas, recetas de cocina, listas de esto u aquello, billetes de todos los modos de transporte conocidos, recetas medicas caducadas, postales, estampas de toda la Corte Celestial, cartas comerciales y personales, calendarios, vetustas tarjetas de visita, oraciones a San Apapucio u otro santo cualquiera, entradas de teatro y cine, sellos vírgenes o matasellados, hojas amojamadas, papel moneda fuera de curso, parafernalia funeraria, tiritas, análisis clínicos, propaganda, etcétera.

Ahora me permito un salto y vuelvo a lo en principio escrito:

Se puede demostrar, aun mirando aturdido a través de las propias piernas, que España ha sido y es geografía en la que medran los chivatines. Aquí el personal se presenta a largar en una chivatiduría hasta por conseguir un palmo de tierra mas en el cementerio. Como prueba (antigua) de mi afirmación, sigue uno de los posos librescos que guardo.

Volumen de procedencia: LOWELL THOMAS.- "LOS CORSARIOS DEL MAR". Episodios de la Guerra Submarina (1914-18).- JOAQUIN GIL, Editor. BARCELONA. Primera edición. febrero 1931. (Versión española y prólogo de MATEO MILLE; 430 págs; obra ilustrada con con 110 fotografías)

Venga, señores, al puto tajo.

Circular. Excmo. Sr: Vista la instancia promovida por Don Julian E* G* (la identificación mediante iniciales es voluntd mia), vecino de Villarrubia de Santiago [*](Toledo) en suplica de que se otorguen a su hijo Julian E* E*, soldado del batallon expedicionario en A Africa del Regimiento de Infanteria del Rey Nª 1, los beneficios de la R. O. C. de 6 de septiembre de 1919 (D. O. num. 205) por haber denunciado a un profugo: resultando que, con arreglo a la de 11 de agosto del corriente año( D. O. num. 180), le fueron concedidos los expresados beneficios a los individuos que pertenecian a los cuerpos permanentes de Africa causando baja en los mismos
y pasando a ser licenciados si llevaban un año de servicio, o continuando en Cuerpos de la Peninsula hasta transcurrir dicho año; resultando que al con- ceder estos beneficios podrian volver a cubrir una baja en Africaen Cuerpos expedicionarios, en el transcurso del tiempo en que no fuesen licenciados,
lo cual iria en contra de los preceptos de la propia real orden de 11 de agosto ya citada, considerando que la circuanstancia eventual se servir en unidades expedicionarias no puede servir de obstaculo par obtener los be-

(aqui se pasa a otra cuartilla )

-neficios por denuncia de profugos, puesto que por cada individuo que regresa a la Peninsula sirve ya con antelacion otro profugo que ha de permanecer cin-
co años en Africa sin correr el riesgo de su falta de incorporacion porque son conducidos por la Guardia Civil; comsiderando que debe buscarse la necesaria equidad favoreciendo a los denunciantes de profugos para que no se burle el deber constitucional de servir, a la Patria y que no hay fundamento para que se niegue para los menos, que es lo transitorio en la prestacion del servicio
de los expedicionarios en aquellas guarniciones , por lo mas que son los de los Cuerpos permanentes, ya resuelto en la tan repetida real orden de 11 de
agosto, el Rey(q.D.g.) de acuerdo con lo informado por el Consejo Supremo de Guerra y Marina se ha servido acceder a la peticion del recurrente, dando a esta disposicion caracter general.

Es al propio tiempo la volutand de S. M. que estos beneficios alcancen tambien a los individuos de cupta que sirvan en las unidades ex-
pedicionarias y a los que por real orden circular de 5 de octubre proximo pasado (D. O. num. 227) se les otorgaba el derecho a disfrutar de esta gra
-
(lo que sigue está escrito a mano) cia por denuncia de profugos.

Dixo Rubén:

Del hampa que sacia
su canallocracia
en burlas al arte, la gloria, el honor;
del puñal con gracia
¡líbranos Señor!


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viernes, 4 de enero de 2008

POSTAL EN PROSA Y CABREADA

Hay dudas intranscendentales que por su misma e ilusoria naturaleza corroen el animo, amargan las horas. En el recurrir personal y libre a la escritura, es asunto normal que las vacilaciones acechen como coyotes. Al cabo, la escritura, hasta la tenida por mas inocente y vacua, es una forma de introspección tan respetable como cualquier otra, y quien vuelve la vista hacia si para conocerse... duda. Otra cosa es que la tensión emocional hacia la que tal indagación centripeta lleve (en realidad es la autocrítica inconsciente la que hace que nos reconozcamos como humanos) se resuelva en algo provechoso o insano... ¡Joder, voy camino de un dramón psicoterapéutico del carajo!...

Lo lamento de veras. La ida de perola debe de ser a consecuencia del trasiego de alguna de las mierdas exóticas embotelladas que me regalan. Nota de intenciones: Ponerme en plan Anaxágoras y decir -radical- a los donantes que "nunca mais" regalos semejantes. Este Anaxágoras, por si no lo recordáis, fue aquel señor griego que dejó caer que, según sus cálculos y opinión, el sol que alumbra y sale y se pone no era Febo, sino una masa de metal incandescente (un "mudros"), aboliendo públicamente así a un dios en favor de un objeto sujeto a la curiosidad científica.

Carajo, dije más arriba... Carajo o carajal, que más da. Plañía el escribiente, confuso e inconcreto, por el hecho de haber dudado sobre la substancia misma de esta posada a la que pretendía tomaseis, creyentes y profanos, como felicitación de Navidad. Y es que mientras daba vueltas en el magín a su contenido caime, patas arriba, en el cenagoso campo de la imaginación viciosa, ese imaginar bastardo que descompone el cuerpo y, por improductivo, no ayuda a nadie. Fue en mi caso un pensar si esto u aquello os gustaría mas que lo otro, como si de verdad me importara y, en consecuencia, debiera de bailaros el agua. Pense, figúrenselo ustedes, en poner alguna coplilla propia; en alguna de esas virguerías "en red" que son para azotar a quienes las dan salida; en gozos, aleluyas o cobles en honor a la concepción de María; en chanzonetas villanescas de esos nuestros clásicos que tan inadvertidos pasan; en alguna de tantas postales que destilan babosidad y miel; en mil mariconadas mas y hasta en el retrato robot del mismísimo "Sursuncorda"...

Lo que sigue es lo que hay, no más.

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«Existen historias tan encantadoras, tan perfectamente concordes con los deseos humanos, que su hermosura parece convencer de su verdad. Al principio, uno las acepta, luego las rechaza; más tarde, cuando consigue una prudencia suficiente, permite que la fábula se desarrolle plenamente como fábula. No creo que pueda existir una fábula tan adorable como la del niño, el pesebre, la posada repleta de gente, los pastores atónitos, los reyes adoradores y el súbito canto de alabanza de una legión celeste. Si la humanidad tuviera que poseer un único redentor eficaz entre su progenie, uno piensa que no podría nacer de otro modo.

Pero las canciones no son ciencia y la poesía no es descripción literal. Sin embargo, el historiador, cuyo trabajo consiste en investigar lo que realmente ha ocurrido, debe guiarse no por metáforas, sino por probabilidades. Si reconoce una buena narración cuando la ve, también puede desear saber cuándo una historia es suficientemente buena para ser verdadera. De lo que he dicho en las páginas anteriores se deduce claramente que mi concepto de la historia no me autoriza a creer en personajes sobrenaturales que dirijan el mundo o influyan en él de acuerdo con sus propias intenciones sobrenaturales. La idea que tiene la ortodoxia cristiana de la persona de Jesús me está, por consiguiente vedada. He de considerarla como un poema sublime en verdad, pero no como ciencia. Tengo que mirar al Jesús histórico sólo como hombre y no como dios, en el mismo exacto sentido en el que ustedes y yo somos sólo hombres y no dioses.»

