sábado, 24 de mayo de 2008

Pensando a Dirac desde el "Barrio de los Oficios" (II)

Llegué leguas caminadas
por dar descanso a mis plantas
al lugar de menos santas
y de más canonizadas.

Versos del conde de Villamediana a propósito del ardor venéreo con el que las mujeres de Sigüenza acometían a los canónigos del lugar. Hijo de uno de estos, sochantre de la catedral, fue el jerónimo P. Sigüenza, a mi entender el más depurado estilista de la lengua española.


Pimentón. He de comprar pimentón para sacramentar a un congrio con patatas como Dios manda. Somos en casa en esto de los fogones manieristas y pródigos, poco o nada liberales, dados sin excepción a la veracidad de las recetas probadas. He de mercar, ya digo, medio kilo -a granel- de ese noble carburante rojo al que aquí decimos de "Aldeanueva". Es el congrio o Conger conger de Linneo una especie de anguila de mar inútil como animal de compañía. A Herr Monty le gusta un pedazo de congrio desespinado tanto como a mi... O más, vayan ustedes a saber que método gastan los señores gatos para evaluar los sabores. Es el teleósteo cabrón del suborden de los fisóstomos, con el cuerpo gris obscuro, casi cilíndrico y alargado, las aletas dorsal y anal las lleva festoneadas de negro; no tiene escamas y carece de aletas pélvicas. En los libros de cuentas incluidos en los registros de Tesorería del Real Patrimonio del Archivo de la Corona de Aragón, probado está que el congrio era habitual en la mesa de Alfonso V y doña María de Luna, representando su consumo -acaso- un signo del estatus y refinamiento de su cocina. En «La alimentación de la monarquía catalano-aragonesa...», dice al respecto Icíar Alonso Díaz de Alda: «Podemos establecer un peso “estandard”, situado entre 6 y 8 dineros la libra de pescado. Otros alcanzan hasta 14 dineros por libra, como el atún o incluso los 2 sólidos que paga Alfonso V por el congrio».



Pero el príncipe entre los congrios, "conger pot-pourri bretonante", según aquellas cartas de hermosa letra gótica que imprimiera Stephan Planck en Roma, era aquel que los días prescritos en el calendario litúrgico como de pescado, servíase en "La Ventana de Espuma", mesón armóricano a mano de nubes alzado en un peñascal sobre el que rompía bravía la mar océana. Carne blanquisima, gloriosa y firme como teta de novicia la de aquel singular pez. Natural, puesto que documentado está que los señores miembros del sindico de mesoneros de la bahia, encargaban hundir barcos, entre los roquedales, para que sirvieran al pez de criadero. Recomendome figón y plato, que allí se ilustra con finas-hierbas, guisantes de olor, patatas lucenses y huevos de avecillas canoras, doña Iseo, viniendo con don Tristán a baños a esta ciudad.

- ¡Tate! ¿Es esta señora Iseo aquella monjita exclaustrada que cogía puntos de medias en la plaza de la Árnica, frente al cepo del corregimiento...?

- No señora... Espante a esos moscones que lleva el crío en los mocos y ponga oídos al cuento.

- No tenga cuidado..., los bichos con alas le entretienen. Más si son d'estos, de colores.

Y aquí relate a doña Teódula, sin demasiadas señales, parte de lo que con ocasión de la egregia visita, párvulo en letras, escribí como recordatorio en su día. Dije así:

- Y fue que con San Martín a puertas vino a baños monsieur Tristán..., con doña Iseo. Él, hijo de rey; legitima esposa de su tío ella. Harto de andar a baños el señor príncipe llegó, pues corría la voz de que los tenia probados todos, hasta los hediondos aquellos tan salutiferos de Bourbón-l'Archambault, en los que curó el tío Calandria de aquel paquete que le dejara de balde la signora Bubba Rasini, cuando se estrenó acá, en el Orfeón Viejo y por carnestolendas, "La picara y Sir Gallahad". Pretendía su señoría remedio para las secuelas de una cadrilada que llevó durante aquel singular combate en el que acochinó al señor Urgán Velludo . Viajaba en litera, sumergido hasta la cintura en un barreño con agua tibia -salada- y esencia de romero. Su caballo, Passebrevil, iba detrás, de la mano de uno de librea imponente de aspecto, conciso de gestos, mongol de nación. Marchaba el noble bruto, digo, enjaezado como para tamborrada, con la rica gualdrapa de respeto preceptiva en Cornualles para embajadas.

- ¿Llevaba la Señora corte de juglares y damas?

- No señora. Venia en un palanquín descubierto, grande la encintada pamela criolla... por preservar su cutis de lirio del sol del membrillo. Y a un gesto de su mano en hilo encajada, una enana que a su vera cabalgaba un poni, asperjabala con agua perfumada.

- ¿Hubo zambra? ¿Se celebró la llegada?

- Así se lo ordenó su serenisima, pariente por la rama de don Olinos "Timonel" del infante viajero, a los asustadizos desgarramantas del Concejo y Cabildo. Llamose entonces a fray Homero Beckford, maestro de arcos triunfales de la casa reinante, quien llegó desde Aquisgrán con cumplida cuadrilla de alegres legos haldeadores y dos lebreles zamoranos, pues no se privaba su parernidad de correr a la esquiva liebre si la ocasión pintaba : Inter aves turdus, si quid, me judice, certet; inter quadrupedes, gloria prima lepus, que decía mi pariente Marcial. Y en un visto y no visto levantaron a esta mano del río, sobre el puente de los Siete Ojos Puntiagudos, un arco como no ha sido visto otro... por lo hermoso y galano. Llevaba enramadas, emblemas, cartelones salutatorios y hasta, pásmese usted, cuatro autómatas a resorte -vestidos a la moda parisién - que tarareaban, bien conjuntados y afinada su voz de caña, melodías de moda: O Sole Mío, Jeu de Robin et de Marion, Suspiros de España, Madelon, Der Templer und die Jüdin, La Cucaracha, Lili Marleen, Cambalache...

- Alguna se la tengo oída al ciego Olmos, el que tañe en la Plaza de la Lana.

- No interrumpa que se me va el oremus, y con él la cordura de la lengua... ¿Qué iba a decir? Si, claro... Lo que distinguía a este arco de todos los con anterioridad construidos era un huevo de barro horneado, forrado con una de esas telas a las que dicen de Jouy, sobre la que se representaban, con fina labor de aguja, minutisimas e imponentes escenas guerreras. Mulligan, Alférez de Bandera de los Cabalgadores de la Frontera, dijo que por ciertos motivos repetidos que se daban, entendía se trataba de una alegoría de la muerte, con las armas en la mano, de L. Catilina: «Nobili genere natus, fuit magna vi et animi et corporis, sed ingenio malo pravoque. Huic ab adolescentia bella intestina, caedes, rapinae, discordia civilis, grata fuere. Ibique juventutem suam exercuit»... Colgaba la figulina maravilla aovada de la ojiva aflamencada que hacia las veces de pináculo del arco; hueca y del tamaño de una canasta forrajera, abría y cerrabase a voluntad mediante un juego de bisagras colocadas poco mas arriba de la mitad de su altura. Dentro iría Serenin el Despernao, con sombrero de Poitou, anteojos ahumados y levita burdeos con orlas doradas y bocamangas galoneadas; llevaría una bocina en una mano y una carraca de Gascuña en la otra; esta la agitaría contundente y marcial inmediatamente despues de simular romper el cascaron y salir del huevo, cuando a toque de pífano y timbal se le advirtiera de que las señorías estaban ya al oído; aquella la utilizaría para clamar, alto y claro: ¡Viva Tristán el Insigne! ¡Viva Iseo la Bella! ¡Viva él, viva ella! ¡Salud, Flor de Leonis! ¡Salud, Garza Rubiales!.

- Muy de entretener es esto que vuestra merced predica; figurese que me trae a las mientes... a esos "pasos" que por fiestas traen en cartel los cómicos. Servidora por el que mas gusto tiene es por el del "Caballo de Troya y doña Helena"... Pero gustaría me diera mayor razón sobre los figurantes que salen, y de como fue que la dama Iseo le soplara al oído el fundamento de sus golosinas de puchero.

- Otro día, acaso, siga el cuento. Ahora están al caer las diez y he de ir a tomar mi lección de danza.

- ¿Baila usted el paspiés, don Gaiferos?

- Ni el passe pied ni nada, señora mía. Me preparo para saber componer la figura con garbo y salir airoso en un cuadro que el señor Toulouse-Latrec está pintando. Venga, tome estos sueldos jaqueses, lléguese al mercero de la Escalerilla y pida le sirva, para el mocoso, unos pañolones como los que los predicadores gerundianos llevan en la manga. ¡Con Dios, señora!.

Ya lo ven ustedes, una pizca de pimentón en la punta de la lengua y heme aquí dando traspiés con el bolo colgando, enfangado en ejercicios dialécticos de carácter arcaizante que únicamente prueban mi relativa habilidad para huir de la pereza intelectual sin apenas esfuerzo. Que le vamos a hacer, de momento y dadas las circunstancias es lo que hay. Sumo y sigo...