Barrows Dunhan: «HEROES Y HEREJES» (Antiguedad y Edad Media)._ Biblioteca Breve de Bolsillo, Seix Barral._ Barcelona, 1969. (pág. - 62)

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En fin, a continuar con el son y tono que el señor maestro de música exige. Sobre el atril un libro de motetes intitulado “GUÍA DEL PEREGRINO A TIERRA SANTA”, por un PEREGRINO.- Talleres Tipográficos: Suc. de Torres & Virgili; Tarragona, 1935.

Basílica de la Natividad

El cristianismo, desde sus primitivos tiempos veneró este lugar del nacimiento de Jesús. La emperatriz Santa Elena hizo construir en 326 sobre la sagrada Gruta una magnificiente Basílica, que si bien fue algo modificada por Justiniano en 531, ha llegado en sus líneas principales hasta nuestros días, pues cuando casi todos los santuarios de Palestina fueron arrasados por los Persas, estos respetaron la Basílica de la Natividad por haber observado que entre sus decoraciones figuraban los Reyes Magos, que llevaban vestidos de estilo persa. En tiempos de los Cruzados fue restaurada y adornada; después de ellos, pasó a posesión de los religiosos franciscanos, aunque en el siglo dieciocho (1757) los griegos cismáticos consiguieron apoderarse de la misma, si bien otras comunidades cristianas tienen derecho a determinadas funciones en la santa Gruta.

La fachada de este magnífico templo se halla ya muy desfigurada por posteriores construcciones, hasta el extremo de que solo se entra por una pequeña puerta que ocupa parte de la antigua central, la que hubo de ser tapada para evitar que los árabes pudiesen penetrar allí fácilmente en tiempo de luchas y furtivos asaltos, o hacer entrar sus camellos, asnos y otras caballerías para convertir la hermosa Basílica en cobijo y establo. A tales extremos se ha llegado en la Tierra Santa!

El plano de la Basílica consiste en una cruz latina con ábside en la parte superior y lados del transepto; cinco naves determinadas por cuatro hileras de hermosas columnas monolíticas con capiteles de mármol blanco; fragmentos de artísticos mosaicos decoran los arquitrabes, como también el crucero y el coro. A mediados del siglo pasado los griegos cismáticos interpusieron una pared entre el crucero y el espacio de las columnatas, dejando solo una puertecita por la cual podían pasar los visitantes, pero pagando. Huelga decir que este afán de avaricia en contraposición a la bella visualidad del templo sublevó las conciencias de todos los amantes del arte, los cuales no pudieron ver atendidas sus protestas hasta hace pocos años, en que el Gobierno británico de Palestina obligó a los cismáticos a derribar la citada pared de tan mal gusto, restituyendo las cosas a su primitivo estado.

Actualmente, aunque la Basílica es neutral o viable a todas las comunidades cristianas que la habitan hasta el transepto o crucero, en el magnífico coro y parte derecha del crucero solo pueden ejercer las funciones del culto los griegos; los armenios tienen un altar en el brazo izquierdo del mismo transepto; y los latinos P.P. Franciscanos, practican los actos litúrgicos en la hermosa Iglesia de Santa Catalina, hoy convertida en parroquia, suponiéndose construida sobre el mismo emplazamiento de un monasterio fundado por Santa Paula, que durante algún tiempo habitó San Jerónimo. En cuanto a las funciones de la santa Gruta, alternan las tres citadas comunidades.

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Y con esto, carente de notas o enlaces por tratarse de una FELICITACION, dense ustedes por felicitados. De corazón lo escribo, pienso y digo...


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domingo, 23 de diciembre de 2007

Del hablar por hablar y de la conversación quebrada con C. J. Cela al fondo.

El aovado con cabeza de saurio gastaba un reló dorado tan pesado como una estrella colapsada. Debía de ser pieza de estreno, sino única o de museo, a juzgar por los gestos fuera de lugar -algunos como de tragasables- con los que lo ostentaba. Mi plaza era de nubes y rojizos tornasolados; de pasillo la suya. Entre ambas antípodas conceptuales (el palabro suena bien aunque me temo no sea del todo exacto) mi amigo Aníbal dormía como un tronco. Por el modo tan sublime con el que mi amigo en toda circunstancia duerme, apostaría que algún negocio se trae a pachas con el hideputa de Morfeo, el de la planta de adormidera en la mano y alitas de mariposa cargadas a la espalda. Iconograficamente Morfeo pica a maricón y Gadafi, le acabo de ver en la tele, a travestón, a echadora de cartas con tendencias marranas. Aníbal no. A mi amigo le he visto dormir, en Managua, sobre el mostrador de una tienda de comestibles desabastada mientras a dos cuadras las tanquetas de la Guardia Nacional y las botellas incendiarias de los insurgentes se explayaban. Imbéciles: muerte, ruido y humo para cambiar de amos.

Al otro lado del pasillo un joven muy pulido con barbita neroniana, si es que Nerón gasto alguna vez barba y la figura vale. Un joven, digo, entre nervioso y apocado que, a mi pesar y con supino desinterés, supe se llamaba Ignacio, era socio del Osasuna, aborrecía hasta lo patológico a los insectos, montaba en moto y tenia una novieta -enfermera- que le exigía mucho. Ambos, el joven pastueño y el saurio, trabajaban en algo relacionado con la industria farmacéutica. Eran colegas... La especialidad concreta del dúo me paso por alto, acaso, porque en el momento me encontrara leyendo un articulillo ajedrecistico sobre las "partidas de mínima duración por mate" (Hay ocho series de movimientos que empiezan en la posición inicial de la partida y terminan en mate al segundo movimiento de las negras; ejemplo: 1.- P3AR, P3R; 2.- P4CR, D5T mate; 347 series que terminan igualmente con mate al tercer movimiento de las blancas y 10828 al tercero de las negras), o escuchando "La danza de los cocheros" de Petrouchka, o embebido en un arcaico "Tratado de estereotipia, galvanotipia y metalografia tipográfica" que ha perdido todo sentido practico, aunque dilucide no pocos asuntos de interés tecnológico.

- ¿Y qué hay de nuevo en esto, Gaiferos? ¿Donde está la consecuencia ética o moraleja? Me temo que por dar visos de continuidad a este, su colchón de insulseces, termine usted escribiendo depravaciones o la más depurada de las bobadas. Cuente, oiga.

- Cierto que de nuevo no hay nada, como debe de ser y las ordenanzas mandan, y la moraleja es usted, atento lector, quien la debe de sacar al ruedo para lidiarla. Así que no se me sulfuren, coño, y déjenme seguir. Por cierto, depravación y de las grandes es hacer pasar al "canon digital" por constitucional. Miren, que una entidad privada sea depositaria y gestora de un impuesto estatal obligatorio e innecesario, suena cuando menos a bandidaje. A lo peor hay que ciscarse en ese papelucho que a nadie parece importar e introducírselo por las tragaderas a quien corresponda. Puñado de tontos en vísperas argumentan que el diezmo servirá para llevar a justo termino las ganancias de nuestros mas valiosos conciudadanos, perjudicados ellos, pobriños, por la terca incivilidad del paisanaje. Joder, que chuscada; será la ganancia de alguno de los suyos, digo yo. Si los mas granados intelectualmente de entre los nuestros perteneciera al gang, mejor que España se hundiera en el mar y que el diablo nos llevara a todos. Esto es de autoexilio, repugna y da asco.

En fin, es hora de cerrar el circulo de lo inefable.

La singularidad de la extraña pareja era evidente. Su nula comunicación verbal... de elevado rango. Apenas rompía a hablar el joven trefe cuando, egotico, saltaba el saurio como a resorte y le mordía las palabras, engullía todo atisbo de conversación fundada. Mira que uno ha visto cosas, pero hasta la fecha jamas canibalismo verbal de semejante categoría. Estoy por asegurar que en cuatro horas largas de vuelo no termino el pobre muchacho mas de media docena de frases. Para pasmarse, señores.

Sabido es que mediante la agudeza, la conversación puede convertirse en un arte: exigente, difícil, mejorable, espontaneo..., como todo arte. Sobre la conversación se ha teorizado mucho, empezando por los metódicos señores socráticos. Se han escrito centón de métodos inútiles sobre la misma y no hay diccionario filosófico que se precie que no la reserve un abundoso espacio. Unos y otros trastean en vano con las palabras, y obvian que el buen conversador llega a serlo mediante una acción pedagógica temprana. Nadie, por lo que he visto y leído, se preocupa de cosas capitales como la adquisición natural del lenguaje como fenómeno de intercambio; el entorno en el que se lleva a cabo; su desarrollo rítmico y guiado; tampoco de los desordenes perturbadores de su naturaleza enumerativa; ni de la imitación y el continuo ejercicio... Cuentan, a saber por qué, de la complicidad entre el lenguaje escrito y el lenguaje hablado. Mentira. Los mejores conversadores que conozco apenas se ponen ante un folio en blanco quedan paralizados. Tampoco hay que confundir el narrar con el conversar, puesto que las coordenadas espacio-temporales son del todo distintas: se narra, mejor o peor, con la memoria; se conversa, sin embargo, siguiendo las pautas cerebrales de influjos auditivos inmediatos...

Lo dejo, coño; estamos en vacaciones y no es tiempo de catequizar a nadie.

Por acabar: Como adicto al buen vino conversado (se puede probar que la palabra mejora cualquier noetico caldo; al fin, es la charleta sacerdotal, entre los católicos, la que místicamente transubstancia el vino), mi nadar es entre excelentes conversadores. Yo también creo serlo, pero en mi no tiene mérito ninguno, puesto que mi aprendizaje primero tuvo lugar entre individuos que, a falta de otras mundanidades, dominaban de pe a pa esta incruenta esgrima verbal de la que hablamos.

A primeros de los años cincuenta del pasado siglo, Camilo José Cela escribió al respecto:

SOBRE EL DELICADO PLACER DE LA CONVERSACION
(Cuando el niño sabe decir piedra, entonces la mollera se le cierra)

Siempre he creído, y no sería cosa de volverme aquí atrás, que eso que se llama el delicado placer de la conversación suele ser tara, más que virtud, y cortina de humo, antes que chorro de luz.

Con frecuencia, el buen conversador cubre de palabras su hondo vacío de ideas y adorna, con su pronta voz, el desierto de su tardo discurrir.

Reunirse «a conversar», que se tiene por fino pasatiempo, se me antoja algo tan rigurosamente inútil como reunirse a no hacer nada. En el mejor, o, por lo menos, en la mayoría de los casos, la conversación no pasa de ser un juego de sociedad como el bridge o el pinacle.

No creo que tuviera razón Pascal al decir que con la conversación se forman el espíritu y el sentimiento. Esto, bien mirado, no es sino vana palabrería y, a la postre, «tema de conversación». A menos que Pascal, cosa tampoco improbable, llamara conversación a algo que, por regla general, no llega a alcanzarse entre los conversadores al uso.

Se puede hablar o conversar por razones múltiples. Se puede hablar por hablar; se puede hablar para hacer huir las horas (Ovidio); se puede hablar por pedantería; por llamar la atención, por gimnasia, por vanidad. La Rochefoucauld deja bien sentado que, a menos que la vanidad le haga hablar, el hombre habla muy poco.

La conversación, en un noble y alto sentido que el tiempo y otras circunstancias le han ido haciendo perder, sí pudo haber sido, entre elegidos, un noble empeño, una aleccionadora realidad; lo que sucede es que la conversación ha muerto, como la poesía épica o las civilizaciones antiguas, y sus últimos flecos -eso que se llama, digo, el delicado placer de la conversación- hieden a carroña al aire, a mojama que se obstina en perfumarse con pachulí.

Las dos balas, o los dos navajazos, que hirieron de muerte a la conversación, fueron el pasarse -los conversadores- el tiempo «contando cosas», actitud que condujo al uso y abuso del chiste, ese antifaz que, sin serlo, finge el ingenio, y el no «pararse a pensar las cosas» y hablar al acelerado ritmo que se nos impone y que no siempre está sintonizado con nuestras entendederas. En menos palabras: se ha cubierto el sano discurrir con la gruesa manta de lo ingenioso, de lo agudo, y el sano discurrir se ahogó. (Obsérvese que el hombre ingenioso en la conversación suele quedarse en eso).

La Bruyère, que estudió este fenómeno de la conversación con tanta sagacidad como detenimiento y solidez, afirma que hay personas que comienzan a hablar un momento antes de haber pensado, y añade que una de las señales del ingenio mediocre es la de estar siempre contando cosas. La certera observación de La Bruyère se ha acentuado de su tiempo al nuestro: hoy hay más conversadores que razonan a remolque de su palabra y más irredentos contadores de chistes que nunca hubo.

Las cosas han llegado a semejantes graves extremos , que cualquier persona que ande un poco por el medio puede ser testigo de esas conversaciones «a tema fijo», en las que se intenta discutir, por ejemplo, qué es más importante, si amar o ser amado, o cualquier otra zarandaja por el estilo.

Insisto en que, como juego de sociedad, la conversación, como el parchís o la canasta uruguaya, puede cumplir perfectamente esa subfunción a que ha quedado reducida, pero el buen arte, el noble arte de la conversación es algo que se ha perdido. Por eso le llamamos, en irónico y doble sentido, «delicado placer», placer para uso de «snobs», de dogmáticos y de bachilleres. Massimo Bontempelli dice que ya no hay quien conozca el arte de la conversación, de la discusión. Conversar -añade- es entrar en el surco que ha trazado el otro e insistir en el trazo y perfección de aquel surco; dialogo es colaboración.

Para nuestra desgracia, estas nobles palabras de Bontempelli no sólo no han perdido vigencia, sino que, a medida que los años pasan, cobran nuevos y más lozanos impulsos.

Hoy, a la gente, no le gusta conversar, departir, hablar con sus semejantes, sino tener razón a ultranza y caiga quien caiga. O, al otro extremo del alambre, hoy a la gente, también se puede afirmar, lo único que le place es «conversar», en su más inmediato y riguroso sentido etimológico, esto es, dar vueltas a las cosas, aunque jamás se llegue al fin.

Las apologías de la conversación que hicieron los antiguos -Cicerón, Ovidio, Plinio, Séneca- han perdido vigencia, y sus palabras nos suenan ya a hueco reflejo de más felices tiempos.

A mi juicio, la conversación ha muerto agotada, ha desaparecido porque la hemos acabado como un queso, ni más ni menos, Los hombres pasaron por un tiempo - quizás un tiempo que va desde fines del XVIII hasta la segunda mitad del XIX- en el que creyeron que los negocios del alma y del estado podían arreglarse a fuerza de hablar de ellos, y tanto y tanto hubo de hablarse de todo, que la conversación, como algunas especies animales de períodos geológicos prescritos, se acabó.

Los rabos sueltos que aun quedan, de cuando en cuando, por ahí, no son sino un mero espejismo y jamás una realidad.

Y sus cultivadores, algo tan raro y tan benemérito como los concertistas de clavicordio.



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martes, 4 de diciembre de 2007

Yo que fui mochil del maestro Durero. (Crónica viajera).

Obsérvese como la cabecera de este apuntamiento es un “goyesco dos de mayo” de la divertida, conseguida y agridulce obra de Bohumil Hrabal titulada: “Yo que he servido al rey de Inglaterra”. No hay casualidad en ello. Titulo así a este mistifori como homenaje al autor citado y a la libertad narrativa. No obstante he de apuntar y apuntalar algunas cosas: Esta va a ser una posada larga en relación con lo que se lleva, a ratos enrevesada, culta a medias y a mi modo fantasiosa y disparatada. Pero nadie tema, que, de permitírmelo el tiempo, la aliñare de modo que sus ingredientes - hechos ciertos e incontestables, verdades a medias y dislates de una imaginación fuera de cauce- resulten indiscutiblemente diferenciables. Vaya por delante, sin embargo, mi voluntad de divertir e instruir. Es decir, no jodan con naderías historiograficas y tomen ustedes la mosca por do quieran.

Y las maletas sin deshacer. ¡Dita sea...!