Hagan ustedes cuenta, si gustan, de que me encuentro dando traspiés por lo constituye el cogollo de la bimilenaria ciudad, en algún lugar temporal y espacialmente dislocado de lo que he dado en llamar, no sin razones de peso, "Barrio de los Oficios". Acabo de echar una meada, lenitiva e inabarcable, en el lugar que para tal menester esconde el tabuco de un hospitalario zapatero; cargo con una bolsa de libros que por lo pesada cansa y lastima, y, como camino herido por fuego en la planta del pie, más que andar anadeo. En vez de aplicarme una pomada de inenarrables propiedades, quizá hubiera de haber hecho uso del consejo que en el "cuaderno de tapas de abedul de mi bisabuela" viene para el caso: «Linimento óleo calcáreo, o sea una mezcla en partes iguales de aceite de almendras dulces y agua de cal». Una nota datada en febrero de1955 añade: «Para las quemaduras superficiales, aplicar compresas mojadas en vinagre o en una solución de bicarbonato sódico o sal común. Cualquier grasa protectora, como vaselina o pomada de (ilegible), es útil; pero es mejor no utilizar pomadas si se piensa poner la quemadura bajo observación médica».

Brotó de un día para otro -como hongo maligno- en medio de la calle; es del color de la hierba mojada y remata en una cúpula en forma de cebolla, dorado; el cerramiento es negro, plegable y con remates plateados... No es la primera vez que cargo contra la falta de gusto que abunda a la hora de plantar eso que los modernos vienen a llamar mobiliario urbano, ni según marchan los gustos será la ultima. Y sin acritud sostengo que esta nueva pieza que se nos ha dado es tan procedente como un canguro cornudo en un belén, aunque al fin y a la postre no este en mi animo volcar en ella una critica severa, puesto que la fisonomía entera del "habitáculo" complace, a lo grande, a una de mis innumerables juventudes doradas, picaras, de media letra, blogocosicas, sin otros cuidados que un techo sobre la cabeza y la panza llena. Me conduce, digo, a aquellos despreocupados años que pase, chifla que te chifla y vuelve a chiflar, en el Imperio Romano de Oriente, catando vías, veredas y caminos con mi rueda de afilar. Me recuerda la blasfemia urbanística municipal, digo, a la jaula desde la que don Jericho Zerolo de Montova, castrato y maricón, cantaba en los jardines del castillo de Hereia para la corte bizantina: "El purpurado con lirios tocado", su vulpina esposa, nobilissimi, fiorentissimi, clarissimi, eminentissmi, obispos y ermitaños, príncipes de la retórica, cónsules de la filosofía, abogados, notarios, médicos, jefes de hospitales, directores de orfanatos, lenones y yo, servidor que vaciaba sus navajas de acero toledano y mango florentino y que por "imponderables" de los tiempos ha de dejar, hasta mejor ocasión, esta narración.

LO SIENTO

CONTINUARA.


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martes, 15 de abril de 2008

Pensando a Dirac desde el "Barrio de los Oficios" (I)

 
 
De Ávila llega un pelaire,
de Burgos un cerrajero,
de Palencia un alguacil
ha traído su consenso.
A Salamanca se escucha
por la voz de un pellejero,
por Medina un tundidor
y por León un herrero.
 
 

Una ligera presión y cesa el rugir orgánico de la radio, donde un hablantín de alborada, oriniento como llave en el fondo del mar, ¡matarile!, venia opinando que no le faltaba a don Camilo su cuota de razón cuando dejó escrito: “Don Ibrahin de Ostolaza y Bofarull II le dijo a don Silverio el Ecónomo IV: La Compañía de Jesús, el Partido Nacionalista Vasco y la ETA, son una y la misma cosa en diferente grado de maduración”. Salgo a la calle con una mano ocupada en una bolsa de libros que pesa como rueda de carro; con la otra me sirvo nicotina: C10 H14 N2 o (S)-3-(1-metilpirrolidin-2-il) piridina, como jamás pronunciamos los del oficio pero coloco aquí por puro culto al feísmo. Puesto que pertenezco a la obstinada y casi extinta grey de los “cal-cantanos”, a trechos silbo o canto, y , en tanto el sol se hace explícito sobre los viejos depósitos del ferrocarril, mi anima rural añora el canto del gallo: gallo que no canta... Sigo adelante, elucubrando, haciendo cuenta de las diferencias que hay entre pensar, imaginar y fantasear. El camino de lodo al que en la ciudad llaman río parece resuelto a mostrar su verdadera naturaleza acuosa. Acuosa y asquerosa.  

 

- Las monjas tienen poderes, tía... - dice la más mona de las tres adolescentes con las que me cruzo; el resto de la sentencia se me escapa y en la memoria del viento queda.

 

Sufro una quemadura en la planta de un pie (nadie en su sano juicio acertaría a adivinar como me la hice) y camino con la parsimonia lucida de un boyero que acarrease nitroglicerina. Ingreso en el Barrio Viejo, llamado ahora con eufonía municipal Casco Antiguo, donde la naturaleza del firme de la calzada me obliga a caminar como si llevase una estela funeraria pendiente de los colgones. Las calles se estrechan, y por entre el tajo de sus tejados observo como las nubes mudan de nariz y de orejas y de boca... de peinado.

- Y primi fili Adami et Evae fuerunt Cainus et Abel; quorum hic pastor, ille fuit agricola. Uterque obtulit dona Domino, sed dumtaxat dona Abelis, quae á recto espiritu procederent, placuerunt Deo: quidod quidem Cainus moleste tulit, atque ita invidia correptus, fratrem interemit. Tum Deus maledixit Caino, qui veniam desperants, fugit...

- ¿Como dice usted?

- Digo que el viento es el cirujano plástico de las nubes. 

- Pues va a ser que si, oiga.

 

Mediada la Cuesta del Convento me adelanta un tipo de aspecto ruin que cojea con muy mala traza. Debe de estar mochales el cabrón, puesto que durante el acto de dejarme atrás saca la lengua como can y da en pasar por ella, compulsivo, el pulpejo de uno de los pulgares, acaso soñando despierto en pasar las páginas de una Biblia a la viceversa. Al tiempo que esto ocurre alzo la voz y canto: “Los cojos para bailar llevan la fama / pero para trabajar tienen la patita mala” . Y no es que tenga yo cosa alguna contra los cojos, oigan: ahí esta, por ejemplo, micer Hefesto, zoppo y feo hasta rabiar con quien por lo común hago buenas migas. Claro que, cuando donna Afrodita, la de los muslos flojos y querencia por el pampanaje de cualquier mastuerzo por natura bien dotado, pone al maestro herrero  en suerte de varas, seca este como primera provisión la bodega de don Zeus (por eso y no por otra cosa opositó a olímpico copero), y perdidos bonete, tenazas y martillo trasmutase en un perrezno insoportable... ¡Cuesta superada!. Giro a la izquierda, enfilo la plaza y a la altura de la Cal de Putas doy con ocho o diez miembros de la compañía de escobas del Corregimiento; son hembras la mayoría, y todos y cada uno porta un bocadillo capaz de dejar con bascas de hartazgo a mi señor Pantagruel y compaña.

 

Calles angostas las que pateo. Ruas de lacónico tiro en las que el aliento tóxico de de los furgones de reparto agrede a los sentidos. En la túnica compleja de ese aire enrarecido, estampado queda el concierto de las horas que pronuncian unísonos los campaniles. Qué se yo porque desacuerdo me vienen unos palabras de Stendhal a la punta de la lengua: “Voici des détails exacts”. Callejeo dolido, congestionado y tieso como "Cipote de Archidona"; pesa la letra de la bolsa que acarreo y a cada sorpresa la mudo de mano. ¿Quedaran extraviadas palabras por el camino?. Un chino tira de un carro del que rebosan comestibles cuya fetidez disimula el plástico con el que van amortajados; tiene la jeta de batracio y los andares de un mulo de artillería; hace un alto, ceba el cañón con un mugido de res carnicera y dispara un lapo que, en cuanto a color y tamaño, recuerda mucho a una tortilla de espinacas podrida. Retoca luego la obra con la punta de pie y continua su venenosa y sínica marcha. Todo con una espontaneidad que no necesita de estimulo alguno. Y ahora, el animo regenerado tras la avalancha, dudas: ¿Hacer presa en su cuello hasta que cruja como rama seca? ¿Reprenderle ásperamente? ¿Vitorearle por el prodigio a mis ojos ofrecido?. No acierto a decidir conque eslabón quedarme, así que, con cierta simpatía y cerrando los ojos ante la prueba de cargo, opto por silbar un fragmento de “El Huésped del Sevillano”.

- Es usted bobo, don Gaiferos. ¡Mira que dejar sin su correspondiente zurrapelo a un chino que empuerca la ciudad...!

- No se moleste usted, don Pepemeremenegildo, pero servidor tira más por lo simbólico.

- ¿Como?

- Que el símbolo es -sub ratione psychologica- vehículo transparente de la imagen.

- ¡Hostia, tu...! 

 

Rugen cerrojos y puertas y trapas; rugen las tripas "añudadas" de quienes sin catar bocado van al tajo. Se afanan los tenderos madrugadores. Va la cigüeña parroquial del nido a la charca. Pasa con la rigidez somnolienta de boa ahíta la "manga-riega-que-aquí-no-llega". Se saludan con sintaxis coloquial los avenidos a la hora.

- ¿Como dices...?

- Digo que los que van y vienen a la misma hora se saludan, por costumbre, y aun si conocerse de otra cosa, mediante actos ilocucionarios declarativos... ¡Buenos días!. ¡Vaya bien!. ¡Que te jodan!. ¡Hasta mañana!...

- ¡Ah!. ¿Y eso sabiaslo tu ya, o enseñarontelo en la fabrica?