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Antecedentes.

El 19 de enero 1519, acaso su "tiempo" impulsado hacia el agotamiento por el dedo imperceptible de su vida tumultuosa, muere el emperador Maximiliano I. En el sainete sucesorio subsiguiente todo esta enredado, no hay nada claro. Muerto el perro las reses se desmandan, y las promesas hechas en la Dieta de Augsburgo de 1518 por los Electores de Maguncia, Colonia, el Palatinado, Brandeburgo y Bohemia de sostener la candidatura de su nieto Carlos quedan en nada; resultan sin valor ni efecto. Hay necesidad de empezar de nuevo. El otro primer espada del cartel es Francisco I, rey de Francia. Otro postulante es el rey de Inglaterra, aunque mas por joder que por otra cosa. El Papa, por costumbre inveterada y mas pendiente de los bienes temporales que de los espirituales, siembra cizaña entre los contendientes para luego meter la cuchara en el sopicaldo y sacar tajada. Hay momentos tan delicados que la propia Margarita de Saboya, valedora leal de su sobrino Carlos y dama de tanta mano izquierda como bragada, desespera. Pero las cartas siguen corriendo de mano en mano. Carlos tiene problemas en Castilla; para los tiempos que corren, Francisco reina en un país pacificado. Carlos esta a dos velas; los enviados de Francisco, poco discretos e inconsecuentes, reparten dinero a manos llenas. Aunque valiente, generoso y prodigo, Francisco es voluble y poco resolutivo; Carlos, sin embargo, es tenaz, duro y seco como un asno zamorano. Francisco dilapida; Carlos fía su suerte a las magnificas tripulaciones de sus naves americanas. Mientras uno se agota el otro promete maravillas y hace amigos alemanes. Con valores tanto exóticos como tangibles en las manos, Carlos se procura de la casa de banca Fugger un préstamo inicial de 500.000 florines, destinados a comprar brazos armados y voluntades. Poco tiene que hacer el francés, puesto que al punto su crédito no vale nada, ya que la liga de Suabia prohibe a sus comerciantes aceptar sus valores. Transige "cagaillo" el Papa y, tras un coste de 850.000 florines, el día 28 de junio de 1519, los Electores votan por unanimidad en Francfort la elección de Carlos.

Merced a la simpatía que Maximiliano tuvo por Durero, la ciudad de Nüremberg le había pensionado con una renta anual de cien florines. Su muerte podía significar la cancelación de este beneficio, pues el consejo municipal quizá no se atreviera a confirmarlo sin la autorización expresa de Carlos V, llamado a ser el nuevo Emperador de Alemania. Por eso, sabedor el maestro de la inminente coronación en Aquisgrán de Carlos como emperador del Sacro Imperio Romano, acompañado de su mujer, Agnes Frey, emprende, próximo ya a los cincuenta años, viaje para ver su renta vitalicia confirmada. La anuencia imperial a tal privilegio tiene lugar en Bruselas, a finales de agosto de 1520. Luego, dispuesto a vivir nuevas experiencias artísticas y humanas, continua el maestro viaje hacia los Países Bajos.

Agnes, aquella Até implacable y dominante, de ninguna manera hubiera permitido que Durero se echara a los caminos solo, como antaño lo hiciera cuando se trasladara a Italia, donde conoció a los artistas más famosos de la época. Hijo de su tiempo al fin, Durero había contraído nupcias por conveniencia paterna, sin ser consultado previamente, ajeno por completo a la naturaleza desabrida de aquella que, más que fiel esposa, fue piedra imán de sus desgracias.

De como este cagalabraga cayo sin red en esta historia.

En fecha que no es necesario precisar, mi madre, G*R*, hija del maestro espadero de nacion portuguesa Hipólito Rebelo, soltera, y a la sazón cocinera de la casa de J*H*, ricohombre de la ciudad de Fürth, ajustome a mi, A*R*, como servidor del maestro Alberto Durero, honorable de la ciudad de Nürenberg, a fin de que le sirviera con entendimiento y lealtad, desde el día siguiente al de la fecha, hasta el cabo del viaje, y no más, que estaba a punto de emprender para la resolución de un asunto que tenia con el Rey.

Era entonces yo de catorce para quince años, estaba lustroso por lo bien comido, vivía con la alerta picara de un gato pajarero, estudiaba con Vespasiano Boloñes, un maestro calculista que me enseñaba la magia de los números a puñadas, echaba vello do más deseaba y cumplía con mil y una bellaquerías. En ocasiones ayudaba en la oficina de Sebastián Hutz, un impresor (a más de libros imprimía indulgencias, calendarios y panfletos sobre temas efímeros) e importador de papel que pretendía a mi madre. Maese Sebastián tenia el cabello como el fuego, era grande como una montaña y de carácter faustico; hábil metalista, cincelaba y fundía sus propios tipos. Su mayor orgullo era haber escrito e impreso un hermoso libro sobre el señor Lorenzo Valla. Con el tiempo contrajo matrimonio con mi madre y me dio dos hermanas y un hermano.

“En julio de 1520, coincidiendo con los días álgidos de la Reforma luterana, sale Durero, acompañado de su esposa y una criada, para los Países Bajos...”, suelen decir los tratados que comentan su peripecia viajera siguiendo su propio diario. Que mi persona no figurara en el original manuscrito (desaparecido), ni lo haga, aun pudiendo y debiéndoselo a la verdad, en otros sucesivos, les llamara menos la atención a ustedes, gente sagaz y avisada, tras conocer algunas condiciones que puso mi madre para mi empleo.

No pacto, por ejemplo, jornal ninguno por mis servicios. Si exigió sin embargo, alto y claro, que mis necesidades y gastos corrientes fueran satisfechos con la puntualidad y calidad de un propio de la casa, que monsieur Durero, personalmente, me instruyera en la conducta de un hombre honorable, mirara por mi educación artística y me enseñase a ver critico el mundo. Y lo que es más esclarecedor e importante: que bajo ninguna condición o circunstancia, sirviera a otro que no fuera él, sino era por mi gusto y con su aquiescencia. Esta condición aparentemente leonina se debió, supe después, al hecho de que mi madre sabia, ¿acaso de primera mano?, del carácter resabiado y tiránico e imperativo de Agnes Frey, de quien Jorge Hartmann, amigo del señor Durero, llego a decir: “Le había roído el corazón de tal manera, endureció su carácter con sufrimientos tales, que bien podía decirse que Albert había perdido la razón. Jamás le permitía interrumpir su trabajo, le alejaba de todas las sociedades, y con lamentaciones continuas, le tenia encadenado a la obra, sólo porque le dejase una grande suma de dinero después de la muerte. Siempre estaba atormentada por la idea de morir en la miseria, y este temor sigue torturándola aún hoy en día, a pesar de que Durero le ha legado cerca de seis mil florines...”

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Apuntes al casual extraídos del diario de viaje del maestro Durero:

«Algunas semanas después de la Pascua de Pentecostés he emprendido el viaje, yo, Alberto Durero, con mi esposa, desde Nüremberg a los Países Bajos, haciendo el trayecto por mi propia cuenta y riesgo»

 Recordar que de aquella las fiestas movibles que subseguían a la Pascua de Resurrección eran cuatro; esto es, Ascensión, Pentecostés, Trinidad y Corpus Christi._ Como se ha visto, a su mujer y a él les acompañábamos B*. y este modesto escribiente._ Antes de partir, mi amo expidió gran numero de cartas dirigidas a los notables de los lugares por los que pasaríamos. Mi señor, además de tener un gusto enfermizo por asomarse a los espejos, era un hombre de sólida reputación y de muchas aldabas.