- Verá, don Teófilo, esto lo llevo en la mollera desde que don "Nicaso", el profe del Instituto que se suicido comiéndose una mala gramática comentara que, como el habla tiende al pragmatismo, debería  de explicarse por su causa y efecto, por sus resultados interpretativos inmediatos. Le diré más:  para el difunto y para un extranjero al que seguía, en el habla existen actos asertivos, comisivos, directivos, expresivos y declarativos...

- ¡Cojonantuan! ¿Pero... tu no andas, como da pregón tu madre, en eso de preñar a las mujeres que con picha no cargan?

- No señor, eso son infundios; servidor anda itinerante con una máquina de la verdad, paranoica y estresada. Saco empleados desleales, cónyuges cornupetas, funcionarios corruptos, falsas preñadas, jueces prevaricadores, obispos disolutos, violadores de arrepentimiento falsio, sanadores de pega, exiliados de pasar por caja, tullidos fingidos..., cosas de esas. Engaños.

- ¿Has enchufao a algún concejal de los d'aquí?

- No señor, los hideputas antes que dejarse tiran de cabritera.

- Naturranga...

 

Y sigo la trama vetusta de las calles, de acá para allá, a saltos beodos de caballo de ajedrez. Cargo con la vejiga llena y no puedo menos que envidiar a un chucho sin amo que mea indolente sobre un pilar de los soportales de lo que fueron casas del Cabildo. Ya no se ven perros vagamundos. Una pena la ausencia de su cervantina figura. ¿Progreso?. No lo creo. Me gustan los perros solitarios y emancipados, cata hombres, vivales; los perros de andar al albur que, en cuanto a orgullo, achican hasta la nada a sus congéneres falderos. De joven, uf... cuanto hace, les protegía a pedradas de los laceros. Cerbero me lo pague.

Me complace que las calles estén rotuladas con nombres de oficios viejos, de gremios, de artes. Nombres de afán y labor, identitarios; nombres que acaso den significado a un pueblo interesado en saber como fue un día. Su sonoridad, a la vez melancólica y honrosa, siempre es ocasión, para mi, de nuevas indagaciones conducentes a garbear por la historia a mi manera. Como es de ley.

Y, al humo de esta sobrevenida hoguera, decir que hay un texto, en catalán, capaz de embrujarme toda vez que a viva voz le leo. Expurgado por imperativos de tiempo que no vienen al caso, viene a decir así:

«... En quant a oficis de arts mecanicas, son los més de sabaters, sastres y fusters; hi ha agunas botigas de rellotgers, que cada dia se van extenent, perqué casi los més portan rellortge en la faltriquera; quinquillayres, cofieras, modistas; sense las de molts perruquers y chocolaters, que se van aumentant de dia en dia. Altres butigas de llibreters, los mes en lo carrer de la Llibretería; de argenters, fora alguns en diferents carrers, tots en lo carrer de la Argentaria o de la Plateria. Altras butigas de robas en est carrer de la Argenteria, Barris de Santa María del Born y carrer de Montcada; en lo carrer Ample las més de las butigas son de brodadors, pasamaners, quinquillayres, y altres de est genero en molts carrers y plasas de la Ciutat. Los calderers estan en lo carrer de son nom, vehí de la Boria; los blanquers y assahonadors prop del rech de la Esplanada; los courers, llautoners y estañers en la Boria; los guerrers, en lo carrer del Tallés los més; los escudellers, en los dos carrers de son nom; los daguers, en lo carrer de la Daguería, propr de Sant Just; los manyans, en lo carrer dit del Regumí y en los altres puestos de la Ciutat, los primers prop de la Capella de Sant Christofol y plasa de Correu. Los ferrers de tall, a la entrada del carrer del Hospital, cantonada a la Rambla y frente de la Bocaría. Los manascals y carreters en la Rambla y prop de Sant Agustí vell, ab tot aquell carrer del Portal Nou, etcétera. De arts lliberals, a saber: pintors, estudis de llegir y escriurer, apotecaris, metges, cirurgians y barbers; advocats, notaris y procurador; escribents notaris ab los del ram de Contaduria: marchsns, corredors de orella, fadrins de negoci, etc., ni ha de tots prou grosa porció en la Ciutat, com també butigas de adroguers.»

[...] 

Excursions d'En Rafel d'Amat Cortada i Senjust per Catalunya i Roselló en l'últim quart del segle XVIII.

 

CONTINUARA.


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sábado, 22 de marzo de 2008

RUBRICA DESDE UN BALCÓN LEGIONENSE.

 

 IMAGEN: J. Casares/EFE - Plaza Mayor de León - Procesión del Encuentro - Domingo de Resurrección.

Presta juramentos, dicta leyes sublimes,
derriba a los malvados, levanta a las victimas
y, bajo el firmamento, como bajo un dosel,
se embriaga con los esplendores de su propia virtud.

Baudelaire.

 

... Y la calle un espacio escénico en el que se representa un "Auto Sacramental" en el que todos son actores ... Y la ciudad una corrala tocada por la gracia, paradójica y extrema, del alboroto y del silencio complementarios ... Y en la corrala un espectáculo ciudadano en el que la tradición festiva equilibra fe y escepticismo, pues basta "Ser" para añadirse a la comparsa, sin otro requisito que valga ... Y mi alma pecadora, extraviada por la racionalidad y la critica, en un balcón ornado con motivos -inamovibles por costumbre- que desdicen la veracidad histórica del espectáculo, haciendo cuenta y memoria de aquellos "Autos" tremendistas que me gustaban tanto;   los ojos puestos, ¡dita sea!, en las hechuras carnales de las hembras que, como grullas moñudas negras, desfilan haciendo labor de calceta con sus rosarios. Una gallinita pomposa y bien formada a la que doy por suponer recién recibida en la pollada me trae a las mientes unos versos de Rodrigo de Reinosa:

Delgadica la cintura,
blanca soy como el papel,
la color tengo mezclada
como rosa en el rosel,
el cuello tengo de garza,
los ojos de un esparver,
las teticas agudicas
que el brial quieren romper...

 

... Y don Gaiferos con la razón perdida tras el palmito de una mano de hembras curvilíneas talladas en negro. Bobo sin  remisión, ignorante de la quiebra de su propio y sincopado discurso. Porque don Gaiferos, antes que otra cosa, solo pretendía hablar de la almendra literaria del espectáculo y, por extensión, de aquellos autos que por desmesurados y abundosos en numero pasaron a denominarse «comedias de santos». 

 

Y que comedias mas espectaculares, señores; las mas garrulas en su aspecto formal pero sin embargo las mejor aderezadas de acuerdo con los recursos mecánicos de la época. Descojone conceptual, tramoya y pura pirotecnia, pues de todos estos ingredientes era necesario abusar para "reproducir plásticamente" la vida de un santo: tentaciones, milagros, apariciones y visiones, ascensiones al cielo, luchas intensisimas con el diablo... ¡Joder, pero si se gastó mas pólvora en estas comedias piadosas que en la flota de Indias!. Y al publico de entonces, como al de ahora, le encantaba la demasía escénica, el escándalo figurativo y el artificio. Una mierda para los rigoristas tocapelotas (Platón y Sócrates también se manifestaron contra los excesos teatrales) empeñados en eso del "tempo" dramático y el uso justo del idioma. ¡Que sabran ellos del ornato y pompa que Dios guarda con los bienaventurados!. ¿A quien le importa que San Mercurio vuele en día nublado y guíe a  los Reyes Magos? ¿A quien le molesta que San Pedro, vestido a la tudesca, converse con el emperador Juliano y con Atila? ¿A santo de qué, las Animas del Purgatorio, dirigidas por el Arcángel Rafael, no pueden celebrar un casamiento real con bailes y música de chirimias?...........

 

PROTESTA:


Ceso en este decir por una urgencia inexcusable en el trabajo . Lamento escribir -por costumbre- de corrido y sin apenas notas que puedan dar sentido a una continuación de lo que por una u otra razón interrumpa. En mi animo estaba, sépanlo, perorar (lo que antecede era introducción) sobre el calendario judío y la Pascua, los textos evangélicos y sus autores (que para nada son lo que pretenden ser) y el proceso a Jesús. Punto, este ultimo, en el que mi falsilla iba a ser el maravilloso libro de Paul Winter (Moravia, 1904. Abogado de profesión, judío de nacimiento... Tras una azarosa vida de resistente, se ocupo, después de la guerra, de la ayuda y rehabilitación de las "personas desplazadas". Dedicó los últimos veinte años de su vida al estudio del Nuevo Testamento y el juicio de Jesús, ganándose humildemente la vida como camarero de tren o empleado de correos...), titulado «EL PROCESO A JESÚS».

Otra vez será.


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lunes, 10 de marzo de 2008

UNO DE GETAFE EN PARÍS (III)

«Si tú callas,
se me mueren a gritos mis palabras,
mientras se oye la Ausencia con graves pisadas
y el mundo parece que queda a tu espalda»

J.G. Manrique de Lara

PREVIO A LAS UVAS: La literatura que he encontrado acerca de la figura de Daniel Urrabieta Vierge (no se tengan en cuenta catálogos, sucintas reseñas de exposiciones o gori goris de subasteros que a nada conducen) resulta de una pobreza extremada: como si existiera una conspiración para hurtárnoslo a los ojos. Pero no hay en estas tierras que con tanto acierto dibujó, imaginación y voluntad para semejante esfuerzo. Si que hay, para tomar y regalar empero, desidia e inepcia sobradas... Apuntar como curiosidad, no obstante, que en la extensa, magnifica, culta y "fiera" introducción que Antonio Bonet Correa hace de “EL FUTURO MADRID”, obra de Angel Fernández de los Ríos citada aquí, he dado, satisfecho y por una de esas circunvoluciones del azar, con una referencia a Urrabieta Vierge que dice así:

Samuel Urrabieta Vierge era hijo del grabador Vicente Urrabieta Ortiz (1823-1879) y hermano de Daniel Urrabieta Vierge (1851-1904), el gran ilustrador del siglo XIX, cuya brillante carrera se desarrolló en Francia. Para la bibliografía sobre Daniel véase el libro de José Filgueira Valverde, El viaje a Galicia de Urrabieta Vierge, (1880), Santiago de Compostela, 1969. Sobre Samuel no existe ningún estudio especial.

Es el motivo de la nota:

En el número 26 de junio (1880) el propio Jacinto Octavio Picón escribía la larga necrología (sic) de D. Angel Fernández de los Ríos. Su texto censurado en Madrid aparecía por lo tanto incompleto. Pero estaba ilustrado con un retrato hecho por Samuel Urrabieta, una alegoría de Fernández de los Ríos en su lecho de muerte por Pellicer y una vista de la escena del momento de depositar el cadáver en un furgón del tren que desde la estación de Orleans llevaría sus restos mortales a Madrid, también de Pellicer.





El cuento viene de aqui:

¿Qué iba a pasar?... ¿La muerte lenta?... ¿El eclipse de una fama?....

La parálisis no afectó, por fortuna, a su voluntad. Voluntad gigantesca, verdaderamente titánica, que le hizo vencer su roto destino. Así, poco a poco, recobró la memoria y sus neuronas fueron abriéndose a la luz del recuerdo. Así, poco a poco, fue adiestrando su mano izquierda al ejercicio artístico, y sus dedos dominaron otra vez el secreto de las líneas y las formas. Así, poco a poco, a pesar de ser mudo y hemipléjico, venció su angustioso estado por la poderosa voluntad y los destellos gigantes de su vocación artística. Con razón Edmundo de Goncourt escribió sobre esta resurrección del artista: «En el naufragio de su cerebro ha quedado una célula intacta: la célula del dibujo. No sabe leer, no sabe escribir; de tal modo, que para firmar una obra tiene que copiar trazo a trazo la firma de un dibujo antiguo, y, sin embargo, ¡oh, prodigio!, con la mano izquierda dibuja con igual facilidad y perfección que antaño...! ¡qué desgracia, esta muerte de la mitad de él mismo y, ciertamente, de algo de su talento, cuando iba a hacer un tan bello, un tan original, un tan español Don Quijote...!»

En 1889, Urrabieta se presentó con sus dibujos a la Exposición de París. Presidía el jurado Meissonier, quien no conocía, personalmente a nuestro compatriota. Propuso otorgarle la Medalla de Oro, a la vez que proponerle al Gobierno francés para la concesión de la Legión de Honor. Unos días antes de la inauguración, Urrabieta fue, acompañado de un pariente, a visitar la exposición. Al advertirle, le rindieron un sentido homenaje de aplausos. Unos días más tarde, justamente el 5 de julio, se le ofreció un banquete (Hasta no ha muchos años los del mundillo banqueteaban de lo lindo por cualquier pijada. Para muchos de los nuestros no dejo de ser un mata-hambres. Café, copa y puro eran el colofón obligado en todo evento artístico-cultural de la época que se preciara. ¡Puta Miseria!), al que acudió todo el París artístico y literario de la época, para el cual hubo un emocionado, a la vez que lacónico, colofón verbal de Urrabieta, quien con un gran esfuerzo apenas pudo balbucir: «Merci».

Urrabieta Vierge vivía en una casa de Boulogne-Sur-Seine. Allí pasó los últimos años de su vida. Vestido con una blusa blanca, trabajaba todos los días ante el caballete, sentado en un sillón de tijera. La luz del sol le entraba a raudales por una amplia cristaleda [...]

En un testero del estudio tenía Urrabieta un gran armario, especie de arca sagrada, en la que guardaba el tesoro de las ilustraciones de sus célebres obras: originales, primeras pruebas de láminas, esquemas... Allí se veían: «El escultor y el Duque», poema de Zorrilla; «La Monja Alferez» (VIDE); «El último Abencerraje», de Chateaubriand; «Don Pablo de Segovia», de Quevedo (Ver capillada anterior); «Le Cabaret des trois Vertus», «Rôtisserie de la Reine Padauque», de Anatole France, etcétera...

Vierge fue un extraordinario ilustrador de libros. Tenía un dominio absoluto del lápiz y una depurada técnica a base de pluma y aguada [...] Un editor francés recogió parte de estos dibujos en una obra titulada «Au Pays de D. Quichotte». Otra parte de ellos, doscientos setenta dibujos, se publicaron por el editor inglés Disher Unwin (Fisher), bajo el título «The history of the valerosus and witty Knight errant Don Quixote of the Mancha», en 1906.

El gran poeta cubano José María de Heredia (Heredia Girard; no confundir con Heredia y Heredia, cubano también), uno de los mejores amigos de Urrabieta en París, escribió de él: «Todo cuanto la poesía, la historia y la novela han creado de más bello en este siglo, Vierge lo sintió, lo comprendió y lo tradujo; y al hojear la gran historia de Michelet y tantos libros de Victor Hugo, no se sabe qué admirar más, si la prodigiosa fecundidad del dibujante que los interpretó, o la soltura y variedad verdaderamente maravillosa de su genio... Los estudios más pacientes y eruditos no podrían suplir a ese sentido misterioso, casi adivinatorio, que presta a la obra de Vierge un vigor original, un encanto extraño y penetrante, en el que parece haber resumido todo el arte del posado. Yo he visto en la pared de su taller un grupo de sátiros y de egipanos con guirnaldas de pámpanos, blandiendo tirsos y ejecutando una danza que Eufronio o Nicóstenes no hubieran tenido a menos representar en el fondo de un ánfora o de un kylys. Alguno de sus burgueses o prebostes de París, bien iluminado, podría ocupar su puesto en primera línea entre la multitud que se oprime en el estrecho cuadro de las miniaturas de Jehan Fouquer. Ese torneo en que la lanza de Montgomery tiñe de sangre real las flores de lis de Francia, esas batallas dibujadas de golpe, recuerdan los ingenuos y expresivos grabados en madera que adornan y explican por su comentario figurado, en las páginas del Sueño de Polifemo, las más sutiles alegorias de Coloonna. Esos asaltos, esas tomas y saqueos de ciudades, esas matanzas horribles parecen haber sido grabadas por algún Romyn de Hooghe, alucinado, con atrevido buril, sobre la plancha ásperamente mordida. Ese raitre es digno de Goltzins (*) (Goltzius, creo yo), ese altivo perfil de caballero parece obra del buril de Tomás de Leu. ¿Y donde habrá aprendido a cabalgar tan intrépidamente nuestro jinete...? Y esos seis violinistas con pelucas rizadas, chaquetillas de seda con adornos de encaje y calzón acampanado que tocan alguna pavana o paspiés o zarabanda nueva, en obsequio de la noble dama que los escucha sonriendo, apoyada de codos en la mesa donde se ve un frasco de vino, pastelillos y confituras, ¿no habrán tomado parte en los divertimentos que Poquelin de Molière sabía imaginar tan bien para recrear al Rey Sol? (Aquel que amariconó la indumentaria masculina poniendo de moda los zapatos con un palmo de tacón) Pero volved la hoja: la página es tan sombría como la otra era clara y alegre. Destacándose en negro, bajo un cielo negro también, estriado de líneas de luz, en las que se adivina el color de sangre, y por la pendiente de una cuesta pedregosa y agrietada se ven desfilar, en medio del silencio de la noche, varios caballeros armados y encorvados sobre sus monturas derrengadas. Otros conducen de la brida sus cuadrúpedos tan pesadamente cargados que tropiezan a cada instante, siguiendoles algunos perros escuálidos y con el pelaje erizado. Se ven diez, se imaginan ciento y se sueñan diez mil. Y no sé por qué esos pocos baqui-bozuks (aunque no se me escape el termino en su contexto narrativo, quedo pendiente de su significado exacto y de la propiedad discursiva del mismo) que vuelven del merodeo evocan el horror de las grandes invasiones de las hordas victoriosas, hartas de carnicería y de rapiña que llevaron a la conquista del mundo al feroz Atila, a Tchinghiz y a Timur».

Sigue el poeta Heredia:

«La parte puramente moderna, toda de actualidad, de la obra de Vierge, no es la menos extraordinaria. Ha renovado el arte de la ilustración por el sentimiento de lo perfecto y por el estudio inteligente de la realidad; y no se sirve de fórmulas triviales de pura convención, usadas por sus predecesores, cuyos dibujos imnpersonales no parecen ser más que reproducciones de cuadros. Doré, el más grande de todos por su prodigiosa interpretación de la luz y de las sombras, no fue más que un caprichoso de imaginación romántica y soberbia, pero con mediana ciencia y un dibujo ilusorio [...] Por otra parte, ninguno (de sus predecesores o contemporáneos en el oficio) ha conseguido abarcar tanto: en un dibujo de pocos centímetros produce la ilusión de la multitud innumerable y bulliciosa de las arquitecturas gigantescas, de los espacios inmensos y de las perspectivas infinitas [...] Vierge no es nunca seco ni descuidado y su ejecución, sabiamente variada, está siempre en armonía con su visión y su concepción. Mirad ese Nacimiento de la Infanta -grabado publicado en “Le Monde Illustré”-, esa escena de alegría y de pompa reales, donde bajo las arañas de oro y los artesones ricamente esculpidos, entre el brillo y esplendor de los tapices, de los cuadros y de los muebles suntuosos, entre la magnificencia de los trajes de las damas, de las vestiduras de los cardenales y de los obispos y el lujo de los vistosos uniformes militares recamados de oro, se desborda, corre y fulgura esa luz alegremente deslumbradora y tremulante tan querida del milagroso Fortuny...»