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«He pasado por Bamberg, donde he regalado al obispo un óleo de la Virgen, los grabados de "La vida de Nuestra Señora" , un "Apocalipsis" y otro grabado que me ha comprado por un florin. Su eminencia me invitó como huésped suyo, y me dio una carta para la aduana y tres salvoconductos, librándome además de la cuenta de la hospedería, donde había consumido alimentos por valor de un florín... »

 Tres salvoconductos, cierto. Yo no necesité de ninguno por haber embarcado previamente en la barcaza de unos carboneros. Llevaba conmigo al perro Teer, muy afecto a mi amo; un cartapacio con grabados que mi señor pretendía vender por do pasáramos para costear el viaje; sus ropas de gala y una vihuela que su malhumorada esposa, el diablo la atormente con toda su saña, solía rascar sin mérito.

«También he dado al capitán del barco seis florines de oro por llevarnos de Bamberg a Franfort. También los maestros Lorenzo Benedict y Hans me han regalado el vino...»

 Esta etapa fluvial fue siguiendo el curso del Meno, en tudesco "Main", río de muchas revueltas que cuando la nieve le crispa resulta ser terrible._ Por su aspereza, unos buches que guardome B* no resultaron de mi agrado. En casa era de uso un vino betico fermentado en tinajas de barro claro.

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«... Después nos trasladamos a Amberes. Allí me instalé en la fonda de Jobst Planckfelt; y la misma noche fui invitado a una comida opípara que me ofreció el representante de Focker, llamado Bernardo Stecher, pero mi mujer comió en la fonda. Al capitán del barco le he dado por llevar a tres personas, tres florines de oro, y al que nos llevó las mercancías [...]. El sábado siguiente a San Pedro, mi huésped me condujo a la nueva Casa Municipal de Amberes; recién construida, desmesurada en tamaño y casi bien proporcionada, con unas cámaras excepcionalmente bellas y grandiosas, con un torreón lleno de los más magnificentes ornamentos, un jardín inmenso: en suma, un edificio tan magnifico como no lo he visto en los países de Alemania...»

 Con este Jobst Planckfelt mantuvo mi señor una gaya e imperecedera amistad. Era reidor y desprendido; su fortuna venia de los días que corrió como teniente de un condotiero; cuando le conocí renqueaba de la derecha y tiraba a obeso._ A este don Stecher faltabale una mano que tronchole un ingenio hidráulico minero. Era capaz de jugar a naipes con los pies y tenido por fiero y duro. Como caile en gracia por recitar de corrido muchos epigramas picantes de aquellos que escribieran en la antigüedad los señores romanos, los alfabetos griego y hebraico, así como de cuentas y libros de asiento, regalome una daga turca y una capa de pieles a mi medida. Solo comía carne de pluma, hígado de caballo encebollado y miel sarda. A tal dieta la tenia por antipestifera._ Duele pero es verdad. No hubo en los tiempos matrimonio peor trabado. El apuntamiento "mi mujer comió en la fonda" es una expresión de puro gozo. La mohína con la que la petarda envolvía a mi amo llevabale a la melancolía extrema y al desapego. Con razón quienes en verdad le apreciaban ponían todo su arte en tratar con el a solas, sin aquella pestilencia consuntiva que tenia como figura a la ávida arpía con la que le casaron.

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«... También he estado en la casa del maestro pintor Quintín (Matsys), donde he admirado sus obras y su estudio. He asistido a un almuerzo espléndido ofrecido por Staiber. Otra vez he comido con el Embajador de Portugal, a quien he hecho un apunte al carbón. Además he hecho otro apunte a mi hospedero. Jobst Planckfelt me ha regalado unos corales de India...»

 El maestro, decía mi amo, "pinta caras feas muy bellas". Le admiraba de verdad. De aquella posaba en su estudio una preñada muy bella que saldría en un lienzo como Virgen de la Adoración. Por broma me mandaron a casa de un cerero que tenia seis hijas vírgenes y un perro muy fiero. Regrese con la manda de velas y las ropas hechas jirones. No me importo porque obtuve otras nuevas y estrene mi daga en las nalgas de un aprendiz que maese Quintin tenia. Por mi comportamiento mi señor me retrato al carbón mientras trasegábamos unas cervezas._ ¡Puaff!, este Staiber era un millonetis de Nüremberg por el que jamas tuve aprecio alguno. Mi señor le aguantaba y su esposa le adoraba. Codicia, pura codicia.

«... He vuelto a comer con el de Portugal. También he comido otra vez con Alejandro Imhoff. También he vendido a Sebaldt Fischer, de Amberes, 16 pequeños grabados de la Pasión, por cuatro florines...»

 Este portugués era dicho don Francisco Brandan.

«... He hecho un apunte al carbón de estos genoveses: se llaman Tomasino Florianus Romanus, natural de Lucca, y los dos hermanos de Tomasino, de nombre Vicente y Gerardo, todos ellos de la familia Pumbeley. Estas son las veces que he comido con Tomasino [III]»

 No teniendo facilidad para captar el sonido de los apellidos italianos, mi señor apunta de oído; el verdadero de estos genoveses es Bombelli, de los cuales el mayor, Tomasino, residía en Amberes, en calidad de comerciante en sedas._ Para quien no este debidamente apercibido, el hecho de que mi señor paloteara entre corchetes el numero de veces que yantara de gorra con el genovés, quizá les resulte un rasgo ingenuo. No es así; todas y cada una de sus anotaciones de carácter "practico" o pecuniario estaban ideadas para bailar el agua a aquella mala hembra que el viejo Albrecht le pusiera en suerte. Contando con mi incontestable devoción por él y con mi buen fundamento a la hora de hacer cuentas, llevaba mi señor un libro de cuentas en secreto, una bolsa oculta de la que este escribiente era garante.

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«También he presenciado el domingo siguiente a la Asunción de Nuestra Señora, saliendo de la Catedral de Amberes, la reunión de todas las gentes, de todos los artesanos de la ciudad, cada cual ataviado según su estado. Cada oficio, igual que cada gremio, llevaba su enseña especial, por la que se conocía su profesión respectiva. También había allí, de diversos tamaños, clarines de brillos plateados, a la costumbre gala. Y también había flautistas y tambores, a la guisa germánica. Todos estos instrumentos fueron ruidosamente empleados. Así, pues, presencié en las calles, separados por breves intervalos, la procesión de las corporaciones: los orfebres, pintores, marmolistas, hiladores de seda, escultores, ebanistas, carpinteros, marineros, pescadores, carniceros, curtidores, hiladores de lino, panaderos, sastres, zapateros y toda clase de artesanos a algunos comerciantes dedicados a los comestibles. También se hallaban allí los vendedores de especias, los mercaderes y toda suerte de ayudantes de aquéllos. Después desfilaron las fuerzas armadas: los arcabuceros, los arqueros y los servidores de las alabardas, y, por último, los viajantes y los peregrinos, seguidos de los escribanos y de una multitud de gentes municipales. [...] A pesar de la diferencia de los gremios, todos coincidían en su aspecto: el devoto fervor. En aquella procesión participaba también una muchedumbre de viudas, de las que se mantienen por su trabajo y se ajustan a una regla especial, todas ellas tocadas de un velo blanco que llegaba hasta el mismo suelo: ha sido un placer el verlas pasar tan fervorosamente. Luego vi a los señores de la Catedral de Nuestra Señora, con los sacerdotes, los sochantres y monaguillos, desfilando en medio de la más esplendente magnificencia. Veinte personas portaban una imagen de María con el Niño Jesús, adornado hasta en sus más pequeños detalles, y todo ello en honor de Dios Nuestro Señor. En toda esta procesión admiré cosas que me produjeron grande gozo y placer: desfilaron los profetas, con arreglo al orden del Nuevo Testamento, y después: la Salutación Angélica, los tres Reyes Magos cabalgando sobre grandes camellos, la huida a Egipto... Luego, Santa Margarita... Después, San Jorge con sus siervos, un San Jorge bellamente acorazado...»

 Desfiles procesionales de este jaez solo he visto el que tuvo lugar en Bruselas durante los funerales de Carlos I. Recuerdo con toda nitidez aquella interminable procesión de pomposos gallos negros; los sahumerios; los suspiros elegíacos que brotaban del publico; los gorigoris exhortativos surgidos de la boca obscena de clérigos cebados como capones. Recuerdo la cara de circunstancia de graves y honorables señores vestidos con ropones de riguroso luto; recuerdo el run-run del oro en la bolsa de los limosneros; recuerdo los coloridos emblemas portados por nobles de calzas prietas y zapatos con hebilla de plata; recuerdo las empuñaduras enjoyadas de las espadas; recuerdo a los corceles hasta el suelo engualdrapados; recuerdo la melodía lastimosa de las bandas de pífanos y atambores. Recuerdo, como no hacerlo, un ducado de oro que halle entre la paja con la que habían orillado todo el trayecto de la comitiva... Pero de aquella procesión que tanto deslumbro a mi señor nada puedo decir. No la vi, que durante su transcurso me encontraba en un almacén de los muelles jugando con unos sollastres a los dados. Gane casi cuarenta maravedies y una joya; esta, una cadenilla de plata de la que colgaba, engastada, una piedra mágica de Calicut, ciudad enclavada en la costa Malabar, dísela a B* por permitirme hociquear entre sus pecosas y notables tetas.

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«... He regalado al Emperador de Portugal tres libros, que son: “La Vida de Nuestra Señora”, “El Apocalipsis” y la “Gran Pasión”; después, la “Pequeña Pasión” y una “Pasión” grabada en cobre. Todo esto vale, por lo menos, cinco florines. Lo mismo he regalado al señor Rodrigo, el otro portugués. El señor Rodrigo ha regalado a mi mujer un pequeño papagayo verde...»

 Mediante intermediario, se entiende._ Este era Rodrigo Fernández, un rico mercader con intereses en Indias. Posteriormente le conocí como cónsul de Portugal en Amberes.- Se trataba de un hermoso pájaro de pico ferrado y garras afiladas. Para mi gozo y disgusto de la bellaca, imitaba a la perfección el sonido de los goznes de puertas y ventanas, así como los gemidos femeninos propios del coito. Un buen día manifestó la hija de las Furias que escapó por la ventana. Puro embuste. Mandome al poco mi señor a casa de un físico que le procuraba remedio para cierto desorden humoral, cuando en la caminata que la manda requería, el pájaro me llamo desde un balcón en el que perchaba. Mano izquierda y unas blancas que saltaron de mi bolsa a la del portero me permitieron conocer la verdad. Era la casa residencia de la barragana de un naviero, quien había comprado el papagayo a una dama forastera mediante un intermediario. Vi al bicho e hicele algunas gracietas de las que solía. A mi señor nada dije por preservar su paz de espíritu y ver al pájaro lustroso y tranquilo.

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«En Bruselas he contemplado, en la cámara del oro del Ayuntamiento, los cuatro frescos murales pintados por el maestro Rogerio, el portentoso pintor de los Países Bajos. En la casa de Roenig, de Bruselas, he visto las bellas fuentes, el Laberinto, el parque zoológico: algo muy divertido, que me ha gustado tanto que es como yo me imagino en el Paraíso, y además nunca he visto nada semejante...»

 Los murales aquellos representaban temas históricos, y eran factura del maestro Roger van der Weyden.

«También he visto (en Bruselas) las cosas que le han traído al rey del país del oro: un sol de oro, de dos brazas de diámetro, una luna de plata, del mismo tamaño; hay dos cámaras llenas de las más extrañas armaduras, armas muy raras, maravillosos escudos, atavíos nunca vistos... Todas estas cosas de maravilla han sido valoradas en cien mil florines...»

 Toda esta parafernalia procedía de México, siendo su mayoría muestra de las armas, galas y alhajas al uso entre los señores aztecas.

«Me ha mandado llamar la "señora" Margarita, estando yo en Bruselas, diciéndome que sería la mediadora cerca del Rey Carlos, para que confirmase mi renta de Nüremberg... He pagado más de dos blancas para que me dejaran ver el retablo de Rogerio (van der Weyden)... También he estado en casa del elector de Nassau; en sus capillas tiene bellos cuadros, pintados por el maestro Hugo, y además he visto la magnificencia de todo su palacio, y la cámara donde se encuentra la cama que da cabida a más de cincuenta personas...»

 Hija del Emperador Maximiliano y regente de los Países Bajos; prudente dama muy retratada por cuanto pintamonas pasaba por su corte. Mi señor sentía profunda devoción por ella. Unicamente la vi una vez... en la distancia, en un jardín a la francesa; la mano enguantada asida a una traílla de la que tiraba un hermoso galgo; un grupo mixto de jóvenes retozones seguía sus pasos._ Desde la prudente distancia a la que me quedé, la cama, un artefacto de vetusto diseño, apenas impresionaba. Sobre un corro de sol un gato atigrado lamiase sus partes. La cámara era sombría y hedía cual oveja mojada. En tanto mi señor se hacia su propia composición del lugar, di en imaginar a obispos y margraves sobre aquella plaza disparatada, embudando por delante y por detrás a un rebaño de vírgenes temblorosas. Corría la especie de que cuando el diabólico engendro iba a ser utilizado, un enano negro, dicho don Brasas, la paseaba como quien ara un campo con un calentador de buen tamaño atado a la cintura. Seguramente decires de viejas en ella desfloradas.

«También me ha invitado a comer el maestro Bernardo, que ha preparado una comida tan espléndida, que no creo que haya gastado menos de diez florines...»

 Bernaert van Orley, para ser exactos, a la sazón pintor oficial de la corte de la señora Margarita. Evita mi señor decir que fue huésped de su casa durante seis días, tiempo que aprovecho para hacerle un hermoso retrato. En los días que corrían trabaja el maestro Bernardo en el diseño de unos cartones para los tapices de un palacio. Tuvo cuatro hijos pintores, y un hermano suyo también lo era.

«Y a Erasmo Roterodamo también le he regalado una “Pasión”, grabada en cobre. He tomado otro apunte al carbón de Erasmo Roterodamo. He regalado a Lorenzo Stercken un “San Jerónimo sentado” y la “Melancolía”... He tomado apuntes, al carbón, de seis personas, que no me han dado nada. He gastado algunas blancas por dos ejemplares del “Eulenspiegel”...»

 En un recio zurrón de naturaleza vulpina que regalome maese Sebastián antes de emprender viaje portaba, envueltos en una camisa de lino, cuatro libros prestos para ser usados. Tres pertenecían a mi señor, el cuarto era mío. Mío y únicamente de mi gusto, porque virtuoso a su modo, mi señor nunca quiso prestar oídos a las frivolidades que opinaba escribía el señor Aretino, nacido, como dice Joaquín López Barbadillo, en 20 de Abril de 1492, hijo de carne de placer. Su madre era modelo de pintores y cortesana de la más baja ralea: pobre y bella hembra de mil machos. Se llamaba Tita. Las historias dicen que lo engendró un tal Bacci, gentilhombre; pero es mejor decir que lo engendró cualquiera. De una hora de pasión o una hora de tormento, de un beso de insaciable amor o de un beso de borracho, fue formado el divino poeta, y su divinidad pasó por un vientre podrido para rodar un día hecha carne sobre el mísero lecho de un hediondo hospital.... De "Comedia del Herrador", que de esa pieza se trataba, hice exitosas y provechosas lecturas dramatizadas en las cocinas y salas de costura de aquellas casas principales por las que mi amo pasaba. Gustaba mucho y ponía pimienta en la piel de las señoras criadas. Eran los libros de mi señor, a los que el decía edificantes castillos de virtud y azote de las vanidades del mundo: “Utopía”, del señor Moro; “ Narresnschift” (La Nave de los Locos) del señor Sebastián Brant, y de su retratado Erasmo de Rotterdam, humanista de expresión latina, uno que se intitulaba “Encomium Moriae” (Elogio de la Locura). Y de estos imaginativos tratados, basados en la búsqueda de la paz y del bien común, leiale servidor párrafos cuando se hacia sitio en el taller de algún maestro local para pintar, por encargo y sobre tabla, y llevaba quebrada la inspiración o la perspectiva. Se conoce que aquellos granos de sabiduría vertidos por mi boca le inspiraban._ Fueron cinco y le dejaron bien pagado. Se trataba de un dux de la guardia del papa y de sus criados. Iba en secreto a la corte de Wittenberg. Diole mi señor al duque una carta para un colega suyo dicho Lucas Cranach. Los ducados y el apuntamiento de los mismos y su custodia fueron cosa mía._ Una obra torpe que pasa por ser el poema nacional flamenco; la edición era de Amberes y de Hoochstraatens.