[...]

«El otro día hojeábamos juntos, en su taller de Boulogne, los cuadernos y álbunes que trajo del viaje que emprendió para seguir las huellas del Caballero de la Triste Figura. Mientras pasaba en revista, aunque apuntados tan sólo por algunas líneas al loápiz o por poderosos toques de acuarela, todos los países que Cervantes celebró: la Mancha estéril, los campos de Montiel, Argamasilla de Alba, Cárdenas, Alcázar de San Juan, con el divino Toboso y los campanarios, los miradores, las ventanas enrejadas, las hosterías y las gentes de Sierra Morena, donde el enamorado hidalgo dio tantos tumbos caballerescos en la Peña Pobre (hasta dejar ahíto al más glotón tengo escrito -en este apartadero- sobre estos raciales lugares), con sus cielos tempestuosos, sus rocas cegadas por el sol, sus terrenos agrietados y sangrientos y sus horizontes de azul sombrío, observaba de reojo el gran artista, que parecía complacerse en mostrarme cuánto había trabajado...»

Es ahora don José Altabella quien toma la palabra:

Murió Urrabieta Vierge y su obra quedó unos años en su estudio, cuidadosamente guardada por su hijo. Luego, la compró la «Hispanic Society of América», de Nueva York. Y en 1936, Elizabelth du Gué Trapier publicó un interesante estudio sobre el gran ilustrador con las reproducciones de los fondos de tan interesante obra. En 1944, en el cementerio de Montparnase, un reducido grupo de aficionados, bibliófilos y artistas, rindieron un homenaje póstumo a nuestro compatriota, colocando una lápida sobre su tumba, gesto piadoso y sentimental que mereció una crónica de don Eugenio d'Ors. Y hasta hoy (veintiocho de abril de mil novecientos cincuenta y cuatro), que volvemos a exhumar el recuerdo españolisimo del gran ilustrador Urrabieta Vierge.



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viernes, 29 de febrero de 2008

UNO DE GETAFE EN PARÍS (II)

Con mucha frecuencia, para persuadirnos a nuestro daño,
los instrumentos de las tinieblas...
nos vencen con inepcias honestas, para hacernos resbalar
hacia las consecuencias más abisales.

Banquo en Macbeth.

Los que se postulan para Amos de Calabozo mintiendo como bellacos y yo dale que te dale, a mi bola, describiendo y enumerando como si me fuera la vida en ello. Francisco Javier Hernández tiene escrito a propósito del Nobel de Literatura Claude Simon: « De ahí su desprecio de la intriga, de la lógica del relato, del suspense, sustituidos por lo que ahora se ha dado en llamar “el furor descriptivo” y que no es, en definitiva más que un intento de restitución del mundo a través de las impresiones, de las sensaciones, de los oscuros dictados de la memoria...» Bien traída la copla como coartada a mi obstinada manía...



Cuando días atrás salí por piernas de esta Barataria a mi gobierno (gánela tras muchos años de servicio como actuario de la IV Flavia, brava legión acantonada en una localidad danuviana -no logaritmica , ojo- dicha Mantissa...), sin dar noticia de la identidad del "xatafiense" al que vengo a mostrar reconocimiento, recuerdo haber quedado en lo más oscuro del desván, hincado de rodillas, escarbando como clueca en una tómbola de papelotes y objetos desclasificados. Y fue entre aquel mistifori apenas abarcable donde entre otras cosas y muchos: “¡Fuera, micho!”, encontré unos cuchillos y puntas de flecha de sílex pulimentado que mi tío M*, allá por las Catilinarias, consiguió en no se que lugar de Soria; unas castañuelas -con escenas medievales de caza talladas- a punto de la definitiva quiebra; una centena de botones pertenecientes a uniformes militares, mi padre en su mocedad los coleccionaba; un "tente bala" cosido a una Cruz de Caravaca por el oxido estragada; una navaja de afeitar en perfecto estado que fue de mi abuelo, Solingen es la marca y lleva en su estuche letrones y simbolos huecograbados. Como propio, propio, solo reconocí, entre los objetos, una muestra casi perfecta de antimonita a la que tiempo atrás puse ruedas en Japón. Era mi pretensión, seré gilipollas, hablar ahora del antimonio estibina o sesquisulfuro de antimonio, S3 Sb2, que cristaliza en el sistema rómbico, en cristales alargados y con las caras del prisma estriadas... ¡Dios, que disperso y cansino resulto a veces!

OOOooo

En fin, como el abate Evagrio aconseja contra la sugestión diabólica, pondré grillos a la imaginación, embridare los dedos nacidos con palabras que fluyen como ríos y me someteré, en definitiva, a la disciplina de los cánones - fútiles y extravagantes- de lo escueto y sentencioso. Pero antes es obligado decir que lo que en adelante corra, es fruto de las horas que aperrado eché escudriñando donde acaso no debía. A su modo entre terco y evasivo ya me lo advirtió Herr Monty: ¡Yerras, amigo!.

Advierto -tajante- que en todo lo que de provecho sigue no tengo concurso alguno. Es demasiado grande para mi. Me conformo, sépanlo ustedes, conque el aporte les depare algún conocimiento y sea semilla de "su" curiosidad hacia personajes olvidados igual de grandes. Lo cual que sigo, sin rubor y agradecido, el loable articulo de Don José Altabella titulado “URRABIETA VIERGE, gran ilustrador”, publicado por vez primera en el ejemplar VIII de “BIBLIOFILIA”, Valencia 1954.

Y he dicho "sigo", porque a fin de aligerar el texto, de adecuarlo al malhadado simplismo que los tiempos parecen exigir, he decidido editarlo tras el pase, probablemente indebido, por mi particular trefiladora. Entiéndase pues, tras esta protesta, que todo demerito que de aquí en adelante se observe... bla, bla, bla... mi impericia.

URRABIETA VIERGE

El centenario del nacimiento de Daniel Urrabieta Vierge, pasó por la actualidad española tan de puntillas, con tal sigilo, que apenas ha significado nada en la memoria del famoso ilustrador. No es tan larga la lista de dibujantes de su talla -se le ha llamado «el Gustavo Doré español»-

[...]

Urrabieta Vierge pertenece a esa estupenda teoría de artistas españoles que más han sabido universalizar el alma de nuestra Patria, precisamente por ser de los elegidos que han sabido entenderla, sentirla, plasmarla y con más rotunda precisión interpretarla [...] Y desde París, su fama irradió al mundo entero. Cervantes, que ha tenido por su «Quijote» tantos glosadores plásticos, pudo encontrar en su compatriota, como él manco, como él artista y como él, aventurero, un ilustrador excepcional [...] Y el que supo resucitar los tipos ideales de la Patria muerta, ha sentido ahora los zarpazos de la negligencia y despreocupación para su memoria, un tanto desnacionalizada ya de por sí, lo mismo que ayer, en un ayer de principios de siglo, España le volvía la espalda a la herencia de sus ricas obras, que pasaron a ser una joya de arte en Norteamérica.

<-------->

Urrabieta Vierge nació en un pueblo cercano a Madrid, en Getafe, en 1851. Es hijo del dibujante Vicente Urrabieta Ortiz, excelente grabador en boj, asíduo colaborador de la revista «El Museo Universal» y de las novelas por entregas que editan los Gaspar y Roig, muchas de las cuales estaban ilustradas por él. La madre de Daniel, Juana Vierge de la Vega, era hija de un soldado francés, que se nacionalizó en España después de la guerra de la Independencia. Al márcharse de nuestra Patria el general Hugo (Joseph Leopold - Sigisbert Hugo, Comte de Cogolludo) - padre del poeta francés Víctor - , de quien había sido asistente el soldado Vierge, éste decidió quedarse a vivir en España; se casó, y de este matrimonio nació su hija Juana, quien, más tarde, a su vez, se desposaría con el dibujante Urrabieta Ortiz.

Su hijo Daniel es un niño con tendencias artísticas precoces, alentadas y aun provocadas por el propio ambiente familiar. En su hogar se respira el arte, un arte con minúscula, un tanto menor, en que el buril del padre vence a la artesanía, y la voz de la madre llena de canciones la casa... Así, aquel niño de cuatro años es para la madre -en pleno apogeo de la ópera italiana- la ilusión de un gran cantante, a juzgar como entona cuanto oye, y para el padre, que le ve emborronar hojas con atisbos de sorprendente gracia, su hijo será pintor. El futuro del vástago se parte por gala en dos, y queda matriculado, al mismo tiempo, en el Real Conservatorio de Música y en la Escuela de San Fernando. ¿Será cantante?... ¿Será pintor?... Un día, se cansa del solfeo. La madre sufre una contrariedad. El padre, sin embargo, recibe el alegrón subconsciente de ver así posible llegar en su hijo más allá de donde él ha podido llegar.

Entre sus maestros están el retratista del Romanticismo español Federico de Madrazo y el paisajista Carlos Haes, y como compañeros de clase se encuentran Pradilla, Villegas y Martín Rico. Daniel enfila su vocación y sus gustos abriendo una brecha en el cruce de los diferentes estilos de Madrazo y Haes, el primero clásico y el segundo realista. Y copia a Velázquez y a Goya por los museos, pero pone sus lápices también al servicio de la greguería de las plazas y calles de aquel Madrid isabelino que pronto va a romper esclusas revolucionarias en Alcolea y Cádiz (Referencia a "La Gloriosa o Septembrina").