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«Todos los recuerdos de Rafael del Urbino parecen haber muerto también con su muerte. Pero uno de sus discípulos, llamado Tomás Polonier, buen pintor, ha solicitado verme, y me ha regalado una magnifica sortija de oro, al estilo antiguo, con una piedra bien tallada, que vale cinco florines. Yo le he regalado uno de mis mejores grabados, que vale seis florines...»

 Ya he advertido sobre lo desfigurados que quedaban los apellidos italianos escritos o pronunciados por mi señor. La referencia es al Bolognese; es decir, el "Boloñés".

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«El día 23 de octubre, el Rey Carlos ha sido coronado emperador en Aquisgrán; allí he visto las cosas más preciosas, tales como ninguno de nosotros las ha visto jamás...»

 Hubo grandes fastos y una pantagruélica comida. A la chusma que acompañábamos a los menos principales de entre los principales, nos echaron de comer en un abandonado almacén que olía tenuemente a especias y tenia muchas columnas y grandes arcos. Por cuestiones idiomáticas hubo una bronca del carajo, y a un criado de un abad de Bohemia le saltaron un ojo con un trinchante.

«El viernes, día de San Simón, he partido de Aquisgrán, dirigiéndome hacia Düren, en cuya iglesia he estado, porque allí se conserva la cabeza de Santa Ana... De allí me trasladé a Colonia...»

 A fin de informar al maestro sobre la constitución y medidas de un Polifemo jibudo que se había avecindado en Lieja y, previas lecciones de las proporciones de la figura humana y de geometría, yo partí unos días antes en compañía de unos trajineros que llevaban en reata burros vinagreros. El trayecto Lieja Düren lo hice con un medico hebreo. Recordar que entre los escritos de maese Durero se encuentra “Unterweisung der messung” (Manual de mediciones con compás y escuadra).

«He comprado un tratado de Lutero por cinco blancas... Seis blancas por un par de zapatos... Una blanca por cerveza y pan. Además, una blanca por un pincel...»

 “Tratado acerca de la indulgencia y la gracia”, impreso en alemán. Desde que el 31 de Octubre de 1517, víspera de Todos los Santos, fijara sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittenberg, Lutero, un agustino de pantorrilla fina, cuello corto y cabeza gorda, tuvo su incondicional publico. Las 95 se difunden rápidamente por Alemania tras lo que es denunciado públicamente de hereje por los dominicos. La protección del príncipe elector de Sajonia, Federico el Sabio, le libra de su comparecencia ante el tribunal de Roma, que decide aplazar la causa ante las complicadas circunstancias políticas que suponían la elección de un nuevo emperador.

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«El lunes después de San Martín, en el año 1520, ha llegado a mi señor de Nüremberg la confirmación de mi pensión anual, aprobada por el emperador Carlos V...»

 Supimos de esta buena nueva por un montado que envió de propio el inconmensurable Wiilibald Pirckheimer, patricio de la imperial ciudad de Nüremberg, amigo y mecenas de mi señor. Compre para B*, de ocultis y por manda, un collar de cuentas y unas cintas para el pelo; para el aburrido Teer un filete de venado. La pécora se desato en jaculatorias de gozo.

«El día de San Martín, en la iglesia de Nuestra Señora de Amberes, han robado a mi mujer su bolso, y en él había 11 florines. Así, pues, hemos perdido este dinero, el bolso, y todas las otras cosas de valor, y también las llaves...»

 Y servidor ajeno al sainete, pues al punto me encontraba en casa de un zapatero, rogándole se sirviese echar unas medias suelas a las botas de viaje de mi amo. Llegue, eso si, con tiempo para ver a la doña fieramente enajenada, zarandeando con las sayas descompuestas a dos pobres y pasmados miembros de la ronda de guardia. El maestro hacia gestos resignados al cielo y B* sudaba de miedo. Salí de naja hacia la taberna de Muffel y me regale con una jarra de cerveza. Pasados los años reiría este incidente con el sochantre del templo de la Señora.

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«En Zelanda, según me dicen, ha aparecido una ballena muerta, arrastrada por una marea viva hasta la playa, y que mide más de cien brazas. Y no vive nadie en Zelanda que haya visto un animal ni siquiera tres veces menor que éste, y lo peor es que la ballena no puede ser apartada de tierra. El pueblo vería con agrado que el animal desapareciera, porque teme mucho a la peste y a los hedores. Además es tan enorme la ballena, que, según opinan, ni en medio año tendrían tiempo bastante para partirla en dos mitades y sacar de ella el aceite...»

 Le dije al maestro que la colonia aragonesa de la ciudad (Amberes) acabaría con la carnaza, antes de vísperas, si se entraba con ella en porfía. De inmediato nos pusimos en camino para verla, pero poco antes de llegar a Zierikzee unos músicos ambulantes con los que nos cruzamos dijeron que la ballena había desaparecido, pues no estaba muerta sino varada. En un fonducho comimos un pescado que nos sentó mal. El maestro no pudo tomar apuntes, así que el único que disfruto de la vuelta fue el can.

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«El 16 de marzo me ha regalado el señor Rodrigo seis grandes piñas de Indias, unos corales preciosos y dos grandes monedas de oro portuguesas, que pesarán sus buenos diez ducados. Le he dado a su mozo 15 maravedies de propina. Por 16 maravedies me he comprado una enorme piedra magnética. He cambiado un angelote para pagar el alimento. He pagado seis maravedies en la encuadernación...»

 Estaban bien artillados, eran los mas grandes y mejor arbolados de su época. Venían del otro lado del Atlántico, las bodegas, casi en secreto, cargadas con desconocidos productos de ornato y boca que, por su exotismo, avivaban las imaginaciones y daban pie a incongruentes leyendas. Su lugar de origen y rareza daba pie para que los marineros los vocearan en los puertos como mágicos. Los había que quitaban en un amen la borrachera, o curaban las sarnillas, o prevenían la caída del cabello; otros agudizaban vista y oído; también los había, muy solicitados, que armaban el miembro generatriz del hombre viejo para que bien fodiera... Así llego la piña o ananás; un gallo como untuoso y de colgante papada al que decían guajalote o pavo; los frijoles, porotos o alubias, también la yuca; un fruto rojo y carnoso, dicho jitomate; la hierba palo del sol o girasol, cuyas semillas eran comestibles y prensadas producían una sustancia oleosa de color claro; la guayaba, la papaya, la zarzamora, la vainilla, el cacao, el aguacate; una raíz como puño dicha batata; unas compactas mazorcas, nombradas choclos, con áureos granos que molidos daban una fina harina. Mi querido tabaco._ Conmigo de rondón y unos naipes a tiro, durole la propina a aquel bobo lo que un pedo en la mano._ Se trataba de una moneda fuerte en cuya faz aparecía la efigie del arcángel San Miguel._ Esto es, por un cuaderno de apuntes de buen tamaño que yo portaba colgado a la espalda cuando viajábamos.

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«... Y cuando llegamos a Brujas, me convidó a vivir en su mansión Juan Prevost, el pintor, y me preparó la misma noche un magnífico banquete, invitando a muchas personas de mi agrado... Después me llevaron a la casa del emperador, que es grande y preciosa. Ahí vi la capilla pintada por Rogerio, un magnifico maestro antiguo; di un maravedi a un siervo, que fue el que abrió el retablo para que yo lo viera. Después compré dos peines de marfil, por 30 maravedies. Luego me condujeron a San Jacobo, y me hicieron ver los espléndidos cuadros de Rogerio y de Hugo, que han sido ambos grandes maestros. Después contemplé la imagen de Nuestra Señora, obra de Miguel Angel, de Roma. Luego fuimos a muchas iglesias, donde he visto muchos cuadros excelentes y en copiosa cantidad. Y después de haber visto lo de Juan y lo de los otros, entramos en la capilla de los pintores, donde hay muchas cosas buenas...»