A finales de 1869, toda la familia se traslada a París. El joven Urrabieta Vierge llega allí con una noble ambición: abrirse camino en el Arte. Desde el modesto piso que ocupa con su familia en la rue Blanche, planea la difícil conquista de la capital. Es joven, voluntarioso y artista. Disciplinado en el trabajo, dibuja constantemente. Hace copias en el Louvre, pero siente la viva y palpitante atracción de la vida callejera y de las estampas urbanas, que él traslada a sus cuadernos de papel marquilla con profusión... Llena apuntes y bocetos en ejercicio laborioso, que disciplina sus lápices y su capacidad de ver. El vértigo de la vida, con sus múltiples manifestaciones coloristas, invade las retinas del joven dibujante.

Un día estalla la guerra (franco-prusiana). Los padres de Urrabieta quieren abandonar la ciudad ante el avance alemán, que amenaza el cerco de París. Daniel, no obstante, desea permanecer allí. El espectaculo del pueblo en armas (Comuna de París) le interesa. Y esos modelos de muchedumbres belicosas no los va a encontrar en ninguna parte. Y allí se queda, solo, dibujando para él mismo, acrecentando el archivo vivo, que luego constituirá el rico acervo de su estudio y desafiando todos los peligros inimaginables. Pero la suerte, muchas veces, es inseparable del peligro.

Cierta vez, en el momento en que estaba más enfrascado tomando unos croquis de la plaza de la Concordia, se le acercó un señor y se interesó por sus trabajos. Había en ellos tal vida, tal veracidad, tal realismo, que le pareció imposible que fueran sencillamente entretenimientos de un joven, no destinados a la publicidad. Charles Iriarte -famoso cronista de «Le Monde Illustré», la célebre publicación gráfica de la Francia del siglo pasado- fue el curioso a quien Daniel sorprendió con sus apuntes.

Le invitó a colaborar en la citada publicación. Y pronto entró como redactor gráfico de actualidad. Fue un precursor de los modernos reporteros de la fotografía y la televisión. Inmediatamente se hizo famoso en este quehacer inquieto, apresurado, lleno de urgencias, a la caza del suceso importante y de la realidad fugaz. Hasta entonces, los dibujantes imaginaban en las revistas la actualidad. Francia debe, pues, a España al creador de su periodismo gráfico, que, años más tarde, acreditaría entre nosotros, los españoles, don Juan Comba.

Urrabieta Vierge no regateaba esfuerzo alguno para lograr aquellas sorprendentes escenas, muchas de ellas arrancadas entre el fragor de las balas. Tanto, que se ha repetido muchas veces la anécdota de su detención por una patrulla de voluntarios de la Commune, que le tomaron por un espía. Los revolucionarios detienen e nuestro compatriota, a la vez que le imprecan:

-Espion a la solde de Versailles!

Urrabieta Vierge, creyendo que sus aprehensores le conocerían por su firma periodística, repetía, sincerándose, en una extraña mezcla de acento español, prosodia castellana y francés muy mal aprendido todavía:

- Ze souis Vierge... Ze vous dis que ze souis Vierge...

Pero los comunistas no atendían a razones. Es más. El equívoco entre su apellido y su significación en francés (verge = verga), aun complicaba más las cosas. Ellos, sin hacer caso de sus protesta, le decían:

- Ça nous est égal que tu sois vierge; la question n'est pas là. Tu t'expliqueras a la Prefécture de police.

Y allí dio con sus huesos, hasta que sus compañeros de «Le Monde Illustré» fueron a rescatarle.

Esta anécdota no le hizo retraerse de su carácter audaz. Y así, siguió dibujando el peligro y plasmando el riesgo en centenares de escenas: la revolución, el cerco, la entrada del ejército invasor, las negociaciones... Al llegar la paz, su nombre destacaba entre los más famosos de Francia.

Y esa misma paz serena su labor dejándole abierto el espíritu a más altas ambiciones artísticas. Y salta de la anécdota a la categoría. Sus dibujos toman vuelos más altos. Pintores famosos y literatos de renombre se interesan por este «observador visionario, descendiente de Velázquez, metido a periodista», como le calificara con oportuno juicio Gustavo Geffroy.

Victor Hugo, el genio a quien el abuelo de Urrabieta, siendo ordenanza, acompañara en sus paseos infantiles madrileños, tenía a la sazón, para el nieto, frases de elogio. «Me habéis conmovido muchas veces con vuestros dibujos», le dijo. Y tras la amistad, vinieron los encargos. Ilustró una edición de lujo de «L'Anné Terrible». Ante la obra de nuestro compatriota, todos coincidieron en afirmar que a Gustavo Doré le había salido un serio competidor.

Goncourt escribía: «Vierge, el único ilustrador de la hora presente...» Y el sesudo «Le Temps», por su parte, remachaba en un comentario: «Es Durero que resucita...»

Dibuja, pinta, decora, ilustra, ama, viva y triunfa. Gana mucho dinero, trabaja intensamente y vive bien. Victor Hugo le encarga nuevas ilustraciones, para «L'homme qui rit», «Les travailleurs de la mer» y «Quatre-vingttreize». Michelet le ofrece su «Historia de Francia y de la Revolución», para que la ilustre con su lápiz genial [...] Un día, sugiere a un editor francés traducir una edición de «El gran tacaño», de Quevedo, que él ilustra con acierto extraordinario. La obra, titulada «Don Pablo de Segovia», en la versión francesa, le brinda la oportunidad de volver a España, para entrar en contacto vivo con sus paisajes, sus rincones, sus lugares y sus recuerdos... Su ilustración se hizo tan célebre, que un editor inglés preparó una edición con sus dibujos. Y pensó en él para que realizara una colosal ilustración de «Don Quijote de la Mancha». Así, realizó, con este proposito, su segundo viaje a España, para recorrer, emocionado y artista, la ruta de la creación cervantina. Peregrino del arte por los caminos manchegos, llenó sus carpetas de apuntes, bocetos y diseños... Y al cansancio físico de las largas caminatas, él oponía la resistencia de sus grandes esperanzas en lograr una adecuada réplica a la fantasía improvisada y alegre de Gustavo Doré.

Pero un día de 1887... La jornada del gran homenaje nacional que Francia tributó a Victor Hugo, tuvo a Urrabieta totalmente emocionado, en vibrante inquietud de trabajo, tomando apuntes del extraordinario acontecimiento para su información gráfica en «Le Monde Illustre». De madrugada se puso a trabajar. Rendido, se acostó y durmió unas horas. Al despertar notó que su gran máquina humana se paralizaba... Había sentido los zarpazos de una hemiplejía que le paralizaba medio cuerpo, le hacía perder el habla, la memoria y el movimiento de su mano derecha.

¿Qué iba a pasar?... ¿La muerte lenta?... ¿El eclipse de una fama?....

CONTINUARA.

Don Gaiferos (el "don" es imprescindible)


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martes, 19 de febrero de 2008

UNO DE GETAFE EN PARIS (I).

Veamos que atropellos contra el sentido común y la alianzacivilina y el derecho de gentes cometo de aquí en adelante si es que quiero, que quiero y con toda justicia lo merezco, hacer realidad ese sueño vitalicio que es contemplar mi propio “zane”... Si, hombre, hagan memoria, rebobinen ustedes en este pósito de intrascendentes necedades hasta dar con las magnificas ocurrencias que he contado sobre los señores griegos... En fin, por evitarles enojos lo contare otra vez de corrido. Era “zane” el monumento estatuario erigido al hideputa de don Zeus (ese impenitente rijoso trapisondista dado en gastar las más de sus olímpicas horas en probar metamorfosis animales que le permitirán escurrirse entre las piernas de aquellas damas del elenco mitológico a su gobierno que, un tanto cochinorras ellas, apuntaban sexualmente hacia el bestialismo : Europa, Leda, Semele, Danae... Uff que fatiga) en una campa, cabe el estadio olímpico donde los de la Helade medianse en fuerza y habilidades. Su coste era soportado por aquel participante en los juegos que fuera pillado trampeando. Cada pieza llevaba en el pedestal una descripción de la falta deportiva del maulero y un comentario laudatorio sobre el vencedor real. El primer tipo pillado con el culo al aire fue un tal Eufolio de Tesalia. De haberse universalizado la costumbre y seguir en boga, no habría hoy en la trilera España suficiente espacio para levantar monumentos semejantes. Y sin embargo yo deseo el mío... ¡Ah, mis razones!



OOoo

En lugar de rodar setenta kilómetros para asistir a una rueda de charletas relámpago relacionadas con la “fermentación alcohólica del jugo de uva a la luz de los nuevos avances en microbiología” [Ya saben: Composición y propiedades de los sustratos de fermentación.- Aplicación industrial de las fermentaciones ( Preparación del mosto; utilización de levaduras seleccionadas; desarrollo de la fermentación; tecnología de la fermentación; caracterización de las cepas de levadura utilizadas).- La fermentación maloláctica (Origen; sistemas fermentativos; sustratos de dicha fermentación; evolución de las tecnologías: Conservación de poblaciones bacterianas, utilización de la biomasa, levaduras degradantes del ácido málico, uso de células o de enzimas inmovilizadas, vía genética).- La segunda fermentación alcohólica... Bla, bla, bla]... Decía, o quería decir antes de cagarla saltando al púlpito de lo profesional y aburrido que, sin apearme de las zapatillas y manos a la obra, me he dedicado a poner orden y concierto en un montón de papeles que, manga por hombro, sesteaban creando porquería y malignidad en unas cajas arrumbadas en lo mas oscuro del desván.

OOOooo

Aclaro que a la cosa esta de nombre tan rebuscado envié, debidamente acreditado, al mayor de mis hijos: del oficio e innegablemente mejor preparado que yo para lidiar con los esdrujulones avanzados que es moda soltar entre los chafalmejas que presiden estos presuntuosos encuentros: «Es fundamental tener en cuenta también los valores individuales de los marcadores bioquímicos antes de su integración en el calculo combinado» «¿Qué dice el gilipollas este?» «Que hay que hacer con las levaduras lo que se ha hecho siempre» «¡Hostia, tu!»... En fin, si me da por ahí ya les contare de que ha ido la cosa.

-- ¡Miente! A usted le importa tres cojones lo que se diga en la pachanga esa a la que envió delegado.

-- Un respeto, oiga; este cura no es menos veraz que su señor padre, concejal y abogado. O que su abuelo: carabinero bujarra y coplero.

-- ¡Cagüendios, aquí se habla de nuestro presente, Gaiferos!

-- Pues suelte usted su carajada babilónica, Celedonio. ¡Venga, hombre!

-- "Quía" decir que usted mando al chico por amarrar la caja de vino que regalan, la mochila esa del prospecto, el juego de copas de cata, el paraguas de colorines y el sacacorchos a pedales, la litografía del "coño de la Bernarda" y toda esa mierda con la que los vinateros más avispados les enculan de rondón...

-- Pues va usted a tener razón, don Celedonio.

-- Aja... Me lo temía.

-- Venga, tómese otra gaseosa y cambiemos de palo.

OOOOoooo

Y sin embargo... escrutando con minucia genuflexa aquellas cajas desheredadas del desván, fui a dar, con las pupilas de oro de Herr Monty -mi compañero- alumbrándome, con una serie de artefactos literarios que creo debo rescatar del olvido. Y eso me resta protagonismo y no es fácil para mi ego. Aunque al fin, en esto como en tantas otras cosas, viene a pasarme como a Gracián, Balastar, quién en todo un capítulo de la tercera parte del "Criticón" se da a enjuiciar y censurar refranes, sin caer en la cuenta de que la critica de ellos es signo del gusto inconsciente que sentía por los mismos, como lo prueba el numero de los que cita y la variedad de ellos. Pero es que el huraño jesuita jamas dejó de ser un lógico rural contundente.

CONTINUARA.


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lunes, 4 de febrero de 2008

De Niebla y dos Raros.

Tengo buena proa: una nariz como escoplo que corta sin miramientos ese puré noveau-cuisine que es la niebla. Monto en bici (me gusta más el termino pedaleta), bien abrigado. Quedan bailabotes que aun se sorprenden del modo de locomoción sobre ruedas de mi preferencia.

- ¿Como "es que" vienes en bicicleta?

- Es que tras los impuestos que suelto en tu beneficio no me queda pa'más.

- ¡Serás cabrón!

- Pues eso...

He madrugado, y con tiempo por delante me he dedicado a buscar la receta de algún condumio decente en el “libro con tapas de abedul de mi bisabuela”. Hoy comen en casa mi amiga Astrid y su nieta de igual nombre. Mi amiga es danesa y traductora. Su nieta también es danesa, pero no se da a la traslación de lenguas porque tiene nueve años, la piel cuasi transparente, los ojos picando a grandes, tintados de un hermoso verde violáceo que recuerda a una aurora boreal, media melena, negra, que sorprende a propios y extraños por estar entreverada con lenguas de fuego... Un hermoso e incomprensible cabello el de la chavala. Pelos de bruja longobarda, dice su abuela. Un corrector dental que apenas se percibe se ve que la incomoda. Su padre se llama Claus, diseña muebles de oficina y se lleva bien conmigo. Claus es quien me mostró la Copenhague de quita y pon, la que es distinta de noche que de día. Claus colecciona libros sobre el arte de la pirotechnia y artillería; aunque en lo que más ingenio pone, lo tengo probado, es en el perfecto aparejo de moscas para pescar. A la pequeña Astrid le gusta mi casa y aun en dánico se entiende con mi gato. Cosas de felinos, digo yo.

Como se ve la valía de mis amigos es muestra de lo vario que es el mundo. Y es de la suma de sus miserias y grandezas de donde bebo y aprendo.

De cuando en cuando y atendiendo a criterios que me son del todo arcanos Astrid me envía algún libro. El ultimo lo he recibido hace apenas unos días, por Año Nuevo. Su titulo, Gesta Danorum; su autor Saxo Grammaticus, un danés del decimosegundo de los siglos que le daba a la péndola con vehemente fantasía. Con parecida frecuencia, y sin que ello sea de considerar como causa y efecto, me hace largas llamadas para inquirir mi opinión sobre algo que esta en camino de verter al castellano. Dice que la gramática es un juego muy holgado, que prefiere mis opiniones sobre lexicografía, sintaxis, fonética, prosodia y esas cosas antes que las de un casposo diccionario. Eso demuestra tres cosas: su bondad extrema, el cariño que me guarda y la cantidad de escrúpulos lingüísticos que los traductores concienzudos llevan en la cabeza.

¡Coño!; nada nuevo bajo el sol, colegas.

En la pesquisa que cura y barbero realizaron en la biblioteca de mi Señor don Alonso Quijano [Libro-I, Capitulo-VI], dice el pater, a propósito de la obra del poeta Ludovico Ariosto:

- Ni aun fuera bien que vos le entendiérades - respondió el cura* -; y aquí le perdonáramos al señor capitán que no le hubiera traído a España y hecho castellano; que le quitó mucho de su natural valor, y lo mesmo harán todos aquellos que los libros de verso quisieren volver en otra lengua: que por mucho cuidado que pongan y habilidad que muestren, jamás llegarán al punto que ellos tienen en su primer nacimiento.

* La replica es al barbero, quien había manifestado poseer un ejemplar semejante pero en italiano. Lo cual no le capacitaba para emitir juicio alguno, pues confiesa haber intentado leerlo sin entenderlo.

........................

¡¡¡Maldito fax, cuanto me toca los colgones!!!

... Nada sobresaliente. Veamos como lo suelto de una tacada: Es sobre las variantes de un moho utilizado para la producción industrial de un ácido orgánico implicado en la fabricación de la resina que acompaña al papel de embalar que ha de estar en contacto con alimentos... Si me da por ahí, recuerden que uno es propenso a la payasada libertaria, otro día lo contare al detalle.

Pongamos que estoy en el mercado:

Voy a preparar consome (morcillo de vaca, zanahorias, agua, puerros, despojo de gallinas, apio, huesos blancos, cebolla picada, pan tostado, huevos, aceite y cebolla tostada), perdices con uvas ( perdices, salchichas, trufas, un huevo, champiñones, zanahorias, cebolla, jerez, agua, pimienta en grano, uvas blancas, uvas negras y manteca) Babarua de naranja (naranjas, un limón, huevos, piña, nata, azúcar, cola de pescado, agua, mantequilla y cerezas confitadas). La manteca de cerdo y las uvas negras no han sido fáciles de conseguir. Y perdonen que no me extienda en las cantidades y modo de preparar la minuta, pues esto esto es un mero listado enumerativo.

Cierto, el fax me ha metido prisa y es de entender que marche un tanto atropellado. Igual me da; es lo bueno que tiene ser timonel y remero a la vez. Sigo:

A mercadear abastos con fundamento enseñome mi madre, dama tan ahorrativa como generosa inmunizada de nacimiento contra las garatusas antideportivas de los tenderos. No es malo, por demás, salir al albur de la vida con doctrina suficiente para evaluar la calidad de lo que uno se ha de llevar a la boca.

Abastado como el reglamento manda enfilo una calle sombría y angosta y meada, cuidando de sortear los filos asesinos de un centón de botellas rotas. Me muevo, sépanlo ustedes, en la ciudad mas sucia de Europa; en la comuna vecinal donde los guarros por excelencia nacen por generación espontanea. Tiene la ciudad timbre y gloria, escudo y un lema heroico larguisimo al que es de justicia añadir: “Y LA MAS COCHINA DE OCCIDENTE”. Veo poco y pedaleo con temor, de oído. Esta calle peatonal en concreto es como una autopista a la que se hubiese suprimido el peaje. Cuando tomo una rua encalcetada (calle estrecha con el firme de paves) la mochila baila enfadosa a mis espaldas. No hago caso del incordio con el que cargo, puesto que dos bocacalles mas allá está el bareto al que me dirijo: un antro que, pese a la roña y su mimetismo con el entorno, no deja de tener gracia y encanto.

En tanto amarro la pedaleta a una señal de trafico innecesaria creo ver, entre los puntales del andamiaje de un edificio en restauración, al señor "Destripador"; aunque acaso sea un canónigo que deja matutino y de tapadillo a su barragana. Cruzado mi particular Rubicón observo que la luz y el calor son los primeros signos del cambio. Gracias a quien mueve las ollas, a la hora y al precio del condumio el local esta casi lleno. Un vaso de vino y una cazuela de bacalati con pimientos y tomati van a ser los solazables fundamentos de mi pedido. Mientras espero a dictar la comanda me da por recordar aquellos cinco motivos que don WiKram, escribano de oficio del magistrado de Colmar allá por el siglo XVI, apuntó a la hora de beber vino en su «Art de boire»:

1.º L' arrivée d'un hôte.
La llegada de un huésped.