 Ante un capón y un vaso de buen vino conversado el maestro perdía el sentido. Quería el hombre compensar la penuria comunicativa de su casa y se le iba por la boca mas de lo que debía, pues contaba, como es el caso, secretos de su arte que mejor hubieran quedado en su magín guardados. Tanto contó en aquella cena sobre la mecánica de la xilografía y la naturaleza viva del color que yo, sentado tras el en la penumbra -como tantos otros propios- al oído de sus mandas, rabiaba. Botaba y rabiaba porque ninguno de aquellos tipos secos, desafiadores y ricos en ardides para sacar a todo provecho, se lo merecían. Y eso (o por eso) que entre ellos también había reputados pintores; pero eran estos de mano rígida y pincelada tan pesada que a la naturaleza hacían irreconocible, decadentes, pasado puro; siendo por el contrario mi señor, y aunque a el mismo le costara creerlo, el único de entre ellos capaz de representar un modelo junto a las sensaciones inherentes a su observación. Pero es que mi señor veía el sutil trasfondo de toda naturaleza y lo representaba, como hasta entonces nadie lo hizo, con aquellas manos danzarinas como libélulas que tenia._ Tómese "capilla" por un tríptico de van der Weyden que utilizaba Carlos V como "altar de Viaje".

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«En la tercera semana después de Pascua me asaltó una fiebre altísima, con desvanecimientos y mareos, desgana y dolor de cabeza. Y estando otra vez en Zelanda, padecí la enfermedad más extraña que pueda imaginarse, y de la que no he oído hablar a ningún ser humano, y aun sigo padeciéndola...»

 Como se deja ver, este apunte puede dividirse en dos partes, sin que necesariamente la una tenga relación con la otra. Y después de decir que mi señor era un hombre agraciado y bien constituido, afable en el trato, generoso con quien bien le servia (tanto que a veces la maldispuesta le motejaba de dilapidador), artista al fin y extremadamente elegante, por discreción me reprimo... Un físico de Toledo con el que el mismo emperador consultaba, diagnostico al maestro emponzoñamiento de la sangre por el mal aire tomado de alguna laguna.

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«El viernes antes de Pentecostés, en el año 1521, me llegaron nuevas a Amberes, por las que supe que Lutero había sido encarcelado...»

 ¿Encarcelado dice mi señor? Veamos: En 1520 son publicados los tres manifiestos de Lutero: Agosto: Manifiesto político: “Llamamiento a la nobleza cristiana de la nación alemana” . Octubre: Manifiesto dogmático: “Cautividad babilónica de la Iglesia”. Noviembre: Manifiesto ético: “De la libertad interior del cristiano”. Nada impresiono tanto como el Llamamiento a la nobleza cristiana de la nación alemana. Clarín de guerra le llamaron los contemporáneos. Se cuenta que trabajaban con el en la imprenta a medida que Lutero lo escribía. El 18 de agosto habían salido 4000 ejemplares hacia todos los puntos de Alemania, y los impresores no llegaban a dar salida a todos los ejemplares solicitados. Tuvo el escrito la virtud de unir a todas las clases sociales en forma desconocida hasta entonces. A su manera, fue un antídoto eficaz, por lo que a la mayoría de la población alemana se refiere, contra la bula de excomunión, que ya había sido publicada en Roma en junio de 1520. Eck, el encargado de publicar la bula en Alemania, había incluido en ella los nombres de Adelmann, Pirkheimer, Spengler y Carlostadio, que junto con Lutero constituían sus enemigos personales, lo cual causo gran revuelo e hizo que la bula mereciera poco respeto. Además, los obispos alemanes no parecieron muy dispuestos a consentir su publicación en sus respectivos distritos; tan amenazadora era la actitud del pueblo. Por su parte, el día que recibió la bula de excomunión, Lutero reunió a los estudiantes en la plaza de la iglesia de Wittemberg, y en su presencia la arrojo a una hoguera, acto que electrizó a la nación alemana y supuso su ruptura definitiva con el papado. A Carlos V, que acababa de ser nombrado emperador, la querella le inquietaba, primero porque era un católico convencido, y luego, porque el acontecimiento tenía inmensa resonancia en toda Alemania y podía menguar su autoridad en un estado de suyo tan dividido y renuente. De ahí que exigiera de Lutero su comparecencia ante la Dieta (reunión de los representantes del imperio) convocada en Worms. Lutero acudió, sabedor de que merced al salvoconducto expedido por el emperador nadie osaría ponerle ni un dedo encima. Llamado a retractarse de lo expuesto en sus escritos, Lutero se negó con gran firmeza. Antes de la condena definitiva y a petición de los alemanes, nombrose una comisión compuesta por ocho miembros, en representación de los Electores, los nobles y las ciudades, encargada de entrevistarse con Lutero a fin de llegar a un acuerdo. Fracasadas las negociaciones, promulgóse el bando del Imperio contra Lutero, quien recibió orden de abandonar Worms el día 26 de abril, habiéndole sido prorrogado el salvoconducto por plazo de veinte días. Expirados éstos, podía ser reducido a prisión y destruido como pestilente hereje. Por tal y para evitarle sinsabores fue que, al dejar Worms, el elector de Sajonia, uno de sus protectores, hiciera que le apresaran simuladamente y le trasladaran en secreto al castillo de Wurzburgo, donde permaneció diez meses. A decir verdad, Lutero nunca fue acosado por el Emperador y pudo vivir mas o menos tranquilamente confinado en Sajonia con seguridad personal e inseguridad judicial.

«¡Ay, Dios del cielo, ten piedad de nosotros! ¡Oh Nuestro Señor Jesucristo, ruega por tu pueblo! Líbranos cuando sea la hora justa, consérvanos en la fe justa de la cristiandad, agrupa con tu voz a tu grey separada, con tu voz, que se llama la Santa Escritura!... Ayúdanos a reconocer otra vez tu voz, sin seguir en nada a las vanidades del hombre, para que nunca, oh Señor Nuestro, nos apartemos de tu lado!...»

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«... Y al día siguiente nos trasladamos a Bruselas, para tratar el asunto del Rey de Dinamarca... Luego me quedé perplejo al ver como se extrañaba el pueblo de Amberes al ver al Rey de Dinamarca, de aspecto varonil y hermoso, caminando solo, sin escolta, por entre sus enemigos. Y también he visto cómo el Emperador, partiendo de Bruselas con grande pompa, salió al encuentro del Rey para recibirle...»

 De aquella es probable que me encontrara a lomos de una mula frisona, resabiada, de alquiler y reacia a la mano que manda, camino de Coblenza, lugar en el que debía de recoger un horóscopo atinente a mi señor que, durante el banquete de boda del señor Joachin Patinir, al que asistimos, un doctor de Montpelier prestose a levantarle. A la hija de Babilonia se la dijo que servidor iba a hacer listado de unos bienes que los Fugger habían pignorado. Muebles venecianos de lujo creía que eran.

«... Y también el domingo anterior a Santa Margarita ofreció el Rey de Dinamarca un banquete, en honor del Rey, de Margarita y de la Reina de España, invitándome a mi también... He pintado al óleo el retrato del Rey, quién me ha dado como regalo treinta florines...»

 El maestro se refiere a la reina de Portugal, Leonor de Austria, casada con Manuel I de Portugal, y hermana de Carlos V. De aquella no había reina en España, pues Carlos V no fue hasta marzo de 1526 que casó con su prima Isabel de Portugal. La cita del retrato del señor rey de Dinamarca es el ultimo acto artístico que refiere la crónica... Después, recorriendo pueblos y ciudades, remontando el curso del Rhin, regresamos a Nüremberg. Mi señor, sépase, rechazo durante el viaje la proposición que le brindó el municipio de Amberes: trescientos florines anuales para trabajar como pintor en la más importante de las ciudades flamencas.

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