2.º La soif présente.
La sed presente.

3.º La soif future.
La sed futura.

4.º La bonté du vin.
Las excelencias del vino.

5.º Toute autre cause...
Cualquier otra razón...

Mientras como sentado a una de las pocas mesas libres observo que hay muchas caras conocidas: Una puta borracha de ultramar babea melancolía sobre lo que me parece un batido; cuando se la tercia dice a quien este a su lado: «Dass cisgarrro amoorr» «Pues claro, morena»; y si se lo dan lo guarda en un paquete arrugado. Dos taxistas cambalachean con unos embutidos que dicen ser sorianos. En la tele, abusiva en su volumen acústico, dicen no-se-qué sobre don Zapatucos el de las Mercedes. Unos esquiadores trasiegan pacharán y bollos. El ciego del puesto de la plaza de al lado reniega contra un carcamal que entrena a no se que equipo de "furtból". Un deficiente llega con los periódicos de la mañana; salta un troll de su asiento en la barra y se los quita de las manos. Deslumbra la pandilla basurilla cuando entra de naranja y amarillo; el conductor del camión me dirige un gesto de saludo; le conozco porque hace muchos años me servia gasóleo. Al remover los pies bajo la mesa doy con una caja de naipes,vacia; la cojo, y mientras la hago girar sobre la mesa pienso en un adivinanza para los colegas del bar: «A ver, bandarras, en los números entre uno y diez millones, ¿hay más números en los que aparece el numero 7, o números en los que no aparece?». Entra un cojo con una brazada de cebollas y ajos. Las tragaperras giran al tiempo que emiten mecánicos cantos de sirena; publico no les falta, y su estúpida vehemencia me trae a las mientes unos versos de Lope de Vega: «pues que lo paga, es justo / hablarle en necio para darle gusto», claro que el fénix de los ingenios se refería al ignorante vulgo que acudía al teatro. Los gemelos España llevan zampada media docena de huevos fritos por barba; están congestionados y sudan; cuando se pellizcan la camisa para separarla de la panza temo se despeloten y, en plan Pazzi*, salgan a revolcarse por la calle para refrescarse. Ruido de cacharreria caída tras la barra. Entra un municipal a decir algo a la pandilla basurilla; cuando sale observo que a duras penas puede con la parafernalia que le cuelga de la cintura. Pi el de los camiones me pide el cuchillo para cortar la cuerda de un paquete que acuna entre los brazos; echo la mano al bolsillo y le paso la navaja, pues desde los diez años toco con virtuisimo el cortante instrumento; uno que va con el y a quien no conozco hace gestos de asentimiento, se le ve hombre de campo y me comprende. Maruja (tira un pedo que ruja, bromean con ella) la estanquera se desembaraza a mis pies de una saca de tabaco; luego pide a gritos la llave de la maquina y me tira sobre la mesa un caramelo. Llegan los de la auto escuela y por lo que sea les abuchean; cosas del fútbol, creo yo. Dos jovencitas miran, husmean y acaban sentándose a mi lado; chocolate, zumo y churros es lo que comandan; aparto la mochila para que se encuentren mas cómodas y sonríen; una habla de liposucciones y la otra, indiferente, ojea tras colocarse unas gafas un texto de Keats, lo cual me sorprende y ha dado lugar a esta posada. Llega uno de mis hijos con el doctor Caballero; este acaba de finalizar su guardia, aquel viene a contarme una milonga que cuesta dinero...

* Pazzi, María Magdalena de; 1566-1607; canonizada en 1669. Una de aquellas excepcionales carmelitas visionarias tocadas por arrebatos místicos y patológicamente obsesionadas por la simbología de la sangre. María Magdalena (bautizada como Caterina) es fama que sufría tales ardores corporales, trasunto del consuntivo amor divino, que, no era raro se despelotase para arrojarse al agua helada. Era esta hija de Camilo Geri de Pazzi y de una Buendelmonti; o sea que la casta le venia de su famosa y conflictiva familia: güelfa y florentina. En 1478 su antepasado Francisco Pazzi liose la manta a la cabeza y metió hierro a Julián de Médicis: esto tuvo como agravante el haber ocurrido en Santa María del Fiore, durante la misa y en el momento en el que el celebrante alzaba el "copetín divino". El atentado tenia como objetivo a Lorenzo el Magnifico, y era una parte mas en el desarrollo de aquel correr de sangre que vino a llamarse “conjura de los Pazzi”.

El bacalati de mimo, como siempre.

- Mire usted, don Tarsicio, es que a mi el bacalao hasta con moscas.

- Será usted marrano...

- Según se mire, oiga; si hacemos cuenta de que en la tradición rabínica las moscas son los sueños de don Belzebú, pues un bacalati así ilustrado no deja de ser un gozo suplementado.

- Parece usted bobo, caballero.

- Que le den por el cu...

- ¡Oiga..!

- Tiene usted razón, lo lamento. Ha sido cosa de mi gusto por la libre expresión y de esta bocaza canalla que Dios me dio...

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Toca a estas alturas, mas que otra cosa para dar fe de la salud de mi cabeza, aparejar un dueto de poemas de los que guardo en el cartapacio de "Curiosos y Raros". Surgió la idea, ya lo he apuntado párrafos arriba, inmediatamente después de dejar aquella surrealista geografía de voces, tintorro, camaradería fingida, fritangas y bacalati con tomati, espoleada la imaginación, justo es reconocerlo, por una pulcra e inusual lectora de poesía. A ella y a quienes se dan sin complejos al placer de la lectura, dedico esta capillada.

Escribe Camilo José Cela:

En la Caja de Ahorros Provincial de Málaga se conserva el archivo de don Narciso Díaz de Escobar. En el figura la carta que le dirige el poeta Salvador Rueda con fecha 4 de abril de 1887 y que contiene, firmado por Un Follador, el soneto El cohito (sic) que copio a continuación:

Tras el flotante y blanco cortinaje

que oculta el lecho como dulce nido,

un ardiente galán, de amor rendido,

tributa a una hermosura vasallaje.

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Sacándose la polla con coraje

a la dama la enseña enardecido;

y alzándole las orlas del vestido

la provoca con lúbrico lenguaje.

----------

En el lecho en que amantes se embelesan,

sus lenguas sonrosadas se entrelazan:

y aquel incendio del amor lo expresan

----------

cuatro brazos convulsos que se abrazan,

cuatro labios ardientes que se besan,

y un cipote y un coño que se enlazan.

Don Ildefonso-Manuel Gil escribió en 1950 a propósito de un poema inédito de Zorrilla:

Debió ser buena, para los espectaculares poetas de entonces, la existencia de un salón donde pavonearse y en ocasiones merendar...

[...]

Valioso elemento auxiliar de la estrategia femenina y ornamento gracioso de aquellos salones fue el abanico. Y como tal no sólo fue cantado por los poetas, sino frecuentemente ennoblecido con sus versos autógrafos. Y en uno de estos bellos abanicos es donde he visto unos versos inéditos de Zorrilla...

[...]

Contaba ya el poeta sus sesenta y siete años cuando escribió estos versos. Faltaban menos de nueve para su muerte y estaba por aquellos días en plena gloria concretada en homenajes públicos, que llegaron hasta la inauguración del teatro Zorrilla en su Valladolid natal. Nos cuenta don Narciso Alonso Cortés en su monumental obra sobre la vida y las obras del poeta, que desde su regreso a Valladolid, el 21 de septiembre de 1884, hasta el 31 de octubre, en que se inauguró el teatro de su nombre, Zorrilla fue aclamado y admirado en actos públicos y en reuniones particulares. Cita como ejemplares las celebradas en los salones de los condes de Oliva. Quizá en una de ellas fue solicitado este este autógrafo y tantos más, que sabe Dios dónde andarán.

[...]

A RAFAELA

¡Rafaela de mi alma, tú desvarias!

¿Quién ya estima en el mundo mis poesias?

Yo no me explico

Que leer mis versos quieras en tu abanico.

Mas esclava de de tu alma mi alma se siente:

tú mandas, yo obedezco: ten, pues, presente

que estas endechas

Para serte ofrecidas sólo están hechas.

Yo no escribo ya versos: ya no me inspira

mi muerta fe, y mi musa rompió su lira.

De tu abanico

no obstante, Rafaela, préstame un pico,

y lee en él: " pues que versos mios deseas

por tu afán generoso bendita seas,

y al aire leve

de tu abanico al alma la paz te lleve.

Hoy en tu alma tan sólo cabe el intento

de volver mis endechas a dar al viento:

y así me explico

que las prestes el aire de tu abanico.

Cuanto Dios de su palma soporta encima

no es mas bello que el alma que a ti te anima:

de tu alma hermosa

igual a la hermosura no existe cosa.

De tu abanico el aire la faz te arome,

y en él de tu alma efluvios la mía tome,

¡ves que edifico

castillos en el aire de tuabanico!"

"Dios de estos pobres versos que en él te escribo

haga de tus pesares el lenitivo,

y cuando orées

tu faz con ellos, logres cuanto desees.

¡Adios! - Ojalá lleven en su escritura

de Dios las bendiciones y la ventura!"

Yo le suplico

que un talismán te haga de este abanico.

(Valladolid, 24 de octubre de 1884)

JOSÉ ZORRILLA.

Apostilla también el señor Gil:

Estos versos no enriquecerán demasiado la obra editada de su autor, pero tampoco la empobrecerán, pues hay en ella muchas, muchisimas tiradas de versos bastante peores...

Y Rafaela contenta como unas Pascuas. He dicho.


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